Lo que le pasó a la farmacéutica de Olot en los noventa es peor de lo que recuerdas
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Crónica negra

Lo que le pasó a la farmacéutica de Olot en los noventa es peor de lo que recuerdas

Carles Porta reconstruye en un libro el mediático secuestro de 1992. Marcado por las tonterías de los secuestradores, las negligencias policiales y las conspiraciones barriobajeras

placeholder Foto: Maria Àngels Feliu, horas después de ser liberada. (EFE)
Maria Àngels Feliu, horas después de ser liberada. (EFE)

Sinopsis: cinco descerebrados —dos de ellos policías— secuestran a una mujer en un pueblo; de un modo tan chapucero que desconcierta a las fuerzas del orden, incapaces de resolver el caso. Ante la falta de explicaciones lógicas, brota la teoría conspiratoria del autosecuestro. Los secuestradores, mientras tanto, se pelean entre ellos… Podría ser la clásica película de los hermanos Coen sobre unos delincuentes cretinos, pero ocurrió en Olot en la España del 92: el secuestro de Maria Àngels Feliu Bassols, farmacéutica de 34 años, confinada 16 meses en el agujero del sótano de una casa a 30 kilómetros de Olot. En un agujero del tamaño de un armario.

El caso lo revisa ahora Carles Porta en ‘La farmacéutica’, que se publica mañana. Popular periodista de sucesos de TV3 y Catalunya Ràdio y autor de un libro de referencia del ‘true crimen’ (‘Tor, la montaña maldita’), Porta opta por la reconstrucción seca de un suceso tan sórdido como representativo del lodazal noventero, con su periodismo amarillo, sus conspiraciones, sus chapuzas policiales y judiciales y su asilvestramiento popular.

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Portada.

Los secuestradores

Cinco hombres que mezclaban sus trabajos con trapicheos de baja intensidad se vienen arriba y deciden secuestrar a una farmacéutica de familia adinerada. Dos de los secuestradores eran policías municipales de Olot: uno estaba enganchado a las drogas; el otro tenía deudas por vivir por encima de sus posibilidades. La idea era cobrar el rescate en pocos días y liberar a la farmacéutica. Pim pam. Un asunto sencillo. Pero lo que deberían haber sido cuatro días de secuestro... ¡acabaron siendo 492!

¿Por qué se enredó tanto? Por la incapacidad de los cabecillas para gestionar el rescate. Los teléfonos de la familia de la farmacéutica estaban pinchados, pasaban las semanas, las llamadas escaseaban y se mezclaban con las de falsos secuestradores sin escrúpulos. “No saben cómo hacer para cobrar el rescate. Es así de simple y de cruel: no saben cómo, por lo que se limitan a dejar que el tiempo transcurra”, resume Porta. Ni a los hermanos Coen más cínicos se les ocurriría algo así.

Foto: El pueblo de Tor (Jordi Domènech/Wikipedia)

Ejemplo del desaguisado: los secuestradores enviaron una grabación con la voz de la farmacéutica para demostrar que estaba viva, pero la policía dedujo que era falsa, porque olvidaron pedir rescate en la grabación. Como se cuenta en el libro, los secuestradores “no actuaban con sentido común, porque carecían de él”. La paradoja es que, cuanto más errores garrafales perpetraban, más lejos estaba la policía de resolver el caso.

Ante la falta de pistas claras y la extraña deriva del secuestro, la Guardia Civil investigó al entorno familiar de la víctima. Tres meses después del secuestro, unas manifestaciones desafortunadas del gobernador civil de Girona, Pere Navarro, abrieron la vía conspiratoria: “Del mismo modo que no puede decirse con seguridad que la mujer esté viva, tampoco puede decirse con total seguridad que no se haya marchado ni que detrás no haya alguna cuestión de la familia”.

"Mientras se consumía luchando por sobrevivir, en la superficie no dejaban de acumularse errores policiales y judiciales"

Las relaciones entre la familia de la farmacéutica y la Guardia Civil acabaron rotas por mutua desconfianza. Las relaciones entre los secuestradores también explotaron: los dos ‘cerebros’ del golpe dejaron de hablarse tras alargarse el secuestro. Todos a tortas... y la mujer en el agujero.

Y de pronto, 16 meses después, la desaparecida apareció de noche en una gasolinera. Uno de los secuestradores la dejó escapar por pena (y sin pagar rescate). Increíble, pero cierto. Pues bien: a mucha gente le sonó raro...

El peinado

No hay nada peor que pasar 492 días confinada en un agujero, pero la farmacéutica vivió situaciones rastreras tras el secuestro. Pocas horas después de ser liberada, Maria Àngels Feliu habló con los medios a la puerta de su casa. Media España la vio en la tele... y se fijó en su pelo (ver foto que encabeza este artículo): ¿por qué estaba tan bien peinada? ¿Había ido a la peluquería? No tenía pinta de haber estado secuestrada en condiciones inhumanas. La sombra de la sospecha. “Ella no lo sabe, pero lo más comentado es su peinado. A mucha gente le sorprende que esa mujer aparezca con un aspecto tan digno ante los medios después de haber pasado dieciséis meses secuestrada… A Maria Ángels la ven entera, firme, digna y bien peinada. Y esto les hace dudar. Ha terminado una pesadilla y ahora empezará otra”, cuenta el libro.

"No saben cómo hacer para cobrar el rescate. Es así de simple y de cruel: no saben cómo, por lo que se limitan a dejar que el tiempo transcurra"

Algunos la miraban raro por la calle. La farmacéutica fue acusada en la tele por policías, confidentes y sinvergüenzas de haber fingido su propio secuestro. "Varios medios dieron voz a personajes que aseguraban que el secuestro no había existido, que lo había organizado todo ella misma para cobrar el rescate, e hicieron circular mentiras sobre su vida, su familia y su sexualidad", escribe Porta.

Mientras tanto, las autoridades encarcelaron a dos comerciales mindundis por el secuestro; luego se supo que no tenían nada que ver (en efecto, la policía se cubrió de gloria en este caso).

Foto: Vecinos y pescadores de la zona se solidarizaron con el edil de IU asesinado en Llanes. (EFE)

Durante su secuestro, la farmacéutica escuchó en la radio que la policía la había dado por muerta. Que había sido enterrada en Albacete. Quizá Maria Ángels Feliu sobrevivió a todo por pura perplejidad y estoicismo.

“Mientras se consumía luchando por sobrevivir, en la superficie no dejaban de acumularse errores policiales y judiciales a los que se sumaba el comportamiento voraz de la mayoría de los medios de comunicación. Estaba sola en aquel agujero y, sin saberlo, afuera comenzaba a formarse una montaña en su contra. No era una conspiración, era una caso de negligencia colectiva”, zanja el libro.

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