Entrevista

Lorenzo Silva: "Los guardias civiles ya no le parecen a la gente esbirros decimonónicos"

Regresan Bevilacqua y Chamorro con 'El mal de Corcira', una novela policiaca en la que la acción se sitúa en el entorno de ETA y los años duros de la banda

Foto: El escritor Lorenzo Silva
El escritor Lorenzo Silva

No hay tourné este año debido al covid-19. Lorenzo Silva ofrece las entrevistas por teléfono desde su casa. Como está ocurriendo con todos los escritores en esta abrumadora vuelta al cole de los libros. Quizá para septiembre cambien algunas cosas. "A ver qué pasa. Yo celebro un festival de novela negra y tengo plan a, plan b, c y plan socorro. Cosa presenciales, pero también cosas no presenciales y con posibilidad de que las presenciales pasen a no presenciales y hasta el grado máximo de confinamiento", asegura. Se refiere al Getafe Negro que cada año se celebra hacia el mes de octubre.

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Pero, de momento, su nuevo libro, 'El mal de Corcira' (Destino), con el que vuelven los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, ya está en las librerías que no han tenido que echar el cierre. La nueva aventura sitúa por primera vez la acción en el País Vasco en el entorno de ETA, y también hay varios flashbacks a los años duros de la banda armada. Era una deuda que el escritor tenía desde la primera historia, publicada en 1998. Ahora, nueve años después del final de ETA, era el momento.

'El mal de corcira'
'El mal de corcira'

PREGUNTA: La novela se inicia con un crimen en una isla, Formentera. No es la primera vez que Bevilacqua tiene que resolver un asesinato sucedido en una isla. ¿Qué tienen para usted estos lugares?

RESPUESTA: Al final son microcosmos. No son como en el siglo XIX, pero el espacio de una isla es un espacio confinado. Y eso al final construye una visión del mundo y un caracter especial. Y un crimen en una isla tiene un cariz especial y la investigación también. Además, son lugares en los que hay que entrar y salir y las vías de entrada y salida en principio son limitadas y están controladas, pero a la vez también son ilimitadas y están descontroladas. Entrar regularmente en una isla es estar sometido a mucho control; pero entrar de otra manera es muy fácil. Todo ello aporta al argumento de una ficción criminal una serie de ingredientes que son muy útiles.

P: Después de Formentera enseguida nos trasladamos a Guipúzcoa, que es lo que le interesa. Y a los años duros de ETA. ¿Ya tocaba abordar una historia con la banda armada?

R: La deuda está ahí desde la primera novela porque en ella Bevilacqua menciona que ha estado en el norte y te das cuenta de que eso le ha impreso carácter. La lucha contra ETA ha sido la gran escuela de la investigación criminal en España. ETA era una organización criminal sofisticada y difícil de desmantelar, sobre todo porque tenía un apoyo social nada desdeñable. En sucesivos libros iba dando más pistas. Pero he tardado 20 años porque aunque ETA cesó en su actividad en el año 2011, esperó hasta 2017 para entregar las armas y hasta 2018 para disolverse. Y solo lo hizo después de que se detuviera en 2016 a su último jefe, Irastorza, y ya vieron que era absolutamente inviable. Aparte de que he preferido escribir la novela con ETA disuelta porque eso te da una mínima distancia y una libertad mayor, también he necesitado todo este tiempo para conocer a fondo la historia, poder acceder a fuentes de primera mano que hablaran conmigo. Yo hace 15 años ya les preguntaba por ETA a mis amigos guardias civiles, pero me contaban muy poco y alguno nada.

P: ¿Qué cambia escribir sobre ETA cuando han pasado nueve años de su desaparición?

