Luis López Carrasco, el director del momento: "En 1992 ganó el capitalismo"
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Luis López Carrasco, el director del momento: "En 1992 ganó el capitalismo"

El cineasta murciano Luis López Carrasco estrena el documental más político y excitante de la temporada, 'El año del descubrimiento'

placeholder Foto: Luis López Carrasco durante la presentación de 'El futuro' en el Festival de Locarno. (Festival del film Locarno / Marco Abram)
Luis López Carrasco durante la presentación de 'El futuro' en el Festival de Locarno. (Festival del film Locarno / Marco Abram)

Todo el mundo ha soñado aquello de "cómo sería yo si..." a) fuese más alto, b) hubiese nacido en Dinamarca, c) no le hubiese dicho a él esta frase en este momento. Quizás sería más feliz, fantaseamos. O no. Quizás mi vida sería una agonía infinita. Lo que es innegable, es que sería diferente. Qué hubiese sido, ya no de España, sino de usted, querido lector, si durante aquella reconversión industrial de finales de los ochenta, el Gobierno de Felipe González no hubiese firmado la privatización de tantas industrias de capital público, o si los sindicatos no hubiesen salido a la calle, o si la televisión no nos hubiese dado la matraca con los Juegos Olímpicos de Barcelona '92 y nos hubiesen encandilado con un futuro esplendoroso de kilómetros de costa reconstruida a golpe de resort, de jacuzzis y mamachicho. Lo que sí sabe Luis López Carrasco (Murcia, 1981) es cómo somos ahora y cómo fuimos en 1992, año en el que instala su última película 'El año del descubrimiento', un documental que parte del incendio del Parlamento de la Región de Murcia el 3 de febrero de aquel año, durante una manifestación en contra del cierre de varias empresas cartageneras, para explicar las crisis económicas y laborales que ha sufrido Cartagena en las últimas décadas. Y, como Cartagena, el resto de España.

Foto: El Parlamento de Murcia ardió el 3 de febrero de 1992. (Begin Again)

Tras la selección en el Festival de Rotterdam, su estreno mundial en el Festival de Sevilla, premios en Tesalónica, Toulouse y Cinéma du Reel, 'El año del descubrimiento' ha llegado este fin de semana a las salas en un estreno reducido, pero que aspira a ampliarse en las próximas semanas. López Carrasco, que ya sorprendió en 2013 con 'El futuro', una película tan vanguardista como combativa, vuelve siete años después con un film tremendamente comprometido y político, en el que reflexiona sobre la importancia del trabajo (o la falta de él) en la vida de las personas, sobre la pérdida de derechos, de sueños, de aspiraciones, sobre la imposibilidad de imaginar un porvenir en el que los errores de quienes legislaron en el pasado no afecten a los ciudadanos del presente y del futuro.

PREGUNTA. En 'el año del descubrimiento' radiografías a la sociedad española desde la barra de un bar. ¿Por qué elegiste una tasca de barrio para contar nuestra historia?

RESPUESTA. estuve un par de años viajando a Cartagena. A menudo me quedaba en casa de mis tíos, que vivían en las afueras, pero entonces decidí quedarme en casa de mi prima y quise volver a habitar la ciudad, volver a pasearla, porque yo la había conocido de niño, pero desde el 88 no había vuelto. Mis recuerdos allí eran muy felices, pero descubrí que en realidad para muchas personas esta época había sido la más terrible de su vida [por el cierre de las principales industrias de la zona]. Eso me generaba una ambivalencia mental bastante fuerte. Y paseando por el Brrio del lago, que es céntrico, pero que tiene una zona muy deteriorada, me encontré con este bar que es un bar histórico que es del año 40. Es un bar que tiene estas características que para mí son interesantes de un bar de barrio: acoge a gente muy diversa, de distintas generaciones, de diferentes minorías, de diferentes trabajos y orígenes socioeconómicos. Allí había policías y camellos, había funcionarios y albañiles, había familias y adolescentes que se habían escapado de casa, había prostitutas, había de todo….

Y cuando entré a ese bar tuve la sensación de que la película estaba sucediendo a mi alrededor. También es un lugar donde a veces te sorprende la intimidad que puede llegar a expresar alguien con el camarero o con otro cliente. En Carabanchel, cuando yo bajaba a desayunar al bar de abajo, me di cuenta de que en el bar la gente hablaba de cosas que a lo mejor no se atrevía a expresar con amigos o en sus casas. Es una especia de confesionario laico, me dijo alguien el otro día. Además, el bar es un lugar al que se suele ir después de trabajar, puede que hasta con tus compañeros y compañeras a exteriorizar cómo te ha ido la jornada laboral. Por eso me parecía el lugar más adecuado para entrelazar todas las voces que aparecen en la película.

