entrevista

Pierre Assouline: "'Patria' de Aramburu es muy pretenciosa"

El gran biógrafo francés ha pasado por las Conversaciones de Formentor en Mallorca con sus múltiples proyectos literarios en marcha

Foto: Pierre Assouline en las Conversaciones del Hotel Formentor, en Pollença, Mallorca. (Cati Caldera)
Pierre Assouline en las Conversaciones del Hotel Formentor, en Pollença, Mallorca. (Cati Caldera)

Un mérito indudable de las Conversaciones de Formentor, patrocinadas por la Fundación Santillana, es su nómina de participantes, afín al espíritu europeísta e internacional de sus pioneros. Entre sus participantes de esta edición, centrada en el femenino literario, figura Pierre Assouline. Nacido en Casablanca en 1953, el escritor francés ha desarrollado una carrera poliédrica, un fascinante rompecabezas que incluye biografías de referencia, ensayos sobre el Colaboracionismo y novelas de primer orden, como Sigmaringen o Lutetia. En febrero Navona publicará en España su 'Retorno a Sefarad', libro donde el galo realiza una inmersión a la búsqueda de sus raíces a partir de un viaje a leer desde múltiples capas, todas ellas vinculadas con el pasado, el presente y quién si sabe si también el futuro de nuestro país.

PREGUNTA: ¿Cómo decide Pierre Assouline pedir la nacionalidad española?

RESPUESTA: Vayamos por partes. En primer lugar soy sefardí, es algo de lo que tengo conciencia desde siempre. El punto de inflexión fue el discurso del Rey. Al escucharlo lo encontré magnífico, emocionante y verdaderamente remarcable. Felipe VI pedía perdón por lo que hicieron los Reyes Católicos, amputar España de su mejor parte con la expulsión de los judíos en 1492. Al mismo tiempo el Rey, con su parlamento, insistió en cuánto nos habían echado de menos durante todos estos siglos. Me pareció sensacional, me hizo pensar. Nos tendía la mano y pensé en pedir la nacionalidad, pero no lo hice por interés personal, sino más bien desde un punto de vista simbólico.

'Retour à Sefarad'. (Gallimard)
'Retour à Sefarad'. (Gallimard)

P: ¿No pensaba en obtenerla y vivir de repente en España?

R: No, eso no lo contemplé. Viajo mucho por Europa, amo Francia, pese a las dificultades actuales para los judíos, no tengo problemas con ella y si pedí la nacionalidad fue por el símbolo, la idea de poder volver, eso representaba el pasaporte, recuperar una parte perdida hace siglos.

P: Habla de las palabras de Felipe VI y si bien es cierto que dio la bienvenida a los sefardíes también hay otro factor importante de su discurso, algo que remarca en otro momento del libro: normalmente los reyes no piden perdón.

R: El decreto de expulsión aún existe, no lo abrogaron. Pido al Rey ir hasta el fin y derogarlo. Ese sería el verdadero pedir perdón.

P: También insiste en algo fundamental. A partir de la expulsión de los judíos se crea en España un cuerpo monolítico que evita la diversidad, algo que la distingue del resto de Europa.

R: La expulsión de los judíos y los moriscos, más tarde la de los protestantes, la masonería y finalmente los republicanos con su éxodo como conclusión de la Guerra Civil. España ha sido el país que se abandona, no la tierra donde se va o acude. Eso se ha traducido en un empobrecimiento intelectual y espiritual que ha derivado en una cerrazón. Pienso en Cataluña y creo que si los independentistas ganaran sería una catástrofe, porque entonces el repliegue sería absoluto, fatal.

P: Y esta cerrazón ha desconectado al país durante muchos siglos de Europa.

R: España perdió las luces mientras todo el continente las acogía desde Francia con sus ideas revolucionarias. En cierto sentido la situación actual española es una herencia de todos estos factores.

Si los independentistas catalanes ganaran sería una catástrofe, porque entonces el repliegue sería absoluto, fatal

P: Bien podría ser que otro problema español fuera no aceptar su diversidad interna y la idea de Nación de Naciones.

R: Pero en Francia pasa lo mismo, se compone por regiones muy distintas, pero es inimaginable contemplar una escuela bretona donde sólo se hablará en bretón, es impensable desde un punto de vista francés. No considero el caso español excepcional, pues toda Europa se compone de naciones formadas por regiones. Lo increíble es ver cómo tras los años de conflicto vasco, ahora en relativa calma, nace uno nuevo en Cataluña, como si España estuviera condenada a una especie de espiral sin fin.

