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José María Guelbenzu: "En España los críticos literarios no saben de literatura"
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Entrevista

José María Guelbenzu: "En España los críticos literarios no saben de literatura"

El escritor y crítico presenta 'Asesinato en el Jardín Botánico', novela negra con la que cierra la serie de la jueza de instrucción Mariana de Marco

Foto: El escritor y crítico literario José María Guelbenzu en el Jardín Botánico de Madrid ayer (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
El escritor y crítico literario José María Guelbenzu en el Jardín Botánico de Madrid ayer (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

Se vislumbra la figura de José María Guelbenzu (Madrid, 1944) con su sombrero y su bastón al final de un camino verde y muy arbolado en el Real Jardín Botánico de Madrid. Allí nos hemos citado, puesto que su última novela, con la que culmina su serie de diez libros sobre la jueza Mariana de Marco, transcurre en este paraje madrileño en el que en verano su agradable visita se salda con un par de grados menos, como mínimo, de los que hay en el asfalto del Paseo del Prado. Su título, de novela negra clásica: ' Asesinato en el Jardín Botánico' (Destino), casi cuatrocientas páginas para descubrir quién es el autor del crimen y alguna cosa más.

Además de por todas estas policiacas, Guelbenzu es un tótem en el mundo de la edición española y en el de la crítica literaria. A finales de los setenta estuvo al mando de Taurus y después fue uno de los capitanes de Alfaguara durante los ochenta. Hasta que vio que "allí ya no tenía sitio". El mercado comenzaba a arramplar con todo y pudo refugiarse en la literatura. Es autor de otras quince novelas no policiacas y ha ganado premios como el Torrente Ballester o el de la Crítica Española. Suficientes credenciales para charlar sobre literatura, género negro, industria editorial y cómo anda la crítica. Y no hay muy buenas noticias.

placeholder 'Asesinato en el Jardín Botánico', de José María Guelbenzu
'Asesinato en el Jardín Botánico', de José María Guelbenzu

PREGUNTA: Le dedica el libro a Juan García Hortelano, el amigo inolvidable. Al final, como al principio, qué importantes son los amigos. Y en las novelas de Mariana de Marco la amistad es muy relevante.

R: Para mí los amigos han sido decisivos. Pero en este caso concreto, Juan era un amigo muy personal. Cuando empecé a escribir esto, Juan ya había muerto y me dio mucha rabia que no pudiera conocer a Mariana de Marco, que es una mujer que le hubiera gustado un horror. Era muy mujeriego. Y decidí dedicarle la serie a él. Por eso, al final como al principio, para Juan.

P: En 2001 empezó la serie y la termina veinte años y diez libros después. Ha cumplido su palabra.

R: Esto es un ataque de entusiasmo que me dio cuando pude leer las novelas de ese matrimonio sueco, Per Wahloo y Maj Sjowall, que son para mí el no va más. La novela negra europea comienza con Maigret, de Simenon, su sucesor es Martin Beck aunque luego la cosa se estropea un poco porque se convierten todos estos detectives nórdicos en unos cenizos. Gracias a Dios están los mediterráneos, que en lugar de estar todo el día llenos de problemas, por lo menos les gusta comer, las mujeres… Es decir, Montalbano y todos estos. Pero al principio yo no tenía un plan. Iba sobre la marcha inventando novelas y siempre pensaba, en qué lío te has metido, pero ahora cuando he terminado, me he quedado encantado y me he dicho, a ver cuánta gente puede crear un personaje a lo largo de diez novelas, que las hay mejores y peores, claro

P: ¿Sabía que este era ya el último libro?

R: Son diez años en la vida de Mariana. Desde los 39 a los casi 50 años. Era una época para una persona suficientemente clara. Es un bloque de madurez que te permite considerar lo que has hecho, tener perspectiva, verte a ti misma asimilando lo que has sido. Entonces, para qué seguir. No me veía siguiéndola de los 50 a los 60. Y no tengo ganas de hacer tramas policíacas. A mí lo que me interesaba era el personaje. Me iba a repetir, así que total, decidí que este final era el bueno.

placeholder Guelbenzu, en el Jardín Botánico (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
Guelbenzu, en el Jardín Botánico (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

P: En todo este tiempo ha vivido el boom de la novela negra, que se dio sobre todo en España hace diez años. ¿El éxito ha sido para bien o ha acabado devaluando el policial?

