Santiago Alba Rico: "Urgen dos Españas pero no estas: ni melancólicos ni energúmenos"
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Santiago Alba Rico: "Urgen dos Españas pero no estas: ni melancólicos ni energúmenos"

El escritor y exguionista de 'La bola de cristal' publica 'España', un ensayo autobiográfico provocador y muy entretenido sobre el patriotismo y la identidad española

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Santiago Alba Rico

Da igual de qué trate su último ensayo, al final, el escritor Santiago Alba Rico nunca se libra. Ha publicado veintipico libros y cada vez que da una charla en España, ya sea de antropología, de política o de economía, siempre se le acerca alguien a preguntarle por algo que nada tiene que ver con lo que habla y que hizo hace casi 40 años, cuando fue guionista del programa infantil 'La bola de cristal' (que dirigía su madre, Lolo Rico) y en el que fabulaba contando el marxismo a los niños con títeres 'punk'. Cuando le entrevista algún periodista de los que crecimos en los 80, como es el caso, tampoco se libra de la preguntita: "'La bola de cristal' era un programa improvisado, chapucero y fresco, lo revolucionario era que trataba a los niños como si fueran adultos… Y ahora ni a los adultos se los trata como adultos", comenta pacientemente Santiago Alba Rico al descubrir que la conversación que mantenemos por Zoom empieza por el inicio de su carrera y no por su último trabajo.

En mi defensa diré que, esta vez, aunque indirectamente, la pregunta sobre nostalgia televisiva sí guarda relación con su nuevo libro. Se titula 'España' (Lengua de Trapo, 2021) y es un ensayo autobiográfico provocador y muy entretenido sobre el patriotismo y la identidad española a través de sus recuerdos, mitos y fantasmas. Está escrito desde una mordaz autocrítica al pensamiento de izquierdas de su generación. Y qué es la Bruja Avería sino un mito generacional.

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'España', de Santiago Alba Rico. (Lengua de Trapo)

"En mi adolescencia lo más inteligente, lo más sabio, lo más rebelde, lo más poético era ser un total imbécil", escribe al comienzo de ‘España’. Santiago Alba Rico nació en 1960, por lo que vivió sus primeros 15 años en el franquismo: "Demasiado pronto para el pasotismo y demasiado tarde para la lucha antifranquista", matiza. Critica al izquierdismo de su generación por "el regüeldo antiespañol" que le llevó a despreciar en su juventud la literatura castellana y disfrutar más con Rabelais que con 'La Celestina', con Molière más que con Cervantes y leer antes a Balzac que a Galdós, el autor a quien más vuelve a lo largo de todo el libro. Se arrepiente mucho de no haberlo leído antes, aunque "ahora que lee con la próstata" lo disfruta mucho. También se pregunta qué habría sido de su vida y de su obra si hubiera descubierto al autor de 'Los episodios nacionales' al tiempo que a Kafka, Proust o Dostoievski. Y se lamenta: "Durante sesenta años la izquierda letrada ha leído muy poco a Galdós". ¿Es su libro una crítica a la izquierda? "Es una crítica a mí mismo por haber perdido tanto tiempo", responde.

Cuando Santiago Alba se marchó de España aún no había leído a Galdós. Se fue en 1988, poco después de emitirse el último capítulo de 'La bola de cristal', y desde entonces ha vivido fuera la mayor parte del tiempo. En el libro reconoce que su relación con España está marcada por esa ausencia, pero también por el deslumbramiento al redescubrirla. "He vuelto mucho a España y para volver hay que irse. La distancia de estos años me ha hecho reflexionar y ha determinado mi visión de España. Y es revisar esa visión lo que me ha llevado a escribir este libro", cuenta desde el salón de su casa en Túnez, donde vive desde hace más de 20 años.

¿Es su libro una crítica a la izquierda? "Es una crítica a mí mismo por haber perdido tanto tiempo"

Ese redescubrimiento de España lo inició hace una década, justo con el 15-M. Esa fue la primera puerta distinta que abrí a esa España que se había ido formando a mis espaldas. En ese momento estaba viviendo muy de cerca la revolución tunecina que derrocó a Ben-Ali. Mucha gente venía a verme a Túnez haciendo turismo revolucionario. Y yo también quise vivir muy de cerca las protestas en la Puerta del Sol".

