Entrevista

Joaquín Achúcarro: "En dos compases de Mozart pasa más que en un concierto pop"

A sus 85 años, la retirada no pasa por la mente ni por las manos del pianista bilbaíno, que acaba de ser nombrado académico de las Bellas Artes de San Fernando

Foto:   Joaquín Achúcarro. (Jean-Baptiste Millot)
Joaquín Achúcarro. (Jean-Baptiste Millot)

"El piano tiene secretos. ¿Oyes esto? Solo he tocado una nota, pero hay infinitas sonando. Escucha". Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1932) está sentado frente a un piano Steinway. Con la cabeza inclinada, clava los ojos azules en una tecla. Pulsa y hunde el pedal. Las otras cuerdas del instrumento, que estaban en reposo, empiezan a vibrar. En física, este fenómeno se conoce como resonancia por simpatía. "Es cuestión de matemáticas".

Aunque debutó como solista a los 13 años (un concierto de Mozart y la Filarmónica de Bilbao), este pianista bilbaíno quiso estudiar Física. "Fui un poco estúpido, me di cuenta de que era imposible compaginarlo con el piano". Más de setenta años después, es Premio Nacional de Música, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Artista por la Paz de la Unesco y, recientemente ha sido elegido miembro de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando. "Estoy muy agradecido. Sería estupendo que los nombramientos incluyesen además la capacidad de tocar mejor el piano", bromea.

Las manos de Joaquín Achúcarro al piano. (EFE)
Las manos de Joaquín Achúcarro al piano. (EFE)

Tras una carrera colmada de reconocimientos y colaboraciones con los mejores músicos del mundo, Achúcarro asegura con la naturalidad del niño que todo consiste en arrebatar secretos al piano. "Quiero que el instrumento me cuente más cosas, si es tan amable. No suele pasar, pero de vez en cuando se descuida. Entonces, se lo cuento a mis alumnos. ¡Mirad qué he descubierto!". Desde 1990, Achúcarro es profesor de piano en la Universidad Metodista de Dallas. Esta semana se encuentra en Madrid para impartir sus clases en los Cursos Magistrales Internacionales de Música de la Fundación Gómez-Martínez, que se celebran en el Real Conservatorio de Música de Madrid. A sus 85 años, la retirada no pasa por su mente ni por sus manos. Está preparando su gira en Japón para el año que viene: los dos 'Conciertos para piano' de Ravel y el 'Segundo' de Rachmaninov. También la presentación de su último disco, un monográfico de Chopin editado por La Dolce Volta.

PREGUNTA. Más de 70 años como pianista a las espaldas, ¿sigue estudiando nuevo repertorio?

RESPUESTA. Sí. Mompou, Mozart, Beethoven, Rachmaninov… Un poco de todo. Para no cansarme y tener ideas nuevas. Todavía tengo que vivirlas, comérmelas, digerirlas. Estudiar obras nuevas me sirve para profundizar en lo que yo llamo "la amistad con el compositor". Intento llegar a su mundo interior. No creo que los grandes músicos, de repente, sintieran una inspiración divina. Creo que más bien luchaban contra lo que no les gustaba, contra su creatividad. Lo que Beethoven descartó de su 'Quinta' son fragmentos preciosos. Él, tranquilamente, los eliminó porque no iban con su sinfonía.

Joaquín Achúcarro. (Jean-Baptiste Millot)
Joaquín Achúcarro. (Jean-Baptiste Millot)

Cuando llego a entender a los compositores de esa manera, su obra me sobrecoge. Una sola nota de Chopin, colocada en un punto especial, tiene un valor emocional increíble. Lo he ido descubriendo poco a poco. Creo que eso es lo más interesante y lo que intento transmitir a mis alumnos. A veces un silencio contiene más música que un torrente de notas.

P. Ahora mismo se encuentra en Madrid dando clases a pianistas jóvenes.

R. Hechos y derechos. Los veo como colegas. Intento mostrarles lo que a mí me ha costado años descubrir, y que ahora forma parte de mi manera de tocar. No es más que eso. "Pon el pedal un poco después, toca esta nota un poco más fuerte". El piano suena distinto.

P. ¿Cómo se descubre?

R. Como un pintor, supongo. Primero preparo la tela. Segundo, unos esbozos del paisaje. Después, trabajo muy despacio. La partitura es un jeroglífico donde un compositor ha encerrado lo que quiere decirnos. Yo tengo que descifrarlo y, después, contarlo en mi interpretación. Como si quisiera usar mis propias palabras. Es algo muy personal.

Me gustaría saber si dentro de cien años se seguirá cantando el 'Himno a la Alegría' de Beethoven, y no puedo contestar a esa pregunta. A lo mejor se cambia por algo de Michael Jackson. Creo que la música a la que llevo dedicándome toda la vida expresa cosas muy profundas del ser humano. Ni siquiera genios como Mozart o Beethoven sabían lo que estaban escribiendo en sus obras. Hoy nos parece mucho más grande de lo que quizá les pareció a ellos, no lo sé… Lo que sí sé es que a mí cada vez me sobrecogen más.