R: Aquí en España creo que lo ha devaluado bastante, pero porque se han apuntado al negro como una salida más fácil numerosos escritores que no han batallado por la literatura. O que no estaban para batallar por la literatura porque, al mismo tiempo, como estamos en ese mercado en el que tanto vendes, tanto vales, con esto se sabe que se vende más que con otra cosa, por lo que hacer otra cosa, como lo que yo hacía antes de literatura de ambición, que es un esfuerzo muy duro para que al final tampoco te siga tanta gente -solo los lectores exigentes, lo que no, no, porque se aburren-... y al final, a la literatura negra eso le ha hecho daño. A los que se han pasado al negro lo que les ocurría es que no tenían talento para la literatura. Con excepciones. Por ejemplo, una persona como Lorenzo Silva es un buen escritor, un escritor con un proyecto, un escritor con escritura.

"En España los que se han pasado al género negro lo que les ocurría es que no tenían talento para la literatura"

P: Me interesa lo que dice porque usted fue director editorial de Taurus, a finales de los setenta, y de la Alfaguara durante casi toda la época de los ochenta. ¿Cómo era aquel mundo de la edición comparado con el de hoy?

R: Pues un mundo del cual yo salí porque ya no tenía sitio. En el año ocheintaitantos me di cuenta, tras hablar con los patronos, de que no tenía sitio. Para mí era un mundo en el que se trataba de no perder dinero y contribuir a la cultura, no forrarse. Eras capaz de pelear por un autor aunque el público no lo conociese porque pensabas que tenía calidad y que había que hacer ese esfuerzo. A veces te salía bien y otras veces no te salía nada bien. Pero era un acto económico-cultural porque tampoco se perdía nunca de vista… A mí me decían muchas veces, tú es que editas lo que te gusta, y por supuesto, pero no para leer lo que me gusta, sino para la gente.

P: ¿Le sorprende que para que las editoriales se mantengan ahora tengan que “hacer” libros de youtubers, tiktokers etc?

R: No, no me sorprende nada, me parece lógico, una evolución del mercado completamente lógica.

P: ¿Y a dónde podemos ir a parar con esa evolución para la literatura?

R: No, es que no creo que afecte para nada a la literatura de creación este tipo de popularidades inmediatas. Cada cosa va por su lado. Las unas no anulas las otras.

P: Hay quien dice que para publicar a un novel que no conoce nadie hay que publicar a una de estas popularidades para sufragar el gasto. ¿Compra ese argumento?

R: Es que eso ya pasaba antes. Cuando te funcionaba un autor sabías que te pagaba la mala venta de otros. Ahí el asunto es que los de mala venta tienen que ser buenos escritores para que merezca la pena haber hecho el esfuerzo por ellos.

"Hasta finales de los ochenta la edición era un mundo en el que se trataba de no perder dinero y contribuir a la cultura, no forrarse"

P: ¿Y ahora se han igualado los extremos pero a la baja?

R: No, no. Yo creo que la evolución ha sido absolutamente normal. Antes no había bestsellers. Eran 'Los cipreses creen en Dios', de Gironella, y cosas así. Pero eran rarísimos. Ahora hay muchos más porque la edición ha virado hacia intereses de mercado y eso permite que las editoriales se mantengan. Lo que ocurre es que esto ha dado lugar a un fenómeno curioso que es que, por un lado están los grandes grupos, pero da la sensación de que la literatura ha quedado en manos de los pequeños y medianos editores.

P: Medianos pocos, ínfimos surgen cada vez más.

R: Sí, no sé qué pasión produce en la gente que en cuanto te descuidas aparece un nuevo sello editorial, otra cosa es lo que dure. Eso, positivo para la literatura no es, porque son sellos que descubren, captan autores y cuando desaparecen, desaparecen también los autores. Pero enseguida surgen otros… Yo es que la pasión por editar… debe ser que a la gente le parece muy chic o muy emocionante o creativo y se lanzan.

P: ¿Qué le parece cuando pasea por la Feria del Libro de Madrid y ve que las largas colas las montan youtubers, tiktokers y gente que, en realidad, no ha escrito los libros que vende? Quiero decir, ¿qué le parece la Feria del Libro hoy?

