entrevista

Philip Ball: "La idea de que nuestros genes nos definen es engañosa y peligrosa"

Es uno de los mejores divulgadores científicos actuales y tiene nuevo libro sobre cómo un óvulo fecundado se convierte en un ser humano: la respuesta es más asombrosa de lo que parece

Foto: Philip Ball
Philip Ball

¿Y si 'Frankenstein' hubiera sido sutilmente malinterpretado, también por Mary Shelley? Es lo que parece si comparamos las dos introducciones que escribió para el clásico, la de su primera edición anónima de 1818 y la publicada ya con la firma de su autora en 1831, tras el enorme éxito de la novela. Las numerosas referencias que en la segunda introducción mencionan los peligros de "jugar a ser Dios" -moraleja canónica del libro hasta hoy- están prácticamente ausentes en la primera. Es como si Shelley hubiera alineado años después su obra con la opinión general, a la manera en la que la sociedad la había entendido gracias en gran parte a las simplistas y muy populares adaptaciones escénicas. Defiende Philip Ball que "la idea de que 'Frankenstein' es el texto fundamental contra la arrogancia científica es, en gran medida, una visión del siglo XX. Esto no significa que 'entendiéramos mal' 'Frankenstein', o al menos, no simplemente eso. Significa más bien que necesitábamos una historia admonitoria para lidiar con nuestras confusiones y ansiedades sobre la vida y sobre cómo crearla y cambiarla".

'Cómo crear un ser humano' (Turner)
'Cómo crear un ser humano' (Turner)

El británico Philip Ball (1962) es uno de los mejores, y más prolíficos, divulgadores científicos de la actualidad. Químico en el University College de Londres, fue editor de Nature, colabora en New Scientist y ha firmado una decena de títulos que demuestran su curiosidad insaciable y ecléctica, desde una biografía del agua a la historia del color pasando por las veleidades nazis de grandes prohombres de la física cuántica (todos ellos publicados en nuestro país por Turner). Su último libro es 'Cómo crear un ser humano', traducido por Irene de la Torre, un fascinante recorrido por todo lo que ocurre desde que el espermatozoide y el óvulo se encuentran y que solemos resumir prosaicamente perdiéndonos así las maravillas de ciencia ficción que se suceden a continuación. También resume y discute los últimos avances científicos sobre las posibilidades reales de crear ser humanos en laboratorios o acerca de la inmortalidad. Y todo atravesado por una crítica tan implacable como irónica a las historias que los científicos cuentan sobre su tarea. Historias que pueden, como le ocurrió a 'Fankenstein', fijar injustamente explicaciones pueriles, limitadas o directamente falsas.

Le enviamos a Ball unas preguntas por correo electrónico una mañana... ¡y nos responde la misma tarde no precisamente con brevedad! "Seguro que al mismo tiempo ha escrito un par de artículos y tuiteado sin parar", nos dicen desde su editorial.

PREGUNTA. Tengo 42 años. ¿Lograré vivir eternamente (más o menos) gracias a la ingeniería biológica? ¿Podré al menos descargar mi conciencia en una máquina antes de morir? Y si yo no llego a tiempo... ¿lo conseguirán al menos mis hijas mellizas de tres años?

RESPUESTA. Lo siento, pero la respuesta en todos los casos es "no". Creo que la capacidad de desarrollar nuevos tejidos y órganos sí extenderá la vida humana. Entre las hechos más difíciles de superar se encuentran los debidos al cáncer y a las enfermedades neurodegenerativas, pero no hay impedimentos fundamentales que no puedan superarse. Por lo tanto, podría ser posible extender la vida humana significativamente más allá de sus límites actuales, tal vez hasta los 200 años, algo que no es absurdo imaginar. Pero si podemos hacer eso mientras conservamos una buena calidad de vida en la vejez es otra cuestión. Y algunos investigadores creen que puede haber aspectos del proceso de envejecimiento que son bastante fundamentales para nuestra biología y muy difíciles de evitar. En cualquier caso, dudo sinceramente que podamos extender la esperanza de vida indefinidamente tampoco para las vidas de sus hijas.

En cuanto a "descargar" su conciencia en algún tipo de dispositivo computacional... la verdad es que, a pesar de las afirmaciones que a veces se hacen sobre esto, no sé si entendemos bien lo que queremos decir. No existe una teoría científica de la conciencia, y en este momento estamos lejos de tener una. Y no hay absolutamente ninguna razón para creer que nuestra "conciencia" es algo que se puede traducir de manera obvia a bits en una computadora, o que se puede caracterizar completamente por alguna configuración de bits lógicos (unos y ceros). Decir esto no es afirmar que hay algo místico o "no físico" en la conciencia, es solo aceptar que no entendemos lo que es. ¡La idea de que "usted" desaparecerá de su cerebro y se despertará en una computadora es mística y poco científica!

