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José Guirao, el ministro del consenso alabado por la cultura que vivió una salida inesperada
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José Guirao, el ministro del consenso alabado por la cultura que vivió una salida inesperada

El almeriense llegó a la cartera de Cultura en sustitución de Máximo Huerta y enseguida contó con el apoyo de todos, pero, de forma inexplicable, no llegó a formar parte del Gobierno de coalición

Foto: José Guirao en el congreso a finales de 2018. (EFE/Chema Moya)
José Guirao en el congreso a finales de 2018. (EFE/Chema Moya)

Pocas veces se vio una toma de posesión tan concurrida por el “mundillo” de la cultura como el día en el que José Guirao (Pulpí, Almería, 1959- 2022) se convirtió en ministro de este ramo. Aquel 14 de junio de 2018, por los pasillos del ministerio de la plaza del Rey, además de las figuras representativas de las instituciones como Miguel Falomir o Manuel Borja-Villel, directores del Museo del Prado y Reina Sofía, había una gran mayoría de profesionales procedentes de todos los sectores artísticos, una muestra del respeto que despertaba en el sector el nuevo ministro al que consideraban, como muchos dijeron, uno de los suyos. Entre todas las presencias destacaba, además, una muy especial y significativa: Carmen Alborch, la que había sido ministra de Cultura a comienzos de los 90 con Felipe González —una de las más carismáticas— y que había introducido al almeriense en las altas esferas políticas. Fue a ella a la que primero abrazó tras convertirse en ministro y decir aquello de “yo soy un poco de la vieja guardia”.

placeholder Una de sus grandes amigas fue Carmen Alborch. Aquí en el homenaje a la exministra. (EFE)
Una de sus grandes amigas fue Carmen Alborch. Aquí en el homenaje a la exministra. (EFE)

Los últimos ocho días antes de su nombramiento habían sido un verdadero terremoto en Cultura, algo del todo inhabitual. Máximo Huerta —entonces Màxim—, el sorprendente primer ministro de Cultura de Pedro Sánchez, había dimitido después de sus problemas con Hacienda destapados por este periódico convirtiéndose en uno de los ministros más breves de la democracia (algo que él mismo se tomó con humor tiempo después en la gala de los Goya). Guirao, que había estado en las entrañas ministeriales, que había dirigido el Museo Reina Sofía, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, la Fundación Montemadrid y la Casa Encendida, que contaba con el respaldo de los trabajadores de la cultura (no solo los altos cargos), fue el relevo elegido por el presidente. Probablemente, una de sus decisiones más aplaudidas (luego tomaría una de las peores vistas).

José Guirao relevó a Màxim Huerta en una de las decisiones más aplaudidas de Pedro Sánchez (después tomaría una de las peores)

Guirao llegó para calmar las aguas y lo consiguió desde el primer momento marcándose una hoja de ruta que le acompañaría hasta el final: “He visto que hay un consenso entre los cuatro grupos parlamentarios y eso es una gran noticia porque se podrán hacer cosas. Cuando no hay consenso no se puede hacer nada. Yo voy a intentar buscar el consenso siempre”, manifestó en su toma de posesión refiriéndose a las negociaciones del Estatuto del Artista, pero que él quería llevar más allá. De hecho, todavía hoy se recuerda (y se premia) aquella comisión parlamentaria de Cultura en la que estaban el PSOE (José Andrés Torres Mora), el PP (Emilio del Río), Podemos (Eduardo Maura) y Ciudadanos (Marta Rivera de la Cruz) llegando a acuerdos impensables en otras latitudes.

Aunque el Estatuto del Artista acabó aprobándose aquel septiembre de 2018 y casi le llegó hecho, al igual que la aprobación de los presupuestos en los que quedaba reflejada la bajada del IVA cultural, Guirao tuvo que enfrentarse a las primeras de cambio a la polémica por la fusión entre el Teatro de la Zarzuela y el Teatro Real que se pretendía desde este último y a la cual se oponían los trabajadores del primero. Días de ruido y furia que el ministro acabó atajando y cortando de raíz, y de lo cual no se ha vuelto a escuchar ni media palabra.

placeholder Guirao durante el traspaso de carteras con el ministro Màxim Huerta en Madrid en junio de 2018. (EFE/Rodrigo Jiménez)
Guirao durante el traspaso de carteras con el ministro Màxim Huerta en Madrid en junio de 2018. (EFE/Rodrigo Jiménez)

Otra patata que en aquellos días andaba bastante caliente era la de la SGAE con elecciones cada dos por tres y con rencillas entre los propios socios con José Ángel Hevia y Pilar Jurado en la presidencia. Eran semanas en las que, incluso, se hablaba de una posible intervención por parte de Cultura de la gestora de derechos de autor. Finalmente, la propia SGAE acabó “solucionando” sus cuitas con nuevos comicios que dieron lugar a la presidencia del guionista Antonio Onetti y con el caso de la Rueda con un perfil mucho más bajo.

Retos inacabados

Sin embargo, en términos políticos, Guirao se encontró con la concordia desde el principio, pese a que se había pronunciado en contra de la tauromaquia (y de los toros embolaos), tema que es siempre sensible para algunas audiencias. No obstante, sabía manejarse en las lides políticas: “No quiero ser un ministro que genere frustración, que se dedique a pedir lo imposible y que luego no se pueda”, dijo en una entrevista. Nunca puso sobre la mesa que quisiera prohibir los toros.