P: En muchos casos parece que tengamos esa condena a partir de debates internos que impiden proyectarnos hacia Europa. Al final del libro menciona su sorpresa por la condición española de la 'tertulia', bien distinta a la idea francesa de conversación.

R: La tertulia parece un talk show, como en la tele. En la vida cotidiana la tertulia es nerviosa, el diálogo español es una yuxtaposición de monólogos donde los participantes gritan mucho y apenas hablan. La conversación es francesa, y no lo digo desde una óptica nacionalista. En Inglaterra no tienen interés en el tema, en Alemania es imposible porque el verbo cae al final y bien, en España sí, existen las tertulias como las del café Gijón, pero entre gritos no creo que puedan intercambiarse ideas.

 Pierre Assouline a su entrada al Palacio de Justicia de París, donde secelebró el juicio contra él, acusado de difamación por la viuda del escritor argentino Jorge Luis Borges, María María Kodama. EFE/Daniel Mordzinski
Pierre Assouline a su entrada al Palacio de Justicia de París, donde secelebró el juicio contra él, acusado de difamación por la viuda del escritor argentino Jorge Luis Borges, María María Kodama. EFE/Daniel Mordzinski

P: No se tiene razón por hablar más fuerte.

R: Efectivamente, y por mostrar una especie de cólera no ganarás la partida dialéctica. La cólera no es un argumento, es algo absurdo.

P: Su viaje en pos de la nacionalidad tiene muchas capas. ¿Ha intentado recuperar con tu viaje por España el mito francés de las descripciones de la Península Ibérica?

R: No, porque mi inspiración era el Quijote, el Quijote sefardí. La novela de Cervantes es muy anterior a los viajeros franceses del Ochocientos, de Prosper de Merimée a Georges Bizet, quienes por otra parte no conocían nada del país.

P: Y buscaban el exotismo.

R: Sí, para ellos el viaje a España estaba cargado de la búsqueda del folklore, algo que como no es comprensible no comparto porque conozco el país desde siempre, se moverme en su interior y al visitarlo no lo hago como turista. Las personas no me perciben como un extranjero. Durante este viaje siempre fui bien acogido y todos me daban la bienvenida. Al exponer mis razones me veían como alguien que, tras irse, finalmente volvía a casa.

P: ¿Crees que los españoles tienen conciencia sobre la expulsión de los judíos?

R: No, entre otras cosas porque sucedió hace muchísimo tiempo. Durante casi cinco siglos no hubo judíos en España. Durante el franquismo el tema no se abordó y en las universidades no es una cuestión que se investigue, además hay otro ámbito muy importante. Si paseas por el país no existen las juderías, ni siquiera como objeto turístico.

Durante casi cinco siglos no hubo judíos en España: si paseas por el país no existen las juderías, ni siquiera como objeto turístico

P: Dentro de este desconocimiento siempre he pensado que estamos alejados de Europa sin ir más lejos por no celebrar su día, el 8 de mayo.

R: Sí, pero eso como bien sabes es porque España no participó en la Segunda Guerra Mundial.

P: Pero si lo celebráramos quizá nos integraríamos más en Europa y sería más fácil hablar de proyectos y problemas compartidos.

R: Sí, pero cada país tiene su particularidad. Al fin y al cabo sólo le hubiese faltado a España entrar en guerra. Portugal y Suiza tampoco entraron en la guerra. El país helvético está sin estar en Europa.

P: Lo decía también por la memoria. Es difícil recordar la memoria judía si ni siquiera conservamos un mero rastro. En Barcelona se ha recuperado el Call, el barrio judío.

R: Sin duda, episodios como el barcelonés rehabilitan el tejido antiguo de la ciudad y van bien por distintos motivos, sobre todo turísticos, así se vende ese pasado como una curiosidad más. Otro rasgo positivo, permíteme ser irónico, es que estas recuperaciones son fantásticas para la imagen española, muestran tolerancia, sí, pero lo cierto es que la mayor parte del legado arquitectónico judío ha desaparecido, desde las juderías hasta las sinagogas, sepultadas bajo las iglesias católicas.

No existe un relato nacional en Españaa diferencia de Francia, más centralizada y con capacidad para hilvanar sus mitos y leyendas

P: A lo largo del viaje intenta captar los rasgos españoles desde su mirada, que al ser externa siempre ofrece otra visión. En un momento concreto habla de nuestra dificultad para identificarnos con el país.

