Así se reparten la pasta los grupos de rock: "Nos robamos entre nosotros"
  1. Cultura
De Nirvana a Los Rodríguez

Así se reparten la pasta los grupos de rock: "Nos robamos entre nosotros"

Cuando el enemigo no es la compañía, sino tus compañeros de banda. De la autodestrucción por el reparto a las cooperativas alternativas, pasando por la falta de regulación del sector

Foto: Cobain y Calamaro. (Irene de Pablo)
Cobain y Calamaro. (Irene de Pablo)

Evento subterráneo que pudo cambiar la historia del rock. En marzo de 1992, medio año después de la publicación de ‘Nevermind’, el fenómeno Nirvana estaba descontrolado. Oficialmente la banda estaba en un gran momento, aún no había caído en la deriva autodestructiva que acabó con Kurt Cobain en el cementerio (abril de 1994), pero estuvo a punto de romperse en ese momento ‘dulce’. La culpa no la tuvo la clásica lucha de Nirvana contra el mundo/el mainstream, que caldeó su furiosa carrera tantas veces, sino problemas internos más prosaicos: el reparto de dinero entre Cobain, Krist Novoselic (bajista y cofundador en 1987) y Dave Grohl (batería incorporado tras su primer disco).

Aunque Kurt Cobain componía mayormente las canciones, los derechos de autor se repartían a partes iguales. “Kurt no esperaba que el grupo fuera a vender millones de discos, así que para evitar una situación que podría haber causado divisiones internas en la que él se hubiera llevado un pedazo enorme de un pastel muy pequeño, dejando a los otros dos más bien pobres, accedió a repartir los derechos de composición musical de manera equitativa con Krist y Dave”, cuenta Michael Azerrad en ‘Come as you are’, monumental biografía de Nirvana publicada en España coincidiendo con el treinta aniversario del ‘Nevermind’.

"Yo cargo con mucha más presión y me merezco más dinero porque soy el cantante"

Cuando Nirvana fichó por una multinacional para su segundo trabajo, el horizonte más optimista era que ‘Nevermind’ vendiera unos cientos de miles de copias, pero acabó despachando 30 millones en todo el mundo. Otro dato: su primer disco, ‘Bleach’ (1989), vendió 40.000 copias en EEUU antes del ‘Nevermind’, y seis millones en todo el mundo después del ‘Nevermind’. En otras palabras: en marzo de 1992, Nirvana era una máquina de hacer dinero, y Kurt Cobain decidió cambiar la correlación de fuerzas salariales, “amarga disputa por los derechos editoriales que estuvo a punto de provocar la separación del grupo como no lo había hecho nada hasta entonces”, según el libro.

Cobain tenía sus motivos para hacer esto. No era solo por dinero, o eso le explicó a Azerrad. “Me di cuenta de que yo cargo con mucha más presión y de que me merezco un poco más porque soy el cantante, escriben un montón de artículos sobre mí y soy yo quien recibe toda esa presión… Tengo que afrontar la presión que supone componer las canciones. No me importa que el mérito se lo lleven otros, pero al menos debería recibir una compensación económica por ello”.

El resto del grupo aceptó las explicaciones de Cobain... de primeras: todo explotó cuando les dijo que el nuevo reparto sería retrospectivo y se aplicaría desde el día que salió ‘Nevermind’, lo que obligaba a Grohl y Novoselic a devolver dinero que ya habían cobrado. “Montaron en cólera. Kurt, afirmaban, prácticamente les estaba quitando el dinero de los bolsillos. Aquella trifulca solo duró una semana en marzo, pero casi acaba con el grupo”, contó el biógrafo. “Krist y yo estábamos en plan: ‘Si esto es un indicio de lo capullo que va a volverse Kurt, entonces no quiero estar en un grupo con alguien así”, afirmó Grohl en el libro.

