Entrevista

Rosa María Sardà: "En Cataluña, el racismo sigue"

La actriz catalana publica su primer libro, 'Un incidente sin importancia', en el que recuerda a su abuelos, cómicos antes de la Guerra Civil, y cómo era la convivencia en Cataluña

Foto: La actriz Rosa María Sardà. (EFE)
La actriz Rosa María Sardà. (EFE)

A Rosa María Sardà (Barcelona, 1941) no le gusta mucho conceder entrevistas. De hecho, esta para El Confidencial es una de las contadas. No se considera tan interesante, dice, pese a tener un currículo jalonado por películas como ‘¿Por qué lo llaman amor cuando quiere decir sexo?’, con la que ganó su primer Goya —tiene otro por 'Sin verguenza'—, obras de teatro como ‘Wit’, con la que se llevó el Fotogramas de Plata, el premio Max de Honor en 2015 y varias series y programas de televisión que han hecho que sea un rostro bastante reconocible para los espectadores.

Pero Sardà, que acaba de publicar su primer libro, ‘Un incidente sin importancia’ (Planeta) —traducido por ella misma del catalán—, varios episodios que retratan la Barcelona y Cataluña de la época de sus abuelos, cómicos, y de su infancia, considera que luego tiene que dar demasiadas explicaciones porque “no entienden mi ironía”. Y este tipo de humor es, precisamente, el hilo que enhebra toda esta entrevista. Eso sí, hay cosas que dice y hace muy en serio, como cuando hace dos años devolvió la Cruz de Sant Jordi que le había otorgado la Generalitat en 1994.

PREGUNTA. Publica su primer libro ahora. ¿Llevaba usted una escritora dentro?

RESPUESTA. No, no, yo no llevo dentro una escritora. Yo soy una contadora de cuentos. Y es lo que he hecho toda mi vida. Si no hubiera estado contándolos desde un escenario, los habría escrito, pero me he entretenido muchos años contando cuentos desde la escena.

Rosa María Sardá, tras recibir el Premio Feroz de Honor en 2016. (EFE)
Rosa María Sardá, tras recibir el Premio Feroz de Honor en 2016. (EFE)

P. Estos episodios que aluden a su infancia y adolescencia, ¿son cuentos o recuerdos?

R. Son cosas que he oído, me han contado… Y luego fui construyendo los cuentos cada uno por separado, pero cada uno de ellos tiene un factor común.

P. ¿Qué parte es literaria y qué parte es autobiográfica?

R. Me inspiraba más escribir sobre personas que casi no conocí porque si no las recuerdo yo, quién se va a acordar de ellas. Ahora mucha gente leerá sobre la ‘avellanaconpatas’ y eso me da un cierto calorcillo… Esos personajes maravillosos que yo conocí. Pero nunca conocí a esa señora; era mi abuela quien me lo contaba, pero yo retenía mucho las cosas, tenía una cierta capacidad de absorción. Todo esto ha estado en un cajón muchos años.

P. De hecho, lo escribió hace 30 años. Supongo que en este tiempo la mirada cambia, porque las cosas también cambian. La vida pasa…

R. Sí, sí, la vida pasa, pero aquello ocurrió en su momento y eso es lo que cuento.

Rosa Maria Sardá, tras recibir el Max de Honor 2015. (EFE)
Rosa Maria Sardá, tras recibir el Max de Honor 2015. (EFE)

P. Pero le pregunto si su mirada ha cambiado.

R. No, no, solo cambié una frase al final, pero las dos editoras, tanto en catalán como en castellano, me dijeron que no parecía escrito hace tanto. Y es que las cosas no han cambiado tanto.

P. ¿Ah, no?

R. No, yo lo que veo es que la gente interesante que me gustaba y ha conformado un poco mi vida, pues ya no están. Como Terenci [Moix], como mi hermano [muerto de sida en 1980], Benet i Jornet… Como le dio por decir a Benet, éramos como un Camelot y el rey era Terenci. Fue una época de conocer a gente superinteresante, estar con personas cultas, maravillosas… Y esa gente ya no está. Afortunadamente, ahora tengo amigos que son muy interesantes como Isabel Coixet, Lluís Pasqual, Núria Espert, Alfonso Villaronga… Tantas personas que nos reunimos y charlamos y divertimos. Fueron ellos los que me incitaron a publicar. Yo no estaba dispuesta porque luego, como hablo con ironía y sinceridad, la gente no lo entiende. Sobre todo los medios son una pasada… Y no tenía ganas de meterme en estos líos. Pero bueno, ya está y ojalá ahora se venda.

