historia

Ritos masónicos, charlatanes y antisemitismo: así nació el partido nazi

El 24 de febrero de 1920 un tal Hitler presentó en una cervecería de Múnich el programa de un nuevo movimiento en 25 puntos. ¿Su nombre? Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán

Foto: Adolf Hitler junto a miembros del recién creado partido nazi en 1920.
Adolf Hitler junto a miembros del recién creado partido nazi en 1920.

“El ingreso de un miembro se realizaba siguiendo un absurdo ritual: un formulario preguntaba acerca del vello de las distintas partes del cuerpo, exigiéndose además en hoja aparte la huella del pie como prueba del origen ario. La organización y la terminología recordaban a los masones, sólo que el sentido y los fines de la ‘logia germana’ eran exactamente opuestos. Como en muchos otros grupos de esta índole se utilizaban símbolos: en este caso runas germánicas y cruces gamadas”. Las normas que describe Karl Dietrich Bracher -‘La dictadura alemana’ (Alianza)- corresponden a la Sociedad Thule, una especie de logia germánica arraigada en Baviera a principios del siglo XX y que ya en 1918 contaba con unos 1.500 miembros. El número no era lo importante: la ligazón fundamental de todo el movimiento era el exacerbado antisemitismo, la exaltación de la supuesta raza aria, los mitos germanos y el nacionalismo.

Terminada la Primera Guerra Mundial, fue declarada ilegal y pasó a denominarse en la clandestinidad ‘Grupo de Estudios de la Antigüedad Germánica’. Lo más probable es que la mayoría de los nombres relevantes de esa sociedad sean desconocidos para el gran público a excepción del último: Karl Harrer, Anton Drexler, Gottfried Feder, Hans Frank, Dietrich Eckart y Alfred Rosenberg. ¿Por qué son relevantes? Harrer, un periodista deportivo y Drexler, un cerrajero de la factoría de ferrocarriles de Múnich, habían fundado, en enero de 1919, junto a otros escasos 25 miembros, el Partido Obrero Alemán -DAP-. El resto formaba parte de él, incluyendo a Rosenberg, quién posteriormente sería uno de los mayores teóricos de la Solución Final del Tercer Reich.

Adolf Hitler, sentado a la izquierda, durante la Primera Guerra Mundial.
Adolf Hitler, sentado a la izquierda, durante la Primera Guerra Mundial.

Como buen producto 'kitsch', la sociedad tenía hasta su propio medio de difusión el ‘El observador de Munich’, un periódico encargado de difundir las ideas rimbombantes y agresivas del grupo en la sociedad, pero carecía de órgano político hasta la creación del Partido Obrero Alemán. Si echan de menos el término ‘nacionalsocialista’ es porque aún faltaban unos meses para que llegara Adolf Hitler.

El acicate de la derrota

Mientras, el minúsculo partido estaba ya sustentado fundamentalmente en el nacionalismo pan germanista y el antisemitismo puro y duro, además de una mezcla de toda clase de ataques contra las democracias liberales, los órganos financieros y por supuesto el marxismo. A diferencia de la Sociedad Thule, que no dejaba de ser una organización de carácter elitista y teórico-racista -muy en consonancia con las ideas posteriores de Rosenberg- y de la que la gran mayoría formaba parte, el nuevo partido se estableció con la voluntad de integrar a un público más amplio, algo que no estaban consiguiendo.

El contexto sin embargo no podía ser más favorable para la aparición de repentinos grupúsculos políticos de toda índole: la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y el desmoronamiento del II Reich del Kaiser Guillermo II, habían precipitado primero una revolución y después una rápida transformación parlamentaria que se cristalizó en la constitución de la República de Weimar (1919). El nuevo sistema que había de regir los destinos de Alemania tras la capitulación de la guerra, carecía de referentes previos: el país apenas tenía tradición democrática, más bien al contrario: el autoritarismo en todas las capas de la sociedad, había sido la tónica predominante. De hecho, una de las primeras consecuencias de la transformación política se dio en el que fuera uno de los instrumentos claves del viejo orden germano: el ejército.