"Si esto es un indicio de lo capullo que va a volverse Kurt Cobain, entonces no quiero estar en un grupo con alguien así"

El entorno de Nirvana entró en pánico ante la posible ruptura: a nadie le gusta bajarse del tiovivo cuando está en lo más alto. La presión a Grohl y Novoselic para que se “bajaran del burro” fue intensa. “Todo el mundo nos decía: ‘Dejadle que se salga con la suya porque si no se acabará separando el grupo. Tíos, el año que viene podríais ganar 15 millones de dólares, así que dejadle que se salga con la suya esta vez”, según Grohl.

Pero Cobain también estaba cabreado: “Un día Kurt le dijo a Dave por teléfono: ‘Tío, no me puedo creer que seáis tan avariciosos’. ‘Lo que tú digas’, le contestó Dave indignado, y Kurt le colgó. ‘En aquel momento estaba dispuesto a irme del puto grupo por culpa de eso’, dice Kurt. ‘No me podía creer que [Krist y Dave] me estuvieran jodiendo tanto con esto’".

Kurt Cobain acabó ganando el pulso: el 75% de los derechos de composición fueron para él, pero “los malos sentimientos siguen latentes”, contó Azerrad en el libro, publicado en EEUU seis meses antes del suicidio de Cobain.

De Rodríguez

El día en que Los Rodríguez dejaron de cobrar a partes iguales los conciertos, se aceleró la autodestrucción del grupo. El nuevo reparto, previo a grabar su último disco ('Palabras más, palabras menos', 1995), pasó a ser 40% para Andrés Calamaro, 30% para Ariel Roth, 20% para Germán Vilella y 10% para Julián Infante.

Así lo explicó Calamaro 25 años después: "Creo que ya existían grietas en el equilibrio emocional del grupo, y el asunto infame de los porcentuales fue consecuencia de unos ánimos que estaban ya un poco deteriorados". Es decir, a posteriori Calamaro calificó el cambio en el reparto de "infame", y eso que fue idea suya...

"Todos cometemos errores. No haría eso mismo ahora. Les pido perdón a mis compañeros"

En efecto, Calamaro tiró de arrepentimiento retrospectivo en 'Sol y sombra', imprescindible biografía oral de Los Rodríguez, publicada hace un año por Kike Babas y Kike Turrón. "Si lo pienso ahora, no había motivos para romper con el reparto a partes iguales. Soy una persona que se supone generosa, pero es probable que estuviera respondiendo a los malestares emotivos del grupo. Todos cometemos errores. No haría eso mismo ahora. Les pido perdón a mis compañeros".

El reparto desigual agrió tanto las relaciones en el grupo que los dos que cobraban menos, en lugar de hacer piña, también tarifaron. "Julián se distanció también de mí. Quizá no superó que le otorgasen solo el 10% y a mí el 20%", según Vilella.

“Era la primera vez en mi vida profesional que veía esto”, contó en el libro Alfonso Pérez, director de la compañía de Los Rodríguez (DRO/Warner), pues lo normal era que los conciertos se repartieran a partes iguales, y las canciones en función de la aportación a la composición.

Foto: Kurt Cobain. (Reuters)

"Estando de gira me enteré de que no todos cobraban igual en la banda... No sé, era una cosa interna suya, pero cuando me enteré me quedé alucinado", aseguró Paco Lucena, ex manager de Sabina, con el que Los Rodríguez giraron por última vez.

"Fue un gran marrón. Yo ni ganaba ni perdía con esta nueva repartición, pero sabía que esto iba a ser una bomba en la banda. No sé si era justo o injusto, como decía Andrés, creo que depende de con qué punto de vista lo mires. Pero que fuera noble o no, eso sí lo sé", aseguró Ariel Roth.

El batería Germán Vilella zanjó así la cuestión: "Era lo que decía Andrés o se marchaba a Argentina a seguir su carrera solista... Creo que no era tanto ganancia económica lo que buscaba... como cuestión de ego".

La cooperativa

Más sobre las movidas internas de Nirvana: “Hay grupos como REM y U2 que reparten los derechos de autoría entre todos los miembros toda su carrera, independientemente de quien haya compuesto las canciones. Y se mantienen activos mucho más tiempo. Ahí hay una lección”, cuenta Azerrad en una entrevista reciente de Nando Cruz en 'ElDiario.es'.