R: No existe un relato nacional en España. Eso sin duda la distingue de Francia, mucho más centralizada y con una capacidad fuerte para hilvanar sus mitos y leyendas, válidos para construir un relato nacional. Uno de ellos se basa en la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la Liberación De Gaulle tuvo la inteligencia de unir a los franceses a través del mito de la Resistencia, que se sostuvo con energía durante cuatro décadas. En ese sentido España me hace pensar en Suiza, donde no existe un sentimiento nacional de país y en cambio se encuentra mucho sentimiento de pertenencia entre los habitantes de cada cantón, absolutamente identificados con el mismo.

P: Y en Francia la bandera tiene valor unitario y gran parte de la ciudadanía la acepta como seña de identidad.

R: Algo que en España no sucede. Es uno de sus problemas junto al himno nacional. ¿Cómo quieres crear un relato nacional si no funcionan ni la bandera ni el himno?

P: Como bien ha dicho, estos relatos nacionales se forman a partir de una mezcla entre invención y realidad.

R: Toda identidad tiene algo de fantasmagoría, hasta yo mismo a la búsqueda de mi identidad sefardita en España tengo algo de fantasmagórico. Mi España es un fantasma, es normal, no existe, es como cuando estaba en Sevilla buscando el rastro de mis ancestros. Era imposible, estaba en mi cabeza. Además la identidad judía está escondida en mil estratos, tanto por las conversiones como por la miríada de nombres que los ocultan, como si ese pasado estuviera soterrado en muchos sedimentos.

No me parece negativo buscar una identidad nacional, no es algo de extrema derecha sino cosmopolita y múltiple

P: Siempre volvemos a la memoria.

R: No me parece negativo buscar una identidad, muchos dicen que es nacional, nacional es nacionalista y nacionalista se asocia con la extrema derecha. Y no, la identidad es cosmopolita, diversa, múltiple, variada. En París no existen verdaderos parisinos.

P: Como los romanos de Roma, una especie de animal mitológico.

R: Y en realidad que la identidad tenga tantos matices es algo extraordinario, es muy bueno. Francia fue el país que más extranjeros acogió durante el siglo XX. Me preocupa España en este sentido. Tiene buenos sentimientos, es amable y acoge a muchos inmigrantes. España se encontrará en primera línea ante África. La puerta de entrada está en Ceuta y Melilla, en España.

P: Pero precisamente este es un problema europeo, traspasa las meras fronteras nacionales.

R: El problema es que Europa no puede absorber a toda África, ni tampoco a determinados hombres provenientes de Oriente Medio con una concepción del Islam que aspira a reemplazar la sociedad. No hablo de todos los musulmanes, sino de una concepción concreta que quiere imponer, no convivir. España ha sido muy laxa. En Francia el Ministro de Interior también se ocupa del culto y hemos tenido políticos muy firmes en este sentido, evitando males mayores. En esta tesitura tengo miedo por lo que pueda ocurrirle a España.

P: Y esta cuestión, que como decía tiene un claro corte europeísta, se menciona en mucha prensa desde tonos sensacionalistas y alarmistas, sin abordarse en profundidad, en cambio otros temas ocupan mucho espacio.

R: Sí, sin duda, es como el caso de la tumba de Franco, que en algunos medios españoles parece que tenga un dossier diario. Es una cuestión importante, pero también es un tema fácil de solucionar.

P: Sacarlo, pasar página, consolidar la democracia y centrarnos en temas importantes, en los verdaderos problemas del país.

R: Tenéis muchas cuestiones que son pretextos o pura retórica.

P: En el libro hay un momento donde mencionas la obsesión española por la novela Patria. Resulta ridículo que lo único que hable de este concepto en España sea el título de una novela.

R: ¡La leí, finalmente! Me pareció interesante y bien hecha tanto en lo histórico como lo político. Desde un punto de vista literario no funciona tanto, Aramburu es un buen periodista, pero no es un artista, en eso Patria es muy pretenciosa.

P: Para construir una Nación deben aceptarse sus vaivenes del pasado.

R: Sin duda. Me has hecho pensar a partir de Patria en si, con el tiempo, saldrá algo parecido con la cuestión catalana. Quizá Eduardo Mendoza sería el indicado para escribir un libro de estas características.

P: Pero aún falta tiempo para una novela así en Cataluña, se necesita perspectiva histórica.

R: Sí, y solucionar todo el absurdo del lenguaje. Me escandaliza escuchar tanto fascista y franquista con el tema catalán, hasta leí que algunos calificaban al gobierno Sánchez de franquista. Es banalizar las palabras y vaciarlas de significado mediante una ignorancia que casi presume de su condición.

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