Tan de cerca lo vivió que quedó vinculado al activismo y en 2015 fue candidato al Senado cerrando simbólicamente las listas por Ávila como independiente con Podemos. "El primer Podemos", matiza. En aquellos meses se instaló en una casita que tiene en Piedralaves, en la sierra de Gredos, y redescubrió un paisaje, unas lecturas y una España que no conocía y que desde entonces le cautiva. El que fuera uno de los filósofos de cabecera del partido que surgió de los rescoldos del 15-M no ha escondido su desencanto con el rumbo que luego siguió Podemos. No mucho después de llegara la formación morada al Congreso de los Diputados declaró su preocupación porque la formación no estuviera “a la altura de la responsabilidad histórica que debería asumir”.

España vs. Estado español

"Y de pronto un día me descubrí diciendo 'España' en lugar de 'Estado español'", ironiza Alba Rico. Su último ensayo es una reivindicación de la palabra España que lleva en el título: "Cada vez que un izquierdista madrileño habla del 'Estado español' se está impidiendo hacer política en España; está entregando España al nacionalismo español y alejando, de esa manera, cualquier solución política para Catalunya y el País Vasco y, en general, para el problema español que es el que tenemos en común, de diferente manera, en todos los territorio". Y añade: "Este problema no se resolverá desde una negación elitista. Y hablar del 'Estado español' deja fuera a todos aquellos españoles que no pueden ser otra cosa y que no se quieren definir de otra manera. Puede estar bien para denunciar, pero no para convencer. Si vas por ahí diciendo ‘Estado Español’ no vas a convencer en Asturias y Murcia”.

"Cada vez que un izquierdista madrileño habla del 'Estado español’ se impide hacer política en España"

Cuando Santiago Alba habla en el libro de la izquierda madrileña da siempre la sensación de que se refiere a Podemos, aunque apenas lo menciona. ¿Diría que Podemos es un partido demasiado madrileño? "Ha acabado siendo muy madrileño. Inicialmente da un salto inesperado y llega más lejos, pero ha acabado reuniendo los defectos de la vieja izquierda dividida y muy vinculada al pasado".

Antes incluso de Vistalegre II, aquel congreso de Podemos en 2017 que marcó el cisma entre Iglesias y Errejón, Alba Rico decía de Podemosque era un partido que nació muy maduro y luego se fue comportando de una manera cada vez más infantil. Ya entonces, como simpatizante que era de la formación, expresaba en sus escritos la esperanza de que rectificara y avanzara hacia el acuerdo, en vez de la división. No fue así.

Iglesias, Errejón y Santa Teresa de Jesús

Solo cuatro años después de aquello, Pablo Iglesias acaba de anunciar su dimisión, tras abandonar la vicepresidencia y perder las elecciones madrileñas el 4-M. “La marcha abrupta y traumática de Iglesias marca un fin de ciclo”, opina ahora el filósofo. "La figura de Iglesias ha generado mucho odio visceral y cruel de un lado y de otro una adhesión amorosa demasiado incondicional. Tanto las críticas como el amor han sido irracionales, no ha habido crítica interna que fuera al meollo del asunto. No ha habido suficiente autocrítica en Podemos", concluye.

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Santiago Alba Rico durante la entrevista por Zoom

Aunque en su ensayo critica la melancolía, se le escapa un poco sin querer cada vez que recuerda el 15-M: "Del 15-M surge una opción política nueva. Fue una vacuna contra la irrupción en España de la ultraderecha en esos años, que ya estaba emergiendo en el resto de Europa. Pero no la evitó, solo la aplazó. El primer Podemos descose los mimbres del régimen del 78. Y con el fracaso de la nueva política entra la ultraderecha, que hasta hace poco se mantenía en los márgenes. Es una reacción frente a la transformación inicial apuntada por Podemos que ahora aprovecha el vacío del descontento que deja".

