Lo que necesitas es amor (de nazi)
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estreno de 'suite francesa'

Lo que necesitas es amor (de nazi)

Michelle Williams cae en las redes de un coronel alemán en plena Segunda Guerra Mundial en este drama con tintes de tragedia en el que todo resulta plano y excesivamente académico

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Las historias de amor en plena tragedia siempre funcionan. Ya sea en un barco a punto de naufragar (Titanic), con la Segunda Guerra Mundial amenazando (Casablanca) o en plena lucha contra una enfermedad insalvable y las diferencias sociales (Love Story). El amor lo puede todo, y es una perfecta excusa argumental para bordear otros temas. Nada que objetar, siempre que se haga con clase y mesura, sin que resulte ñoña, estridente o inverosímil. En ese marco de romanticismo en plena Segunda Guerra Mundial se ambienta Suite Francesa, un drama academicista y tópico que pierde un gran punto de partida para quedarse en una película que raya el telefilme. Todo por culpa de unos personajes poco desarrollados y al punto del abismo que no traspasan la pantalla y no emocionan al espectador.

Suite Francesa se basa en la novel de la escritora judía francesa de origen ucraniano Irène Némirovsk, y narra la vida de Lucille Angellier, una joven británica recluida en una mansión de una pequeña ciudad francesa junto a la madrede su esposo, enviado al frente. La guerra se vive fuera de las paredes de esa cárcel llena de lujos hasta que llama a su puerta. Soldados nazis llegan a la ciudad con una Francia ya rendida y deberán hospedarse en las casas de sus habitantes. En la de la protagonista entrará el teniente Bruno von Falk, que pondrá patas arriba la tranquilidad que había.

La película opta por mostrar a un pueblo que tiene que aparentar normalidad pese a convivir con un ejército contra el que sus maridos han ido a combatir y se plantea cuestiones morales interesantes, como la de esas jóvenes atraídas sexualmente por los rubios y portentosos alemanes, a losque usan para saciar su sed de amor y sexo. Pero es de las pocas veces que entra en asuntos complejos. El resto del tiempo se abandona al drama romántico más obvio, olvidándose de los pliegues que la historia debería tener.

La historia de amor de Lucille y el teniente nazi tendría que ser, de primeras, moralmente cuestionable. Son soldados que vienen de sembrar el terror por Europa y que podrían haber matado a su marido o su vecino, pero esa duda, esa cuestión, nunca impregna la historia. A cambio tenemos al soldado más bueno que el cine reciente haya visto. Educado, apuesto, culto, atento y además un pianista excelente. Sus compañeros de menor rango tiemblan a sus pies, pero son sólo apariencias. La idealización del personaje llega hasta el punto de que la única vez que le vemos matar a alguien llora. Se tira por la borda lo que la película solo se atreve a sugerir, esa convivencia forzosa entre mujeres y hombres y todas las contradicciones morales que acarrea a ambos lados.

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Poco pueden hacer tres actores como Michelle Williams (excesivamente mohína), Kristin Scott Thomas (en un papel que ya se conoce al dedillo) y Matthias Schoenaerts (lo mejor del filme intentando hacer complejo un personaje plano).

Todo con un envoltorio de lujo. Una banda sonora potente (aunque sobreutilizada), una excelente fotografía del español Eduard Grau y una dirección artística a la altura de la película que Suite Francesa quiere ser pero nunca consigue.

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