Torrijos, el arquitecto que nos da la brasa: "La ciudad del futuro no será Tokio sino Pontevedra"
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ENTREVISTA

Torrijos, el arquitecto que nos da la brasa: "La ciudad del futuro no será Tokio sino Pontevedra"

La estrella de los hilos de Twitter, con millones de lectores semanales de #LaBrasaTorrijos recoge sus mejores historias de arquitectura en el libro 'Territorios improbables'

placeholder Foto: Pedro Torrijos, creador de #LaBrasaTorrijos. (Ana Beltrán)
Pedro Torrijos, creador de #LaBrasaTorrijos. (Ana Beltrán)

La madrugada del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1978 fue la peor noche en la vida del ingeniero de construcción William J. LeMessurier. El Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos había advertido que a la mañana siguiente el huracán 'Ella' golpearía Nueva York con vientos de hasta 150 km/h y LeMessurier sabía que el edificio Citicorp, un rascacielos de 59 plantas y exótico atrevimiento estructural diseñado por él, no lo resistiría y se iba a derrumbar provocando un cataclismo que podía llevarse por delante medio Manhattan. Y lo sabía porque tres meses antes, solo un año después de su inauguración, una tal Diane Hartley, estudiante de ingeniería civil de Princeton, había llamado a su estudio para asegurar que había encontrado un letal error en los cálculos de la estructura del Citicorp que la hacía extremadamente vulnerable. Amaneció, el huracán se desvió en último momento sin tocar Nueva York, se acometieron gigantescas obras para reforzar el edificio... y así fue como una estudiante salvó a Nueva York de la destrucción.

Esta historia increíble es solo una de las muchas que el arquitecto, músico, contador y curioso impenitente Pedro Torrijos (Madrid, 1975) recoge en 'Territorios improbables' (Kailas), el libro en el que recupera en versión ampliada algunas de las mejores historias de sus hilos de Twitter que llama #LaBrasaTorrijos, y también otras nuevas. #LaBrasaTorrijos es todo un acontecimiento que cada jueves a las 20.30, como si fuera el episodio semanal de su programa favorito, esperan multitudes, logra miles de retuits y alcanza audiencias millonarias. Si las novelas de caballerías fueron el mecanismo narrativo predilecto del siglo XVI, el folletín por entregas lo fue del XIX y las series lo fueron hasta anteayer, el hilo de Twitter es el fuego más vivo en torno al que se reúne hoy la tribu hiperactiva de las redes sociales para escuchar, aprender y ser un poco más feliz.

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'Territorios improbables'. (Kailas)

Nos citamos con Pedro Torrijos al sol cruel de una mañana de junio en Madrid Río, lugar donde tiene lugar una de sus mejores historias, la de la desaparecida y deslumbrante piscina racionalista con forma de barco que el arquitecto Luis Gutiérrez Soto levantó en una isla en medio del Manzanares, "el río más tonto de España", en los años treinta del pasado siglo. Llega tarde y en bermudas, grande como un muro de carga y discutiendo acaloradamente por el móvil acerca de uno de los numerosos proyectos que le ofrecen cada día —artículos, podcasts, brandeds— desde que #LaBrasaTorrijos puso Twitter patas arriba al recuperar lo maravilloso de las locuras humanas en un mundo que hace ya tiempo perdió su capacidad de asombro. Torrijos es tasador inmobiliario de profesión pero confiesa que ya gana más con todo lo que generan esas "brasas" suyas que inició por entretenerse que con su trabajo alimenticio.

PREGUNTA. Existió un hilo de Ariadna, también el hilo de vida que tejen las moiras e incluso hubo algún político que creyó ver unos hilillos de plastilina saliendo de un petrolero hundido en la costa gallega. Pero tú haces hilos para dar la brasa… ¿Qué invento narrativo es este de los hilos de Twitter?

RESPUESTA. El hilo de Twitter es un subgénero literario como cualquier otro y hay que empezar a asumirlo ya. De momento lo practicamos relativamente pocos para contar historias reales, para divulgar como hago yo, pero también para la ficción como Manuel Bartual. Creo que funciona peor la ficción salvo casos concretos porque en redes sociales buscas un rasgo de autenticidad. Pero un hilo de Twitter al final no es más que una novela de unas 700 palabras. Yo quiero contar una historia pero, si mi medio y mi herramienta es esta, el mecanismo debe ser el adecuado. Me explico. Yo no cocino primero un chorizo y luego lo parto sino que escribo en directo. El hilo es una de las características de Twitter. La otra es que la gente se líe a hostias.

placeholder Pedro Torrijos. (Ana Beltrán)
Pedro Torrijos. (Ana Beltrán)

P. Pero precisamente como se rifan tantas hostias en esta red, tus hilos amables y pacíficos permiten evadirse de la agresividad inherente al medio.

R. Eso es lo que busco. Que la gente se lo pase bien. Antes yo también me zurraba en Twitter, como todos, pero te diría que ahora tengo un 'time line' limpio y delicioso.