Rosa María Sardá (d), en una manifestación contra el terrorismo en Barcelona. (EFE)
Rosa María Sardá (d), en una manifestación contra el terrorismo en Barcelona. (EFE)

P. Borges decía que la vida es un cúmulo de pérdidas, pero hay quien ha dicho también que es un cúmulo de encuentros. ¿Con qué se queda?

R. También, sí. Es verdad, la vida está llena de pérdidas, tú dirás. Mi madre se fue con 44 años… O mi hermano pequeño, que se fue con veintipico. Imagínate todo esto. Pero luego encuentras a gente estupenda. Poca.

P. ¿Poca?

R. Gente interesante y que te abrigue, sí. Pero bueno, gracias a no sé qué, yo lo he tenido y lo sigo teniendo.

'Un incidente sin importancia'.
'Un incidente sin importancia'.

P. Leyendo su libro, me acordaba del ‘Me acuerdo', de George Perec. No sé si lo tenía en mente al escribir estas historias para traer estos recuerdos al presente. También, como dice George Steiner, si no nombramos las cosas, estas no existen o dejan de existir.

R. Claro… Y ahora yo te digo: si no sales en la tele no existes (risas). O no estás en las redes. Yo no salgo en la tele y odio las redes, o sea que… Por lo tanto, yo no existo.

P. Y no le preocupa.

R. Para nada.

P. Hay recuerdos muy bonitos de sus abuelos, que eran actores. El libro me parece un homenaje a los cómicos de la legua de antes de la Guerra Civil.

R. Y durante la guerra. Sí, sí, pero yo nací después de la guerra, que soy jurásica, pero no tanto. Son todo historias que me han ido contando. Mi madre no quería que fuera actriz… Pero mis abuelos se lo pasaban estupendamente, ese era su medio de vida. Yo desde que asomé la nariz en el teatro se ha dicho que está en declive. Yo lo he oído desde siempre. Y parece que no vamos a mejor.

P. Parece como un tópico.

R. No, no es un tópico. Si lo comparas con lo que está pasando en Nueva York o Londres, te quedas…

P. El libro también tiene como protagonista a su abuela materna, la actriz.

R. Era una actriz maravillosa. Yo no la vi actuar nunca. Ni ella me vio actuar nunca a mí. Pero me enseñó muchas cosas. Me hablaba del teatro con tanto amor siempre...

P. ¿Qué cosas le enseñó?

R. Que había que vocalizar, leer mucho, leer en voz alta en castellano y en catalán para dominar bien las dos lenguas que se hablaban en este país… Bueno, se habla también en vasco y en gallego, aunque no alcanzábamos… Aunque yo creo que todos deberíamos saber algo de vasco y no solo ‘eskerrik asko’ o ‘agur’, y más galego… Porque hay varias lenguas, no solo el catalán y el castellano. Bueno, pues eso. Y también recitábamos… Era muy bonito estar con ellos. Y como digo en el libro, todavía me gustaría.

"Creo que todos deberíamos saber algo de vasco y no solo ‘eskerrik asko’, y más galego… Porque hay varias lenguas, no solo el catalán y el castellano"

P. En el libro, hay mucho de la infancia como paraíso perdido, aunque las condiciones económicas no fueran las mejores y la situación política tampoco. Esa comunidad de vecinos en la que vivían y donde todos hablaban con todos.

R. Sí, sí. Yo era muy pequeña, pero me acuerdo perfectamente. Ahora ya solo hablamos por teléfono. Y además: sí, qué, bueno, no, ¿no? Vale. Y se acabó. Pero ¿qué es esto? Es como ese chiste de gallegos, que dice: el padre le manda un telegrama al hijo, ¿vienes o voy? Y el hijo contesta al cabo de un cierto tiempo: ‘Sí’. Y el padre le vuelve a mandar un telegrama: 'Sí, qué'. Y el hijo le vuelve a contestar: 'Sí, padre'. Pues así, ahora con WhatsApp. De todas maneras, todavía quedan algunas comunidades, algunos barrios…

P. Pero no mucho, eh.

R. ¡Y tanto! Ahora es un mundo introspectivo, individual… pero no para asumir… Estaba viendo una serie, ‘The Young Pope’ y dice: todo el mundo cita las encíclicas pero nadie las ha leído. Bueno, pues yo recomiendo primero leer mi libro.

