'American Jesus' explora religión, pop y ultracapitalismo

Jesucristo tiene una banda de rock and roll

Ellos hacían las maletas en Barcelona, mientras Jesucristo se preparaba para la reaparición más estelar de la historia del pop desde la de Elvis en Las

Foto: Un fotograma de la película 'American Jesus', coproducida por como TVC y TVE.
Un fotograma de la película 'American Jesus', coproducida por como TVC y TVE.
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Ellos hacían las maletas en Barcelona, mientras Jesucristo se preparaba para la reaparición más estelar de la historia del pop desde la de Elvis en Las Vegas en 1968. Al menos según Harold Camping, un profeta numerólogo con millones de seguidores gracias a un canal de radio desde el que había adelantado que el 21 de mayo se produciría el rapto de los que se salvaban. El metro de Nueva York estaba empapelado con sus predicciones. Si se cumplían, la Tierra sería un bochinche de azufre y llamas devastador para cuando el equipo de la película American Jesus tenía programado su primer viaje a Estados Unidos (en junio de ese mismo año).

Por suerte para el equipo de este documental, y para el resto de terrícolas pecadores y libres de pecado, Camping no estaba en lo cierto y el segundo advenimiento de Jesucristo se canceló. Así que Aram Garriga, el director, Xavi Prat, el guionista, y el pequeño comando audiovisual que los acompañaba (“parecíamos una banda de rock”) tomaron el avión y, de algún modo, se les abrió el cielo: iglesias antiporno que usan la retórica del porno, congregaciones de strippers de Las Vegas, Motoristas de Cristo, cultos impulsados por comediantes de stand-up, Museos del Creacionismo, forzudos a lo Pressing Catch que divulgan la palabra, parroquias que cambian el góspel por el heavy metal y también marxistas que emplean el góspel (y la retórica de la ultraderecha cristiana) para boicotear el consumismo. La religión convertida en cultura pop y viceversa.

Este documental cuenta cómo en los EEUU, el ultracapitalismo y la religión intentan capitalizar el miedo y encontrar un mercado, echando mano del marketingNichos de mercado ultraespecializados, Disneylandias de la fe y Woodstocks de la doctrina protestante. Una familia entera que toca canciones de rockabilly durante horas: la abuela con un pañuelo en su cabeza aporreando la batería, mientras dos hijos con la guitarra y el bajo y el tercero coquetea con serpientes venenosas que podrían, si Dios no lo evita, matar a cualquier feligrés en plena tarantela (el predicador murió meses después de que lo grabaran… por una picadura de serpiente).

Ultracapitalismo religioso

Todas estas iglesias mueven una industria de 7.000 millones de dólares que llamó la atención de un Partido Republicano necesitado de esos altavoces a menudo excéntricos. Prometió a estos pastores con carisma unirse en reivindicaciones provida o antigay. “El primer presidente de Estados Unidos que ganó con voto evangélico fue Jimmy Carter (demócrata, curiosamente). Bien, pues he leído que perteneció a una Iglesia evangélica de snake handlers (de las que manipulan serpientes durante sus ceremonias)”, apunta Garriga en una terraza del barrio barcelonés de Gracia.

Tiene que gritar un poco porque un grupo de gitanos se desgañitan cantando rumba: el acercamiento a la doctrina evangélica de esta etnia (todo un movimiento asociativo en este barrio), con palmas y canciones, es más o menos parecido al que se encontraron en su viaje.

American Jesus, documental coproducido por canales como TVC o TVE, con una salida comercial solvente al otro lado del charco. Ahora está en cartel en dos cines barceloneses, acaba de pasarse en el Festival de Florida y se programará en Nueva York y Los Ángeles, además de haber sido adquirido por Time Warner para su emisión en canales prepago y de salir en DVD.

'American Jesus' vira en su segundo acto hacia otros terrenos más espinosos: la relación con el ala dura del Partido Republicano y con la geopolítica.