¿Es así?

"Lo nuestro es una autogestión muy solidaria"

Los sevillanos Reincidentes llevan 31 años funcionando como cooperativa. El dinero de canciones y conciertos va a una caja única desde la que salen los sueldos (igualitarios), la financiación de discos o la compra de materiales.

Es más: el técnico de sonido de Reincidentes también aparece como compositor de las canciones.

"Lo nuestro es una autogestión muy solidaria", cuenta Fernando Madina, cantante de Reincidentes, que no entiende que los grupos cambien los repartos internos cuando a algún miembro le da el subidón monetario: "Es incongruente".

"Llevar un grupo no es solo componer. Hay que tratar con el mánager, hablar con la prensa, hacer gestiones. Apostamos por el trabajo colectivo e igualitario", razona Madina.

"Hay grupos en que todas las canciones son de la misma persona, es lógico que cobre más"

En efecto, la decisión de colectivizar los beneficios de un grupo tiene implicaciones industriales y políticas importantes. Reincidentes, Vetusta Morla o Violadores del Verso han desarrollado diversos modelos cooperativos, no exentos de conflictos y contradicciones, pero puestos habitualmente por los músicos como ejemplos de buenas prácticas.

El malo de la película

"Todo es buen rollo en los grupos hasta que llega el dinero. Al principio, son todos muy solidarios”, cuenta Javier Liñán (El Volcán Música), que ha trabajado en RCA, Warner o Virgin y con artistas como Los Planetas, Enrique Morente y Bebe.

Aunque el malo de la película suele ser el que se lleva más dinero, Liñán matiza: “Es delicado que todos cobren lo mismo por no hacer lo mismo”. “Hay grupos en los que la autoría de las canciones es más colectiva, pero hay otros en los que todo lo hace la misma persona, y es lógico que cobre más. Además, el peso de la promoción y la fama suele recaer sobre el miembro más famoso, eso es un grano en el culo que hay que cobrar de algún modo”.

No obstante, la línea que separa el liderazgo del grupo del abuso de poder es delgada. Habla (bajo anonimato) uno de los músicos más importantes de la escena independiente española. “Los primeros ladrones que hay en la industria no son las compañías, sino los músicos. Casi todos empiezan en plan alternativo, pero en cuanto hay dinero por medio, se roban entre ellos”. El músico, que defiende la autoría colectiva de las canciones, cree que el reparto desigual en las bandas “huele a mierda”, pero la “mierda solo sale para afuera cuando los grupos rompen, mientras tanto, más te vale estar callado aunque estés puteado, porque dependes de ese sueldo, por injusto que sea el reparto”.

Más allá de los egos, los abusos y las luchas de poder, hay problemas estructurales de fondo que potencian las arbitrariedades en los grupos, como explica Sergio Vinadé, cantante de Tachenko y gestor cultural. La selva empresarial de la música en dos fogonazos:

"A falta de estructuras empresariales reguladas, la música tiende a la selva"

1) “Cuando los grupos arrancan con bajo nivel comercial, la cuestión del dinero suele despacharse desde la filosofía: ¿Somos todos iguales? Pero en cuanto hay negocio, empiezan los problemas, porque no hay una idea clara de cómo profesionalizarse, cada músico tiene la suya, y se pasa de la filosofía al pantano”.

2) “Es una industria que ha funcionado mucho tiempo con dinero negro. La falta de regulación es total. Te encuentras músicos que llevan treinta años de carrera y no saben cómo facturar o darse de alta. Es un desastre. A cierto nivel de ingresos, un grupo debería funcionar como una empresa (dentro de que hay empresas más solidarias que otras), pero a falta de estructuras empresariales reguladas, la música tiende a la selva, y sobre esa falta de marco se toman decisiones como el reparto de dinero, que pueden salir por cualquier lado”, zanja Vinadé.

Un mundo sin reglas en el que el rockero más grande puede comerse al chico.

El redactor recomienda