inauguración de la muestra 'después del 68'

El Bellas Artes de Bilbao retoma el trazo contemporáneo con 50 años de arte vasco

La pinacoteca bilbaína presenta una "colección de colecciones" con 150 obras de un centenar de artistas vascos de cuatro generaciones que le permite reflexionar sobre sus límites cronológicos

Foto: Un visitante observa un cuadro de Ruiz Balerdi de la muestra del Bellas Artes. (EFE)
Un visitante observa un cuadro de Ruiz Balerdi de la muestra del Bellas Artes. (EFE)

El título de la muestra, ‘Después del 68. Arte y prácticas artísticas en el País Vasco’, sería ya de por sí el obvio si se quiere realizar un recorrido por el panorama artístico vasco del último medio siglo. 2018 menos 50 es igual a 1968. Pero esta fecha es más que una simple resta. “No es un título inocente”, afirma Miguel Zugaza, director del Museo Bellas Artes de Bilbao. Porque 1968 constituye una “división fundamental en el mundo contemporáneo y, en particular, en las prácticas artísticas internacionales”. En las fronteras vascas, por aquel entonces, el Festival de Cine de San Sebastián estrena tras superar el filtro de la censura el documental ‘Ama Lur’ de Néstor Basterretxea y Fernando Larruquet, película que catalizó en aquel tiempo buena parte del sentimiento de pertenencia geográfica y cultural, la transgresora Esther Ferrer realiza la performance ‘Mallarmé revisé o Malarmado revisado’, el grupo Gaur constituye ya una indudable referencia dos años después de su fundación, una generación de creadores nacidos en los años 40 se incorpora a la escena artística compartiendo espacio con los veteranos integrantes de la Escuela Vasca

Esto es, se trata de una fecha “mítica” que marca el punto de partida de la que es, a ojos del Bellas Artes, la “colección de colecciones”. La muestra constituye un recorrido de medio siglo, pero la pretensión no es reflejar en sí la historia del arte vasco de 50 años. Porque, como evidencia Zugaza, “no es lo mismo explicar el arte vasco contemporáneo que representar la evolución de lo contemporáneo a través de los ejemplos más cercanos de nuestro contexto”. Y esto último es lo que ha guiado al museo bilbaino de cara a dar cuerpor a la exposición, aunque eso sí, “sin renunciar a los rasgos de singularidad y derivas propias de una escena tan dinámica como la nuestra”. En otras palabras, “hemos tratado que el panorama refleje el debate y el devenir del arte internacional y del conjunto del Estado en estas últimas cinco décadas”.

Mucho se puede decir de las intenciones que encierran este proyecto estrella para la nueva casa del exdirector del Museo del Prado –sobre el papel, plantea “una búsqueda de las formas de modernización del arte en nuestro contexto a través de obras y artistas que ofrecen las claves de continuidad o ruptura con el arte contemporáneo español e internacional”–, pero, al final, las que hablan son las obras. Y en este caso, cerca de 150 creaciones de un centenar de artistas de diferentes generaciones dicen, y mucho, en sus diferentes expresiones artísticas, ya sea pintura, escultura, fotografía, instalaciones, videoarte y obra sobre el papel.

Obra de Remigio Mendiburu en primer término incluida en la muestra. (E.C.)
Obra de Remigio Mendiburu en primer término incluida en la muestra. (E.C.)

La exposición avanza desde la emblemática fecha de 1986, década a década, generación en generación, para reflejar las novedosas propuestas de creadores que fueron añadiendo capas a la experiencia de lo contemporáneo. Además, un amplio repertorio documental permite enmarcar las experiencias artísticas en el contexto histórico y cultural desde el final del franquismo hasta el surgimiento del nuevo paradigma de la globalización, y que en el caso del País Vasco tiene al Guggenheim de Bilbao como principal exponente en el ámbito de la cultura tras su nacimiento en 1997. Libros, folletos, revistas, carteles y material audiovisual contextualizan el escenario sociopolítico y cultural en el que se ha movido el arte vasco en este último medio siglo. El momento convulso del régimen franquista, la crisis de lo moderno, el carácter individualizado de las protestas, el nacimiento del universo Arteleku de la mano de Santi Eraso, la irrupción del feminismo, el terrorismo de ETAMúltiples factores y condicionantes explican las manifestaciones artísticas surgidas en el País Vasco desde 1968 hasta nuestros días.