R: Yo creo que se tiene una perspectiva. ETA era una organización criminal que basaba su actividad en el amendrentamiento, que también provoca una conmoción. Había gente que se veía amedrentada y otra que decidió no dejarse amedrentar, pero en cualquier caso era una conmoción. Y bajo ese efecto hay ciertas cosas que no se pueden ver con la suficiente frialdad. Yo no pretendo que mi novela sea objetiva. Mi novela está hecha de testimonios subjetivos. He hablado tanto de guardias civiles como con gente que ha formado parte de ETA y que a día de hoy la sigue legitimando. Está por ejemplo la madre de un etarra que ha tenido que visitarle en prisión muchas veces recorriendo muchos kilómetros y da su punto de vista, que es muy diferente al del guardia civil que ha visto morir a sus compañeros. Por tanto la novela reúne un cúmulo de subjetividades y a partir de ahí intento ser un poco más equilibrado y ecuánime.

No pretendo que mi novela sea objetiva. He hablado tanto con guardias civiles como con gente que ha formado parte de ETA y que a día de hoy la sigue legitimando

P: ¿Qué memoria cree que tenemos hoy de ETA? O más bien qué memorias, porque es obvio que no hay una común. ¿Por eso es dificil generar un consenso de todo aquello?

R: Es difícil y probablemente imposible, pero eso hace atractivo el esfuerzo de narrar. Siempre y cuando no pretendas venir con la versión auténtica y definitiva de la cosa, que seguramente no se tendrá hasta dentro de cien años. Es una empresa inasequible a cualquiera de los que estamos vivos ahora. Se trata de poner sobre la mesa materiales de memoria, testimonio y narración que sean valiosos para que ese ejercicio lo haga alguien en el futuro. Yo creo que la literatura debe contribuir a esto con decisión y con riesgo, pero ahí está la gracia.

P: Se dice muchas veces: la literatura permite sondear caminos a los que no llega el periodismo.

R: No se puede. Con un reportaje hay un momento en el que tienes que levantar el pie por muchas razones. En muchas ocasiones por no hacerle daño innecesariamente a alguien. Es una cosa que hay a quien no le preocupa pero a mí sí. Pero en una ficción… Cuando tú introduces el filtro de la invención y los personajes, aunque estén inspirados en hechos reales y personas reales son personajes que tienen una entidad ficticia y ahí puedes bajar al fondo de la mina, que al final es lo que interesa.

Con un reportaje hay un momento en el que tienes que levantar el pie por muchas razones. En muchas ocasiones por no hacerle daño innecesariamente a alguien. Con la ficción puedes bajar a la mina

P: El libro se titula 'El mal de Corcira' inspirado en la guerra civil que hubo en Corcira entre los griegos durante la Guerra del Peloponeso. De hecho, el historiador Tucídices es bastante importante en la novela, en el conflicto vasco y en la actualidad.

R: En la Guerra del Peloponeso Tucídices hace una radiografía de la primera guerra civil entre los griegos que fue la guerra de Corcira en lo que hoy es Corfú hace unos 2.400 años. Tucídices era un ateniense, pero sabe hablar de la guerra entre Atenas y Esparta con un cierto distanciamiento de su propia polis y una cierta comprensión con respecto a los espartanos. El relato de Tucídices sobre cómo se desató el enfrentamiento entre conciudadanos es estremecedor, porque describe con pelos y señales los efectos, no solo del conflicto que desencadenó ETA en la sociedad vasca y española, sino también otros anteriores y postriores. Cuando habla de cómo se adultera el lenguaje, de cómo los airados tienen prestigio y a los que intentan templar se les desprecia… Todo eso no solo está en el conflicto vasco sino también en los preliminares de la Guerra Civil, está incluso en la dinámica más áspera del Procés… En todos esos fenómenos de adulteración de la realidad por la parte más airada de una sociedad para fomentar el conflicto. Es terrible que sea una constante en las sociedades humanas. Y te lo dice alguien de hace 2.400 años.

P: Hoy estamos en una polarización tremenda, que ya venía de antes, pero que se ha extremado con otro asunto difícil como es esta pandemia.

R: Sí, otra vez. Hay un discípuclo de Tucídices, que era el historiador bizantino Procopio de Cesarea, que habla también de las divisiones civiles en Bizancio y él habla de una pandemia, de la peste de Bizancio en el año 542. Y él dice que en medio del espanto y el miedo a morir pareció que la gente olvidaba sus rivalidades. Pero tan pronto como se perdió el miedo a la enfermedad volvieron las divisiones con más fuerza que antes.

