entrevista a eduardo manzano

Califato de Córdoba: una nueva visión del islam español que sonrojaba a los cristianos

Uno de los mejores historiadores españoles experto en la historia de Al Andalus publica 'La corte del califa', una fascinante historia de los omeyas a partir del hallazgo de un texto único

Foto: La corte de Abderramán en Medina Azsahara, de Dionisio Baixeras Verdaguer (Universidad de Barcelona)
La corte de Abderramán en Medina Azsahara, de Dionisio Baixeras Verdaguer (Universidad de Barcelona)

Como toda buena corte que se precie, la omeya de la Córdoba del siglo X era un hervidero de sabrosos rumores. Por ejemplo, el eunuco de palacio Talal que servía en el 'alcázar', justo enfrente de la majestuosa mezquita, relataba lo siguiente. Un buen día, el todavía emir Abd al-Rahman III quiso pasar la noche con su esposa Fátima, la mujer de más alto rango de su harén, prima suya y omeya como él. El resto de las concubinas felicitaron a Fátima por la buena nueva y una de ellas enfatizó especialmente sus parabienes. Se trataba de una esclava de origen cristiano de nombre Maryan que aseguraba que ella daría todo lo que tenía por dormir con el emir. Fátima mordió el anzuelo y le propuso que, a cambio de la primera escandalosa cifra que se le ocurrió -80.000 monedas de plata-, le cedería su lugar. Sorprendentemente, Maryan reunió el dinero de inmediato y se lo entregó. Abd al-Rahman quedó muy sorprendido aquella noche cuando Maryan apareció en sus aposentos, pero también encantado por el amor que le mostraba aquella joven. En los días siguientes repitieron y Maryan acabó por sustituir a Fátima y por parir un hijo, al-Hakam II, que pasaría a la historia ya como califa de Córdoba. Y concluye el historiador Eduardo Manzano Moreno en su último libro titulado 'La corte del califa' (Crítica): "Muchas veces he pensado que esta historia, si es que realmente ocurrió, fue uno de los hechos decisivos en el devenir de la dinastía omeya".

'La corte del Califa'
'La corte del Califa'

Manzano es investigador en el Instituto de Historia del CSIC y uno de los mayores expertos españoles en Al Andalus. En el libro citado expone sus investigaciones del minucioso análisis de un documento único que, hasta ahora, nunca había sido objeto de un estudio completo, el 'Muqtabis VII'. Se trata de los anales de un funcionario y cronista de la corte del califa escritos diariamente durante cuatro años, entre junio de 971 y julio de 975, y abren una apasionante ventana a la vida diaria en el Califato de Córdoba en tiempos precisamente de al-Hakam II, el hijo que llegó al trono tras una sorpresiva noche de amor y después de que su padre Abd al-Rahman III se sacudiera el dominio de Bagdad en 929, en plena guerra civil entre fatimíes y abasíes. Fueron los años en los que el Islam español forjó la primera potencia política, militar y cultural del mundo civilizado, cuyo poderío hacía sonrojar a los reinos cristianos de la península y del resto del continente.

El califato de Córdoba en el año 1000
El califato de Córdoba en el año 1000

PREGUNTA. Afirma en su libro que al-Hakam fue precisamente el soberano decisivo de un califato que se convertiría con él en el más poderoso de su tiempo.

R. Sin duda, en todos los aspectos. Al-Hakam II, que durante mucho años estuvo a la sombra de su padre como el príncipe heredero y llegó a ser califa ya con más de cuarenta años, dota al califato de una estructura extraordinariamente compleja y muy bien organizada, un estado a todos los efectos donde todo está perfectamente ordenado, el estado más competente de su tiempo, a la altura del bizantino o el califato abasí. Pero lo que más impresiona del califato de Córdoba es la enorme capacidad que tiene para centralizar su estructura y para extenderse al mismo tiempo por un gran territorio. Es sorprendente para el siglo X.

El Califato de Córdoba es un estado a todos los efectos donde todo está perfectamente ordenado, el estado más competente de su tiempo

P. La base principal de este libro es el Muqtabis VII, un documento de intrincadísima historia. Creo que ha trabajado sobre el Muqtabis mucho años. ¿Cuál es su exacta valía?

R. El Muqtabis lo escribió Ibn Hayyan, un hombre muy leal a los Omeyas y que vive en los comienzos del siglo XI, cuando el califato se está viniendo abajo: ha estallado la guerra civil y él está muy atormentado por lo que está ocurriendo. Es el momento del desastre. Y entonces se dedica a recopilar lo que han escrito los historiadores anteriores para componer una historia del Islam peninsular desde su llegada en 711 hasta el presente. Su historia está compuesta de varios volúmenes de los que sólo se han conservado algunos y uno de ellos, dedicado al califato de al-Hakam II, recoge un fragmento de 130 folios con las anotaciones de un secretario de la corte del califa que iba componiendo día a día el registro del reino. Este secretario escribe lo que ve en el momento pero, ojo, no escribe para nosotros sino para el califa, para consignar con tono oficial y solemne los hechos. Pero, detrás de ese tono oficial y solemne, sabemos que están pasando cosas, y esas cosas nos dan la segunda lectura de un texto tan detallado como complejo, cargado de fascinantes lecturas.

