estreno de 'murieron por encima de sus posibilidades'

Asesinar a un banquero, el musical

Isaki Lacuesta presenta una comedia negra sobre las fantasías homicidas del ciudadano medio

Foto: Fotograma del filme de Lacuesta
Fotograma del filme de Lacuesta

Hay quien cree que si Podemos ganara las elecciones, resucitaría las checas de la Guerra Civil. Igual que hay quien veía a los chicos del 15-M como terroristas en potencia. Se trata de una visión de las cosas más entrañable que otra cosa: tras siete años de crisis económica y escándalos políticos varios, el achicharramiento ciudadano es de tal calibre, que a su lado Pablo Iglesias parece una hermanita de la caridad.

Si usted cree que el secretario general de Podemos dice barbaridades en la tele, debería ir al bar o al taxi más cercano a escuchar lo que cuenta el parroquiano medio sobre nuestros políticos, ministros y banqueros favoritos. Las fantasías homicidas están tan a la orden del día que, en contraste, Podemos parece una vía política tibetana para canalizar y apaciguar la rabia ciudadana.

En efecto, desde que estalló la crisis económica/política, todos hemos visto alucinantes transformaciones personales: personas que nunca antes se habían interesado por la política reclamando sacar a los políticos a tiros del Congreso, amenazando con quemar sedes del INEM desde la barra del bar, asegurando a gritos que todo esto se solucionaría con una recortada y un bidón de gasolina. Del cero al infinito.

De eso va precisamente Murieron por encima de sus posibilidades, comedia salvaje de Isaki Lacuesta (Girona, 1975) que se estrena hoy en salas tras pasar por la sección oficial (fuera de competición) del Festival de San Sebastián.

Justicia descerebrada

Se trata de una película sobre la crisis. O más bien de una película sobre el momento en el que al ciudadano de a pie se le cruzan los cables y se toma la justicia por su mano. Totalmente a saco, es decir, sin que ninguna organización política organizada (Podemos o cualquier otra) haga de dique de contención. Justicia descerebrada pura y dura.

Todo el mundo ha escuchado cientos de ideas sobre cómo acabar con la crisis. Coja usted las más escatológicas y sangrientas y el resultado será algo parecido a Murieron por encima de sus posibilidades. Lacuesta ha cogido las fantasías homicidas ciudadanas y las ha convertido en verdad cinematográfica.

La historia es sencilla: cinco ciudadanos pierden la cabeza a causa de las circunstancias económicas, matan a otras personas y acaban internados en un psiquiátrico. Y allí, a golpe de asamblea delirante, deciden asaltar el lugar de recreo del capo del Banco Central cañí y convertir aquello en una carnicería. La España de la crisis convertida en frenopático político. Contra el ministro, saca la recortada. Contra la troika, activa la motosierra. Y así todo.

Imagen del rodaje de 'Murieron por encima de sus posibilidades'
Imagen del rodaje de 'Murieron por encima de sus posibilidades'

Todo ello narrado en modo coral, sin un duro y en forma de cooperativa, pero con la complicidad del star-system nacional:  Raúl Arévalo, Imanol Arias, Àlex Brendemühl, José Coronado, Eduard Fernández, Ariadna Gil, Sergi López, Carmen Machi, José Sacristán, Ángela Molina, Emma Suárez, Josep Maria Pou y Luis Tosar se han puesto a las órdenes de Isaki Lacuesta. Además de cantantes icónicos de la contracultura catalana como Albert Pla, Pau Riba y Jaume Sisa.

¿El veredicto? Estamos ante una comedia que, ¡ay!, gana cuando muta en drama político punk. Murieron por encima de sus posibilidades es una comedia fallida, al no lograr hacer reír ni de lejos todas las veces que lo intenta, pero como película salvaje tiene su aquel al poner el dedo en la llaga/víscera nacional. 

Otra paradoja: estamos ante una sátira del poder que gana cuando satiriza los arrebatos de la plebe. En efecto, uno de sus puntos fuertes es enfrentar al arrebato ciudadano a sus propias contradicciones políticas: en el momento cumbre del filme, cuando el comando pide el rescate para no cargarse a los secuestrados (banqueros, políticos, etc), se pincha el globo revolucionario: lo único que le piden al Gobierno es que todo vuelva a ser “como era antes” de la crisis. “Somos liberales”, asegura uno de ellos con cara de loco. La revolución, en efecto, ya no es lo que era. Así están las cosas.   

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