Dolan, el niño prodigio del cine de autor
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Cinco películas con sólo 25 años

Dolan, el niño prodigio del cine de autor

El director canadiense ha filmado cinco películas con solo 25 años. Con su última obra, 'Mommy', consiguió el Premio del jurado en el pasado Festival de Cannes

placeholder Foto: Xavier Dolan durante el rodaje de 'Mommy' (Shayne Laverdière)
Xavier Dolan durante el rodaje de 'Mommy' (Shayne Laverdière)

En el último Festival de Cannes se vivió un momento especial. El Premio del Jurado fue para Jean-Luc Godard por Adiós al lenguaje. El mítico director de la nouvelle vague, con 84 años recién cumplidos, tuvo que compartir el galardón con un pipiolo de 25 años, Xavier Dolan. La carrera de uno de los realizadores más emblemáticos de la historia del cine se cruzaba con la del último niño prodigio en el certamen más prestigioso del mundo.

Cuando uno ve la edad de Dolan, nacido en Quebec,piensa que el filme con el que ganó el premio en la Croissette sería su ópera prima. En España cualquier cineasta con esa edad está acabando la escuela de cine o haciendo cortometrajes y ganando una reputación. Sin embargo Xavier Dolan viene rompiendo moldes. Mommy es su quinto filme. Cinco películas para un director que acaba de pasar el cuarto de siglo y al que se rifan todos los festivales.

Todas sus obras han sidopresentadas en Cannes, donde a cada filme que llegaba se formaba más ruido mediático a su paso. Su anterior filme a Mommy, llamado Tom àla ferme no entró en la Sección Oficial.Las malas lenguas dicen que sentó fatal a un realizador cuyo ego empieza a ser conocido.

No es para menos, pocas veces el cine recuerda un talento tan prematuro como el de Dolan, que en alguna entrevista se ha atrevido a decir jocoso que Orson Welles (otro genio precoz) era un “vago”, y que tuvo un “florecer tardío”. Genio y figura. El realizador es consciente de que su figura de prepotencia vende, y la explota en cada aparicióny en sus películas, que son ejercicios de estilo impropios para alguien tan joven. Una especie de Terrence Malick postmoderno cuyos arranques estilísticos han sido tachados de pretenciosos y vacíos, pero también de geniales y novedosos.

Adjetivos con los que también se describió en su momento la obra de Godard, cuyo filme Pierrot el loco es nombrada por Dolan como su filme favorito de la historia del cine.

El niño que llora

Aunque lleve cinco películas y en las entrevistas aparente una seguridad aplastante Xavier Dolan no deja de ser un niño. Un niño capaz de llorar como una magdalena cuando Jane Campion le entregó el premio en Cannes y que todavía cree en el poder de los sueños: “No hay límites excepto los que nos ponemos nosotros mismos. Todo es posible para quien sueña y trabaja sin abandonar nunca”, explicaba en la promoción de Mommy.

Como buen niño Dolan juega y se divierte en sus películas. Prueba encuadres, músicas, composiciones, como si llevara cuarenta años en la profesión. Para su último título el director se sacó de la manga un encuadre de aspecto 1:1 que dejó boquiabiertos en Cannes. El espectador miraba una película cuadrada, que ahogaba a sus personajes, pero que se ensanchaba y respiraba cuando estos lo hacían. Un experimento que hizo que la prensa aplaudiera en mitad de la proyección durante el certamen.

Mientras que sus mayores tiran de clásicos o de músicas compuestas para la ocasión Xavier Dolan demuestra su juventud en la selección de temas que suenan en sus películas, que muchas veces parecen una sucesión de videoclips. En Mommy Celine Dion, Oasis y Counting Crows ponen voz a los sentimientos de los personajes. Es el estilo Dolan, y él tiene claro que así es como debe ser.

“Cada cinéfilo tiene un recuerdo muy diferente de cada canción. Eso hace que cuando, dentro de la película, suena un tema, esos recuerdos individuales se integren en la historia y haga que esta vaya más allá de donde nunca pensamos que iría. En la quietud de una sala oscura, observamos, en comunión anónima, y creo que eso es algo beneficioso para cualquier película”, argumenta el realizador en un texto escrito por él con motivo del lanzamiento de Mommy en cines.

El Almodóvar canadiense

Uno de los nombres con los que siempre se compara a Xavier Dolan es el de Pedro Almodóvar. Su descaro y su gusto por la estética más depurada le acercan al manchego en la forma, pero es en las temáticas elegidas donde ambos unen sus filmografías: sexualidad, transexualidad y mujeres pueblan sus obras.

Entre su ópera prima y su nuevo trabajo hay un vínculo, la importancia de su madre. “Si hay un tema del que debería saber más que nadie, uno que me inspirara de forma incondicional, y que me gusta más que ningún otro, desde luego es mi madre. Cuando digo mi madre, me refiero a la figura que representa. Porque es ella a la que siempre regreso. Es ella la que quiero ver ganar todas las batallas, para la que quiero inventar problemas para ver cómo los resuelve, es ella a través de quien me hago todas las preguntas, a quien quiero oír gritar cuando nadie dice nada, es ella quien quiero que tenga razón cuando todos nos equivocamos, es ella la que tendrá la última palabra, no importa de qué”, explica el realizador, que aseguraba que en su ópera prima sentía que quería “castigar a su madre, mientras que con Mommy se encuentra “buscando venganza”.

Ecos de una relación destructiva con su madre que esboza en cada filme, que siempre contiene píldoras autobiográficas que Dolan prefiere no explicar. Ser misterioso es parte de su estilo, el estilo Dolan, que ha venido para quedarse. Próxima parada: el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y una Palma de Oro que en su primera intentona se le ha resistido.

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