Imagen de un feto humano (National Geographic)
Imagen de un feto humano (National Geographic)

P. Su libro ataca los relatos que los científicos se cuentan a sí mismos sobre lo que hacen como por ejemplo, el influyente sobre 'el gen egoísta'. Nuestra especie cuenta relatos, es inevitable, pero esos relatos a veces impiden la llegada de nuevas ideas. ¿Cuál cree que es el relato más nefasto ahora mismo en biología?

R. Interpretaré "nefasto" como "peligrosamente engañoso", y luego diría que es la idea de que nuestros genes son "la esencia de nosotros", lo que nos define como seres humanos. Este mensaje es impulsado por compañías comerciales de secuenciación del genoma como 23andMe, y también por algunos investigadores en genética: el reciente libro 'Blueprint' de Robert Plomin es un ejemplo. Es una visión muy imperfecta. El hecho de que nuestra composición genética influye en nuestra salud, en nuestra personalidad y rasgos cognitivos, es innegable. Pero sugerir que es lo único, o incluso lo principal, es mala ciencia y es peligroso. En el peor de los casos, puede llevarnos a descuidar cualquier consideración de los roles del medio ambiente en nuestras circunstancias y en nuestro futuro: puede convertirse en una receta para decir "bueno, de todos modos, no podemos cambiar nada". Está muy claro, por ejemplo, que el desarrollo del cerebro y los resultados conductuales no están predeterminados por nuestros genes y, por lo tanto, no son predecibles a partir de ellos de forma individual. Sin embargo, me temo que vamos a ver cada vez más sugerencias de que lo son: pruebas genéticas de IQ, por ejemplo, tal vez incluso para su uso en la concepción asistida (FIV). Esto es científico y éticamente incorrecto.

Mi libro se propone demostrar, entre otras cosas, que el desarrollo humano es un proceso complejo que implica mucha contingencia y oportunidad, aunque indudablemente está guiado por la genética.

El desarrollo del cerebro y los resultados conductuales no están predeterminados por nuestros genes

P. La sombra de la eugenesia planea sobre la biología. ¿Cómo podemos evitar que, en un mundo tan desigual como el nuestro, la posibilidad de crear bebes de diseño superinteligentes sea sólo accesible a los ricos y abra una brecha insalvable con el resto de la población?

R. No creo que veamos bebés de diseño superinteligentes. Eso se basa en la idea errónea sobre la genética que mencioné en la pregunta anterior. Mi mayor temor es que asistamos a equivocados intentos de diseñar tales cosas, por ejemplo, mediante la selección de embriones después de pruebas genéticas, o incluso a la edición de genes. Pero debido a que la inteligencia está (a) influenciada por muchos genes, cada uno de los cuales tiene una influencia insignificante por sí misma, y ​​(b) de todos modos no del todo bajo influencia genética (quizás alrededor del 50% heredable), es difícil ver cómo podríamos diseñar de manera confiable la inteligencia de un niño. De todos modos, la eugenesia es una preocupación real. Existen problemas difíciles que surgen de los esfuerzos para evitar enfermedades genéticas y disfunciones. Creo que, en general, es muy bueno que tengamos métodos como el diagnóstico genético previo a la implantación de embriones FIV para evitar algunas enfermedades genéticas raras pero desagradables, pero el asunto se vuelve muy complejo una vez que comenzamos a preguntarnos si tales métodos deberían usarse para enfermedades o discapacidades que no amenazan la vida. Entiendo la preocupación de las personas que viven con tales condiciones de que las vean como "indeseables" o que la investigación sobre su condición se marchite.

Y también es una preocupación genuina que algunas de estas tecnologías puedan estar disponibles solo para personas o países ricos. Ya ocurre, por supuesto, con las tecnologías médicas, pero la situación podría empeorar. Creo que necesitamos pautas y regulaciones internacionales claras que busquen un equilibrio entre los derechos de las personas a elegir los tratamientos, y lo que necesitamos para mantener sociedades saludables. Y esto necesariamente implicará compromisos.

No entendemos la conciencia pero eso no significa que sea una ilusión

P. Critica el protagonismo del gen y reivindica el de la célula. Somos solo una montaña de células y, en principio, de cada célula individual podría surgir otro como yo. ¿La unidad de la conciencia es sólo una ilusión y nada tiene sentido?

R. Como mencioné antes, simplemente no entendemos la conciencia, y una gran parte de lo que no entendemos es cómo surge como una experiencia unificada de muchos fenómenos cognitivos diferentes. Pero no le veo sentido a llamar a eso una "ilusión". Es lo que todos (casi) parecemos experimentar: ¿cómo puede ser una ilusión el dolor? Sí, somos una colección de células, y creo que esto representa una forma mucho mejor de pensar sobre nuestro ser físico que como una "colección de genes". El yo, me parece, es el resultado de un proceso que involucra genes, desarrollo y cognición, y está cambiando continuamente. Pero eso no quiere decir que sea un concepto sin sentido.