La música de Bach ha sobrevivido a muchas mociones de censura

P. ¿Usted escucha jazz, rock, pop, rap…?

R. El jazz y la bossa nova me encantan. Con el pop me da la sensación de que se repite la misma cosa 108 veces, hasta que el más estúpido de los oyentes es capaz de tararearlo. Una vez dije que en dos compases de Mozart pasan más cosas que en todo un concierto de pop, y algunos amigos de mi hijo me querían matar (ríe).

P. ¿Cree que la audiencia ha cambiado?

R. Es que todo el mundo ha cambiado. Ni siquiera existía el motor a reacción o el teléfono móvil. Estamos viviendo una explosión de la comunicación humana. Es tan enorme que no se puede prever. Yo me digo: "Zapatero a tus zapatos". Sigo estudiando las obras que me fascinan y ya está. La primera vez que ves una pintura puedes pensar que es bonita. Si lo sigues mirando, cada vez descubres cosas increíbles. Cada obra es un mundo. Intento transmitir mi mundo al público cuando toco.

P. ¿Y qué falta para atraer a los jóvenes?

R. Creo que hay muchos jóvenes a los que les da miedo asomarse a este mundo porque creen que no lo van a comprender. Quizá la culpa de eso la tenemos nosotros. Damos los conciertos vestidos de frac, en silencio sepulcral. En un concierto de pop, todo el mundo va a saltar, a intentar cantar y que su voz se escuche por encima de los altavoces. Es otra manera de vivir la música. Pienso en el Mundial de Rusia. El nivel de perfección que ha alcanzado el deporte roza la perfección. ¿Qué es lo que impulsa a una persona a pintarse los colores de su equipo en la cara y a ponerse una peluca? Son las ganas de disfrazarnos. Todos las tenemos. Hasta hace poco, mi disfraz era el frac. Ahora empieza a ser algo más cómodo.

Joaquín Achúcarr al piano. (EFE)
Joaquín Achúcarr al piano. (EFE)

Yo pediría a los jóvenes que se atrevan a asomarse. Todos conocemos el 'Himno a la Alegría' de Beethoven, pero pocos lo conocen dentro de la 'Novena'. Es un estallido de energía, una fe en el porvenir. Que se asomen al resto de la sinfonía, por ejemplo. La gente tiene miedo a los conciertos porque piensa que no va a entender la música. Llevo un tiempo dándole vueltas a este asunto. Si antes de tocar una sonata explicara en qué consiste, al público le resultaría totalmente distinta. Apuesto por la divulgación.

P. Pianistas como Lang Lang o Yuja Wang llenan estadios.

R. Porque son pianistas estupendos y auténticas estrellas del pop. Han sabido encontrar un término medio. Su personalidad tiene una atracción increíble para el gran público que no suele estar acostumbrado a la música clásica.

Muchos jóvenes a los que les da miedo asomarse a este mundo porque creen que no lo van a comprender

P. No sé si, fuera de la música clásica, le ha tomado el pulso a la actualidad española: moción de censura, nuevo gobierno, nuevo ministro de Cultura… ¿Qué espera para su profesión de los cambios políticos?

R. La música de Bach ha sobrevivido a muchas mociones de censura. Creo que los artistas, de cualquier disciplina, siempre han tenido el mismo papel en el mundo. Cuando Ulises volvió de su Odisea, mató a todos menos al músico (ríe). Tengo claro que nunca podremos separar la música del compromiso. Yo siento un compromiso ético cuando traduzco las partituras de Beethoven o de Chopin, pero también tengo que ganarme el pan. Es una mezcla. En el escenario, imito a los vegetales: hago lo que sé y lo mejor que puedo. Un naranjo solo da naranjas, pero si las condiciones de sol y lluvias son buenas, las naranjas serán mejores. El otro día vi una foto del desierto de Atacama, el más seco del mundo. Después de veinte años sin una gota de agua, cayeron lluvias torrenciales. Las plantas que estaban bajo la tierra florecieron y aquello parecía un vergel. Fue fantástico. Eso es lo que tenemos que hacer.

También tendremos que encontrar otros caminos. Todo es evolución. En unas cuevas alemanas, los arqueólogos encontraron unos huesos de buitre con agujeros, como una especie de flauta. Hoy, cien músicos de orquesta y sus cien instrumentos, fabricados por cien artesanos, tocan una sola partitura. Se ponen de acuerdo para sonar juntos. En ese momento concurre todo lo humano: zozobras, pensamientos, sufrimientos, decepciones y triunfos. Yo sigo intentando descubrirlo.

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