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Garzón decreta la huelga de juguetes: intenta pensar en esto sin cortocircuitar
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'TRINCHERA CULTURAL'

Garzón decreta la huelga de juguetes: intenta pensar en esto sin cortocircuitar

El 12 de diciembre, los padres deberán castigar a los niños sin juguetes para que aprendan a pedir lo que el Ministerio considera mejor para la ciudadanía: quieren que hagamos cuaresma

Foto: Woody en la protesta de juguetes. (Imagen: EC Diseño)
Woody en la protesta de juguetes. (Imagen: EC Diseño)

El Ministerio de Consumo de Alberto Garzón ha convocado una huelga de juguetes para el 12 de diciembre, que es mañana. Son los propios juguetes los que hablan en el sermón ministerial, un anuncio de animación superchulo que ha costado 80.000 euros a los contribuyentes. Al menos sabemos que nuestros impuestos se usan para cosas importantes. Mientras tanto, en otros países no hay juguetes, ni tampoco 80.000 euros para decir a los padres de clase media (pues tampoco hay clase media) qué cachivaches deben comprar para que el mundo sea mejor. De hecho, en España también hay familias incapaces de hacer frente al gasto de un juguete y tiran de la solidaridad, mientras el Ministerio gasta esa friolera cifra para animar a elegir según su ideología a los que sí pueden comprar. Resolved vosotros solos esta ecuación, es fácil.

Pero al grano. Analicemos el anuncio, porque pese a su apariencia sencilla es una macedonia de incongruencias ideológicas maravillosas. "Nosotros, aunque seamos de plástico o de peluche, también tenemos nuestro corazoncito. Ha llegado el momento de decir basta, de reivindicar nuestro derecho a jugar con el 100% de los niños y de las niñas, no con el 50%", proclaman los juguetes animados. La primera en la frente. Todavía no entiendo cómo se les ha podido escapar en el guion un "nosotros" neutro cuando debieran haber dicho "nosotros, nosotras y nosotres" para que el anuncio fuera tan inclusivo como su mensaje. Pero hay más.

El anuncio salió en paralelo a una tribuna del ministro Garzón en 'El País', y esta se publicó unos días después de la entrevista en 'Yo Dona' de la ministra Yo Landa. Hablaba Garzón de cómo la publicidad de juguetes perpetúa los roles de género mientras Yolanda Díaz reivindicaba el ir monísima y la política femenina de los cuidados, cosa que ya habían hecho las políticas de izquierdas en el acto con Ada Colau. ¿Cómo no cortocircuitan defendiendo una cosa y la contraria? Es como cuando te dicen que hay que quitar las pistas de fútbol de los patios de recreo porque son machistas en sí mismas, mientras apoyan el fútbol femenino como el fenómeno que nos sacará de las cavernas.

El caso es que, mientras constata Garzón en su artículo de 'El País', con un estudio del Instituto de las Mujeres en la mano, la evidencia de que a los niños les suelen vender juguetes que fomentan valores tradicionales masculinos como el éxito, el poder, la valentía, la fortaleza o la sabiduría, y que a las niñas les venden cosas relacionadas con el ámbito del hogar, los cuidados y la belleza, luego en el spot revolucionario se ponen en valor los mismos roles de género que dicen combatir. Si os fijáis, ahí no aparece un solo juguete "de niñas". Ninguna Barbie princesita, ningún Nenuco infantil, ningún peluche tierno.

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Es decir, a la hora de pasar a la acción y a la lucha, vemos solo juguetes "para niños macho": una muñeca urbana vestida de rapera y con actitud belicosa, un robot guerrero lleno de vigor y un superhéroe de toda la vida, es decir, juguetes "aguerridos, poderosos, valientes y fuertes", según el artículo de Garzón. Si querían promover la destrucción de los roles de género, podían haber puesto como revolucionarios a unicornios de color de rosa, princesitas cursis y bebés de plástico con ojos pestañeantes. ¿Por qué no lo hicieron? Porque patatas. Aquí los juguetes para niños hablan, mientras los juguetes para niñas callan. Quizás las Barbies se manifiestan por separado el 8 de marzo, no lo sé.

