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La paradoja de 'El Padrino': cinco sorpresas de la mejor película sobre la mafia de la historia
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La paradoja de 'El Padrino': cinco sorpresas de la mejor película sobre la mafia de la historia

El escritor y periodista Javier Márquez publica 'Uno de los vuestros: de Vito Corleone a John Goti, un manual básico sobre la Mafia para no acabar durmiendo con los peces

Foto: Marlon Brando como Vito Corleone en 'El Padrino'
Marlon Brando como Vito Corleone en 'El Padrino'

Corría la primavera de 1968 cuando un escritor barrigudo, muy poco leído, pero con muchas deudas de juego, entró en el despacho de Robert Evans, jefe de producción de Paramount Pictures —y amigo de un amigo suyo— y le vendió una novela que aún no había escrito por 15.000 dólares que ascenderían a 75.000 si su historia llegaba a filmarse. Mario Puzo la había titulado Mafia, pero meses más tarde llamó nervioso al productor para cambiarlo por El Padrino. La novela se publicó en 1969 y se erigió inmediatamente en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos. Paramount había pagado una bicoca por un bombazo y decidieron que un equipo italoamericano lo llevara al cine. "¡Quiero que el público pueda oler los espaguetis!", exclamó Evans.

Tras muchas dudas, Francis Ford Coppola se hizo cargo del proyecto con la condición de convertir aquel film sobre el crimen organizado en una crónica familiar y una metáfora del capitalismo en EEUU. Pronto Puzo y Coppola se entendieron bien. En la famosa escena en que Clemenza explica a Michael cómo preparar una salsa, el director escribió en el guión: "Primero doras un poco de ajo". Y el escritor le corrigió: "No, un italoamericano no diría eso. Primero fríes un poco de ajo. Los mafiosos no se broncean". El Padrino arrasó, superó los cien millones de dólares de recaudación por primera vez en la historia, salvó a Paramount Pictures de la quiebra y desató una guerra entre dos de los sectores más poderosos de América: Hollywood... y la propia mafia.

placeholder 'Uno de los vuestros' (Muddy Waters Books)
'Uno de los vuestros' (Muddy Waters Books)

El escritor y periodista Javier Márquez Sánchez (Sevilla, 1978) es probablemente uno de los hombres que más sabe sobre la mafia de España y ahora ha volcado esa caudal de conocimientos en un libro que brinda un auténtico festín de tiros y pasta al dente: Uno de los vuestros: de Vito Corleone a John Gotti, un manual básico sobre la mafia para no acabar durmiendo con los peces (Muddy Waters Books, 2022). El menú arranca con la increíble historia de El Padrino, de la que destacamos cinco sorpresas que engrandecen y tornan aún más apasionante aquellas tres películas que son ya historia del cine.

1. No puedes decir "mafia"

Ante las amenazas a la seguridad del rodaje de la Liga Italoamericana de Derechas Civiles fundada por el mafioso Joseph Colombo que llegó a recaudar medio millón de dólares para parar la película, el productor Al Ruddy le ofreció a Colombo revisar el guión en su oficina:

"Al día siguiente Colombo acudió a la cita acompañado de dos hombres. Ruddy le entregó el guion y empezaron a pasárselo de uno a otro hasta que fue evidente que no tenían intención de leer sus 155 páginas. Entonces, Ruddy sugirió: '¿Por qué no llegamos a un trato?'. Colombo aceptó, y puso dos condiciones para dejar de sabotear el rodaje. La más importante era que la palabra "mafia" no debía aparecer en la película. Ruddy aceptó al instante. Después de todo, solo se citaba en una ocasión, en la escena en la que Tom Hagen visita al productor Jack Woltz, poco antes de dejarle en la cama la cabeza de su caballo favorito. La otra condición era que las ganancias del estreno mundial de la película fueran donadas a la Liga, como gesto de buena voluntad. Ruddy también aceptó, aunque al final conseguiría que no le reclamasen ese dinero".

2. Cualquiera menos Marlon Brando

"Cuando llegó el momento de escoger al intérprete que debía dar vida al personaje, Puzo le mandó una carta a Marlon Brando: 'Creo que eres el único actor que puede interpretar el papel con la fuerza tranquila e ironía que requiere'. Al actor le gustó el proyecto, pero no como una historia de violencia y acción sino como metáfora social. Le interesaba mucho el modo en que Puzo había logrado describir cada decisión de los hampones (especialmente los asesinatos) como una cuestión política. Contaba Brando que la primera vez que leyó la frase "Nada personal, solo negocios", le vinieron a la mente Robert McNamara, Lyndon Johnson y Dean Rusk, los 'arquitectos' de la guerra de Vietnam".

"Ese planteamiento podía estar muy bien, pero en Paramount no querían ni oír hablar de Brando. Los días de gloria del actor habían quedado atrás, y su carrera había ido decayendo, entre otras cosas, por su carácter problemático. Laurence Olivier, Ernest Borgnine o Anthony Quinn fueron algunas de las alternativas planteadas. Por suerte, Coppola y unas impresionantes pruebas de cámara llevaron a los directivos de la productora a cambiar de opinión".