P. En la película aparecen algunos de los que protagonizaron las negociaciones del año 92 para impedir los cierres, pero también gente muy joven que apenas había nacido entonces. ¿Eran conscientes de aquellos hechos, o es algo que se ha silenciado y enterrado?

R. Si tus padres formaron parte del movimiento sindical o eran trabajadores de estas empresas, lo tienes presente. No me gustaría generalizar. Pero sí es verdad que muchos no conocían la labor de los sindicatos y la presión que ejercieron para conservar los sueldos. Depende mucho de la familia a la que pertenezca cada uno, o del barrio en el que se haya criado. Es algo que pasa con la reconversión industrial en general; la gente que lo recuerda es porque vivían en esos barrios o tenían familiares cercanos afectados. Otros lo recordarán como algo súper externo de unos trabajadores que siempre estaban protestando. Si uno tira de hemeroteca de los 80 y los 90 -o incluso en la actualidad- la prensa cumple con dar cuenta de lo que sucede. No es que se oculte, lo que pasa es que el tratamiento que se le da siempre, desde mi punto de vista, es un tratamiento muy externo. Yo, como murciano, ahora vuelvo a leer los periódicos y todos los días estaba hablando de lo que estaba sucediendo pero siempre como una foto de una muchedumbre en blanco y negro, una especie de amontonamiento de personas que están protestando por algo que, en el fondo, si uno se considera a sí mismo de clase media, piensa que no le atañe. Para mí había algo fundamental en la película, que era convertir esa imagen en blanco y negro, esa fotografía bidimensional, esa muchedumbre anónima, en gente con nombre y apellidos. Es decir, que cada cada rostro que sale ahí, de repente adquiera tridimensionalidad y escuches en primera persona lo que significa vivir una crisis.

placeholder Un momento de las revueltas de 'El año del descubrimiento'. (Begin Again)
Un momento de las revueltas de 'El año del descubrimiento'. (Begin Again)

P. ¿Los medios, entregados a la inmediatez y la actualidad, no fueron capaces de analizar lo que supuso esa reconversión industrial?

R. Yo muchas veces cuando leo sobre algún acontecimiento que sacude la opinión pública y los medios, me doy cuenta de que hay un tratamiento del debate muy superficial y, al final, no se trata nada de lo que es realmente importante. La reconversión industrial ocuparía en su momento minutos y minutos de televisión y de páginas de periódicos pero no había un análisis profundo de los cambios que suponía y, a quienes criticaban los acuerdos, se les marcaba como nostálgicos que se oponían al progreso. Nunca hubo un debate con respecto a la privatización, ni hasta qué punto fue una cosa apresurada y chapucera, muchas veces empleada para especular o para hacer negocio. Era un debate de pasado frente a futuro. Lo que pasó es que nos convertirnos en una sociedad muy dependiente, muy frágil y muy metida en unos procesos que pinchan con la burbuja inmobiliaria de 2008, que fue la que nos devolvió a la realidad.

P. ¿Y qué papel tuvo Europa en estas negociaciones? ¿Aprovecharon su posición de superioridad para obligar a España a malvender, a acordar un nuevo mercado laboral que desfavorecía a los trabajadores?

R. El papel que tuvo Europa en la reconversión industrial española es algo que no te sabría decir. Seguro que hay gente más lista que yo, especialistas en Historia económica o Sociología del trabajo que tienen una opinión más formada. Yo no he encontrado los textos en los que Europa exige una reconversión a España para entrar en Europa. Se dice, se rumorea, que Francia y Alemania no querían la competidores, pero esto es algo que han dicho diferentes autores pero es una teoría que no puedo hacer como propia. La realidad es que el diseño del modelo económico español que tenemos en la actualidad procede de esos años es un modelo económico que nos coloca en el sector servicios y el sector turístico. No creo que se pueda responsabilizar a Europa de todo. Creo que hubo bastantes fondos que se invirtieron en la construcción de autovías y hospitales, pero que luego se gestionaban por parte de las comunidades autónomas. Tampoco se puede responsabilizar de todo a Europa, como si nosotros fuésemos adolescente que no sabemos funcionar. Pero uno piensa que las presiones debieron de ser muy fuertes, porque para que el Partido Socialista legislase en contra de sus propios votantes. Que se ponga la soga al cuello él sólo… parece dejar entrever que hubo presiones para desmantelar el tejido industrial español. El problema no es que se desmantelara, es que se podía haber reconstruido de buena manera, pero lo que se hizo fue malvenderlo y dilapidarlo.