A. Hitler: "Recibí de mi superior la orden de investigar el funcionamiento de una organización de apariencia política: el Partido Obrero Alemán"

La casualidad se vistió de ironía cuando una bientencionada norma de la República de Weimar para integrar al seno del ejército en la política y la ciudadanía, con el objeto de alejarlos de las soluciones autoritarias, fue lo que propulsó a la larga la dictadura. No ocurrió en el alto estamento, sino entre sus rangos más bajos. Concretamente en el cabo Adolf Hitler, que fue conminado en sus labores aún sometido ala disciplina del regimiento, a presentar informes sobre un partido de la localidad de Baviera. Efectivamente: el Partido Obrero Alemán.

El primer carnet de Adolf Hitler del Partido Obrero Alemán.
El primer carnet de Adolf Hitler del Partido Obrero Alemán.

En realidad, según sus biógrafos y a pesar de que Hitler no haría mención alguna de ello en su obra 'Mi lucha', ya estaba en contacto con la Sociedad Thule y era lector de 'El observador de Múnich', aunque por pura cuestión táctica acabaría tildando a lo que fuera la génesis del partido nazi de "predicadores vagabundos". Hitler, además de haber sido influenciado por la Sociedad Thule, había asistido incluso a algunas charlas de Gottfried Feder. Sin embargo, fue en una de las asambleas semanales del Partido Obrero Alemán, a la que le destinaron asistir sus superiores, el 12 de septiembre en la cervecería Sterneckrbraü, cuando encontró sentido al vago proyecto político que ya tenía en mente, según constató él mismo en las memorias de la gestación del nazismo, 'Mi lucha'.

"Cierto día recibí de mi superior la orden de investigar la realidad en el funcionamiento de una organización de apariencia política que, bajo el nombre Partido Obrero Alemán, tenía el propósito de celebrar una asamblea en los próximos días y en la cual hablaría también Gottfried Feder. Se me dijo que yo debía constituirme allí para después dar un informe acerca de la organización" -Adolf Hitler, 'Mi lucha'-. Cuatro años después de aquella "misión", Hitler rememoraba en voz alta el episodio en la prisión de Landsberg, tras el Putsch de Múnich de 1923, en donde su secretario, Rudolp Hess, tecleaba a máquina las memorias del ya Führer del nacionalsocialismo: "Más que explicable era la curiosidad que en el ejército se sentía entonces por todo lo relacionado con los partidos políticos. La revolución le había concedido al soldado el derecho a actuar en política".

Desde el mismo inicio en la cervecería de Munich, tanto Hitler como el resto de asistentes fueron conscientes de su habilidad en la oratoria

Según Hitler ese primer contacto fue esencial: "Cuando Feder concluyó su conferencia en la asamblea yo ya había observado bastante y me disponía a marcharme, más en esto me indujo a quedar todavía el anuncio de que habría tribuna libre. Al principio la discusión parecía sin importancia, hasta que de pronto un profesor tomó la palabra para criticar el fundamento de la tesis de Feder y acabar recomendando al partido la lucha de Baviera para su separación de Prusia (...) No pude menos que tomar la palabra para dejarle oír al "sesudo" profesor mi opinión sobre este punto".

Los forjadores de Hitler

Desde el mismo inicio en la cervecería de Munich, el espacio natural de su despegue político, tanto Hitler como el resto de asistentes a aquellas asambleas fueron conscientes de su particular habilidad en la oratoria: no para expresar ideas profundas y articuladas, pero sí como herramienta de una propaganda certera y entusiasta. Sus incendiarios discursos no nacieron pues en Nüremberg. La cuestión es que al día siguiente de la asamblea, recibió en su casa una nota en la que se le anunciaba haber sido admitido en el Partido Obrero Alemán y en la que se le instaba a asistir, el miércoles siguiente, a la reunión del comité del partido.