R: A mí en general me parece bien que se lea. Normalmente la lectura es un proceso de selección. Hay gente que empieza leyendo… yo empecé con Sandokan y esas cosas, pero poco a poco vas avanzando y vas diciendo, no, esto no, hay otro mejor. En general no se produce el proceso selectivo, pero para que se produzca tienes que empezar a leer, y en ese sentido, yo no estoy nunca contra la gente que lea cualquier cosa que tiene palabras.

"Yo no estoy nunca contra la gente que lea cualquier cosa que tiene palabras"

P: ¿Qué tipo de editor hay que ser ahora mismo para sobrevivir en esta jungla?

R: Eso habría que preguntárselo a los pequeños y medianos porque creo que van bastante justos, pero sobreviven. El problema de la edición española es un mal endémico, y es que la oferta es siempre superior a la demanda y esto hace que se publiquen más libros que en ninguna parte y al mismo tiempo se tiren libros a la basura todos los que quieras. Y eso hace que la lucha por estar ahí en las mesas de novedades… Quien aguante tres meses en una mesa de novedades es un fenómeno, bien por las ventas, bien por su calidad artística.

placeholder El escritor José María Guelbenzu, al fresco del Botánico (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
El escritor José María Guelbenzu, al fresco del Botánico (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

P: Por todo lo visto ya… muchas veces porque toca la lotería. Porque ni aunque la editorial lo intente forrando la librería de libros.

R: El bestseller es un poco lotería, la buena literatura, no. Otra cosa es que no guste. Pero el libro de entretenimiento, en el sentido peyorativo del término, pues sí, es lotería. Hemos visto muchas veces a editores que apuestan por un libro, están convencidos, y no sale, y sin embargo, otros sí. Por ejemplo, hablando de bestsellers, ahí está el caso de Ruíz Zafón. Se presentó al premio Ateneo de Sevilla o uno de estos que patrocinaba Planeta. Y lo que pasó es que Ruíz Zafón no ganó el premio, naturalmente, pero en el jurado estaba Terenci Moix que llamó a Planeta y les dijo, aquí hay una novela que va a pegar… Y como Terenci era un autor rentable de la casa le hicieron caso. Y ahí lo tienes.

P: ¿Cuál fue su mayor éxito como editor?

R: Depende. Como editor de novelas [se lo piensa durante unos segundos], pues uno que cuando me fui de Alfaguara se lo llevó uno de los grandes grupos y entonces triunfó: Coetzee. Pero lo descubrimos nosotros. Pero hay muchos otros que ya no me acuerdo.

P: Se lo quería preguntar por si hubieran sido libros por los que hoy, tal y como está el mercado, no se hubiera podido apostar.

R: Sí, hubieran tenido su hueco. Como Salman Rushdie, por ejemplo. Si saliera de nuevas también. Pero a veces ocurren cosas… Mira, hay un caso sangrante. Cuando Alfaguara publica 'La historia interminable', arrasa. Entonces el editor era Jaime Salinas. Y yo pensaba, cómo es posible este éxito y que Tolkien, que está editado en Minotauro, no lo tenga. Yo creo que todas estas cosas depende de las necesidades sociales. Hay momentos en los que la gente, por la razón que sea, necesita fantasía, y otras que necesita temor, y ahora con Putin encima pues quizá las historias apocalípticas… Hay respuestas sociales.

"El problema de la edición española es un mal endémico, y es que la oferta es siempre superior a la demanda"

P: Y el editor tiene que estar ahí.

R: Sí, tiene que pillarlo, pero no es fácil. Tiene que llegar un libro que sea capaz de conectar con esa sensibilidad. Por ejemplo, García Márquez llegó cuando estábamos en un momento de hartazgo de novela pelmazo. Y llegó él con la alegría, los fuegos de artificio, el colorido y eso tenía que funcionar.

P: Usted es también crítico literario. ¿Cómo ve la crítica en nuestro país ahora que ya en papel existe menos? ¿Está muerta, moribunda, está bien?