Rosa María Sardà, durante el pase gráfico de la obra 'El caballero de Olmedo'. (EFE)
Rosa María Sardà, durante el pase gráfico de la obra 'El caballero de Olmedo'. (EFE)

P. El título es ‘Un incidente sin importancia’, que parte de uno de los episodios del libro en el que se narra cómo era la vida en una casa en Cataluña en los años treinta. Una casa en la que los señores son catalanes, pero también hay una criada de Murcia y hasta una nuera de Uruguay.

R. Es un episodio sobre el racismo que hay en Cataluña. Es una historia de racismo. Y es un racismo que sigue: estos no son de los nuestros y estos no son de aquí y estos fuera… Ahora, un señor dice que los retrasos en los hospitales son porque viene gente de fuera. Y mira, dices: vete a la mierda.

P. Bueno, en ese episodio, la portera, catalana, grita a la criada: "¡Murciana de mierda. Vete a tu pueblo!".

R. Sí, sí, si es que con el señor Franco estaba todo muy bien pensado para sus propósitos. La gente que se arruinó en Andalucía venía hacia Cataluña y a él le interesaba que se pelearan entre ellos porque así no se revolvían contra él. Es de manual.

"Ahora, un señor dice que los retrasos en los hospitales son porque viene gente de fuera. Y mira, dices: vete a la mierda"

P. Pero en el libro también cuenta cómo convivían catalanes y emigrantes andaluces.

R. Claro que sí. Porque el pueblo convive. A la gente, si no la espolean no… Tú coges una persona de una en una y más o menos son personas agradables, normales, pero las pones en un grupo y ya cambian. ¿Tú has leído ‘Sapiens’?

P. Sí.

R. Bueno, bueno, que no quiero hacer promoción de otro libro sino de ‘Un incidente sin importancia’. Pero él lo cuenta muy bien: cuando van de 20 en 20 todo funciona, pero cuando van 100, ya se empiezan a estropear las cosas. Y eso desde que éramos monos.

P. Pero ¿esta convivencia que narra de la época de sus abuelos se ha fracturado?

R. Este no es un problema entre Cataluña y España sino de Cataluña. Es Cataluña la que está dividida. Yo no tengo nada en contra de nadie de ningún sitio. A la que no aceptan es a mí porque no soy independentista. Pero, vamos, la fractura donde está es aquí.

Rosa María Sardà recibe la Medalla de Oro de la Academia de Cine por toda su carrera. (EFE)
Rosa María Sardà recibe la Medalla de Oro de la Academia de Cine por toda su carrera. (EFE)

P. Usted devolvió la Cruz de Sant Jordi que le había dado la Generalitat. ¿Lo volvería a hacer?

R. Ah, sí, sí, parece que no había otra cosa de la que hablar, oye. Si yo es una cosa que no le dije a nadie, pero Isabel [Coixet] se empeñó en que había que decirlo. Y eso ocurrió muchos meses después.

P. Isabel Coixet también ha tenido problemas en Cataluña…

R. Es una amiga estupenda. Pero es que ella también se lo toma más a pecho que yo. Yo no, yo paso bastante.

P. Volviendo al libro. En él hay varias referencias a la Guerra Civil y a la posguerra contando que arruinó la vida a muchas personas. De hecho, cuenta que a su abuelo le mataron de un tiro por republicano.

