BIFURCACIONES: EL MUNDO TRAS EL CORONAVIRUS 4

Donald Sassoon: "La crisis coge a EEUU con un narcisista en el poder y a Europa, débil"

Es el momento de imaginar cómo será el planeta cuando la pandemia pase y, para ello, iniciamos una serie de entrevistas con los pensadores internacionales más importantes

Foto: El historiador Donald Sassoon.
El historiador Donald Sassoon.

Un anónimo orador que aseguraba ser portavoz de los "ciudadanos preocupados" se levantó aquella mañana en la iglesia de San Pier Scheraggio, en la actual Galería Uffizi, para denunciar la desvergüenza de las élites. Corría el año 1532 en la ciudad libre de Florencia y, según recogería más tarde el cronista, un tal Nicolás Maquiavelo, tras lamentar como se lleva haciendo en todo tiempo y lugar desde que tenemos noticia el deterioro de las normas mínimas de conducta —"los jóvenes son vagos y los viejos, lujuriosos"—, el denunciante cargó sin nombrarlas contra las grandes familias Ricci y Albiczzi que se disputaban el poder de la villa: "Lo más lamentable es ver cómo los líderes de las facciones glorifican sus viles propósitos con palabras llenas de piedad y aparente honestidad; constantemente hablan de ser libres, pero sus actos demuestran que son los mayores enemigos de la libertad". Florencia sufría entonces ese interregno lleno de peligros que llamamos crisis, cuando, en palabras de Gramsci, "lo viejo muere pero lo nuevo no acaba de nacer. Y ahí surgen una gran variedad de síntomas mórbidos". Y hace 500 años, como hoy, entre esos síntomas mórbidos se hallaban la desafección por las élites y la oportunidad que eso abría a populistas de toda condición.

'Síntomas mórbidos: anatomía de un mundo en crisis' (Crítica) es precisamente el título del nuevo libro del historiador Donald Sassoon (1946) publicado en nuestro país justo antes de que la epidemia del coronavirus se abatiera sobre el planeta, pero cuyo poderoso análisis, lejos de haber quedado desactualizado es ahora todavía más pertinente. Porque lo que disecciona en su libro este catedrático emérito de la Queen Mary University de Londres, nacido en El Cairo de origen judío, educado en París, Milán, Inglaterra y Estados Unidos, doctorado con Hobsbawm y colaborador habitual de prestigiosos medios de comunicación internacionales, es precisamente la crisis de todo un sistema de poder y liderazgo a lo largo de la última década que la actual pandemia solo ha acelerado ya sin vuelta atrás. Su perspectiva tiene la serenidad de quien puede entretejer con sabiduría los hilos del pasado y los del futuro.

'Síntomas mórbidos' (Crítica).
'Síntomas mórbidos' (Crítica).

"La globalización será dañada por el coronavirus, pero no fatalmente", cree Sassoon. "La globalización ha estado ocurriendo durante siglos, con altibajos. Entre 1860 y 1914 aumentó enormemente con los EEUU superando a Gran Bretaña en la producción manufacturera, mientras que Francia y Gran Bretaña desarrollaron su imperio en una medida sin precedentes (mientras que España perdió el suyo). La globalización disminuyó en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y después de la gran pandemia de 1918-19 (la llamada injustamente 'gripe española') que mató entre 17 y 25 millones de personas; luego, después de 1945, la globalización avanzó con gran vigor alcanzando nuevas alturas en estos últimos treinta años, también gracias primero a Japón y, más recientemente, a China. Las consecuencias económicas de la pandemia actual serán sin duda enormes. Cuando la bolsa de valores de Nueva York colapsó en 1929, tomó cuatro años dejar a 12 millones de estadounidenses sin trabajo. ¡Pero solo han hecho falta unas pocas semanas para lograr que 16 millones de estadounidenses queden desempleados! Hoy los tres grandes centros económicos del mundo (Estados Unidos, China y la Eurozona) están estrechamente conectados y abarcan el mundo en América Latina, el resto de Europa, África y Asia, pero Europa está desunida y débil y Estados Unidos está perdiendo poder y cuenta un narcisista extraño y no muy inteligente al timón. Las crisis en curso los amenazan y amenazan con debilitar a China también".

¡Solo han hecho falta unas pocas semanas para lograr que 16 millones de estadounidenses queden desempleados!

Cuando Sassoon estudiaba primaria en París, en su libro de texto había una imagen del gran Vercingétorix, el héroe galo que desafió a Julio Cesar y pagó con su vida por ello. Cuando dos años después su familia se mudó a Milán, el joven Donald le preguntó a su nueva profesora por Vercingétorix: "Bueno, fue un bárbaro más de los muchos aplastados por las poderosas legiones romanas de César". Y concluye el autor: "Aquella fue la mejor lección de historia de mi vida. Desde entonces he desconfiado de los postulados nacionales, no porque quiera dar ejemplo de nada, sino por mi experiencia vital. Como judío nacido en Egipto, con pasaporte británico obtenido probablemente por motivos coloniales por mis predecesores, educado en Francia y, después, en Italia, el Reino Unido y Estados Unidos, me resultó más fácil que a la mayoría no caer víctima de las mitologías nacionales, incluidas las judías".