P. Eres muy espontáneo en tus hilos, se nota que no partes de una historia previamente escrita.

R. No, no, siempre escribo en directo, desde el soleado barrio de Villaverde como suelo contar al final de cada hilo. Preparo un guion que a veces son solo tres o cuatro notas y luego sale solo. Por eso hay erratas o errores de concordancia que parezco Radomir Antic. Y no lleno todo el espacio, juego. A veces pongo un tuit por ejemplo que solo dice "Sí" o "tac tac tac".

P. No parece tu disciplina históricamente muy dada a explicarse, más bien tiene fama de altiva y elitista. ¿Un arquitecto que cuenta historias como tú es un arquitecto frustrado o un novelista que descubre una tardía vocación?

R. Sí, pero es que yo soy arquitecto —y músico— de formación pero comunicador de profesión. Te diría que lo que me gusta es contar historias y no te mentiría, pero lo que más me gusta en realidad es ser el centro de atención, el tipo más interesante de la fiesta. Pero no para hablar de mí, no, para contar mis historias y que la gente flipe. Así que siempre he estado en contra de eso que dices y en lo que coincido: existe un hermetismo en la comunicación relacionada con la arquitectura que al final es onanismo, es masturbación. Nosotros hablamos solo para nosotros mismos, lo nuestro es una cosa elevadísima, etc. Los arquitectos no contamos bien. Echas un vistazo a las webs de algunos estudios de arquitectura y se te cae el alma a los pies.

"Existe un hermetismo en la comunicación de arquitectura que al final es onanismo, masturbación"

P. ¿Y qué dicen los arquitectos de tus brasas?

R. ¡Ufff!, tengo sensaciones encontradas. Sé que me siguen muchísimos arquitectos de todo porte y ámbito pero siempre tengo la sensación de que consideran un poco banal lo que hago. Porque de las historias e hilos que cuento algunas son más duras y otras no. Pero es que no soy un académico, soy un entretenedor. Si no nos vamos a divertir, para qué estamos aquí. El gran Alejandro de la Sota, arquitecto español, dijo una vez: "En la buena arquitectura hay que dar liebre por gato". Es decir, disfrazar como normal algo muy bueno. Y eso es lo que yo intento hacer: contar algo importante como si fuera una curiosidad.

P. Hay un chiste que dice así: "¿En qué se parece el wonderbrá a un arquitecto? Pues en que castiga a los que van a vivir dentro, pero engaña a los de fuera". ¿Los arquitectos alimentáis vuestros egos complicándonos la vida a los demás?

R. Ja, ja, ja, ja, mola el chiste pero es una gilipollez. No voy a hacer proselitismo de la profesión y, sin duda, alguno hay así, como ese Santiago Calatrava en el que todos estamos pensando. Pero siendo completamente sincero, casi todo arquitecto que te encuentres va a intentar que la gente viva bien. Otra cosa es que luego añadas un montón de condiciones en las que trabajamos y que la gente no entiende ni tiene por qué entender. Nosotros queremos que la gente viva bien... ¡y a veces lo conseguimos!

placeholder Pedro Torrijos. (Ana Beltrán)
Pedro Torrijos. (Ana Beltrán)

P. Tom Wolfe se reía en 'Quién teme a la Bauhaus Feroz' de cómo aquellos exiliados europeos que llegaron a Estados Unidos en la primera mitad del XX les sacaron millones a los grandes capitalistas para construirles edificios que en realidad odiaban.

R. Mira, al final, los capitalistas americanos lo que querían es dinero. ¡Y eso les hacía ganar dinero! Al propietario del solar del edificio Seagram en Nueva York le daba igual que le levantasen un art decó pasado de moda o que fuera Mies van der Rohe y le hiciera la preciosidad que le hizo. Un genuino capitalista es la persona más fácil de convencer, solo tienes que decirle "mira, vamos a ganar dinero con esto, es rosa y de piel de cebra". "¡Perfecto!".

P. Cuéntame cómo inventas esto de #LaBrasaTorrijos, cómo te organizas y lo preparas.

R. A ver, voy a intentar a hacerte un hilo, ja, ja, ja. Yo empiezo a usar el 'hashtag' hace bastante de una manera irregular para agrupar mis historias en tuits, cuando ni siquiera existían los hilos. Y a la gente le hacía gracia. En septiembre de 2019 me pongo más en serio y me doy cuenta de que reporta dividendos inmediatamente. Dividendos en felicidad y más adelante también de los otros. Fue Loreto Iglesias, la estratega de mi proyecto, la que me propuso imponer una regularidad para ir generando audiencia. Me organizo, voy colocando todas las historias que voy escudriñando en un excel y las más prometedoras me las quedo para hacer una parrilla mensual. Tengo ahora mismo 189 entradas, suficientes para tres o cuatro años. Yo no sé mucho de casi nada pero sí tengo los ojos muy abiertos y mucha curiosidad. Me pongo después a investigar las historias, lo que me ocupa unas diez hora de media cada una, escribió un guion mínimo con flechas, un segundo más ordenado y, con eso, me planto a las 20.30 los jueves en Twitter y me lanzo.