P. ¡Y por la espalda! Es que eso sí que era pasarlo mal. Yo he vivido con gente que estaba asustada porque la posguerra duró 40 años. Es que eso era una dictadura. Y ahora cuando se dice eso del régimen del 78… Es que es para decir, “te voy a dar dos bofetadas como te pille…”. ¡Qué sabéis lo que es una dictadura! Pero si podéis estar quemando cosas, podéis acampar y hacer numeritos… porque deben de haber oído hablar de Mayo del 68 y estas cosas y dicen, “bah, no vamos a ser menos”. Porque si no es que no lo entiendo. ¡Pero qué saben lo que es una dictadura! ¿Cómo pueden decir ‘fascista’ con esa facilidad? Y bueno, en el libro no cuento nada de lo que podría… Además, yo nunca lo escribí con intención de publicarlo. Pensé que jamás lo leería nadie más que mis amigos y mi familia.

P. ¿Somos un país desmemoriado?

R. Para según qué, sí, y para según qué, no. No me hagas abrirme más, pero me parece que es bastante explícito.

"Ahora cuando se dice eso del régimen del 78… Es que es para decir, “te voy a dar dos bofetadas como te pille…”. ¡Qué sabéis lo que es una dictadura!"

P. La vida tiene cosas dramáticas, pero usted le echa bastante humor e ironía. ¿Hay una falta de humor ahora?

R. Algunas cosas hay que tomárselas en serio y otras con una mirada más optimista. El sentido del humor aquí es muy del garrote y del plátano en la cara. No hay un humor sutil como el inglés o el francés. Es un poco de sal gorda. Yo tengo una cierta ironía y muchas veces no me han entendido lo que hago. La ironía no se entiende mucho aquí.

P. La ironía suele requerir cierta inteligencia.

R. No lo sé, pero a lo mejor sí, mira. De lo que yo no me fiaría es de alguien que no tiene sentido del humor. No te fíes tú.

Rosa Maria Sardà (i), tras recibir el premio Málaga Sur. (EFE)
Rosa Maria Sardà (i), tras recibir el premio Málaga Sur. (EFE)

P. Pero es que ahora apenas hay humor. Ni un político se ríe de nada. Igual no es el momento, pero quizá también desatascaría…

R. Pero es que nuestros políticos están pasando un 'quinoslum', que decía mi abuela y que no sé lo que quiere decir. Es que es esta cosa con el poder... Yo soy sanchista, eh. Soy socialista de toda la vida, y ha habido épocas estupendas y épocas fatales, pero me gustaría preguntarles a muchos si se creen que lo de la Seguridad Social, la asistencia a gente que lo necesita... En fin, todo lo que ahora se está reclamando en la calle, quién lo había puesto, ¿los socialistas, no? Bueno, pues ahora son el demonio.

P. Usted trabajó en la televisión, en los ochenta y los noventa, con los socialistas. Y se lo pregunto en relación con el humor. ¿Cree que había más frescura entonces o es un falso recuerdo?

R. Sí… Porque estábamos estrenando una democracia, pero aun así y todo, no te creas. Estábamos en un país democrático, pero no acababa de ser cierto.

P. Alguien nacido en la época de la dictadura me decía no hace mucho que le daba rabia morirse con los mismos que estaban cuando nació. ¿A usted le pasa lo mismo? ¿Lo ve así?

R. Sí, sí, a mí también me da mucha rabia, pero bueno, yo espero que no. Espero que no sea así.

"Cuando he dicho algo es que montan un drama que ostia tú. ¿Tú crees que se puede hacer un drama porque dije 'un día me desperté y era vieja'?"

P. En alguna entrevista ha comentado que quería hacer teatro desde muy joven, pero que le costó mucho que la tomaran en serio. ¿Fue porque hizo comedia?

R. Bueno, es que antes no había tantas oportunidades como ahora de hacer televisión, series… Estaba el teatro. Yo el cine ni me lo había planteado y empecé muy mayor en el cine, con Berlanga… Pero bueno, a mí es que no me gusta hablar de mí. Creo que soy una persona muy poco interesante.

P. Bueno, tiene una obra que reconocen muchos espectadores. Desde la televisión a películas, teatro…

R. Ojalá sea así. Ahí estamos.

P. ¿Se ha quedado con algo en el tintero?

R. No, no tengo muchas ganas de contar nada. Yo no soy muy de entrevistas. Intento contestar con la mayor solvencia. Y cuando he dicho algo es que montan un drama que ostia tú. ¿Tú crees que se puede hacer un drama porque dije “un día me desperté y era vieja”? Pero... ¡si eso hace reír en mi pueblo! Pues no, se ve como un drama nacional.

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