Eduardo Manzano Moreno
Eduardo Manzano Moreno

P. ¿Leer el Muqtabis es como asomarse por una ventana a la Córdoba califal del siglo X?

R. Emilio García Gómez fue el que firmó la traducción y decía que era un texto que nos permitía perforar la muralla que nos separa del Califato de Córdoba. Y es verdad, te asomas y ves cosas. Por ejemplo, un día de lluvia en que la gente va a rezar a la mezquita y se agolpa en el patio para no empaparse. O cómo el califa va a un día de jornada de campo a una almunia. También le observamos departiendo con sus visires. Y no solo vemos cosas sino que también podemos localizarlas en sitios exactos. Quizás lo que más impresiona de este manuscrito es la tremenda densidad de las muchas alusiones entrelazadas que contiene. Tendemos a pensar que la gente del pasado era menos lista que nosotros... y esta gente es muy lista, jajaja. Manejan muchas categorías, muchas referencias, en cartas, poesías, documentos... Es algo muy poco común para un tiempo tan remoto

P. ¿Y de qué nos informa el manuscrito sobre la extraordinaria fuerza del Califato de Córdoba y sobre su también extraordinaria brevedad?

R. La información sobre la fuerza del Califato la observamos constantemente. Los hombres se mueven entre los distintos puntos del territorio, entre Córdoba y Málaga, por ejemplo, en un auténtico despliegue de efectivos, caballos, tiendas, con una logística que funciona a la perfección y a toda velocidad. El Califato es un tremendo poder centralizador y recaudatorio que ingresa anualmente cinco millones de dinares. Dispone de muchos recursos porque la presión fiscal es muy alta, claro, y eso irá poco a poco generando un descontento social que acabará por estallar y provocar su caída. Y eso también lo vemos en fogonazos en el Muqtabis con la situación del ejército. Los cristianos presionan en el norte y el califa necesita un ejército poderoso y especializado a su disposición todo el año. Eso es muy caro. Al-Hakam II forja ese ejército y lo acantona en Córdoba, lo que no le gusta mucho a la población. El califa se ve obligado entonces a explicarse, no es un señor que está ahí cortando cabezas sin más, y aduce que ese ejército garantiza la gran prosperidad cordobesa. Y aquellas quejas y aquellas justificaciones políticas también las leemos aquí.

El califa se ve obligado entonces a explicarse políticamente, no es un señor que está ahí cortando cabezas sin más

P. Creo que es usted crítico con el mito de la tolerancia del califato omeya y la convivencia en armonía de las tres religiones. Recientemente ha vuelto por cierto a ser reivindicado por la política andaluza Teresa Rodríguez. Y por otro lado, dio mucho que hablar la reivindicación de Vox de celebrar la Reconquista como Día de Andalucía. ¿Qué base histórica tendría algo así?

R. Vamos a ver, yo soy crítico con la idea de que podamos establecer un modelo para las sociedades democráticas actuales en una sociedad del siglo X que evidentemente está basada en elementos que serían inaceptables en nuestra sociedad como el esclavismo, el irrelevante papel de la mujer o que las comunidades judías y cristianas tengan un estatus inferior. Por ello, me parece que reivindicar ese modelo para sociedades democráticas avanzadas no tiene sentido. Ahora bien, una vez dicho esto, lo que tampoco se puede hacer es desprestigiar un periodo histórico de una enorme importancia y riqueza que en las sociedades multiculturales en las que vivimos deberíamos conocer. Lo que es un error es reafirmar identidades sobre la historia porque siempre uno coge lo que le conviene y desprecia lo que no, y nos queda un relato en blanco y negro. Entre "las Tres Culturas", por un lado, y "el Espíritu de la Reconquista", por el otro, nos dejan unos y otros en un callejón sin salida. Lo que yo y otros colegas proponemos es que en sociedades avanzadas como las nuestras tenemos la obligación de conocer la historia en toda su riqueza. Y nosotros tenemos el formidable legado de al-Andalus a la vuelta de la esquina. ¿Por qué no lo utilizamos para construir?

Unos turistas hacen fotografías en el interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba. (EFE)
Unos turistas hacen fotografías en el interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba. (EFE)

P. No es legítimo hacer comparaciones entre el pasado y el presente pero tal vez sí dentro del propio pasado. Es decir, ¿era la Córdoba caifal más tolerante que los reinos cristianos del momento? ¿Fue tal vez el mejor momento, lo más parecido a una Ilustración que ha vivido el Islam en su historia?

R. Lo primero es innegable. Por ejemplo, los colegas que trabajan sobre el Norte cristiano se quedan impresionados cuando leen sobre el nivel de desarrollo político y social andalusí, a años luz de los reinos cristianos. La producción escrita, artística, científica del califato es excepcional. Eso es innegable, repito, pero luego yo soy muy crítico con la postura que afirma que aquello fue un momento del siglo X que después desapareció y ya no volvió, afirmar una decadencia posterior del Islam que llegaría hasta nuestros días. Esto es un completo error. Primero porque no es verdad e incluso la época de taifas, que suele despreciarse, es de una riqueza extraordinaria. Y no es verdad tampoco que los almorávides y los almohades fueran unos fanáticos. Se trata de movimientos de reforma del Islam extraordinariamente complejos y sofisticados. Y más allá, el Islam seguirá viviendo momentos extraordinarios, desde la Granada nazarí hasta la época árabe moderna.

P. Pero lo que no parece lograr el mundo islámico, a diferencia del occidental, es esa separación capital entre la política y la religión.

R. Pues eso tampoco es verdad. No soy especialista en la historia posterior del Islam pero siempre que hablo con quienes sí lo son, todos me dicen que nos quedaríamos impresionados al comprobar la enorme diversidad dentro de las sociedades árabes y musulmanes en general después del siglo XV, como demuestra también el imperio otomano. Fíjese, es como esa gente que dice que España a partir del siglo XVII no produjo nada. Eso es falso y a nosotros nos molestaría. Pues igual con el mundo islámico. Debemos reconsiderar nuestros tópicos.

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