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La venganza de los sofistas: por qué los grandes villanos de la filosofía merecen defensa
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La venganza de los sofistas: por qué los grandes villanos de la filosofía merecen defensa

Se publica por primera vez en español el clásico de la filosofía 'El movimiento sofístico', de G.B. Kerferd, una defensa apasionada de un movimiento hasta hoy atacado y minusvalorado

Foto: El Partenón de la Acrópolis de Atenas (Unsplash)
El Partenón de la Acrópolis de Atenas (Unsplash)

Veinticinco siglos de menosprecios, ataques e insultos los contemplan. Los sofistas de la Atenas del 450-400 a.C son los grandes villanos de la historia de la filosofía. Acusados de corruptores de costumbres, de pomposos retóricos a los que la razón les importaba un pito e incluso de agentes principales de la condena a muerte de Sócrates y del posterior destierro de Platón, su valor filosófico se ha tasado en casi nada, como mucho un gozne que conecta la heroica etapa anterior de los presocráticos con el zarpazo de gigantes del pensamiento griego que representan Platón y Aristóteles.

El gran drama de los sofistas es que apenas conservamos fragmentos minúsculos de sus doctrinas y la principal fuente de información sobre su escuela nos la ofrece su gran archienemigo. Y Platón no se corta. En su muy virulento diálogo 'El Sofista' los tacha de cazadores a sueldo de jóvenes ricos, mercaderes de la virtud y el conocimiento, urdidores de discusiones artificiales sobre lo correcto y lo incorrecto y fatuos que difunden con su yerma 'sofistería' una vana apariencia de sabiduría. Si toda la historia de la filosofía es, como dijo Whitehead, una serie de anotaciones al margen del texto de Platón, no sorprende que su nefasta imagen de los sofistas haya permanecido hasta la actualidad. Hanna Arendt escribió que "la diferencia mayor entre los antiguos y los mo­dernos sofistas está en que los anti­guos se mostraban satisfechos con una pasajera victoria del argumen­to a expensas de la verdad, mien­tras que los modernos desean una victoria más duradera a expensas de la realidad. En otras palabras, aquellos destruían la dignidad del pensamiento humano, mientras que estos destruyen la dignidad de la acción humana".

placeholder 'El movimiento sofísitico' (Punto de Vista Editores)
'El movimiento sofísitico' (Punto de Vista Editores)

Pero algo no cuadra, como defiende el filósofo australiano G. B Kerferd en 'El movimiento sofístico', un clásico revolucionario de la filosofía que oportunamente publica ahora en España el sello Punto de Vista Editores cuarenta años después de su edición inglesa. "El periodo de 450 a 400 a.C. fue, en muchos sentidos, la época más importante de Atenas. Fue un periodo de profundos cambios sociales y políticos, en los que hubo una intensa actividad artística e intelectual. Patrones establecidos de vida y experiencia se disolvían en favor de patrones nuevos. Las creencias y los valores de generaciones anteriores se encontraban bajo ataque. Y quien dio expresión a todo eso fue el movimiento sofístico". ¿Podemos revisar la impronta de los sofistas y valorar su aportación al margen de las opiniones de sus adversarios? Veamos.

Una escuela asombrosa

El oráculo sentenció que era el más sabio de los hombres y él, asombrado y molesto, ideó un eficaz método de enmienda: interpelar a los verdaderos sabios para así demostrar que, a su lado, sólo era un pobre ignorante. Y anduvo a ver a los sabios del Derecho que discutían si la ley esto o la ley lo otro, los observó curioso y sólo al final les preguntó: ¿pero qué es la ley? No supieron responderle. Lo mismo ocurrió con artistas, retóricos, políticos... A todos escuchó y a todos avergonzó al mostrarles que no sabían de qué demonios hablaban. Poca gracia. Sócrates fue ejecutado 2.400 años porque comprendió, mientras la cicuta destemplaba sus pies, que tal vez sí era el más sabio de los hombres porque, al menos, él sabía lo que todos los demás preferían ignorar: que no sabía nada.

placeholder 'La escuela de Atenas' de Rafael.
'La escuela de Atenas' de Rafael.

El gran mito de la condena a muerte de Sócrates que recoge Platón en la 'Apología' es ambivalente. Según una versión, Sócrates fue condenado por "corromper a la juventud" porque se le confundió maliciosamente con uno de esos sofistas que socavaban la moral tradicional de la polis y con los que, si bien mantenía un trato cordial, no dejaba de refutar. Pero cabe interpretar también en la citada anécdota del oráculo que, más bien al contrario, Sócrates lo que había hecho era mostrar a los jóvenes ricos y profesionales liberales de Atenas educados por maestros sofistas que hablaban a voleo sin saber realmente de qué demonios hablaban. Y a nadie le hace gracia quedar como un imbécil.

La actualidad de los problemas formulados y discutidos por los sofistas es asombrosa

Pero, defiende Kerferd, esto es injusto: "La actualidad de todo el rango de problemas formulados y discutidos por los sofistas es asombrosa, y la lista siguiente parece hablar por sí sola. En primer lugar, problemas filosóficos sobre teoría del conocimiento y la percepción: el grado en que las percepciones sensoriales deban considerarse infalibles e incorregibles, y los problemas que resultan de ser así; la naturaleza de la verdad y, sobre todo, la relación entre lo aparente y lo real, o verdadero; la relación entre lenguaje, pensamiento y realidad. Por otra parte, cierta sociología del conocimiento, un tema urgente cuando hay tanto de lo que creemos saber que parece estar social o étnicamente, incluso, condicionado. Esto abrió camino por primera vez a la posibilidad de un acercamiento genuinamente histórico a la comprensión de la cultura humana y al rechazo de la idea de que las cosas estaban mucho mejor en un pasado lejano en favor de una creencia en el progreso y de una idea evolutiva y desarrollista de la historia del ser humano. También el problema de alcanzar un conocimiento, por mínimo que sea, acerca de los dioses, y la posibilidad de que los dioses existan o no sean más que invenciones humanas relacionadas con ciertas necesidades sociales".

Antifonte, Calicles, Crátilo, Critias, Eutidemo, Gorgias, Hipias, Protágoras o Trasímaco son un ejemplo de la historia escrita por los vencedores hasta el punto de que muchos de ellos nombran los 'Diálogos' de su adversario Platón agrupados como una sarta de charlatanes que se enriquecieron de la credulidad de una Atenas en proceso de acelerada descomposición. Se trata de un dibujo que hoy ya podemos calificar, asegura Kerferd, de grotesco, si no falso, pues del concienzudo análisis individual de cada uno de ellos emerge una apuesta filosófica importante y distinguida, inseparable de los logros de la Atenas de Pericles.

Veinticinco siglos de menosprecios, ataques e insultos los contemplan. Los sofistas de la Atenas del 450-400 a.C son los grandes villanos de la historia de la filosofía. Acusados de corruptores de costumbres, de pomposos retóricos a los que la razón les importaba un pito e incluso de agentes principales de la condena a muerte de Sócrates y del posterior destierro de Platón, su valor filosófico se ha tasado en casi nada, como mucho un gozne que conecta la heroica etapa anterior de los presocráticos con el zarpazo de gigantes del pensamiento griego que representan Platón y Aristóteles.

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