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La caverna de Platón era un club BDSM: sexo, sadomasoquismo y mucho griego
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La caverna de Platón era un club BDSM: sexo, sadomasoquismo y mucho griego

Theodor Kallifatides presenta en su novela 'Timandra' un sensual y elegante retrato de la Grecia de Pericles

Foto: 'Pericles ante la Asamblea de Atenas'. (Cedida)
'Pericles ante la Asamblea de Atenas'. (Cedida)

La biografía de Theodor Kallifatides (1938) sugiere dos odiseas peculiares: llegar a Suecia y llegar a España. La primera, la seria, nos habla de un joven griego sin trabajo que emigra a los míticos países nórdicos en 1964 buscando el bienestar un poco tiritante del Báltico y acaba haciéndose sueco y escribiendo alternativamente en griego o sueco sobre, alternativamente, Grecia y Suecia. La segunda odisea, más limitada pero no exenta de enseñanza, nos habla de un escritor sueco/griego que no para de escribir durante toda la segunda mitad del siglo XX y, solo cuando alcanza los 80 años de edad, alguien en España se fija en su obra y empieza a traducirla en abundancia. La longevidad es una forma de éxito muchas veces desdeñada.

Es Galaxia Gutenberg la descubridora de este prometedor autor octogenario. En 2022 ha publicado dos novelas suyas, Timandra y Amor y morriña. Yo me he leído Timandra, no sé ni por qué. Amor y morriña no la he leído porque no me parece serio poner en boca de un griego/sueco la palabra morriña, sinceramente.

placeholder 'Timandra'. (Galaxia Gutenberg)
'Timandra'. (Galaxia Gutenberg)

Timandra es una novela histórica, género infecto donde todo el que no sabe escribir, no tiene nada de lo que escribir y, aun así, va a vender más que tú da en aposentar su falta de talento. Las novelas sobre Julio César, los godos, las Galias o el criado de Fernando VII, siempre en tapa dura y con las palabras anteriores bien visibles en el título, constituyen el gran muro de carga de las casas donde nadie lee.

Pero Timandra es otra cosa, siendo en efecto un recorrido por un periodo histórico lleno de personajes reconocibles y con esa sensación espuria, pero muy gratificante, de estar aprendiendo algo mientras se lee.

El periodo es la Grecia de Pericles, lo que (Wikipedia) se denomina "el Siglo de Oro ateniense, cenit de la Grecia clásica". Este siglo de Pericles está lleno de filósofos, guerras con barquitos y bacanales bisexuales. Timandra, para decirlo cuanto antes, es una prostituta.

Hetairas

Su historia, contada en primera persona, es la de la hetera amante de Alcibíades, de quien tuvo un hijo, y que sirve tanto para recorrer algunos hitos mayores de la historia clásica griega como para hablar de algo superior a la Historia: el amor. En la novela, prostituta se nombra siempre como hetera, siendo que en castellano hay un catálogo de sinónimos para definir a las trabajadoras sexuales que ya quisiera Pericles. No en vano, una feminista se quejó en un periódico de que hubiera "200 sinónimos de puta en el diccionario", lo que le hacía concluir que la Real Academia de la Lengua era machista. A lo mejor es que lo peligroso y lo prohibido, vía eufemismo, despiertan la creatividad del habla popular, vete tú a saber.

Timandra empieza explicándonos el oficio de hetaira, meretriz, ramera o cortesana. Su madre también lo ejerció. "No es un oficio especialmente antiguo. Al principio ni siquiera era un oficio. Mujeres y efebos han sido siempre objetos de placer de los vencedores y continúan siéndolo. Lo profesionalizaron algunas mujeres célebres: Nicó de Samos, Calistrata de Lesbos, Filení de Leucada. Esas mujeres transformaron la esclavitud en profesión".

La novela está muy medida en su mezcla de relato histórico y reflexión sobre la carne

Todo este comienzo fascinante modula el tono erótico-sentimental de la novela, que está muy medida en su mezcla de relato histórico y reflexión sobre la carne y el enamoramiento. También hay cameos estupendos de Sócrates, y sutiles saqueos de libros de Platón como El banquete (era esperable), cuyas ideas van asomando aquí y allá encarnadas en sofistas atolondrados que departen con Sócrates mientras esperan el final de alguna batalla legendaria. "Había oído a Sócrates afirmar que la belleza es la única virtud que se puede ver. (…) Y la atracción erótica es el amor por lo bello. Y la persona a la que amamos nos recuerda las perfectas, simples y felices imágenes en los albores de la vida humana".

Hay un momento bastante provocador en el que Timandra acude a un lugar llamado La caverna. Resuena, claro, el mito platónico que nos explicaba Saramago con cromos. Pero aquí no hay filosofías, sino sadomaso durante cuatro o cinco páginas. La caverna es el nombre de un sitio donde se fustiga, se acometen todos los actos sexuales y donde Timandra se deja ir. "Éramos solo manos, dedos, dientes, labios, órganos genitales. (…) Dejé que me hicieran lo que quisieran y lo hicieron".

También hay cameos estupendos de Sócrates, y sutiles saqueos de libros de Platón como 'El banquete' (era esperable)

El sexo impregna hasta las guerras con Esparta: "Alguien preguntó a un espartano por qué no tenían una ley sobre el adulterio y él dijo con gran simpleza que dónde iban a encontrar mejores hombres sus mujeres. ¡Eso es tener confianza en sí mismo!".

Kallifatides, en fin, hace una novela chispeante, coqueta, sexy y no poco intelectual. Su prosa tiene momentos de brillantez que solo aprecias si lees despacio: está siempre al servicio de la historia, y de las ideas limpias y redondeadas. "Él quería olvidar junto a mí y yo, recordar a su lado".

La biografía de Theodor Kallifatides (1938) sugiere dos odiseas peculiares: llegar a Suecia y llegar a España. La primera, la seria, nos habla de un joven griego sin trabajo que emigra a los míticos países nórdicos en 1964 buscando el bienestar un poco tiritante del Báltico y acaba haciéndose sueco y escribiendo alternativamente en griego o sueco sobre, alternativamente, Grecia y Suecia. La segunda odisea, más limitada pero no exenta de enseñanza, nos habla de un escritor sueco/griego que no para de escribir durante toda la segunda mitad del siglo XX y, solo cuando alcanza los 80 años de edad, alguien en España se fija en su obra y empieza a traducirla en abundancia. La longevidad es una forma de éxito muchas veces desdeñada.

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