Pero sí, me parece fascinante y alucinante que cualquiera de nuestras células pueda (en principio, ¡no podemos hacer esto en la práctica todavía!) crecer como otro ser. Absolutamente no sería "otro yo", como tampoco lo son los gemelos idénticos. Habría seguido su propio camino de desarrollo, y no menos importante, su cerebro no estaría idénticamente conectado, por lo que ni siquiera sería una "copia exacta". Lo que demuestra otra vez por qué no es una buena práctica identificarnos con nuestro genoma.

P. "No nos sentimos a gusto en nuestra propia carne”, escribe. ¿Nos conduce eso a buscar en la biología una trascendencia, digamos, religiosa?

R. No estoy seguro. Para mí, las nociones y sentimientos de trascendencia se relacionan con lo que podemos crear en comunidad unos con otros, para algunos, eso se experimenta a través de la fe religiosa, pero para mí proviene del arte (¡especialmente de la música!). Creo que es un error buscar esas cosas en nuestro ser físico. Aquí hay una conexión con viejos debates sobre el materialismo y si poseemos algo así como un alma inmaterial: estos fueron temas explorados por Mary Shelley en 'Frankenstein'. No estoy seguro de por qué siempre nos hemos sentido incómodos en nuestra carne, pero creo que se deriva de la misma consideración: ¿cómo puede ser que estas cosas blandas y carnosas sean todo lo que somos? ¿Cómo, de esto, pueden surgir nuestros sentimientos de espiritualidad? Siento cada vez más que es incorrecto ubicar todas esas preguntas en el cerebro: somos la cognición y la conciencia encarnadas, y nuestros cuerpos constituyen un componente profundo de cómo experimentamos el mundo.

Las fantasías del transhumanismo están desconectadas de lo que realmente sabemos sobre el cuerpo humano

P. La semana pasada se anuncióla creación de una “maquina biológica”, un xenorobot. Precisamente, el transhumanismo promete que en unas pocas décadas los seres humanos se fusionarán con las máquinas, tal vez a tiempo de que Trump y Johnson no lo destruyan todo… ¿Esto es ciencia o religión?

R. Estoy en la afortunada posición de haber conocido de antemano ese trabajo después de haber visitado a los científicos involucrados el verano pasado. El verdadero mensaje de lo que están haciendo aún no se ha hecho evidente, pero estoy ya escribiendo la historia real. ¡Estén atentos! En mi libro me burlo suavemente de algunas de las fantasías del transhumanismo, que me parecen desconectadas de lo que realmente sabemos y estamos intentando hacer con el cuerpo humano. Creo que muchos de los sueños del transhumanismo en realidad se relacionan con impulsos más profundos y casi míticos: la inmortalidad, la trascendencia del sexo, etc. El transhumanismo es un interesante y revelador fenómeno sociológico, incluso si a veces tiene una relación muy tenue con lo que podría ser tecnológicamente posible.

De todos modos, sí creo que vamos a fusionarnos con las máquinas en un grado aún mayor del actual, y también que cada vez vamos a cohabitar más el mundo junto a las máquinas. No temo esa perspectiva en sí misma, aunque ya podemos observar nuevos peligros (en términos de cómo nos comportamos) que pueden surgir de nuestra interacción con las máquinas. Mi sospecha (eso es todo lo que puede ser) es que, dentro de 500 años, lo que significa ser "humano" (si todavía significa algo) será muy diferente. También espero ver algunos cambios profundos y tal vez impactantes a este respecto, incluso en los próximos 30 años, si tengo la suerte de vivir tanto tiempo, y si, como usted dice, nuestros terribles líderes políticos, o el cambio climático, no nos han borrado para entonces.

P. Si finalmente logramos crear cerebros en tarros… ¿por qué no los enchufamos al modo de Matrix y los dejamos ser felices en paraísos artificiales sin ocuparnos del resto?

R. Algunas personas sospechan que ya podríamos estar en Matrix, en el sentido, tal vez, de que podríamos ser seres "vivos" en las simulaciones de una computadora súper avanzada. No encuentro sus argumentos convincentes, pero en cualquier caso no me preocupa, no altera lo que pienso, siento y encuentro significativo, y si un super-ser decide terminar la simulación, ¡No lo sabremos! Me parece muy interesante que el "cerebro en un tarro" se haya convertido en un ícono en la filosofía (a los filósofos les encanta The Matrix). Como señalo en el libro, este es en realidad un viejo debate, que se remonta al menos hasta Descartes.

Pero es sorprendente para mí, y también éticamente desafiante, saber que este escenario se está convirtiendo en algo más que filosófico o de ciencia ficción. Como sabrá por mi libro, he tenido mi propio "mini-cerebro" cultivado de mis propias células en un plato. Era, estoy bastante seguro, no una entidad que tenía alguna conciencia o incluso experiencia, pero era más que una masa aleatoria de neuronas y tenía los inicios crudos de una estructura similar al cerebro. A medida que estos llamados organoides cerebrales se vuelven más complejos, es posible que necesitemos preguntar cómo pensar en ellos como entidades morales, y si realmente experimentan algo. Esta es una de las ilustraciones más sorprendentes del poder y la complejidad de las nuevas tecnologías que nos permiten transformar y controlar el destino de nuestras células.

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