"Yo no sé mucho de casi nada, pero sí tengo los ojos muy abiertos y mucha curiosidad"

P. ¿Y cuál es el secreto del éxito de todo esto?

R. Hay dos secretos. Uno es la constancia y la consistencia, entenderlo como un puto curro. El otro es el tiempo y la experiencia. Llevo diez años escribiendo en medios de comunicación, en 'Jot Down', 'Yorokobu', 'El País'... Y una última cosa, un consejo si quieres. El primer tuit del hilo es fundamental. Pedro Vallín dice que soy el maestro del 'clickbait' bien entendido. Que en realidad es lo que viene a ser un titular de toda la vida, algo que te atrapa, que hace que te caigas dentro.

P. Y ahora vuelcas tus brasas en un libro. Un libro precioso y apasionante, pero déjame ponerte también un pero. Ocurre últimamente que a gente que triunfa en los nuevos espacios virtuales de la atención como Twitter, YouTube, Instagram, etc., algún sello les pide luego hacer un libro, pero nunca se les ve tan sueltos como en su medio nativo y, además, parece como si los libros, lamentablemente, hoy siempre llegaran tarde.

R. Estoy de acuerdo contigo, pero también te digo que no es lo que me ha pasado a mí. Nuestro mundo va muy rápido y las editoriales, en fin, van más lentas. "¿Tienes éxito? Hazme un libro". Y como no es fácil monetizar los nuevos medios pues, hombre, algo de dinero sacas con un libro. Por no hablar de lo bonito que es tener un libro con tu nombre. O de que mi madre no tiene Twitter. Pero repito, no es mi caso, porque a mí me contacta Kailas cuando todavía no me conocía nadie, cuando tenía 13.000 seguidores. Ahora tengo 137.000. Fue una buena apuesta de una editorial pequeña. Además, en el libro no cuento las cosas como en Twitter porque no es posible, es otro lenguaje. Este libro tiene un valor propio.

placeholder Pedro Torrijos. (Ana Beltrán)
Pedro Torrijos. (Ana Beltrán)

P. En una de las citas que en tu libro preceden a cada uno de los capítulos, un festín para amantes de las citas como yo, incluyes una del clásico de la ciencia ficción de finales de los 60, 'Todo sobre Zanzíbar', de John Brunner, una distopía futurista en un mundo superpoblado. Parece que aquellos miedos tan propios de la época se van diluyendo a medida que la natalidad se desploma en todas partes y, más bien, nos enfrentamos a la perspectiva de un planeta despoblado, ¿no?

R. Soy superfan de la ciencia ficción, mi género es ese. Con cinco años escribí mi primera historieta ingenua de ciencia ficción. Por muy mala que sea una peli, si salen naves espaciales, me la trago entera. Y sí, 'Todo sobre Zanzíbar' es una novela formidable y completamente pasada de moda. Los escritores de ciencia ficción, por más que les gustaría, no viven en el futuro, lo que hacen es extrapolar las inquietudes y miedos de su propia época. Pero muy pocos fueron capaces de predecir en realidad el futuro y ninguno acertó en lo fundamental: en prever estos teléfonos móviles que tenemos ahora en la mesa, uno de las mayores revoluciones tecnológicas de la historia. No tenemos coches voladores, pero tenemos 'smartphones'.

P. ¿Y cómo imaginas la ciudad del futuro?

R. Probablemente la ciudad del futuro tenga más que ver con Pontevedra que con Tokio. Y no me refiero tanto al tamaño, porque las ciudades grandes no van a desaparecer y es probable que muchas sigan creciendo, como a su amabilidad.

"Las ciudades grandes no van a desaparecer, pero serán más amables"

P. ¿Madrid era más amable con Madrid Central antes de que se lo cargaran?

R. Es un retroceso indudable pero no durará. Madrid Central era una buena idea y con uno u otro nombre volverá. Por no hablar de la reducción y peatonalización cada vez de más calles que no será reversible. Por las ciudades cada vez pasarán menos coches y eso es imparable.

P. Y para terminar, ¿qué te pasa con Benidorm que también protagoniza una entrada de 'Territorios improbables' escrita con indudable fascinación?

R. Benidorm es horrible y maravilloso a la vez, ambas cosas y de manera consistente. Heisenberg inventa a principios del XX el 'principio de incertidumbre' y Schrödinger imagina el célebre gato cuántico que está vivo y muerto a la vez. Pues eso es Benidorm, horrible y maravilloso al mismo tiempo. Es horrible porque supone la cristalización de un montón de males urbanísticos y tal vez también sociales: turismo de baja calidad, masificación edificatoria bastante fea y vacía, porque en invierno la ciudad está apagada. Eso está objetivamente mal. Pero luego está lo maravilloso. Benidorm es un estado solidificado de euforia colectiva constante. Como si España ganara la final del Mundial todas las noches. Tú vas allí una noche y, coño, la gente es feliz.

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