'The Sparks Brothers': la disparatada historia del dúo pop más extravagante
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'The Sparks Brothers': la disparatada historia del dúo pop más extravagante

El cineasta Edgar Wright (reponsable de la Trilogía Cornetto) estrena un documental en el que ahonda en el misterio de estos dos iconos desconocidos, valga el oxímoron

Foto: Los hermanos Russell y Ron Masel son The Sparks, el grupo pop más inclasificable de las últimas cinco décadas. (Universal)
Los hermanos Russell y Ron Masel son The Sparks, el grupo pop más inclasificable de las últimas cinco décadas. (Universal)

¿Quiénes cojones son estos tíos? ¿Son hermanos? ¿Son amantes? ¿Son dos 'freaks'? ¿Son ingleses? ¿Son americanos? ¿Por qué uno de ellos lleva un bigote estilo Adolf Hitler? ¿Por qué el otro canta con voz de 'castrato'? Y, sobre todo, ¿por qué no los conoce casi nadie, después de 50 años de trayectoria, pero a su vez son un grupo de culto para muchos grupos imprescindibles del pop rock del último medio siglo? Son algo así como el grupo que idolatran los grupos que todo el mundo idolatra, desde Depeche Mode a Franz Ferdinand, pero a los que el estrellato ha ignorado con inquina. Son el grupo del casi pero no. Nunca nadie en ningún lugar pidió un documental de The Sparks, pero aquí lo tenemos de la mano de Edgar Wright. Y si el niño bonito del cine anglosajón más gamberro —responsable de la Trilogía Cornetto, en la que se encuadra el clásico básico 'milénico' 'Zombies Party' (2004), y de un hito generacional del cine híspter como 'Scott Pilgrim contra el mundo' (2010)— decide que hay que dedicarles casi dos horas y media de documental a esta pareja de excéntricos será por algo.

Tráiler de 'The Sparks Brothers'

En los últimos años, Wright ha ido refinando su estilo, pero la constante que se ha mantenido es el peso de la música en sus películas. Si en 'Zombies Party' Shaun (Simon Pegg) intentaba detener a una horda de no muertos intentando decapitarlos a base de lanzar vinilos, en 'Baby Driver' (2017) su protagonista era un conductor de bólidos a unos auriculares pegados y en 'Última noche en Soho' —su próxima película, que se estrena en España la semana que viene—, utiliza los éxitos de The Searchers, The Kinks o The Who para trasladar a una joven 'centennial' a sus idealizados clubes nocturnos del Londres de los sesenta, su incursión en el documental musical era una cuestión de tiempo. Pero, ¿por qué elegir un grupo tan críptico como Sparks?

placeholder Los Sparks son también coautores de la última película de Léos Carax, 'Annette'. (Universal)
Los Sparks son también coautores de la última película de Léos Carax, 'Annette'. (Universal)

Precisamente por eso. Porque hasta este momento muy poco se ha sabido de la intrahistoria de un dúo que ha regalado al mundo himnos —bueno, no tanto como himnos— como 'This Town Ain't Big Enough for Both of Us' (1974), 'The Number 1 song in Heaven' (1979), 'When Do I Get to Sing 'My Way' (1994) y 'My Baby Is Taking Me Home' (2002), hasta componer la música y cofirmar el guion —claro que es un musical— de la última (y enorme) cinta de Léos Carax, 'Annette', ganadora en el pasado Cannes a Mejor dirección y Mejor banda sonora. Un resarcimiento, además, por todos aquellos proyectos cinematográficos nonatos del grupo —primero Jacques Tati, luego Tim Burton— que acabaron enterrados por los infortunios y vaivenes de una industria habitada por Sísifos en continua frustración.

Pero, de vuelta a la pregunta inicial. ¿Quiénes son Sparks? Con más reencarnaciones que Madonna, Sparks ha sobrevivido a las modas de los setenta, los ochenta, los noventa, los dos mil, los diez y quién sabe cuántas décadas más, debido a su naturaleza alienígena. Sparks son Russell y Ron Mael, dos hermanos angelinos que renegaron del sol y el surf californiano para transmutarse en ingleses a veces lánguidos, a veces 'glam', pero sedientos de la efervescencia que en los años 70 ofrecía la escena británica: fueron el Queen operístico casi antes que Queen —y, por supuesto, que Klaus Nomi—, probaron el punk casi en su primer estallido, se pasaron a los sintetizadores casi al tiempo que Ultravox y The Human League, se agarraron al fenómeno Moroder, desaparecieron, reaparecieron en Alemania, resucitaron con un álbum electrónico neoclásico y se han inventado y reinventado tantas veces como discos, sin perder la esencia extravagante y deliberadamente marginal de su música.

placeholder Otro momento del documental dirigido por Edgar Wright. (Universal)
Otro momento del documental dirigido por Edgar Wright. (Universal)

A sus 80 años, los hermanos Mael desvelan sin revelar el total de su misterio. Enseñan hasta el liguero y ya. "¿Quiénes son Sparks?", vuelve a preguntar Edgar Wright, sin que ellos dejen de jugar a trileros. El director intenta huir en 'The Sparks Brothers' de las convenciones manidas de este tipo de documentales. Sin eludir los bustos parlantes —pero elegantemente fotografiados con un blanco y negro muy cuidado—, Wright tira de imágenes de archivo —videoclips, participaciones en 'Top of the Pops', entrevistas— para desentrañar la personalidad de un dúo solipsista e impermeable para el resto de los humanos. A pesar de que empezaron como una banda de rock —que anticipó la corriente New Wave—, nunca dudaron al desprenderse de los elementos que consideraron accesorios a ellos dos mismos. A lo largo del documental se hace patente a través de los testimonios de antiguos miembros de sus formaciones, eso sí, con un rencor aplacado o bien disfrazado.

Wright también utiliza recursos plásticos como el 'collage', la animación o la 'stop-motion' para recrear aquellos momentos simbólicos que han definido la trayectoria de los Mael. Durante toda la película, el tono humorístico viene a mimetizarse con el estilo provocador e irónico de las letras de sus canciones: grupos como Hidrogenesse beben mucho de esta fuente, entre la sátira y el absurdo, que quizás impidió que el público les considerase como un grupo serio. Las composiciones de Ron —enjuto y poco agraciado— se ven eclipsadas, como un payaso triste, por sus actuaciones, su vestimenta, sus fotos promocionales y sus letras divertidas, que favorecían una imagen frívola. Pero bajo aquella superficie se encuentra un grupo experimental con un fondo doliente. "Quizás por eso nunca les tomaron en serio", reflexionan tótems de la industria como Vince Clarke (fundador de Depeche Mode, Yazoo y Erasure), Björk, Fleo o Beck. "Quizás por eso nunca nos tomaron en serio", reflexionan ellos. Pero ellos saben que nunca necesitaron que les tomaran en serio porque, si no, los Sparks hoy, a sus más de 70 años, no habrían sobrevivido como lo que son. Simplemente, Sparks.

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