Guirao se pronunció en contra de la tauromaquia, pero nunca habló de prohibición

La hemeroteca recuerda hoy la mano tendida que tuvo desde la oposición y desde Podemos, que entonces no era socio de Gobierno. Desde Ciudadanos, incluso Félix Álvarez, el que fuera su portavoz de Cultura, señalaba: “A nivel personal, con el PSOE ha habido buena concordia y teníamos puntos de vista parecidos, aunque una cosa es estar en la oposición y otra en el Gobierno”.

Quizá lo que no imaginaba el flamante ministro es que no tuviera suficiente tiempo para todo lo que tenía por delante. Para comienzos del curso 2018/2019 tenía pendiente la reforma del INAEM, ese transatlántico escénico que lleva dando problemas desde hace más de una década, al cual había puesto al mando a Amaya de Miguel; la mítica ya Ley de Mecenazgo que aparece en todos los programas políticos y nunca llega al Parlamento; la nueva ley de cine; ayudas a los fondos audiovisuales; el presupuesto para la ampliación del Prado con el Salón de Reinos… Y los presupuestos, ya que el primero con el que se encontró había sido una prórroga de los del anterior Gobierno del PP (a Cultura le habían tocado 838 millones de euros y ni siquiera se incluyó la partida para el bicentenario del Museo del Prado).

placeholder Una simpática imagen de José Guirao durante la cumbre del clima de 2019. (EFE)
Una simpática imagen de José Guirao durante la cumbre del clima de 2019. (EFE)

Precisamente, este último asunto fue su gran espinita, pues su presupuesto, que llegó hasta los 953 millones de euros —era la cifra más alta desde los tiempos de Zapatero—, que daba una inyección muy potente al cine y que se presentó en enero de 2019, no llegó a aprobarse nunca. Por supuesto, esto no fue responsabilidad de Guirao. La no aprobación de los presupuestos aquel año acabó en elecciones (que se repitieron), en toda una tormenta política por los pactos y en la formación de un nuevo Gobierno en el que ya no iba a estar Guirao.

Salida amarga

Y esta fue una de las mayores sorpresas del nuevo Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Cuando todo el mundo contaba con que Guirao repetiría —no había hecho ruido, había sacado algunas cuestiones adelante, tenía buena aceptación por parte de casi todos—, en enero de 2020 Pedro Sánchez eligió para la cartera de Cultura a José Manuel Rodríguez Uribes, un hombre del PSOE y totalmente desconocido para el sector cultural. Prácticamente, la némesis del almeriense.

placeholder José Guirao y Pedro Sánchez en marzo de 2019. (EFE)
José Guirao y Pedro Sánchez en marzo de 2019. (EFE)

Pocos días después, se supo que la salida no había gustado ni al ya exministro ni a su equipo. Aunque asumida con elegancia —en Guirao siempre había algo de caballero muy elegante—, había resultado del todo inesperada. Y llevada a cabo tarde y mal. Tardó poco en dejar su acta de diputado y volver a la dirección de la Fundación Montemadrid, el cargo que había ostentado hasta su época de ministro, y en el que en los últimos meses, cuando se había agravado la enfermedad, le había sustituido Amaya de Miguel. Cierto es que, con esta decisión, no tuvo que enfrentarse a los efectos de la pandemia como ministro.

La salida no gustó ni al ya exministro ni a su equipo. Asumida con elegancia, había resultado del todo inesperada

A José Guirao hoy se le recuerda como un hombre afable, conversador, dialogante. Un amante del arte contemporáneo que sabía captar dónde estaba la modernidad. Una persona en las antípodas de los parámetros más rancios de la cultura. Alguien que recordaba mucho a su mentora, Carmen Alborch, también ya fallecida. Ese será su legado, que, visto todo lo que hay, es para estar orgulloso.

Pocas veces se vio una toma de posesión tan concurrida por el “mundillo” de la cultura como el día en el que José Guirao (Pulpí, Almería, 1959- 2022) se convirtió en ministro de este ramo. Aquel 14 de junio de 2018, por los pasillos del ministerio de la plaza del Rey, además de las figuras representativas de las instituciones como Miguel Falomir o Manuel Borja-Villel, directores del Museo del Prado y Reina Sofía, había una gran mayoría de profesionales procedentes de todos los sectores artísticos, una muestra del respeto que despertaba en el sector el nuevo ministro al que consideraban, como muchos dijeron, uno de los suyos. Entre todas las presencias destacaba, además, una muy especial y significativa: Carmen Alborch, la que había sido ministra de Cultura a comienzos de los 90 con Felipe González —una de las más carismáticas— y que había introducido al almeriense en las altas esferas políticas. Fue a ella a la que primero abrazó tras convertirse en ministro y decir aquello de “yo soy un poco de la vieja guardia”.

Pedro Sánchez Museo Reina Sofía Fundación Obra Social y Monte de Piedad de Madrid José Manuel Rodríguez Uribes SGAE Museo del Prado Teatro Real PSOE