Desde los comienzos, el partido primigenio tenía un marcado carácter nacionalista y antisemita, en ese aspecto Hitler no inventó nada, más bien se dejó influenciar además de los teóricos de Thule, como Rosenberg, por las personalidades del comienzo: Ernst Röhm y Dietrich Eckart, este último la única persona a la que Hitler mencionó en los agradecimientos de 'Mi Lucha', algo significativo dado su carácter megalomano -Rudolph Hess, su ayudante, ni siquiera recibe una nota de agradecimiento-.

Adolf Hitler en un discurso en 1925.
Adolf Hitler en un discurso en 1925.

Eckart, un poeta frustado que murió joven a causa de su desmedido alcoholismo, influyó notablemente en el pensamiento de Hitler. Erich Röhm fundador de las SA -las camisas pardas-, fue su principal compañero de lucha en los primeros años, hasta el punto de ser una amenaza a su liderazgo, razón por la que sería eliminado, junto al resto de los cabecillas de su organización paramilitar en xxx durante la denominada 'Noche de los cuchillos largos'. En esencia, la mayor parte de la vaga ideología nazi, era un mejunje de frustraciones y lugares comunes que apenas resistirían un análisis crítico: la clave en parte de su éxito. El propio Hitler escribió que no había que dirigirse a la "intelectualidad" sino a la "masa": sus discursos triunfaron porque repetía una sarta de ideas simplistas que ya habían calado en la sociedad alemana.

Lo que es indudable es que en los pocos meses desde su ingreso, Hitler impregnó a la organización de una determinación y energía inéditas para el pequeño grupo. En sus propias memorias escribió que lo importante no era la cantidad de afiliados al partido, sino la intensidad de sus convicciones. Según Sven Felix Kellerhof, "Hitler rechazaba establecer coaliciones con otros grupos si el único fin que se perseguía con ello era el aumento estadístico ya que esos acuerdos exigían hacer concesiones" -'Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX', (Crítica)- . El fanatismo fue así una de sus primeras aportaciones al partido. La lucha por el liderazgo, aunque breve, fue la otra.

En febrero de 1920, poco después de su primer contacto con el partido, organiza el primer gran mitin, presenta los 25 puntos y cambia el nombre

Apenas unos meses después de su primer encuentro en la asamblea de la cervecería Sterneckrbraü, Hitler que ya se encontraba en la cúspide del partido como jefe de propaganda, cargo que le había concedido el fundador Drexler. El 4 de feberero de 1920, organiza casi por su cuenta y riesgo el primer gran mitín del partido para el día 24, el verdadero momento fundacional del partido y en el que se erige de facto como el nuevo líder de la organización.

"A principios del año 1920 induje a organizar el primer mitin. Hubo diferentes opiniones al respecto. Algunos dirigentes del partido consideraban que todavía era demasiado pronto y que las consecuencias serían fatales". Pese a todo, el 24 de febrero de 1920 tuvo lugar aquel mitín bajo la dirección de Adolf Hitler en el salón de celebraciones de la cervecería muniquesa Hofbräuhaus ante unos 2.000 espectadores. Allí se presentó el programa del nuevo movimiento, dividido en 25 puntos, así como el nuevo nombre de la formación: Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Fue un hito en el partido y el comienzo del movimiento hitleriano del que ahora se cumple un siglo. Según Karl Dietrich Bracher: "Un papel nada despreciable jugó aquí el hecho de que el fundador del partido Anton Drexler, teóricamente su jefe, siguió dedicándose de lleno a su oficio, muy a diferencia de Hitler, Drexler no podía dedicar a la dirección del partido ni a su perfeccionamiento de agitación pública el mismo tiempo que su incansable adversario, Hitler, quien licenciado de su vida militar y en su concición de político sin profesión, nada tenía que perder, solo que ganar".

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