entrevista

Ángela Becerra: "Si eres fea se te perdona escribir, pero si eres guapa…"

La escritora colombiana publica 'Algún día, hoy' (Planeta), con la que ha ganado el premio Fernando Lara de novela

Foto: Ángela Becerra. (EFE)
Ángela Becerra. (EFE)
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En 1920, Betsabé Espinel protagonizó la primera huelga de mujeres en América Latina. Fue en una fábrica textil con el fin de mejorar las condiciones de sus trabajadoras. Este dato le sirvió a la colombiana Ángela Becerra para argumentar la historia de 'Algún día, hoy' (Planeta), con la que ha ganado el premio Fernando Lara de novela. No es el primer galardón que obtiene en España ya que también tiene en su haber el Azorín ('El penúltimo sueño', 2005) y el Planeta-Casamérica ('Ella', 2009). “Los premios me dan orgullo. Esta novela se merecía este premio, porque merece que la lean. Ahí mucho para denunciar, para enamorar”, afirma mientras reivindica el papel de las mujeres en la literatura y defiende el movimiento feminista de los últimos tiempos.

'Algún día, hoy' (Planeta)
'Algún día, hoy' (Planeta)

PREGUNTA. ¿Cómo investigó la historia de Betsabé Espinel y de esta primera huelga de mujeres en América Latina?

RESPUESTA. Ella llegó a mí. Las historias, si te consideran dignas, se te meten y te fecundan. Y eso pasó. Puse la televisión en Cartagena de Indias porque no me podía dormir y vi el final de un documental donde aparecía ella y me llamó mucho la atención. Apunté su nombre y me quedé con el tema. Y empecé a investigar. Había muy poca información en ese momento. Eso fue hace seis años. No se sabía qué había pasado. Eso me permitía ficcionar y convertir a ese personaje en lo que yo quería que fuera.

P. Se le ocurrió hace seis años, es decir, antes de que saltara todo el movimiento del metoo y las reivindicaciones feministas de los últimos años.

R. Sí, sí, fue en 2013. Y lo vi clarísimo. Aparte, cuando empecé a trabajarla me salía la épica. Recuerdo la imagen de la libertad de Delacroix y la imaginaba así. Y a partir de ahí empecé a vestirla.

P. Vaticinando un poco lo que hemos visto ahora.

R. Sí. En ese momento no había salido esto. Era un germen que estaba latente. Me hubiera gustado que hubiera salido antes, pero la novela es un ente vivo y hasta que no dice se acabó no se acaba. Y además, aparte de reivindicar esta lucha también apareció la lucha de las clases sociales porque también aparece el personaje de una mujer rica que tiene los mismos problemas. Las dos se sienten sometidas.

P. Esta huelga transcurre en los años veinte, pero la situación de las mujeres ha sido y es complicada en América Latina incluso hoy donde en Argentina, por ejemplo, se sigue reivindicando el aborto.

R. Sí, es increíble. Y además ahora con lo que se ha ido destapando cada vez van apareciendo más pintores que firmaban como hombres, escritoras sometidas a hombres que firmaban sus libros. Ha sido un destape de una cosa que estaba escondida y creo que solo estamos viendo la punta del iceberg. Es algo que se va a hacer cada vez más grande. Cada una ha puesto su granito de arena y ahora además se están sumando los hombres porque han visto que o se suman o…

Ángela Becerra. (EFE)
Ángela Becerra. (EFE)

P. Ahora incluso se han visto críticas a Gabriel García Márquez por algunos de sus textos a los que se ha tildado de machistas.

R. Uno como escritor está influenciado por lo que vivió e imagino que la época de Gabo el tema machista estaba a la orden del día. Yo en este momento estoy viviendo otra época y soy capaz de transmitir, llevándolo a otra época, pero la angustia vital es de este momento porque soy testigo presencial. Y en el caso de esta novela, aparte de reivindicar el derecho de la mujer a ser respetada etc, hay una cosa muy importante y es que se está perdiendo la capacidad de sentir.

