ESTUDIO HISPANO-ISRAELÍ

Los primeros humanos almacenaban huesos para su posterior consumo

El hombre prehistórico ya tuvo la previsión de anticipar sus necesidades futuras y planificar su dieta

Foto: Equipo hispano-israelí descubre cómo comían nuestros ancestros hace unos 400.000 años. Foto: EFE
Equipo hispano-israelí descubre cómo comían nuestros ancestros hace unos 400.000 años. Foto: EFE
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Científicos españoles e israelíes acaban de publicar un estudio en el que sostienen que han encontrado evidencias de que los humanos prehistóricos almacenaban deliberadamente huesos de animales para consumir la medula ósea más tarde.

Investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), del Centro Nacional de Investigación Sobre la Evolución Humana (CENIEH) de la Universidad de Lleida y de la Universidad de Tel Aviv (Israel) han publicado un estudio en la revista 'Science Advances' que evidencia del almacenamiento y consumo de médula ósea hace más de 400.000 años.

Según esta investigación, se trata de la evidencia más temprana de que los primeros humanos tuvieron la previsión de anticipar sus necesidades futuras y planificar su dieta. Para ello, los investigadores analizaron especímenes óseos encontrados en la cueva de Qesem, cerca de Tel Aviv, habitada por humanos hace entre 200.000 y 420.000 años.

Médula osea nutritiva

"La médula ósea constituye una fuente importante de nutrición y, como tal, apareció durante mucho tiempo en la dieta prehistórica", ha afirmado el investigador Ran Barkai, de la Universidad de Tel Aviv.

"Planteamos la hipótesis de un almacenamiento de huesos para un posterior consumo de la médula"

"Los grupos humanos de Qesem llevaban a la cueva partes seleccionadas de los cuerpos de los animales que cazaban. Los más comunes eran los gamos, de las que solo transportaban el cráneo y las patas. Por su parte, el tronco era despojado de carne y grasa en el lugar de la cacería", ha indicado Jordi Rosell, de IPHES.

Analizando los restos encontrados en esta cueva, los investigadores descubrieron que las patas de estos animales exhibían marcas de corte únicas en sus extremos que no coincidían con la tipología habitual que se produce cuando se pelan los huesos frescos para fracturar y extraer la médula.

"Las marcas parecían evidenciar la existencia de piel seca y es entonces cuando planteamos la hipótesis de un posible almacenamiento de huesos para un posterior consumo diferido de la médula, es decir, pasado un tiempo", añade Rosell.

Hasta 9 semanas

Hasta ahora, las evidencias habían apuntado al consumo inmediato de médula después de la caza y tras la eliminación de los tejidos blandos, pero esto sugiere que los habitantes de la cueva de Qesem los almacenaba para su posterior consumo.

Los investigadores simularon condiciones en la cueva para determinar que la médula ósea podría haber permanecido nutritiva hasta nueve semanas después de que el animal hubiera sido cazado.

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