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Un título para cada día de la Feria del Libro: hoy, 'Canijo' de Fernando Mansilla
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LAS LECTURAS DE EL CONFIDENCIAL

Un título para cada día de la Feria del Libro: hoy, 'Canijo' de Fernando Mansilla

A lo largo de la Feria del Libro de Madrid de 2022, varias firmas de El Confidencial harán sus recomendaciones de libros preferidos. Hoy, la novela sobre los yonquis de la Sevilla pre-Expo

Foto: Madrid arranca su Feria del Libro. (EFE/Luca Piergiovanni)
Madrid arranca su Feria del Libro. (EFE/Luca Piergiovanni)

En las calles del barrio de la Macarena, en Sevilla, hoy afloran los cafés y tiendas bonitas y los alquileres impagables. Un turista japonés jamás podría aventurar que, antes de la Expo '92, esto fue "tierra de prostitutas, yonquis, travestidos y policías" con pisos en los que nadie quería vivir por si se te colaba algún camello o algún drogadicto para meterse su anhelada papelina de heroína. Podría hacerlo si lee (en español), ' Canijo', el obús narrativo que el escritor Fernando Mansilla dejó como testimonio de lo que fue aquel barrio en los ochenta y que este año ha publicado Barrett. Es de lo mejor que me he encontrado estos últimos meses: Mansilla te cuenta el relato de los yonquis como si estuviéramos todos en círculo rodeando la hoguera de las acampadas. Un verdadero flautista de Hamelin que te lleva por un camino escabroso, maloliente, violento, terrorífico y, por supuesto, fascinante. Porque escribe —escribía, ya que falleció en 2019— como los ángeles.

Literatura yonqui hay una poca, casi toda de fuera. Los famosos beats (Burroughs y compañía) o la biblia de Irvine Welsh, ' Trainspotting'. No hay tanto que ahonde con crudeza y a la vez poesía sobre lo que pasó aquí. No hay tanto que, de verdad, sea tan bueno. "En aquella buhardilla me pegué yo buenos atracones de esperarte, me cago en mí, Sofía, porque mira que he pasado yo ratos esperándote. Esperar mujeres. Esperar hombres. Esperar cosas". Mansilla fue músico, dramaturgo y poeta y en 'Canijo', además de droga a borbotones, está todo ese ritmo de 'spoken word' que tan bien dominó con su grupo Los Espías.

Es esta una novela coral. Como si se tratara de una obra de teatro, van haciendo su aparición cada uno de los personajes, bien formados, compactos, con chicha todos. Primero, Los Molina, los camellos gitanos que tras una pelea en Las Tres Mil Viviendas acaban en La Macarena, concretamente en San Luis, 65, que "fue una dirección mítica para los yonquis de Sevilla". Después, Rafael —'Rafaé'— Narvaez, el Gamba, otro camello (y yonqui), el villano de la novela y al que el escritor describe así: "Alrededor del Gamba, de lo que es su zona de influencia, los días más que pasar se desmoronan". Otro yonqui peculiar, Carlos Serena, un trompetista del que lo primero que veremos es cómo se caga encima después de una paliza del Gamba. En los capítulos iniciales los tenemos ahí a todos (más las chicas, otras camellas, yonquis y pobres desgraciadas) dispuestos enseñarnos las callejuelas de aquel barrio tan hecho polvo (y hoy tan cotizado).

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El libro 'Canijo', aquí

Mansilla juega con el lenguaje con extraordinaria habilidad. Es pulcro y limpio —sin vastedades—, pero no le impide adentrarse en la suciedad: "Circulaba buena cocaína aquel verano en Sevilla, y un aceptable caballo turco, marrón claro. Preparamos la mezcla en una cuchara sopera y la dividimos en cuatro partes exactas, igual para todos, un diez de caballo y coca en las cuatro jeringuillas". Y hay un fraseo andaluz (andalú) que, a veces, se te queda en el cerebro casi como si fuera un rap: no hay ná, no hay ná, no hay ná (lo que les decían los camellos cuando aún no había llegado la droga para vender).

La novela se estructura en fechas, barrios y calles. El 82, el 83, el 84. La Macarena, el Pumarejo, la Encarnación, calle Bécquer. Es de esos libros en los que muchas veces dan ganas de buscar en Google Maps (de hecho, lo hice) para recorrer los mismos metros que aquellos que se despertaba con el único afán de conseguir cuatro mil pesetas (unos 25 euros) para comprar la dosis diaria, tarea nada fácil. Dentro de todo, la primera parte es más luminosa, más recreativa y feliz; después, la novela salta al 87, 88 y 89. La Alameda, Joaquín Costa y Juan Pérez de Montalbán. Cambian los camellos y todo es más violento, más oscuro, más toxicómano. Mansilla no lo esconde, ya que aquello lo vio y lo vivió: ya no eran chavales divirtiéndose, sino "capaces de darlo todo, la vida, el amor, la amistad, el prestigio, el orgullo, la honradez y la hacienda entera. Todo. Por un chute de heroína y coca". Y ahí también habitó la muerte (y el sida).

Mansilla representó la otra Sevilla, la que se aleja de las imágenes de la Semana Santa, la Feria de Abril y el barrio de Los Remedios. Y dejó, entre otras muchas cosas, este testamento de un momento y un lugar que, aunque después se taparan con la alfombra de la Expo '92, existieron.

Otros libros de Fernando Mansilla

  • ' Matar cabrones', su novela póstuma (Barrett)
  • ' Relatos faunescos' (Barrett)
  • ' Poemas para la no posteridad' (Cangrejo Pistolero)

En las calles del barrio de la Macarena, en Sevilla, hoy afloran los cafés y tiendas bonitas y los alquileres impagables. Un turista japonés jamás podría aventurar que, antes de la Expo '92, esto fue "tierra de prostitutas, yonquis, travestidos y policías" con pisos en los que nadie quería vivir por si se te colaba algún camello o algún drogadicto para meterse su anhelada papelina de heroína. Podría hacerlo si lee (en español), ' Canijo', el obús narrativo que el escritor Fernando Mansilla dejó como testimonio de lo que fue aquel barrio en los ochenta y que este año ha publicado Barrett. Es de lo mejor que me he encontrado estos últimos meses: Mansilla te cuenta el relato de los yonquis como si estuviéramos todos en círculo rodeando la hoguera de las acampadas. Un verdadero flautista de Hamelin que te lleva por un camino escabroso, maloliente, violento, terrorífico y, por supuesto, fascinante. Porque escribe —escribía, ya que falleció en 2019— como los ángeles.

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