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Las nuevas tecnologías revolucionan el lenguaje del cine español
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tres películas apuestan por nuevos modelos

Las nuevas tecnologías revolucionan el lenguaje del cine español

Jaime Rosales, Carlos Marqués-Marcet y Nacho Vigalondo han introducido el uso del WhatsApp, de Skype y de los móviles en sus nuevas películas

Foto: Fotograma de 'Open Windows', de Nacho Vigalondo
Fotograma de 'Open Windows', de Nacho Vigalondo

En 1895 nace un invento que revoluciona el mundo del arte y del entretenimiento: el cine. Desde la proyección de La llegada del tren a la estación de la Ciotat hasta la actualidadmuchos avances tecnológicos, y muchos visionarios, han ido modificando y actualizando el lenguaje cinematográfico.

Los trucajes de Méliès, el montaje paralelo de Edwin S. Porter en Asalto y robo de un tren (1903), la madurez del lenguaje de D.W. Griffith, el montaje de atracciones de Eisenstein, la llegada del sonido, del color… Puntos de inflexión del séptimo arte.

Si bien estos cambios se produjeron en los primeros coletazos del cine, los últimos veinte años también han traído momentos como la primera película creada completamente por ordenador (Toy Story, 1995) o la popularización del 3D gracias a filmes como Avatar (James Cameron, 2009).

La democratización en el uso de aparatos como móviles de última generación y ordenadores han modificado la forma en que nos comunicamos entre nosotros. Aplicaciones como WhatsApp o Skype han reconfigurado las relaciones personales, y el cine ha decidido que era el momento de plasmar este cambio.

El propio lenguaje del cine se modifica para abrir la puerta a este terremoto tecnológico. 2014 ha sido el año en el que tres directores españoles han decidido utilizar todas estas innovaciones dentro de sus películas. No como un elemento secundario, sino como parte de su historia y de su manera de trasladarlo a la pantalla.

10.000 Km, de Carlos Marqués-Marcet; Hermosa juventud, de Jaime Rosales y Open Windows, de Nacho Vigalondo; han dado un paso más en la integración de las tecnologías dentro del lenguaje audiovisual. Tres filmes completamente diferentes en sus historias, pero con muchos puntos en común en su forma.

Carlos Marqués-Marcet considera que esta tendencia ha supuesto un “cambio de paradigma”. “Igual que la incursión del sonido cambió la forma de hacer cine ahora están cambiando los formatos, el tipo de fotografía que se utiliza…” confiesa a este periódico. Su filme, una historia de (des)amor con 10.000 kilómetros de separación entre sus personajes ha sido una revelación por su manera de hablar sobre lo difícil de las relaciones a distancia de una forma fresca y novedosa.

El director de 10.000 km considera que el uso del WhastApp, de Skype o del móvil han modificado el lenguaje del séptimo arte “igual que la popularización del bolígrafo modificó de alguna forma la escritura”, aunque todavía no “tengo claro en qué sentido“.

“En la actualidad hay una voluntad de contar cómo las imágenes construyen nuestro día a día. Creamos nuestra historia a través de fotos, somos directores de nuestra propia historia eligiendo nuestra foto de Twitter, de Facebook, nuestro fondo de pantalla. Y eso hemos querido trasladárselo al espectador. En el fondo estamos haciendo algo muy cinematográfico. Estamos creando un metacine cotidiano gracias al uso de cámaras o del móvil” apunta.

Para su filme tuvo claro que cada tecnología tenía su función narrativa, y que la forma de utilizarlas no podía ser la misma. “La videoconferencia tenía que jugar con el punto de vista, estar con un personaje o con el otro. Potenciar el fuera de campo. Había que ser muy preciso con la planificación y con la estructura. Por su parte, WhatsApp simboliza el dramatismo de la espera, mientras que Facebook son las intenciones, es el espacio ideal para los celos” explica Marqués a El Confidencial.

El realizador cree que más que una coincidencia, el hecho de que estas tres películas hayan surgido es por una voluntad de hablar de las mismas cosas: la distancia o la globalización. “La película de Jaime Rosales, aunque dentro de un cine social, también habla de eso”.

El director de Hermosa juventud no cree que la cinematografía mundial, ni la española, “vayan a integrar sistemáticamente esos lenguajes”, sino que se seguirá investigando sobre ello y dependerá más de lo que se quiera contar: “Las cuestiones importantes siguen siendo las mismas: a qué distancia filmar, cuánto tiene que durar un plano…” cuenta Rosales a este medio.

Su filme,un retrato de la juventud española actual,utiliza el teléfono móvil y sus diferentes aplicaciones e imágenes para contar el embarazo de la protagonista de una forma diferente. Rosales explica que la idea de integrar estas tecnologías surgió desde el principio: “Hermosa juventud intenta ser un retrato de la juventud, y para ser preciso en ese retrato me parecía indispensable utilizar el lenguaje de la comunicación Whatsapp o Skype. Es la manera cómo se comunica hoy en día la gente, muy especialmente la gente joven. Además me permitía dotar a la película de una textura nueva, diferente. Combinar la textura del cine fotoquímico en 16mm con la textura de las imágenes del móvil me parecía una buena manera de dinamizar la película”.

Elganador del Goya por La soledad cree que la historia del cine está ligada a sus posibilidades técnicas: “El cine como espejo de la vida en sociedad siempre irá incorporando esos avances, esos cambios del lenguaje. Por otro lado, todas las nuevas tecnologías que reflejan las películas actuales en poco tiempo quedarán como huellas de una tecnología antigua. Al igual que si hoy vemos una película de los ochenta con ordenadores Atari. Todo eso no parará de cambiar”.

Pese a ello Rosales cree que esto no debería generalizarse y convertirse en una moda, sino que debería depender de las “necesidades expresivas de cada proyecto”.

A Nacho Vigalondo le propusieron hace años trabajar en una película que tuviera una presencia de Internet muy importante. Él realizó su contraoferta, a cambio quería que toda la película transcurriera en la pantalla de un ordenador. El realizador recuerda que en aquel momento la referencia era Closer, de Mike Nichols, y las charlas por Messenger (programa que ya ni siquiera existe) de los protagonistas.

Vigalondo se manifiesta entusiasmado por todos aquellos recursos que fuerzan la experiencia narrativa, como “el tiempo real o la pantalla partida”, por lo que le interesaba este nuevo lenguaje cinematográfico que considera normal que haya surgido “en cuanto estas tecnologías se han introducido en nuestras vidas”.

“La materia prima de las películas es nuestra vida, si en ella todo gira en torno al móvil o al ordenador pues eso se mostrará en el cine. De hecho, en mi próximo guion hay una presencia muy importante de Skype, smartphones y de canales de noticias. No porque quiera hablar expresamente de eso, sino porque se cuela” comenta.

Vigalondo cree que la coincidencia de estos tres filmes españoles el mismo año tiene un punto de casualidad, pero es algo típico en la historia del arte: “Ocurre que de repente hay temas que están en el aire y se concretan en obras, y de alguna manera el aire que compartimos todos hace que tendamos a que se presenten estas sincronías”, zanja.

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