entrevista

David Rieff, el rey de los pesimistas: "El mundo es un matadero"

El analista político e historiador estadounidense reedita en España 'Una cama por una noche', uno de sus ensayos más polémicos sobre la ayuda humanitaria

Foto: David Rieff. (EFE)
David Rieff. (EFE)

Bertolt Brecht dedicó uno de sus poemas a un tipo que, en el Nueva York de los 30, buscaba a los desamparados un lugar donde dormir en invierno. La ventisca que les esperaba en la noche caería sobre otros, porque ellos tendrían una cama por una noche. Pero así no se cambia el mundo, denunciaba Brecht en el poema, así no se mejoran las relaciones entre los hombres. Puede que la solución definitiva a la miseria no sea el altruismo. Mientras, algunos hombres tienen cama por una noche.

'Una cama por una noche' (Debate, 2019) es el título del libro que David Rieff (Boston, 1952) publicó originalmente en 2003 y que ahora reedita ampliado y actualizado en España. Todo el ensayo orbita en torno a la crisis de los movimientos humanitarios occidentales. El pesimismo desafiante del hijo de Susan Sontag podría confundirse con el cinismo de quien se empeña en derribar todas las iniciativas, hasta las más nobles. Pero Rieff no critica el altruismo de los cooperantes, sino la deriva de las ONG's occidentales.

David Rieff. (EFE)
David Rieff. (EFE)

El periodista, analista político y crítico cultural ha vivido las guerras más violentas de los últimos treinta años. Para Rieff, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja u Oxfam se han aferrado a los movimientos de defensa de los Derechos Humanos para justificar la neutralidad de su actividad. "Los Derechos Humanos son principios inflexibles. Al contrario, la acción humanitaria debe ser flexible. Cuando instalas una clínica en Sudán, por ejemplo, también vas a ayudar a los verdugos. [...] Ofrecer ayuda es un acto moral, pero en un contexto en el que es necesario negociar con monstruos".

Catastrofista y polémico, David Rieff es capaz de sentenciar que "el mundo es un matadero" y sonreír afable al instante. Otra de sus críticas se basa en la asimilación de los movimientos humanitarios por los grandes gobiernos: "Venezuela es un caso impecable de la instrumentalización de la ayuda humanitaria. Estoy completamente en contra del gobierno de Maduro, es una dictadura horrible. Pero la ayuda humanitaria forma parte de las acciones de la oposición para derrotar al chavismo, con la ayuda de Estados Unidos y de Europa".

PREGUNTA.- ¿No existe nada en la defensa de los Derechos Humanos que pueda fundamentar una ayuda humanitaria neutral?

RESPUESTA.- No creo en la existencia de la comunidad internacional como la entendemos. Es sólo un deseo. No es posible hablar de una comunidad que incluye al mismo tiempo a China y a Dinamarca… Hace tiempo leí una noticia sobre Sudán. El artículo hablaba de la “indignación de la comunidad internacional” hacia la represión en Jartum. Dos líneas después, decía que China y Rusia se oponen a toda denuncia del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Alemania o España representan la comunidad internacional auténtica, pero Rusia y China no? Sí se podría afirmar que el consenso moral en Europa es mejor que el del gobierno chino o ruso. Un científico británico decía: “Hay dos realidades en el ser humano: su deseo y su destino. El problema es que no sabe distinguirlos”. Ahora alguien podría decirme que la ONU se fundó en los años 40, y que en 200 años (si sobrevivimos al cambio climático) quizá sí alcancemos una auténtica comunidad internacional. Yo no lo creo.

Si hay un hilo conductor en mi obra, es tratar de comprender la realidad, y no nuestros deseos. Claro que yo preferiría el mundo que defiende Human Rights Watch, pero no lo veo. Caminamos en otra dirección. Las guerras y los muertos están aumentando en los últimos años, no veo cómo vamos a poder evitar el cambio climático y la violencia.

"No me tomo tan en serio la ONU, el mundo no tiene instituciones dignas de las mejores ambiciones humanas"

P.- Habla de las instituciones supranacionales (la ONU, la Unión Europea) como una enajenación democrática, como si nos desposeyeran de nuestras decisiones.

R.- Creo que hay una falta de democracia en la ONU y en la Unión Europea. Su legitimidad está alejada de la realidad, muy lejos de tomar decisiones democráticas. El caso de la ONU es todavía peor, con el sistema del Consejo de Seguridad, que establece una jerarquía entre naciones. El mundo no tiene instituciones dignas de las mejores ambiciones humanas. No me tomo tan en serio la ONU. En Europa pasa otra cosa porque al menos hay un debate. La fantasía de una civilización con los mismos valores se ha roto con la llegada de personas como Salvini o el Grupo de Visegrado. El consenso moral europeo que imaginábamos no existe. En tiempos de miedo, no es común que los seres humanos avancen hacia el consenso. Es una realidad triste.

Un claro ejemplo es la Corte Penal Internacional de la ONU. Reprime y busca criminales de guerra que vienen de países pobres y sin amigos. Hay muchos africanos que hablan de la CPI con cinismo, porque sólo condenan a africanos. Cuando la fiscal Fatou Bensouda quiso investigar a EEUU por crímenes de guerra en Afganistán, la Corte rechazó su propuesta. Si tienes amigos en el Consejo de Seguridad, no pasa nada. Lo vemos en la crisis de los Rohingya en Bangladesh, o en Israel. El mundo es un matadero.

P.- Algunas de sus críticas a los movimientos de ayuda humanitaria suenan como las de un cínico. ¿Lo es?

