estreno de 'ricki'

Meryl Streep quiere un poco de rock and roll

Jonathan Demme dirige en 'Ricki' a la oscarizada actriz en un melodrama sobre una estrella de la música que regresa a casa tras años de ausencia

Foto: Meryl Streep quiere un poco de rock and roll

Sí, Ricki es una película menor en la filmografía de Jonathan Demme, sobre todo porque Jonathan Demme es el hombre detrás de clásicos como Stop Making Sense (1984) y El silencio de los corderos (1991). Pero, aunque a simple vista pase por una comedia mainstream amable e intercambiable, es bastante más peleona de lo que parece y tiene mucho que ver con las películas que Demme dirigió en los 80 protagonizadas por chicas que deciden rebelarse contra su entorno e ir por libre. De alguna manera, Ricki (Meryl Streep), la rockera sexagenaria de esta historia, podría ser la versión adulta de las protagonistas de Chicas en pie de guerra (1984), Algo salvaje (1986) o Casada con todos (1988), valientes, echadas para adelante y un punto temerarias.

La protagonista de “Ricki” lo dejó todo para convertirse en una estrella de rock… Y es una estrella de rock, de eso no hay duda, pero a pequeña escala: de día trabaja en un súper para poder pagar el alquiler y, de noche, toca con su banda, Ricki And The Flash, versiones de U2, Tom Petty y Bruce Springsteen en los bares del Valle de San Fernando, en Los Ángeles. No le acabó de salir bien la jugada, pero eso no es lo importante. Lo importante es que su vida se le quedaba pequeña y arriesgó.

Escrita por Diablo Cody, especialista en historias de mujeres complejas y contradictorias que no encuentran encaje en un entorno poco generoso con lo singular, la película de Demme tiene el argumento más viejo del mundo: su protagonista debe volver al lugar del que se fue, reencontrarse con los suyos y reflexionar sobre su vida. Ricki regresa a Indiana al grito de ayuda de su ex (Kevin Kline), que le cuenta que la hija que tienen en común (Mamie Gummer, hija de Streep en la vida real) está hundida por un desengaño amoroso. Pero, tanto por parte del director como por parte de Cody, se nota el esfuerzo por esquivar los excesos de ese tipo de historias y dar a los tópicos cierta dimensión.

Ricki no es un melodrama complejísimo sobre relaciones humanas, pero tampoco es una comedia simple y tontorrona. Sus personajes tienen contradicciones y oscuridades, lo que les hace humanos, y no hay hacia ellos ni una mirada compasiva ni castigadora. No es el festival de las buenas intenciones, las lágrimas y las lecciones de vida (es maravilloso que lo más parecido a ellas estén en boca de los personajes aparentemente más insignificantes, como el camarero del bar conde actúa Ricki). Y los temas estrella de este tipo de películas conviven con otros mucho más complejos. Como es de imaginar, Ricki va de la familia, de los sueños incompletos, de reconciliarse con personas y escenarios, de segundas oportunidades. Pero también habla de cómo conviven en espacios muy cerrados lo más moderno y lo más reaccionario, relativiza el alcance de las decisiones en teoría vitales y se pregunta por qué está tan mal visto en Ricki lo que resultaría normal, incluso romántico, en un personaje masculino.

Todo eso está planteado con naturalidad, sin alardes, en una comedia de las dimensiones exactas (pequeña como su historia, en la que lo realmente importante son los personajes), claramente rodada entre amigos, pespunteada con magníficas actuaciones de Ricki And The Flash (qué bueno es Demme rodando actuaciones en directo) y con una inmensa Meryl Streep como protagonista. Puede ser demasiado intensa, puede hacerse pesada por omnipresente, pero cuando está bien, cuando disfruta con un personaje, es puro carisma y energía. Éste es uno de esos casos.

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