Representa a Estados Unidos como un país tan megalómano en el tamaño de sus refrescos de soda como en la forma en la que ultracapitalismo y religión intentan capitalizar el miedo y encontrar un mercado, echando mano del marketing. Y la película avanza, como sucede con las mejores novelas, de lo anecdótico, del plano detalle, a lo casi conspiranoico, el plano general, el cuadro entero.

Cristianismo ‘hardcore’

Toda la idea de American Jesus proviene de la melomanía de Prat. “Me gustaba el hardcore y escuchábamos a un grupo llamado The Charriot. Aluciné cuando me enteré de que eran cristianos muy comprometidos”, explica el coguionista. “Hay grandes circuitos de esa música, de cada subcultura y estilo. Si a un seguidor de la doctrina le gusta Metallica, se le ofrece un grupo cristiano similar... Cualquier expresión cultural del mundo secular tiene su dopplegänger en el mundo cristiano de Estados Unidos”.

Es la suma exacta de capitalismo y religión. Saben venderse muy bien: están muy al día en el 2.0 y tienen un lenguaje que se acerca a los jóvenes”, apunta Garriga. “Cuando íbamos a grabar yo tenía mi discurso muy preparado: les decía que a mí en el cole no me daban toda la oferta. Aquí, como mucho, en el cole religioso, te tocaban una versión en plan Padre Nuestro de Simon and Garfunkel, lo más avanzado era replicar los discos progres de tu padre”.

En el documental, por ejemplo, aparecen biblias que se venden en Festivales Eróticos con portada setentera a lo Boogie Nights y leyendas como Jesus Loves Porn Stars. “A su modo, son honestos. Te explican desde el principio que el sexo vende y que lo usan para captar a gente. Se crean dobles morales aún más fuertes que propician datos como que los evangélicos son aún más adictos al porno que el resto”, apunta Garriga.

Del porno al antiporno

Prat añade: “Sí, pero algo sucede con ésta o con la de las strippers. Evidentemente, te acercas con curiosidad, pero después también hacen una labor social. A mí la historia de la stripper que ayudaba con su iglesia a otras trabajadoras más o menos relacionadas con el negocio del sexo me pareció muy bonita. Es curioso: la iglesia del porno es antiporno, pero para hacerse publicidad se apropian del lenguaje del porno y frecuentan los mismos ambientes. Lo mismo sucede con Bob Beeman, un pastor del heavy metal de California (tremendas melenas), que dice que regresa a los primeros siglos del catolicismo, cuando las ceremonias no se hacían en edificios: se coloca bajo los puentes de Nashville y allí reparte consejos, comida y abrigo”.

Garriga cuenta la historia de Billy Talen, y su The Church of Stop Shopping, un movimiento que emplea las tácticas de la ultraderecha evangélica, para denunciar precisamente el consumismo feroz que conduce a las guerras y a la idiocia. Es casi un performer marxista, que entra en todo tipo de establecimientos con un coro de góspel a liarla animando a no consumir y explicando qué compraría, y qué no compraría, Jesús”. De hecho, el Reverendo Billy tiene a gala lograr que Starbucks, después de sabotear un montón de sus franquicias (también la de Barcelona), incluyera en el manual de sus trabajadores un capítulo que explica el protocolo a seguir si Él aparece en el establecimiento.

Todo está conectado. No en vano dicen muchas lenguas que después del atentado del 11S, el alcalde neoyorquino (y republicano) Rudolph Giuliani se dirigió a sus ciudadanos para aconsejarles dos cosas para recobrar el ánimo: 1) Rezar; 2) Ir de compras (“Go shopping!”).

Y vendrán 13 millones de naves

En un principio, la película de Garriga se presenta como un collage pop y posmoderno de todas esas iglesias que merecerían el adjetivo de “freak”, en el viejo continente. De hecho, parece una revisión estrictamente religiosa del tronchante (y espeluznante) documental de los setenta La locura americana, de Romano Vandervses, en la que los coches se destrozaban en campeonatos, la gente se inscribía en academias del sexo oral, se ofrecían vales para que los recién casados dispararan armas reales contra muñecos y existían las órdenes de monjas karatecas. Esa película parece un falso documental, en la línea de The Kentucky Fried Movie que en la de una película de Michael Moore.