No trata la crisis de Podemos, pero entronca con el tema central de su libro: "En el primer Podemos también hubo dificultad para abordar cuestiones de identidad nacional", comenta. “Hay algo fatal en que los españoles no dejemos de darle vueltas a la idea de España. El problema de España es que la pensamos demasiado. Y nos hemos quedado atrapados entre dos Españas dejando de lado la verdadera, la de la ‘vividura’. España es más fácil vivirla que pensarla. De entrada es una mala idea, pero siempre es mejor una mala realidad”.

"El problema de España es que la pensamos demasiado. Y nos hemos quedado atrapados"

El diputado de Más País, Íñigo Errejón, (el único de los fundadores de Podemos que sigue en el Congreso, pero no en Podemos) reconocía en una reciente presentación de este libro en la que acompañaba a Santiago Alba que nunca se habría imaginado pasándoselo bien leyendo sobre Santa Teresa de Jesús, otra de las figuras históricas que repasa el ensayo: "Franco hizo, como se diría ahora, apropiación cultural de Santa Teresa. A la izquierda se nos ha expropiado buena parte de la historia de España y hemos acabado por cederla sin disputarla", apunta.

Dos abuelos franquistas

"¿Por qué una parte de la izquierda se ha vuelto tan identitaria y sectaria que invoca una especie de Estatutos de Sangre y para hablar de injusticias exige ser descendiente de republicanos represaliados, nieto de esclavos o mujer violada?". Esta pregunta se la hace el autor al plantearle por qué cree que todavía hay a quien resulta chocante que un escritor de izquierdas como él confiese sin pudor en el libro que ninguno de sus dos abuelos fue republicano.

Contar la historia de sus abuelos franquistas es su manera de criticar lo que denomina "victimismo identitario" de la izquierda. Y recuerda a César, su abuelo paterno, y Juan, su abuelo materno, "los dos abogados, los dos católicos, los dos franquistas, no se llevaban bien". César era hijo de un ministro liberal y fue un empresario próspero que huyó de España en cuanto empezó la guerra y desde El Cairo apoyó a Franco. Y su abuelo Juan, de quien habla con profundo cariño y admiración, era un abogado católico al que no le gustaban los comunistas y a quien define, ante todo, como “un hombre bueno”.

Mis abuelos: los dos abogados, los dos católicos, los dos franquistas, no se llevaban bien

A Juan, durante la guerra, lo sentenció a muerte el bando republicano. En una carta que escribe a su mujer desde la prisión de Madrid, que muchos años después su abuela le dejaría leer, el condenado dice que cree en las ideas por las que ha sacrificado su felicidad: “la religión católica y la defensa de España”. Al final, a Juan le salva la vida 'in extremis' un carcelero anarquista del que se hizo amigo en la cárcel. Y al acabar la guerra, Franco hace juez a Juan, pero por negarse a firmar una condena a muerte ("piensa quizás en el anarquista que lo salvó", reflexiona su nieto) es marginado y represaliado también por el franquismo. “Es un vencedor vencido”, dice Alba Rico al rememorar a su abuelo, que murió cuando él tenía 12 años. "Me enorgullezco mucho de mi abuelo Juan", afirma. La historia de España es también la de los Juan y los César .

"A la mayor parte de los españoles la Guerra Civil le queda muy lejos"

Sostiene Alba Rico que "durante los últimos 80 años hemos hablado muy poco con los muertos en España y la única manera de superar la memoria es despedirse de ellos". Y añade: "A la mayor parte de los españoles la Guerra Civil le queda muy lejos. Los descendientes de las víctimas han perdonado y no quieren revancha, pero sí quedan muchas familias que quieren que se entierre a los muertos que siguen en las cunetas. La derecha no ha comprendido la vertiente civilizacional de esa reclamación. Los 85 años transcurridos desde la guerra deberían haber sido suficientes, pero el problema de la memoria en España sigue teniendo que ver con la anomalía de la guerra civil. La mayoría de democracias europeas se han construido sobre una victoria frente al fascismo, pero España no. En España se puede ser democrata sin ser antifascista. Y el termino antifascista suena hasta radical. Merkel, Draghi y Macron son de derechas y son abiertamente antifascistas. Por eso, me parece, la lucha por la democracia y contra el populismo de derechas, en España debería dejar a un lado esos términos europeos que nuestras mayorías sociales no comparten ni comprenden".