P. ¿Por qué, si se negoció una moneda común, no se negoció un Estatuto de los Trabajadores común? ¿Por qué, en un mercado común, no se unificaron los derechos y deberes de los trabajadores?

R. Éste fue el caballo de batalla de Izquierda Unida en aquel momento y en la película, Cayetano Jaime Moltó, que era uno de los miembros del comité de empresa de Bazán y luego fue coordinador general de Izquierda Unida en España insiste mucho en ese aspecto: “Teníamos que adoptar una moneda única, pero no una indemnización por despido única o unas condiciones laborales iguales”. Se diseña de tal modo que los componentes macroeconómicos o los componentes que implican intercambio de mercancías pasan por encima de la igualdad laboral y salarial. Imagínate la Europa del Este. Imagínate todos los países del Telón de Acero. Lo de España, Grecia, Portugal, Italia e Irlanda no se puede comparar con los países del Este, que estaban acostrumbrados a tener todos los servicios y suministros pagados por el Estado. Pero creo que hay un descontento generalizado porque el neoliberalismo ha destruido el Estado del bienestar. ¿Por qué no se hizo bien? Probablemente porque los partidos de izquierdas no tenían vigor entonces, en los 80, mientras que el neoliberalismo iba a toda pastilla. En 1992 ganó el capitalismo. En ‘El año del descubrimiento’ se dice claramente: te guste más o menos el comunismo, éste era un contrapeso que beneficiaba a los trabajadores occidentales. Esos consensos de la posguerra que construyen el Estado del bienestar, una vez que cae la Unión Soviética, parece que hay barra libre para desregular lo que sea, sin que eso genere una riqueza real. La financiarización de la economía es lo que nos lleva a los procesos especulativos que pinchan en 2008.

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'El año del descubrimiento'.

P. ¿Hemos olvidado las luchas colectivas en un entorno en el que prima la lucha individual, la meritocracia?

R. Hay condicionantes que a veces queremos esconder. La idea de la lucha de clases o la clase social se ha intentado desdibujar para que parezca que vivimos en una meritocracia, aunque ésta permita desigualdades de manera lógica, porque nadie parte de las mismas posibilidades. Se ha vendido la idea de que todos pertenecemos a la misma clase social y que buscamos un horizonte de igualdad. Pero eso no es real. Hay que decir que, aparte de la clase, existen otros condicionantes enormes que son los de género, etnia e incluso territorio. Es cierto que la película habla mucho más del mundo del trabajo, pero todos esos condicionantes están ahí, y hay que visibilizarlos. El marxismo, por un lado, y el feminismo, también, son perfectamente complementarios, pueden ir de la mano y tienen la labor fundamental de visibilizar privilegios. Cuando tú visibilizas los privilegios de alguien eres consciente de los que tú no tienes, y ese es el punto de partida para intentar cambiar un estado de desigualdad.

P. En el documental vemos como el exministro Josep Piqué o el empresario Javier de la Rosa estuvieron mezclados en la privatización de las empresas que luego acabaron con los empleados en la calle, antes de llegar a primera línea.

R. El tema de las puertas giratorias es tan viejo como el capitalismo en España. El Marqués de Salamanca o el propio Alfonso XIII tuvieron negocios privados. Siempre ha habido un entrelazamiento, casi promiscuo, entre aristocracia y alta burguesía y empresariado y Gobierno es algo que arrastramos desde el siglo XIX. Y parece que la plutocracia que nos gobierna ha conseguido infiltrarse en muchos gobiernos de turno. No quiero hacer un diagnóstico de brocha gorda, porque el PSOE no es igual que el PP, ni el PSOE nacional es igual que el PSOE autonómico ni el PSOE municipal. A esta película, aparte del ICAA, la única institución que ha apoyado ‘El año del descubrimiento’ ha sido el Ayuntamiento de Cartagena, gobernado en parte por el Partido Socialista, con el interés de la Concejalía de Cultura. A veces equiparamos cosas que no son las mismas.

Lo que sí que es verdad es que las grandes empresas energéticas y la banca están participadas por personas que fueron ministros o por familiares directos de ministros, es algo que sí nos debería escandalizar. Nos debería preocupar que las principales cabeceras nacionales sean propiedad de bancos y, si no hay pluralidad ni independencia en los medios de comunicación, la democracia no puede llamarse en democracia. Cuando el marido de una líder política tiene la inmobiliaria más grande de España o gestiona la empresa que está gestionando los hospitales que se han privatizado. De eso es de lo que hay que hablar. Eso es lo que debería centrar el debate público y no rollos impuestos por la agenda mediática. Sobre todo cuando no son cuestiones, ya sean materiales o civiles, que nos atañen en el día a día.