En el documental afloran los predicadores aislados, que se convierten en líderes de masas predicando el fin del mundo Sin embargo, American Jesus vira en su segundo acto hacia otros terrenos más espinosos: la relación con el ala dura del Partido Republicano y con la geopolítica. Cuando una iglesia de un motorista ex convicto reúne en estadios a cientos de miles de devotos saltan todas las alarmas.

Frank Schaeffer, autor, cineasta y pintor, vivió muchas décadas de su vida en permanente campaña contra el aborto. Su padre, Francis Schaeffer, era un predicador todopoderoso, que había compartido nuevas visiones del hombre con gurús psicodélicos (Timothy Leary) y mantenía fuertes vínculos con los Bush.

Su hijo Frank estudió en Europa. Entró en contacto con Fellini, con las vanguardias y vio que los suyos veían cualquier manifestación artística como una amenaza contra su doctrina. Entonces empezó a pensar de forma crítica. “Nos explicó que todo se polarizó mucho a partir de la ley de 1973, que facilitaba el aborto. Se generó el movimiento provida que polarizó a la población. El Partido Republicano comulgó con esa idea y con otras como el trato a los gays, para ganarse el favor de pastores multitudinarios… Pero entonces vino su lucha interna. Pensó, simplemente, ‘¿Y si somos nosotros los que ganamos? ¿Y si gobernamos el país? Esto se convertirá en Afganistán…’”.

Schaeffer ahora muestra un discurso crítico y aporta anécdotas de primera mano: “Barbara Bush le decía a su madre que no sabía qué hacer con su hijo. Le puso empresas petrolíferas como una llamada Arbusto, pero se lo montó para arruinar todas. Además, se había corrido sus juergas con coca y alcohol en su juventud, así que estaba arrepentido. Y los renacidos son los más fervientes”.

Los responsables de 'American Jesus', que ya han tenido problemas con círculos evangélicos españoles que han puesto el grito en el cielo por la 'visión excéntrica' que se da de su doctrina¿Y eso influyó en decisiones de calado internacional? “Él sostiene que sí. Evidentemente, detrás están los intereses de las subcontratas de todo el sector neocon, los Rumsfeld y los Cheney, pero para alguien tan corto como él es mucho más fácil entender, o al menos explicar, un cuento bíblico para niños, y convertirse en una marioneta. Así que pudo dar el visto bueno a invasiones convencido desde su fe”.

La idea de predicadores aislados que se convierten en líderes de masas predicando el fin del mundo no es nueva. “Por ejemplo, la Guerra Fría era un escenario geopolítico propicio. El holocausto nuclear, la destrucción mutua. Eso ayuda a que se propaguen estas historias. Pero cuando fallan, lo reconducen. Por ejemplo, hacia las guerras en Oriente que se aprobaron hace menos tiempo. Leen el Apocalipsis, que es muy críptico y admite todo tipo de lectura extrema”.

¿Y si le da por aterrizar en Españanbsp;

Ya sucedió en la magnífica novela de Enrique Jardiel Poncela: La Tournée de Dios. Pero Jesucristo podría asomar su melena y barbas por segunda vez en nuestro país. O, dicho de otro modo, ¿hasta qué punto han calado en las esferas de decisión debates como el terrorismo o el aborto? ¿Hasta qué punto la religión incide en nuestra política?

“Aquí es muy diferente, claro, pero por supuesto que está presente y más desde el cambio de gobierno. Ciertos sectores evangélicos y sobre todo algunos círculos ultracatólicos influyen, eso no es nuevo. Al fin y al cabo son herederos del concordato franquista”. Sin embargo, los responsables de American Jesus, que ya han tenido problemas con círculos evangélicos españoles que han puesto el grito en el cielo por la “visión excéntrica” que se da de su doctrina. Descartan, por el momento, un Spanish Jesus o un Catalan Jesus: “Aquí todo estaría más envenenado, sería más opaco y menos interesante. Con menos color. Además, allí nosotros empatizamos con algunos de los pastores. No sé hasta qué punto sucedería aquí con la ultraderecha. Algunas heridas están aún demasiado abiertas”.

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