PREGUNTA. Se enorgullece de su abuelo Juan. ¿Y se enorgullece de ser español?

RESPUESTA. No se debe uno enorgullecer de nada a lo que no haya contribuido. No me enorgullezco y no me avergüenzo en absoluto. Cuando tenía 17 años a España se la asociaba con África. Los españoles estábamos acomplejados y eso sí que ha cambiado mucho desde entonces. Yo me avergonzaba de España con 18 años, en eso era muy noventayochista. Ser español no es ningún mérito, es un hecho. Y hay que luchar contra las molestias y reivindicar los placeres que nos son comunes.

P. ¿Qué placeres son esos que tenemos en común los españoles, además de la literatura de Cervantes, Galdós, Quevedo… de los que habla en el libro?

R. Los bares. Ahora parece que tampoco está bien hablar de bares. Pero en España hay una tradición antropológica común muy viva que hay que reivindicar. Se puede ir de Cádiz a Bilbao de bar en bar. También me reconozco en la reacción que la sociedad española tuvo a los atentados del 11-M, que fue pacífica y ejemplar. En esa España me reconozco mucho. También en la España que ha convertido el Orgullo Gay en una tradición tan válida como el Rocío.

Del mesón de Cuenca al futuro de la democracia

Su visión de la política actual no es muy optimista. Le preocupa la creciente radicalización: "Los debates han sido sustituidos por consignas y la deliberación se sustituye por tertulias. Redes y televisiones imponen fórmulas pegadizas entre la pedrada y el rayo. Se ha suprimido en la política de hoy el pensamiento, que es sucesión y no simultaneidad. El electoralismo permanente hace imposible la argumentación y el debate. Y cuando se sustituyen los debates por consignas estas se convierten en pedradas, en un baile de intercambio de cuchillas".

A principios de los 80, cuenta Alba Rico que un día que estaba en Cuenca comiendo con Ana, que sigue siendo su pareja, el dueño del mesón de pronto dio tres fuertes golpes en la mesa porque estaban a punto de besarse. Y les señaló un cartel, colgado junto a un retrato de Franco, que advertía: "Prohibidas las manifestaciones amorosas". "Ese cartel es impensable hoy", recuerda. Y para quienes por entonces crecíamos viendo a los transgresores electroduendes en la tele todavía cuesta creer que ambas cosas coexistieran a la vez.

"El malestar radica en el choque de esta nueva España con una vieja política que no ha sabido estar a la altura"

¿Y no es para estar orgullosos de lo mucho que hemos avanzado estos 40 años? "Es una maravilla", afirma con contundencia. "Los cambios han generado españoles muy distintos. La diferencia entre hacer la 'mili' y hacer un Erasmus es evidente. Hemos mejorado mucho. La cuestión es si hemos mejorado lo suficiente. El malestar radica en el choque de esta nueva España con una vieja política que no ha sabido estar a la altura. Y el peligro es que de ese choque haya una vuelta atrás. Por eso mismo tengo mucho miedo de que mis hijos puedan vivir no ya situaciones que yo viví, sino que vivieron mis abuelos".

También Santiago Alba Rico ha cambiado. Ahora se reconoce como "menos sectario", y dice que eso le permite disfrutar más de los placeres de ser español, ya sea leyendo el Quijote o paseando por las Hoces del Duratón. Y concluye: "Dejemos de intentar la unidad, por favor. Necesitamos al menos dos Españas, pero no precisamente estas. No necesitamos la España de los melancólicos frente a la de los energúmenos. Y la peor manera de vencer a los energúmenos es complacerse en la melancolía. Necesitamos varias Españas y no tienen por qué estar consensuadas. Si aspiramos a una democracia sólida que no excluya a nadie esta no consiste en estar todos de acuerdo, sino en poder discutir de todo sin acuchillarse".

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