P. ¿Por qué los sindicatos han perdido tanto poder? ¿No se merecen la prensa que tienen?

R. Es una pregunta muy compleja que yo no he podido responder en la película. Nos corresponde a todos averiguar por qué los sindicatos tienen tan mala prensa. Supongo que las centrales sindicales deberían hacer autocrítica porque han estado más pendientes del asalariado estable que del asalariado precario. Creo que la idea de trabajador o trabajadora es en la actualidad muy complicada de definir, muy plural: no sólo es trabajador quien recibe un salario, sino también quien cuida a un dependiente o quien hace trabajo reproductivo en su casa. Y hay que admitir que la CEO y el ‘establishment’ han estado legislando contra los sindicatos y generándoles muy mala imagen. Desde el año 80, además, el Estatuto de los trabajadores se ha estado desmontando de manera constante. Sucesivas leyes y reformas laborales han hecho que hoy reine el miedo entre los trabajadores. Evidentemente, todas las precariedades que sufrimos hoy se sustentan en legislaciones concretas que se han aprobado o en falta de legislación que ha conformado una tierra de nadie en el que uno, a nivel individual, está desprotegido. Hemos estado viviendo una doctrina generalizada de los medios de comunicación y de diferentes productos culturales muy nihilista, muy derrotista, que se plantea siempre como “son todos unos corruptos y no hay nada que hacer”. En el momento en el que planteas que todos los políticos son corruptos, todos los sindicalistas son corruptos y que si yo fuera empresario haría exactamente lo mismo, estás abonando el terreno a la llegada de una nueva dictadura, porque haces antipolítica y niegas que de manera colectiva puedan arreglarse las cosas.

placeholder Uno de los jóvenes que aparecen en 'El año del descubrimiento'. (Begin Again)
Uno de los jóvenes que aparecen en 'El año del descubrimiento'. (Begin Again)

P. En 'El año del descubrimiento' presentas una Cartagena actual que sigue teniendo barrios periféricos peligrosos y sin servicios o infraestructuras, pero que vive del turismo. ¿Se ha ampliado la desigualdad entre barrios periféricos y los centros debido a esa dependencia del turismo?

R. Es un poco complicado, porque cada ciudad es distinta. Los barrios periféricos de Cartagena en los años 70 y 80 tenían unos problemas de suministro terroríficos. Como se explica en la película, la lucha vecinal consiguió que estuvieran asfaltados, que pusieran tuberías… Pero con la llegada de la democracia, es verdad que estos barrios siguieron estando en condiciones muy similares. No creo que hayan empeorado, sino que siguen igual: aislados, dependientes de la economía en B y del tráfico de drogas. Y son gente que no vota, porque no han percibido ni un solo cambio de las condiciones de vida o de las perspectivas de futuro con ningún cambio de Gobierno. Tampoco creo que vayan a votar a la ultraderecha, porque el abandono es crónico. Lo que sí ha sucedido, y creo que ha ampliado la desigualdad, es que el centro de Cartagena, que en los 90 estaba triturado, a partir de un plan del año 99, diseñado por los sindicatos, aprobado por el PSOE, pero que al final ejecuta el PP -que se pone la medalla de un plan que no había diseñado-, el centro de Cartagena se desarrolla, porque se abre el puerto a cruceros, entra un dinero que permite potenciar el patrimonio arquitectónico, el Teatro Romano, y fomenta el movimiento económico. El problema es que ese modelo de desarrollo está centrado exclusivamente en el turismo. Y agroalimentario alrededor. Pero eso es otro tema, porque el territorio del Campo de Cartagena ha destruido el Mar Menor. A veces el desarrollo turístico y agroalimentario implican una destrucción y un colapso ecológico, modelos que sólo sirven a una generación vista. Veremos cómo en el año 2040 toda esa zona estará achicharrada. Y eso también fomenta que, como en la película, esos jóvenes no reconozcan ya su ciudad y no vean otras posibilidades más allá de ser camareros, que es un trabajo perfectamente legítimo, pero como ciudad, tu voluntad no puede ser que la mayor parte de tu ciudad esté exclusivamente en un nivel laboral concreto. Aparte de la proliferación de procesos especulativos, como la compra de edificios por parte de los fondos buitre enfocada a vivienda turística, que, aunque implique cierto desarrollo económico, a la larga implica una degradación de las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad.

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