R.- No. Soy muy pesimista. Sí creo que la verdad y la justicia existen, y en sentidos múltiples, pero no quiero adular la ley. Los movimientos de defensa de los Derechos Humanos han intentado sustituir el combate político por la ley. Un voluntario te diría: “No queremos hacer política, sólo queremos que los países cumplan los tratados que han firmado”. No hace falta ser la reencarnación de Carl Schmitt para saber que toda ley es una expresión de la política.

"Hay quien dice que el pesimismo es un delito moral"

El optimismo y el pesimismo están en el ADN de cada persona. Cuando ves a los bebés recién nacidos en el hospital, unos sonríen y otros lloran. He pasado 20 años de mi vida en zonas de guerra y en crisis de refugiados. Es posible que tenga una visión demasiado oscura de la vida. Sería una tontería negarlo, pero creo que hay razones para, al menos, tener mucho miedo al futuro.


El miedo y la ira de los jóvenes, exprimido por movimientos como el de Greta Thunberg, tiene una justificación absoluta. Viví dos años en Miami. Allí los científicos dicen que la ciudad desaparecerá en 50 años. No existe una manera de contener la futura inundación. Y es increíble porque la vida sigue, los venezolanos ricos compran casas y terrenos… Hay quien dice que el pesimismo es un delito moral. Un amigo me decía: “Soy pesimista. Los optimistas se equivocan cada día, pero yo sólo cada cinco años”.

P.- Ha vivido las peores crisis humanitarias de los últimos veinte años. Allí conoció a personas que se sacrificaban por aliviar el sufrimiento ajeno.

R.- Sí. Las convicciones de los cooperantes humanitarios son extraordinarias. Las tradiciones espirituales dicen que el destino del ser humano es sufrir para llegar a la redención. El movimiento humanitario lo niega, trabaja porque cree que el ser humano no debe sufrir. Eso es lo más parecido a la gracia divina que he visto. Cuando tenía veinte años, intenté encontrar una forma de ser cristiano. No funcionó (ríe). La trinidad, Dios, la paloma… Eso era imposible para mí. Pero la idea de la gracia divina me parece extraordinaria. Los seres humanos no somos altruistas por naturaleza. Creo en la gracia. En términos metafóricos, claro. No estoy esperando la llegada del Salvador.

P.- Me lo puedo imaginar.

R.- Tampoco viviría para verlo (ríe).

P.- Unos versos de Bertolt Brecht dan título a su libro. Describen la ayuda desinteresada de un tipo que, en Broadway, da refugio a los desamparados. Les ofrece “una cama por una noche”, pero el mundo así no se cambia.

R.- Las únicas soluciones son políticas. Sadako Ogata, exdirectora de ACNUR, señaló que “los problemas humanitarios no tienen soluciones humanitarias”. Dar una cama por una noche es una obra importantísima, pero también limitada.

El analista político y crítico cultural David Rieff. (EFE)
El analista político y crítico cultural David Rieff. (EFE)

Las soluciones son complejas. Por ejemplo, con la crisis migratoria. Los movimientos anti inmigración me producen rechazo, pero es un error negar el miedo que sienten los votantes de partidos como Vox. Decir únicamente que están equivocados, que no entienden nada y que no tienen razones para sentir miedo me parece arrogante y despreciable. Y no sirve para nada. Denunciarlo constantemente es una estrategia poco inteligente. La solución es convencer a través de la política, a menos de que haya alguien más pesimista que yo...

P.- Sería difícil encontrarlo. Insiste en que las soluciones políticas pasan por convencer. ¿Esa estrategia no es una forma de esconder la arrogancia?

R.- Ya, ya… (Ríe). Siempre hay riesgos. ¡Es que hay algo de arrogante en la moral! ¿Qué derecho tengo para juzgar lo que hacen los demás? Si es mi pareja o un amigo, todavía tengo cierta legitimidad para decirle: “Escucha, lo que estás haciendo es horrible”. Pero en política, la denuncia constante es arrogante.

También hay arrogancia en el escritor. He pasado veinte años de mi vida en zonas de guerra. Es mi trabajo, pero también era como un ‘voyeur’. Hay riesgos en casi todo, excepto si uno es como un jainista que barre el suelo para evitar pisar los insectos al andar (ríe).

"Es un error negar el miedo que sienten los votantes de partidos como Vox"

P.- Entonces, ¿merece la pena dar “una cama por una noche”?

R.- Sí, absolutamente. Disminuir el nivel global de sufrimiento me parece un acto extraordinario. Por eso admiro a los cooperantes humanitarios, porque dan “una cama por una noche”. En tiempos de desesperación, es admirable. Las ONGs hablan de mí como un crítico, y en cierto sentido lo soy. Pero este libro era mi forma de clarificar la situación y señalar que la acción humanitaria no es el único camino moral. Busco criticar su versión más ambiciosa. Comparto mucho el sentimiento de ansiedad por el mundo. Yo no viviré el desastre, pero tengo una hija de 14 años. ¿Qué va a pasar cuando tenga mi edad?

P.- ¿Demuestran las convulsiones planetarias que pesimistas como usted tenían razón y los optimistas como Steven Pinker se equivocaban?

R.- El debate entre personas como Steven Pinker y gente como yo es un diálogo de sordos. No hay ningún terreno común. Pinker cree que es realista, un científico, pero para mí es un místico. Sostiene que no sabemos cómo solucionar los problemas del futuro, pero como ya solucionamos problemas pasados, lo volveremos a hacer. Eso es misticismo. No niego la realidad del progreso. Sé muy bien que, hace cien años, la experiencia de ir al dentista era mucho peor. Es obvio. Pinker es un servidor: su obra es la justificación intelectual para el sistema en su versión más agradable. No he cambiado de opinión sobre él. Prefiero discutir con personas más interesantes y trato de evitar su obra siempre que puedo.

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