P. ¿En qué sentido?

R. La tecnología y la inmediatez están matando la espera, la ilusión, la capacidad de asombro. Ahora es como si estuviéramos abriendo regalos continuamente y no viéramos el contenido. Si mandas un mensaje y no te contestan inmediatamente te enfadas… La espera producía una especie de sufrimiento gozoso que creaba como una liturgia alrededor de las emociones muy bella. Y yo he querido que este libro tenga eso y transmita la valentía, la espera…

P. ¿Usted es dada a la tecnología, a las redes?

R. Soy pésima. Estoy en redes, pero hasta hace tres días me estaban enseñando cómo se maneja esto. Yo soy una persona muy de soledades, me encanta estar con mis personajes, no podría vivir sin escribir. Y cuando publico sí tengo que dar a conocer lo que he escrito porque uno quiere llegar a al público. Para mí un libro no está acabado hasta que no se crea ese baile entre el lector y el escritor. Hay que cuidar las palabras.

Siempre fui una niña muy imaginativa. Recuerdo a mi madre decir, déjenla tranquila que está en otro mundo

P. Como ocurre con sus libros, en esta novela siempre hay una musicalidad con el lenguaje. ¿La busca?

R. Siempre fui una niña muy imaginativa. Recuerdo a mi madre decir, déjenla tranquila que está en otro mundo. Me recuerdo muy ensimismada y dejándole mensajes a los pájaros en un muro convencida de que los iban a leer. Yo tengo que oír lo que escribo, necesito que haya una música. Lo primero que escribí fue poesía y a veces me demoro mucho en el adjetivo pero por cómo me suena. Y a veces me peleo con la rima. Estamos bailando con el lector y lo que no quiero es que haya un pisotón.

P. Volviendo al tema de la novela y el feminismo. ¿Cómo se viven este movimiento en Colombia?

R. Yo creo que esto que se ha despertado ha ido fecundando en distintos lugares. En La India hay un movimiento que las llaman las de los saris rosas reivindicando su derecho a ser respetadas. También en Colombia se está dando en el campesinado, en la parte profesional cada vez hay más mujeres en puestos importantes. Cuesta ver a una mujer presidente, pero hay vicepresidenta, hay ministras… Es un movimiento que va a terminar uniendo al mundo.

P. ¿Usted cree que hay diferentes feminismos? ¿Cómo se posiciona?

R. Hubo un feminismo en el pasado que copió al machismo. Yo no comulgo con ese feminismo. Yo comulgo con un feminismo en el que la feminidad está presente. En donde tenemos derecho a ser muy femeninas, muy sensibles, muy inteligentes y estar orgullosas de nuestro cuerpo y lo que somos. No tenemos que tomar actitudes de hombres para ser respetadas. En ese feminismo creo. En el que hay respeto tanto al hombre como a la mujer. También a dejar que el hombre participe, porque el hombre también ha sido víctima de ese machismo con una mala educación transmitida de generación en generación incluso por las mismas madres. Y hubo un momento en el que había que romper y la educación tiene que ser la primera en romper esos malos hábitos y eso pasa por la casa, el colegio, la universidad.

Ángela Becerra. (EFE)
Ángela Becerra. (EFE)

P. ¿Se ha tenido que reivindicar como escritora?

R. Bastante. Ha habido tendencia a que te encajonen en algo. Si escribes y eres mujer tienes que ser fea, con falda raída, desaliñada. Entonces se te perdona escribir. Si eres guapa, femenina… Un hombre que escriba de sentimientos nunca lo tildarían como escritor de literatura romántica, con ese deje ñoño. Por ejemplo, El amor en los tiempos del cólere es una novela de amor, romántica, pues no se lo dijeron. Ese tipo de cosas. Pero sabes qué pasa, la edad te hace tan libre que a mí me resbala todo. No soy la de hace veinte años ni la de treinta. Cuando yo trabajaba en una agencia de publicidad sufrí acoso sexual por parte de clientes por el simple hecho de que estaba de buen ver. Y con jefes que me decían que si me ponía una falda me iban a hacer más caso los clientes. Pero todo eso ha quedado tan obsoleto… Ahora estoy en un empoderamiento de mi feminidad y mi adultez que me resbala todo. El hecho de poder dejar plantado por decirte no sé qué cosa que antes, aunque lo pensabas… Ahora que lo intenten.

P. ¿Qué ha significado esta novela para usted?

R. Cada novela te hace subir un escalón, te hace crecer, evolucionas, te hace madurar. Esta novela ha significado un antes y un después. Reúne muchísimas más cosas. También está mi madurez como escritora. Me siento orgullosa de haber podido manejar una novela muy difícil. Y me ha enseñado también que no hay que decirlo todo.

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