3. Un crimen real

"La mitología de El Padrino es tan genuina que su rodaje cuenta incluso con un crimen real. El 28 de junio de 1971, mientras Coppola rodaba en el hotel St. Regis la escena en la que Clemenza descarga su escopeta contra un ascensor lleno de enemigos de los Corleone, la Liga Italoamericana se manifestaba por el Día de la Unidad a pocas manzanas, en Columbus Circle. Un sicario afroamericano, haciéndose pasar por fotógrafo de prensa, logró llegar hasta Joe Colombo y le descerrajó tres tiros a bocajarro. Comenzaba así una guerra interna en la familia Colombo desatada por Joey el Loco Gallo, uno de sus caporegime que acababa de salir de prisión decidido a hacerse con el poder. Este no llegó a un año: lo liquidaron cuatro pistoleros el 7 de abril de 1972, mientras celebraba su 43 cumpleaños con su familia en un restaurante de Little Italy".

4. El cabreo de Sinatra

"Joe Colombo y el resto de los "chicos listos" no fueron los únicos quebraderos de cabeza de los productores de 'El Padrino'. También tuvieron que lidiar nada menos que con Frank Sinatra. Como hemos apuntado, las relaciones públicas del cantante con distintos elementos del crimen organizado habían hecho circular todo tipo de historias sobre él y sus amigos, algunas falsas y la mayoría ciertas. El caso es que, cuando se publicó la novela de Mario Puzo, el personaje del cantante borracho, putero, amigo de la Mafia y que recupera el éxito gracias a su incursión en el cine, hizo a todos pensar en el Sinatra de 1953 cuando, hundido tras perder el contrato discográfico con la Columbia y ser abandonado por Ava Gardner, vuelve a tomar vuelo tras ganar un Oscar por 'De aquí a la eternidad'. En realidad, el personaje se parecía más a Al Martino, pero este no era tan popular como Sinatra ni generaba tanto morbo. Cuando el cantante leyó la novela, sencillamente, quiso que alguien matara a Puzo. Y cuando se enteró de que Paramount iba a llevarla a la gran pantalla, movilizó a toda una tropa de abogados para detener la producción. No tuvo éxito en sus intenciones".

5. La paradoja

"Con el estreno de El Padrino en 1972, se produjo una verdadera revolución, y no solo cinematográfica. Como ya hemos comentado, Robert Evans, responsable de producción de Paramount Pictures, quería una película auténtica (ya sabemos: "Que el público pueda oler los espaguetis"). Para ello, se buscó a un equipo italoamericano que se esmerase en reflejar un ambiente auténtico y genuino. Como consecuencia de ello, Stefano Maranzana, en Italian americans and the mythology of crime, apunta que Puzo y Coppola, siendo de origen italiano, ofrecieron una dramatización más auténtica, o aparentemente auténtica, del carácter italoamericano, sumergiéndolo en su origen étnico. "Con El Padrino, el estereotipo del italiano como gánster se despojó de su cualidad de ser exclusivamente un criminal siniestro, como lo era hasta entonces", explica Maranzana. "En cambio, adquirió una nueva dimensión que, por primera vez, fue forjada al menos por los propios italoamericanos y no por otros grupos étnicos. Años más tarde, el éxito de HBO, Los Soprano, también creado por un italoamericano, volvió a presentar el mismo estereotipo, ubicando la historia en los tiempos modernos para ilustrar las complejidades de la familia estadounidense contemporánea".

Con El Padrino, el estereotipo del italiano como gánster se despojó de su cualidad de ser exclusivamente un criminal siniestro

"A este respecto, Joseph Conforti argumenta en un artículo publicado en la revista Centro Altreitalie que, en la creación de un estereotipo, 'la imagen es sostenida por personas ajenas al grupo estereotipado', dejando poco o ningún control disponible a este último para prevenir o reducir esa representación. Los medios estadounidenses forjaron el estereotipo 'inicial' del italoamericano a fines del siglo XIX, y la industria de Hollywood, junto con la Oficina Federal de Narcóticos y el FBI, lo reavivaron más tarde. 'Sin embargo, en la década de 1970, con El Padrino, la gestión, por así decirlo, de esta imagen pasó a manos de los propios italoamericanos. Así, el estereotipo del mafioso se afinó en una precisión más étnica que, si por un lado otorgaba más autenticidad a la imagen, también contribuía a atenuar la negatividad absoluta del mismo, convirtiéndose posteriormente en un icono preciado en el imaginario estadounidense'".

Corría la primavera de 1968 cuando un escritor barrigudo, muy poco leído, pero con muchas deudas de juego, entró en el despacho de Robert Evans, jefe de producción de Paramount Pictures —y amigo de un amigo suyo— y le vendió una novela que aún no había escrito por 15.000 dólares que ascenderían a 75.000 si su historia llegaba a filmarse. Mario Puzo la había titulado Mafia, pero meses más tarde llamó nervioso al productor para cambiarlo por El Padrino. La novela se publicó en 1969 y se erigió inmediatamente en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos. Paramount había pagado una bicoca por un bombazo y decidieron que un equipo italoamericano lo llevara al cine. "¡Quiero que el público pueda oler los espaguetis!", exclamó Evans.

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