R: Yo creo que la crítica literaria española es bastante mala. Hay excepciones como Robert Saladrigas, que es un buen explicador de libros, que es lo que soy yo. Yo crítico no soy. Los que vamos al periódico tenemos un margen en el que no nos podemos lucir críticamente. Otro buen crítico es Nadal Suau, Ana Rodríguez Fischer es una excelente lectora…

P: ¿Y por qué es mala?

R: Porque no saben de literatura. La crítica tiene un criterio que es, lo bueno es lo que yo entiendo. Entonces las novelas facilitas las leen y las entienden. Quiero decir, son novelas que no tienen problemas de interpretación ni de virguerías. Te cito dos ejemplos de autores fáciles, pero estupendos: Delibes y Luis Mateo Díez. La crítica los adora, pero porque escriben muy bien y además no tienen problemas de interpretación. Son gente que escribe de manera muy directa. Ese es el problema de la crítica aquí: es bueno lo que yo entiendo y lo que no, pues no. El ejemplo contrario es Vila-Matas que no le daba pelota nadie hasta que en Francia se lanzaron por él. Y ahora todo el mundo encuentra ideal a Vila-Matas hable de lo que hable. ¡El libro de la Dokumenta de Kassel, oh, se caen de espaldas! Y eran los mismos que no le entendían antes. En este sentido, la crítica es muy poco seria. Para centrarnos: saben muy poco de literatura de verdad.

placeholder Guelbenzu, acorde con el paisaje del Botánico (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
Guelbenzu, acorde con el paisaje del Botánico (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

P: Eso me recuerda al caso de Javier Marías, que adquirió notoriedad después de que se elogiara en Alemania.

R: Sí, pero Marías empieza a funcionar a partir de la novela ‘Todas las almas’. Aquí se le pilló más o menos bien. Lo de antes es que no tiene mucho interés, la verdad. A partir de ‘Todas las almas’, él encuentra su mundo y su estilo y ahí sí. Pero sí, tuvo éxito en Alemania y en el mundo anglosajón y eso al crítico, que es más bien tonto, pues le fascina. Es decir, antes no se atreve. Yo he tenido experiencias con novelas mías difíciles, porque comprendo que hay que buscar una interpretación a la novela y no es fácil en que, de repente, un crítico que se pone a escribir sobre ella se escapa para no tener que hablar de la novela porque no sabe de qué hablar, no la ha entendido. Un buen crítico debe ser el que entra en una novela y destripa sus intenciones y sus modos de escribir.

P: En Internet podemos encontrar muchos blogs con reseñas. ¿Esto ha ayudado o no ha revalorizado la crítica?

R: Yo creo que no mucho. Contribuyen a difundir y a animar a la gente a que lea, pero, en general, son un poco tontainas la mayoría de los blogs literarios. Porque son personalistas, son gustológicos: esto me gusta, esto no me gusta, pero no dicen por qué ni lo uno ni lo otro. Y ese es el problema de los blogs a los que yo he accedido, que son muy pocos, francamente. A lo mejor los hay buenísimos y no me he enterado.

"Contribuyen a difundir y a animar a la gente a que lea, pero, en general, son un poco tontainas la mayoría de los blogs literarios que he leído"

P: Para terminar, dígame algunos libros que le hayan gustado.

R: Me ha gustado y he peleado denodadamente por un libro de una escritora negra, norteamericana, que se llama Ann Petry y el libro ‘La calle’. Fue la primera escritora afroamericana que consiguió vender un millón de ejemplares. Es un libro portentoso. Otro es ‘El regreso del soldado’, de Rebecca West. Un modelo de novela corta perfecta que tiene una cosa y es que la elección del narrador es una genialidad. Y los dos no son nada difíciles.

Se vislumbra la figura de José María Guelbenzu (Madrid, 1944) con su sombrero y su bastón al final de un camino verde y muy arbolado en el Real Jardín Botánico de Madrid. Allí nos hemos citado, puesto que su última novela, con la que culmina su serie de diez libros sobre la jueza Mariana de Marco, transcurre en este paraje madrileño en el que en verano su agradable visita se salda con un par de grados menos, como mínimo, de los que hay en el asfalto del Paseo del Prado. Su título, de novela negra clásica: ' Asesinato en el Jardín Botánico' (Destino), casi cuatrocientas páginas para descubrir quién es el autor del crimen y alguna cosa más.