¿Y no teme este viejo y saludable apátrida el temible regreso de las patrias en medio del caos pandémico? "Es cierto que el nacionalismo venía creciendo desde mucho antes. Los partidos populistas se han fortalecido en todas partes, mientras que los partidos conservadores se volvían a su vez más nacionalistas. El euroescepticismo también ha ido en aumento. En Gran Bretaña obtuvo su mayor éxito con el Brexit. El europeísmo está cada vez más en desorden. La cooperación internacional está en su punto más bajo. Los llamados países 'avanzados' no lograron dar pasos serios hacia un acuerdo internacional sobre el cambio climático. El Protocolo de Kyoto de 1997 y los acuerdos climáticos de París de 2015 han seguido siendo solo papel mojado, probablemente porque, inevitablemente, se basaron en acuerdos voluntarios. Al final de una larga serie de conferencias (desde la COP1 en 1995 hasta la COP25 en Madrid) no estamos más cerca de un acuerdo internacional vinculante sobre el cambio climático. Por lo tanto, no es sorprendente que la reacción europea a la propagación del Covid-19 haya sido tan confusa".

¿Quién hubiera pensado que la policía le impediría tomar el sol en un parque público? Sin embargo, la mayoría de nosotros lo aceptamos

Ha vuelto, recrudecida, la tensión entre la necesidad de salvaguardar la salud de todos aplicando una racional pero parece que inevitable coacción para evitar contagios y muertes y su contraparte, la siempre necesaria vigilancia ante los posibles excesos del Estado y su afición a convertir en permanentes medidas anunciadas como temporales. "¿Quién hubiera pensado que la policía te impediría tomar el sol en un parque público?", exclama Sassoon. "Sin embargo, la mayoría de nosotros lo aceptamos porque creemos, correcta o incorrectamente, que estas medidas son de interés general. Por supuesto, tendremos que estar atentos y asegurarnos de que tales restricciones se eliminen tan pronto como termine el peligro. Pero en algunos lugares puede no ser tan fácil. En Polonia, por ejemplo, el partido Ley y Justicia está utilizando el coronavirus para consolidar aún más su poder. En Hungría, Viktor Orbán ya asumió el poder pleno".

PREGUNTA. Vivimos una situación paradójica. Por un lado, la ciencia nunca ha estado tan avanzada para ayudarnos en situaciones como esta. Por otro lado, nunca se han difundido tantos bulos y mentiras a través de la tecnología y las redes, pero también por prominentes políticos populistas. ¿Por qué?

RESPUESTA. La ciencia ha seguido avanzando, pero no pudo predecir la pandemia, ni podrá producir una vacuna lo suficientemente rápido. En estas circunstancias, no es sorprendente que se creen mitos y se difundan todo tipo de mentiras, particularmente porque ahora es posible difundir estas historias y teorías de conspiración tan fácilmente gracias a las redes sociales. El movimiento antivacunas estaba en pleno apogeo justo cuando el coronavirus estaba a punto de golpearnos. Tampoco es sorprendente que los políticos populistas exploten la situación y califiquen a los expertos de 'falsos'. Donald Trump ya había negado el calentamiento global y llamó a los migrantes mexicanos 'violadores'. La racionalidad siempre será la víctima de un momento de crisis.

La racionalidad siempre será la víctima de un momento de crisis

El verdadero problema era que los consejos de expertos y científicos en Europa, especialmente en el Reino Unido, no eran lo suficientemente radicales, en parte porque algunos de ellos temían que no se siguiera ningún consejo radical hasta que la situación se volviera claramente peligrosa. Deberían haber aprendido de China que, marcada por su experiencia de la epidemia de SARS de 2003 (cuando actuó demasiado tarde), una vez que admitió, nuevamente un poco tarde, que había surgido un nuevo virus, fue mucho más que lavarse las manos y no toser en la cara de las personas, pero en cuarentena ciudades enteras. Los científicos y los políticos no querían enemistarse y asustar a la gente. Esperaban que el virus fuera leve. Estaban equivocados.

P. ¿Es el momento de abrir paso al tantas veces anunciado dominio de China como nueva superpotencia mundial? ¿Cómo cree que va a reconfigurarse el orden mundial?

R. China ha estado creciendo rápidamente desde la década de 1980. Pronto puede superar a los Estados Unidos. Sin embargo, tener una gran economía no significa que uno 'domine' el mundo. No es inevitable que un país y un solo país 'gobiernen el mundo'. De hecho, nadie "gobernó el mundo'' y los poderes hegemónicos eran hegemónicos, a lo sumo, dentro de una región determinada (la Macedonia de Alejandro, la Roma Antigua, la China Imperial, el Imperio Mongol de Genghis Khan, etc.). En cualquier caso, el mundo puede funcionar igual de bien (o igual de mal) sin un 'hegemón'. Estados Unidos no era un 'hegemón' antes de la Segunda Guerra Mundial, e incluso después de 1945, aunque ciertamente era la superpotencia principal, no podía hacer lo que quisiera. No pudo evitar la revolución comunista en China; no pudo detener la división de Corea. Perdió en Vietnam. No pudo proteger a uno de sus principales aliados en el Medio Oriente, el sah de Irán, de ser expulsado por los seguidores del ayatolá Jomeini.

La patética respuesta de la UE al Covid-19 simplemente confirma su completa incapacidad de responder con una voz común

Estados Unidos domina la cultura popular: películas, programas de televisión, 'software' (Microsoft), y ha inventado las redes sociales (Facebook y Twitter). Pero eso no significa que domine el mundo. En cuanto a la UE, su respuesta patética al Covid-19 simplemente confirma su completa incapacidad de responder con una voz común, ya vista durante la crisis migratoria y las crisis financieras del pasado. Mientras tanto, en China estamos presenciando un nuevo patriotismo gracias a la aparente victoria de los chinos contra el virus, mientras que los países europeos y los EEUU parecen estar sufriendo mucho más.

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