Las "grandes lagunas" de la colección propia del museo, en especial a partir de los años 80, se han cubierto con préstamos relevantes para la muestra

No se trata de citar a todos y cada uno de los nombres en estas líneas por razones obvias. Pero no faltan los Balerdi, Sistiaga, Goenaga, Ameztoy, Ariasl, Zumeta, Urzay, Badiola, Ibarrola, Mendiburu, Mendizábal, Morrás, Ortiz de Elguea…. También están Isabel Maquedano, Mari Puri Herrero, Cristina Iglesias, Marta Cárdenas, Elena Mendizábal, Dora Salazar, Gema Intxausti, Maider López… Y, por supuesto, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, quien hace medio siglo marcaba el camino del arte a pesar de que su trayectoria escultórica estaba ya cerrada. Estos dos artistas son “referencias clave para representar la tradición moderna que sirve de base por proximidad o antagonismo a las nuevas propuestas de distintas generaciones que surgen en la escena artística vasca a partir del 68 tanto individuales como colectivas”.

En términos generales, los nombres que se incluyen en la muestra conforman cuatro generaciones de artistas vascos que dialogan en la totalidad del espacio expositivo del edificio moderno del Bellas Artes de Bilbao, que fue el primero “plenamente pensado y diseñado” como museo de arte contemporáneo en todo el Estado con su inauguración –curiosamente– hace casi medio siglo, en 1970. Ese mismo año, además, comenzó la actividad de la Escuela Superior de Bellas Artes de Bilbao, el germen de lo que sería la Facultad de Bellas Artes del País Vasco que tanta influencia tuvo en la evolución del arte vasco.

'La combinación ganadora', de Andrés Nagel, preside una de las salas de la muestra 'Después del 68. Arte y prácticas artísticas en el País Vasco'. (EC)
'La combinación ganadora', de Andrés Nagel, preside una de las salas de la muestra 'Después del 68. Arte y prácticas artísticas en el País Vasco'. (EC)

Dado el carácter estratégico de este proyecto para el Bellas Artes, el museo asumió el comisariado de la muestra con la terna formada por el propio Zugaza, Miriam Alzuri y Begoña González. Hubo un punto de partida, una línea roja a no traspasar por autoimposición. Había que basarse en colecciones públicas o “con vocación pública” que "hubieran tenido interés en el escenario del arte vasco". De este modo, las "grandes lagunas" de la colección propia de una pinacoteca centenaria, en especial a partir de los años 80, se han cubierto con préstamos “relevantes” de colecciones privadas y de otras instituciones públicas que han puesto su mirada en el arte contemporáneo vasco. El Artium, el MACBA, el Reina Sofía, el MUSAC, las cajas de ahorro vascas o la Fundación La Caixa han dado respuesta a esta carencia.

"Se ha perdido muchos años del discurso del devenir del arte contemporáneo: Hemos dejado de lado el contexto más contemporáneo", dice Zugaza

De algún modo, la exposición dibuja una cierta autocrítica. Porque este proyecto ha dejado al descubierto que el museo bilbaíno "se ha perdido muchos años del discurso del devenir del arte contemporáneo". “Hemos dejado de lado el contexto más contemporáneo”, reconoce Zugaza, que celebra que esta muestra permite a la pinacoteca dar un paso al frente y abordar una “reflexión abierta de presente y de futuro sobre los límites cronológicos y espaciales” de un museo histórico en su concepción más tradicional. En esta línea, la muestra abre una reflexión sobre “el espacio que le puede corresponder al Bellas Artes en la tupida red de instituciones públicas que en el País Vasco se dedican a la colección y difusión de arte contemporáneo”.