Niños malos y machistas

Por otra parte, salta a la vista que el anuncio del Ministerio no se atreve a señalar directamente a los culpables del sexismo en los juguetes. Se refieren a la publicidad, pero todos sabemos que a la hora de la verdad son esos pequeños monstruos patriarcales o alienadas (los niños y niñas) quienes escriben las cartas a los Reyes Magos o señalan en el escaparate los cacharros que prefieren por su cumpleaños, sin sensibilidad por el bienestar ideológico de nuestros catequistas laicos. Desde luego que la publicidad tiene un peso innegable en el encaprichamiento de los niños, pero por H o por B los menores ya están envenenados. Es decir que, en esta huelga de Garzón, los niños vendrían a ser la patronal.

De ahí que el Ministerio anime a educadores y padres a "seguir la huelga". Sé que lo que busca el anuncio no es una huelga de verdad, sino concienciar, pero lo que están pidiendo literalmente es que el día 12 de diciembre los padres castiguen sin juguetes a los niños para que aprendan a pedir lo que el Ministerio considera mejor para la ciudadanía. Es decir: lo que se anuncia como una huelga de juguetes es, de acuerdo con el espíritu victoriano, una cuaresma. Me divierte imaginarme a los padres más comprometidos de Rivas tomándose en serio el anuncio y montando un piquete informativo en casa, y al crío llorando a moco tendido como un esquirol aferrado a sus medios de producción (de diversión). Putos niños de Vox...

Pero ¿quién dice que en un minuto de vídeo no caben más contradicciones e incongruencias? Aquí viene otra: mientras una parte de la izquierda cultural trata de erradicar los roles de género, animando a los niños a jugar con muñecas y a las niñas a hacer la guerra, en los protocolos para la detección de menores transgénero promovidos por el Ministerio de Igualdad uno de los indicios suele ser el de los juguetes predilectos. Cuando los niños se disfrazan de hadas, juegan a acunar bebés y pasan el mocho, se entiende que podría estar pasando algo con su identidad de género. Así que me pregunto: ¿cómo puede convivir en el mismo potaje ideológico una cosa con la otra? ¿Queremos destruir los roles de género para liberarnos de ellos, o los utilizamos para averiguar qué niños han nacido en el cuerpo equivocado?

Foto: Campaña de consumo de juguetes. (Ministerio de Consumo)

Tropiezan con una incongruencia a cada paso que dan. ¿Política en femenino? Los valores de los anuncios de juguetes para niñas resulta que son los correctos, hay que poner en valor el cuidado y el mimo, la empatía y la sensibilidad. ¿Mujeres en puestos de dirección? Los valores masculinos deben ser también propios de las mujeres, a las que se les permite convertirse en yupis sin escrúpulos. ¿Cursos de deconstrucción de la masculinidad? Pues bien, todo lo que en las mujeres directivas está bien es justo lo que los hombres deben dejar de hacer, porque es intrínsecamente tóxico. Y así con todo. Toda la izquierda posmoderna se puede resumir en esta pregunta: ¿en qué quedamos?

Monos jugando a cosas

Pero volvamos a los juguetes. Que los roles de género son una construcción cultural y nada más que una construcción cultural es un dogma que habría que ir poniendo ya en cuarentena. Desde luego que la cultura los fomenta y perpetúa, pero tenemos indicios de que ciertas inercias biológicas podrían estar también detrás. La construcción de los roles de género es un proceso complejo y ambiguo, y no todos los factores son controlables. Hay roles de género diferentes en culturas distintas, pero hay roles de género siempre. Con la elección de los juguetes de los niños pasa como con la elección de las profesiones futuras: hay cambios que se pueden intentar fomentar, pero no está nada garantizado que funcionen.