P: Esta vez apenas hemos tenido momentos de solidaridad... Ha durado poco.

R: Muy al principio. Muy poco, sí.

Tucídides habla de cómo se adultera el lenguaje, de cómo los airados tienen prestigio y a los que intentan templar se les desprecia

P: Por cierto, ya lleva 20 años con Bevilacqua y Chamorro…

R: Pues doce libros ya. Tienen ya mil páginas más que 'En busca del tiempo perdido'. Cuando lo conté me quedé asustado. Tres mil y pico páginas.

P: ¿Cómo cree que ve la sociedad hoy a la Guardia Civil?

R: Cuando empecé a escribir estas novelas la gente no veía en absoluto a los guardias civiles como investigadores criminales. Los veía como una especie de esbirros decimonónicos. Ni siquiera sabían que investigaban crímenes ni con el nivel que lo hacían. Eso ha cambiado radicalmente. La UCO ya existía, pero nadie la conocía. ¿Ahora quién no conoce la UCO? Luego hay quien sigue teniendo sus prejuicios o sus ideas preconcebidas en contra de los guardias civiles, pero bastante menos de las que había antes. El otro día el abogado de Forn, Javier Melero, que los tiene como rivales, escribió un artículo en 'La Vanguardia' alabando la capacidad profesional de los guardias civiles. Entonces parece que hasta los que los tienen enfrente no es tan rápida la descalificación y menosprecio. Se les consideraba gente de campo, ceporra, pero ahora ya se sabe que no es así.

P: En general, la visión de las fuerzas de seguridad ha cambiado mucho en estas décadas. De hecho, España es un país en el que, por lo general, a no ser que seas el malo de la película, no se siente temor a que aparezca la policía. En otros sitios no ocurre lo mismo. Por ejemplo, en EEUU.

R: Es que cuando alguien dice: “¡esto es una mierda!” una amiga siempre hace una pregunta que me parece muy pertinente: “¿Comparado con qué?”. Entonces si dices, “¡la policía de España es una mierda!”, pues... ¿comparada con cuál? Yo le pondría en una identificación de la Guardia Nacional Bolivariana, que yo la he sufrido. O una identificación de la policía local norteamericana, que también la he sufrido con un policía nervioso. A ver, el mundo es muy grande y tiene cosas muy complicadas.

Tengo la sensación de que esto es un solo libro y quiero que se cierre bien, con coherencia y dignidad. Quiero darle a mis criaturas el derecho a la muerte literaria digna

P: ¿Y qué va a pasar con Bevilacqua y Chamorro?

R: Tienen 54 y 43 años en esta novela. De aqui a la jubilación da tiempo a que los murciélagos nos pasen media docena de coronavirus más, así que no sé muy bien lo que va a pasar ni con ellos ni contigo ni conmigo. Pero al margen de imponderables tengo más o menos tres novelas en la cabeza de tres historias que quiero contar con ellos y que me permiten llegar al final de la vida profesional de Bevilacqua. Pero nunca he tenido un plan cerrado y me ha ido bien. Siempre he tenido historias en la cabeza que creo que tengo que contar. Esta era una, pero no sé cómo cerraré el arco. Tampoco tengo mucha prisa porque lo quiero hacer bien. Tengo la sensación de que esto es un solo libro y quiero que se cierre bien, con coherencia y dignidad. Quiero darle a mis criaturas el derecho a la muerte literaria digna.

P: Y además han sobrevivido a todo desde finales de los noventa. Desde que la novela negra apenas tenía predicamento a su boom en plena crisis económica…

R: Han vivido en las catacumbras, de hecho empezaron cuando la novela negra estaba en las catacumbas y han llegado al olimpo con la novela negra. Cuando aquí se produjo la gran explosión de la novela negra es quizá el momento en el que hay más tiempo entre novelas porque fue un momento que aproveché para repensarme los personajes. Yo estaba escribiendo antes de que llegara la moda y si puede ser quiero seguir haciéndolo después.

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