'Anfitriones': todos somos un poco progres... y un poco de derechas
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'Anfitriones': todos somos un poco progres... y un poco de derechas

Esta obra deliciosa, que dura solo una hora y que no cae ni en clichés ni en bandos, está hasta el 12 de septiembre en el Teatro Quique San Francisco de Madrid

placeholder Foto: 'Anfitriones', de Inge Martín, en el Teatro Quique San Francisco (Joaquín Fuertes)
'Anfitriones', de Inge Martín, en el Teatro Quique San Francisco (Joaquín Fuertes)

La premisa, a priori, es poco llamativa: cuatro amigos se reúnen en una casa a cenar y a medida que baja el vino y sube la conversación aparecen conflictos y situaciones incómodas. La historia se ha contado hasta la saciedad en el cine, donde hay todo un género de películas sobre el reencuentro de amigos, secretos y revelaciones. La cuestión es que cuando sale bien, la experiencia puede ser bastante gozosa. Lo consiguió Yasmina Reza con ‘Un dios salvaje’ -en teatro y cine-, y lo logra ahora Inge Martín con ‘Anfitriones’, que se representa en el Teatro Quique San Francisco de Madrid hasta este 12 de septiembre. Es una hora absolutamente deliciosa, donde hay risas y donde la única pega es que, en ese escenario convertido en salón de casa cuqui en el centro de la ciudad, no dejen al espectador colarse allí y dar su propia opinión. Teatro pequeño y a la vez enorme.

placeholder La directora, dramarturga y actriz Inge Martín (Joaquín Fuertes)
La directora, dramarturga y actriz Inge Martín (Joaquín Fuertes)

Martín, la dramaturga, directora y la actriz que se ha reservado el papel quizá menos lucido, ha contado que escribió este texto tras su bagaje de varios años viviendo en Argentina. Y lo cierto es que la obra recuerda a los montajes de Claudio Tolcachir y Timbre 4 (para los que nos hayamos ido por Buenos Aires): pocos personajes, lazos familiares (o cercanos) y momentos inquietantes en un pequeño saloncito. Truco infalible porque, ¿quién hay más perturbador que aquel al creemos conocer y, de repente, se nos aparece como un extraño?

'Anfitriones' es una hora absolutamente deliciosa, donde hay risas y donde la única pega es que no dejen al espectador colarse en el escenario

Dani (Martín) escribe obras de teatro. De mediano éxito (o éxito entre el mundillo). Es el estereotipo (pero es mucho más) de la pija-progre, la amiga de Vero (Lucía Quintana), con la que iban juntas al Fraguel a beber chupitos, bailar toda la noche y tontear con “chicos, chicos, chicos”, como dice Vero en un momento de la obra. Dani conoció a Gustavo (Bruno Corcia), ahora directivo en una empresa, no tienen hijos, viven en una casa de diseño -hay hasta un burro para colgar los abrigos- y salen a cenar a restaurantes de estrella. Vero tuvo dos hijos, se separó, trabaja de secretaria y sigue mirando a Dani con los ojos amistosos e ingenuos de la adolescente que se emborrachaba en el Fraguel.

La vis cómica de Quintana envuelve desde la primera aparición de su personaje, con un móvil en la mano y narrando a sus “miles” de seguidores su vida en directo. Su vida de mierda. Y, sin embargo, derrocha optimismo, lo que contrasta con el rostro acelgoso de Dani, pese a vivir esta en lo que pueden ser 150 metros cuadrados. A Vero (Quintana) no le queda otra: unos hijos pequeños, una hipoteca que pagar, un trabajo precario. Todos los vinos con amigos -que no hay tantas ocasiones- son bienvenidos. Y que no le agüen la fiesta.

placeholder Lucía Quintana y José Luis Alcobendas
Lucía Quintana y José Luis Alcobendas

El otro amigo invitado por la pareja de triunfadores es Roberto (José Luis Alcobendas), escritor de cierto éxito que, no obstante, parece no quitarse de la cara un rictus de frustración y rabia. Como pincelada de este personaje: regala a sus invitados su último libro que en el atrezzo es ‘Sumisión’, de Houellebecq.

Con todos en la casa se establece el conflicto. No se trata de destripar la obra, pero imagínense cualquier guerra cultural de nuestros días: el feminismo, la orientación sexual, la transexualidad, la inmigración o el chuletón de Ávila. Este es el punto en el que el montaje podría trastabillar, caer en clichés y crear bandos facilones -por aquí pasen los progres, por aquí se vayan acomodando los fachas-, pero Inge Martin se escapa de la quema y va mostrando a unos personajes que ofrecen argumentos en los que habita un sentido común que es el que no vemos ni en los debates televisivos, ni en las redes ni en las tertulias de radio, sino más bien en la vida real. Como sabe ese mundo de ficciones y máscaras que es el teatro no todos somos estrictamente, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, Pedro Sánchez, ni Pablo Casado, ni Santiago Abascal ni Pablo Iglesias. Lo normal sería que ellos tampoco lo fueran todo el rato (pero aquí no podemos asegurar nada).

Como sabe el teatro, no todos somos estrictamente Pedro Sánchez, ni Pablo Casado, ni Santiago Abascal ni Pablo Iglesias

Porque, además, el teatro también sabe colar el punto humano: puede que tu amigo te parezca un imbécil en un momento dado, pero es el tipo que te abraza cuando le comunicas que te han despedido. Eso no te lo cuentan en Twitter, pero no hay más que salir a la calle para verlo.

Inge Martín ha estrenado una obrita fabulosa en un teatro que desde hace unos meses lleva el nombre de un actor que hizo muchas cosas (y no estamos aquí para juzgarlas), pero, sobre todo, hizo reír. En ‘Anfitriones’ el humor es imprescindible. Y la clase actoral que dan Martín, Quintana (no se van a olvidar de ella), Ciorda y Alcobendas es magistral. Como si realmente fueran amigos de toda la vida y después te dieran ganas de salir a tomar una copa con ellos. Y llevar a cabo el bello arte de discutir.

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