¿Qué parte de las elecciones que hacen mayoritariamente machos y hembras humanos es cultural y qué parte responde a inercias biológicas? James Damore se hizo esta pregunta en voz alta y lo echaron de Google, así que entiendo que nos movemos en torno a un anatema peligroso. Pero, pese a que el constructivismo social sea nuestro dogma de fe, la naturaleza parece estar demostrando cierto poder en algunos fenómenos sociales. Por ejemplo: gracias a la cultura hemos dejado de ser todo lo violentos que les gustaría a nuestros genes, pero ni todo el peso de la civilización evita que algunas personas maten o dañen. Es decir: la cultura es un perfecto armazón para emancipar a los humanos del animal que son, pero la naturaleza siempre acaba abriéndose camino por entre las costuras. Son las civilizaciones las que declaran la guerra. A ver cómo explicamos esto.

¿Se puede lograr mediante una publicidad 100% inclusiva e ideologizada que la mayoría de los niños y niñas cambien sus preferencias? Un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard presentó la incómoda evidencia de que la biología empuja en la misma dirección que la publicidad sexista de juguetes. El estudio se publicó en la revista 'Current Biology' y estudiaba a los chimpancés. Se constató que los pequeños chimpancés salvajes, es decir, los chimpancés que no han visto nunca anuncios de juguetes sexistas en la televisión, suelen jugar de forma diferente dependiendo de su sexo. Los investigadores les dieron maderos y observaron que las chimpancés hembra los acunan como madres cuidando de sus crías.

La construcción de los roles de género es un proceso complejo y ambiguo, y no todos los factores son controlables

Esto se había observado ya en el siglo XX, creo que fue Steven Pinker quien lo explicaba en 'La tabla rasa': los monitos hembra suelen agarrar piedras o palos para convertirlos en muñecas, mientras que los monitos macho se lían a pedradas. El estudio de Harvard vendría a confirmar entonces que la elección de juguetes, una de las primeras piezas de la construcción de los roles de género, no sería únicamente el resultado de una socialización estereotipada por la cultura, sino que también influyen nuestras predilecciones biológicas, de las que hay rastro evolutivo en los monos. Es decir: que la construcción cultural podría tener debajo un poderoso cimiento biológico.

¿Significa esto que estoy en contra de que los niños jueguen con muñecas? Nada más lejos. ¿Que no me parece bien que se fomente el cuidado entre los niños y la belicosidad entre las niñas? También me parece perfecto. Lo que me parece mal es dar el coñazo y tiranizar la diversión de los niños para contentar a los partidarios de una ideología particular. La instrucción y el juego son dos ámbitos diferentes. Se pueden idear juegos educativos, se pueden fomentar juegos no sexistas, pero el juego no es importante para el niño por contener los factores morales correctos, sino porque es su primera posibilidad para tomar decisiones en libertad y cultivar su capacidad simbólica, paso previo necesario para la construcción de una moral.

Y termino con un ejemplo que entenderá Garzón en seguida: el cómico Danny-Boy Rivera contaba en un monólogo que sus padres son muy comunistas y no le dijeron nada sobre la religión católica, jamás. La primera vez que vio un Cristo crucificado en una pared de casa de su abuelo, el crío creyó que era el muñeco de un piloto de ala delta al que alguien le había quitado la lona. Se puso a jugar, por tanto, con el Cristo como si volara. Si un catequista fanático hubiera irrumpido en la habitación, sin duda Danny-Boy Rivera se habría llevado un reglazo en los dedos, o como mínimo un sermón coñazo sobre las cosas sagradas con las que no se debe jugar. Esa reprimenda hubiera estado fuera de lugar para un ateo, ¿verdad que sí, señor ministro? Pues eso.

El Ministerio de Consumo de Alberto Garzón ha convocado una huelga de juguetes para el 12 de diciembre, que es mañana. Son los propios juguetes los que hablan en el sermón ministerial, un anuncio de animación superchulo que ha costado 80.000 euros a los contribuyentes. Al menos sabemos que nuestros impuestos se usan para cosas importantes. Mientras tanto, en otros países no hay juguetes, ni tampoco 80.000 euros para decir a los padres de clase media (pues tampoco hay clase media) qué cachivaches deben comprar para que el mundo sea mejor. De hecho, en España también hay familias incapaces de hacer frente al gasto de un juguete y tiran de la solidaridad, mientras el Ministerio gasta esa friolera cifra para animar a elegir según su ideología a los que sí pueden comprar. Resolved vosotros solos esta ecuación, es fácil.

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