Acometer la revisión de los últimos 50 años del arte contemporáneo vasco ha exigido superar dos condicionantes: Por un lado, el de la propia historia del museo, con una colección que refleja “una determinada visión de lo contemporáneo con mayor o menor intensidad a lo largo del tiempo”, y, por otro, el de los límites arquitectónicos. Aún con estos condicionantes, ha sido, como enfatiza Zugaza, un trabajo de comisariado “valiente, riguroso y espléndido” que, en su caso particular, ha supuesto una especie de liberación. El proyecto le ha dado la oportunidad de recuperar el pulso a la actualidad del arte vasco contemporáneo transcurridos ya más de 16 años desde su última colaboración con el Bellas Artes en la muestra ‘Gaur, hemen, orain’. Esta exposición, inaugurada en febrero de 2002 en la pinacoteca bilbaína, mostró a un “escogido grupo de artistas de diferentes generaciones intentando constatar la actualidad de las propuestas artísticas en torno a los problemas del mundo y también la búsqueda de cierta continuidad del arte vasco”, enlazando "los éxitos de los artistas vascos de la década anterior y la fluidez de un diálogo con los más jóvenes”, como deja constancia Francisco Javier San Martín.

El artista Txomin Badiola está presente en la muestra. (EC)
El artista Txomin Badiola está presente en la muestra. (EC)

El historiador y crítico de arte ha revisado por décadas junto a Fernando Golvano, Peio Aguirre y Miren Jaio las prácticas artísticas que recorren la exposición mediante cuatro textos que van a estar al alcance de los espectadores, mientras que Mikel Onaindia firma la exhaustiva cronología que recoge los hechos que definieron el contexto artístico y cultural de cada periodo. Una aclaración de Zugaza que tiene su trascendencia. La muestra no se ha pensado en exclusiva para ‘consumo del sector’. Más bien se ha pensado "para la sociedad", que “recibe estos ejemplos de arte como una invitación a la reflexión y al aprendizaje sobre su evolución en nuestro tiempo”. No es un ejercicio fácil, admite, pero la proximidad del público al escenario representado “puede ser una ayuda para que cada cual, sea cual sea su generación, pueda identificar el carácter transformador que tiene el arte en nuestro mundo contemporáneo”.

La muestra se ha pensado para la sociedad, que "recibe estos ejemplos de arte como una invitación a la reflexión sobre su evolución en nuestro tiempo"

La única producción propia que nace de este proyecto se encuentra al comienzo (o al final) de la muestra y la firma el artista de Bermeo (Vizcaya) Josu Bilbao. Se trata, como remarca Zugaza, de una instalación que desnuda el espacio de recepción del museo extendiendo sobre el suelo “un paisaje de pequeños fragmentos de naturaleza y artificio recopilados y ordenados en una extraordinaria pulcritud”. Esta intervención, más que una imagen en si misma, “se antoja como metáfora de la más radical extensión de la actividad artística contemporánea que representa este proyecto para el Bellas Artes”.

La exposición se completa con una evolución de cinco décadas de música en el País Vasco que descansa no solo en la relevancia social que cada artista llegó a tener en su momento, sino también en la capacidad de las obras para “abrir nuevas vías y formas de expresión artísticas”, como expone el responsable de la selección, Xabier Erkizia. La música como muestra de la evolución sociocultural de la sociedad vasca durante medio siglo. Dice el economista y escritor Jacques Attali que cada sociedad debe ser juzgada por sus ruidos. “Bien merece escuchar parte de este retrato-collage a través de ese prisma para, quizás, escucharnos reflejados en sus/nuestras músicas”, señala Erkizia.

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