estreno de 'Cemetery of Splendour'

Tailandia en estado de trance en una película fascinante

Apichatpong Weerasethakul nos conduce por un país estancado entre el sueño y la vigilia en 'Cemetery of Splendour'

Foto: 'Cemetery of Splendour'.
'Cemetery of Splendour'.

En Occidente, el Surrealismo reivindicó esa suprarrealidad donde lo cotidiano convive con lo maravilloso. Para aquellos artistas de vanguardia, representaba una forma de subversión contra una sociedad en exceso racionalista donde los deseos, las fantasías y las pulsiones primarias estaban condenados a la represión. Cineastas contemporáneos como David Lynch se han adentrado también en dimensiones suprarreales como forma de explorar el inconsciente más oscuro de su país. En Estados Unidos y Europa, se concibe el fantástico o bien como aquello totalmente opuesto a lo real o, a la manera de Slavoj Zizek, desde el prisma psicoanalítico, como ese sumidero a través del cual vuelven, desde otra esfera, todos aquellos miedos que queremos mantener ocultos.

En las cinematografías orientales, en cambio, la convivencia con lo sobrenatural desborda los límites de los códigos tradicionales del fantástico. Así sucede en la mayoría de películas de Apichatpong Weerasethakul, uno de los nombres clave del cine contemporáneo. En su anterior 'Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas', un mono-zombi de ojos rojos llega desde la selva para sentarse a cenar con sus antiguos padres. Comparten la mesa con el espectro de la esposa difunta del tío Boonmee. El cineasta tailandés imprimía una cotidianidad desarmante a esta reunión de vivos y muertos en una película que se estructuraba a partir de la concepción budista de la transmigración de las almas.

Tailandia en estado de trance en una película fascinante

Diosas de visita

'Cemetery of Splendour'.
'Cemetery of Splendour'.

En 'Cemetery of Splendour', la protagonista, Jen, también recibe un día la visita de las dos princesas-diosas a las que presenta sus ofrendas regularmente. Las deidades se sientan a comer con ella como dos chicas comunes vestidas con ropa de calle. Jen vive en esa región selvática donde se desarrollan la mayoría de películas del cineasta tailandés. La antigua escuela donde estudió ha sido reconvertida en hospital para albergar a una serie de jóvenes soldados afectados por una enfermedad que los mantiene en un extraño letargo. Jen cuida de manera voluntaria a uno de estos militares durmientes, Itt, que carece de familia. Se comunica con él a través de una muchacha con propiedades de médium.

Itt se despierta de vez en cuando, y Jen aprovecha para sacarlo a pasear o llevarlo al cine hasta que cae de nuevo víctima de la narcolepsia. El improvisado hospital donde reposa está iluminado por unas luces de neón de colores cambiantes que, dicen, ayudan a conciliar sueños positivos. A través de las princesas, aprendemos que la antigua escuela reconvertida en sanatorio había sido el cementerio de un palacio real. La inconsciencia en la que viven sumidos los soldados se explicaría entonces porque los antiguos reyes que habitan el lugar se nutren de su energía para seguir entablando sus batallas.

Aunque el cine de Weerasetakhul se sitúe más cerca de lo poético y lo fantástico, no elude la historia reciente y la situación política en su país

Aunque el cine de Weerasetakhul se sitúe más cerca de lo poético y lo fantástico, no elude la historia reciente y la situación política en su país. Ya desde el título, 'Cemetery of Splendour', evoca la podredumbre de una monarquía instalada en el poder en Tailandia desde hace siglos, ejerciendo un control autoritario sobre la población. La metáfora que ofrece el filme en torno a esos jóvenes privados de energía y convertidos en cuasi zombis por los vestigios de un reino ancestral es de fácil lectura. Y, como es habitual en su filmografía, no faltan los comentarios sobre los conflictos violentos que asolan desde hace años la región nororiental fronteriza con Laos, de donde proviene él mismo.

Un bosque plagado de señales

En una de las secuencias determinantes del filme, Jen e Itt se pasean, a través de la médium, por los restos de un palacio que los espectadores no llegamos a ver, en un bosque plagado de señales 'carpe diem', como los mensajes colgados en los árboles tipo “el ansia para llegar al cielo te llevará al infierno” o las esculturas simétricas de dos amantes abrazados, una en carne y hueso y la otra como esqueletos. 'Cemetery of Splendour' se mueve así entre cierta reivindicación de la serenidad que desprende el personaje de Jen y su forma tan humana de entender las prácticas religiosas y la inquietud que provocan situaciones como la letargia a la que parecen condenados los jóvenes militares.

La película no siempre está a la altura del poder de evocación al que invitan los personajes. Es la obra más prosaica de Apichatpong Weerasethakul

La película no siempre está a la altura del poder de evocación al que invitan una y otra vez los personajes. 'Cemetery of Splendour' resulta la obra más prosaica de Apichatpong Weerasethakul, en el sentido de que buena parte de su cuerpo poético viene dado por el relato oral de los protagonistas más que por la convocatoria de unas imágenes y sonidos que inviten a perdernos por el universo entre la vigilia y el sueño, entre la memoria y la historia, donde ha quedado aprisionado Itt.

Secuencias como aquella en que el soldado devuelve los cuidados que le ha ofrecido Jen masajeando, como si la besara, su pierna maltrecha, todo el inquietante tramo final que culmina con el plano del rostro perplejo de la protagonista ante esa excavadora que no cesa de llevar a cabo su trabajo mientras un grupo de chavales juegan impertérritos al fútbol o el plano recurrente del hospital iluminado por los neones de colores frente a la luz natural que nos llega desde las ventanas nos devuelven el Apichatpong Weerasethakul más fascinante e hipnótico, el que consigue convertir el cine en ese pasaje donde conviven la dimensión real y la fantástica.  

 

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