una afonía polémica

"Si Joaquín Sabina no devuelve el dinero, es un caradura"

Sobre la suspensión del concierto de Sabina en Madrid. Opinan un músico, una periodista y un ejecutivo discográfico

Foto: Sabina, anoche, en su concierto de Madrid (EFE)
Sabina, anoche, en su concierto de Madrid (EFE)

Los titulares relacionados con Sabina cada vez son más médicos y menos artísticos. “Sabina hospitalizado por un trombo en una pierna”. “Sabina suspende tres conciertos en México tras una caída”. “Sabina cancela sus conciertos en Madrid y en Granada por una gastroenteritis”. En Canarias volvió a suceder debido a una “extensa trombosis venosa profunda ileo- femoro-poplitea e infrepoplitea”.

Hace tiempo que no es ningún secreto la precariedad física de uno de los cantautores españoles más queridos por el público. Son ya tres años desde aquel diciembre de 2014 en que tuvo que acortar otro concierto en Madrid por una indisposición.


Él siempre ha vendido el rollo canalla y jeta, pero debe de tener un mínimo respeto a sus seguidores

La pasada noche también tuvo que abandonar el escenario de la capital, con un buen trecho pendiente del repertorio. Estaba sonando su clásico 'Y sin embargo' y le pudo la afonía. Antes había reconocido -a micro abierto- que “no está siendo el mejor concierto, por mi parte”. La pregunta se formula sola: ¿tiene salud suficiente el músico de Jaén como seguir actuando en directo? Anoche las redes sociales recogieron el malestar por lo sucedido y también por no saber si el precio de la entrada iba a ser reembolsado. Por primera vez en décadas, los fieles “sabineros” estaba divididos entre el apoyo y los reproches a su ídolo.


Devolver el dinero

La última vez que le fui a ver dejó a los músicos tocando solos quince minutos en el escenario

La periodista Patricia Godes nos dibuja un mapa de la conflicto: “El tiempo cobra su peaje siempre. Lo primero que perdemos en la edad adulta es la flexibilidad, es decir, el colágeno de los tejidos, también en las cuerdas vocales. La voz es un órgano muy delicado: frío, enfermedad, cansancio, tabaco y, por supuesto, la edad, le afectan. Lo experimentamos todos casi diariamente. Los cantantes populares, con muy poca técnica -o ninguna, en muchos casos- son obligados a veces a unas rutinas agotadoras para aprovechar el tirón y el momento. Abusan de lo que es precisamente su modus vivendi: la garganta. Diana Ross hace unos veranos llevó a cabo una gira por Estados Unidos con la voz tremendamente dañada (he visto videos recientes en los que parece que la ha recuperado). Lo mismo Dionne Warwick que, hasta hace poco, era un prodigio”, recuerda. En este negocio, no se puede dar nunca por hecho que la voz va a estar ahí. Menos todavía cuando has superado la edad oficial de la jubilación.

En el caso de Sabina, la cosa parece sencilla: “Pienso que no hay mucho que decir. A cualquiera le puede pasar, joven o viejo: cualquiera se puede quedar sin voz en el escenario perder el equilibrio y caer al foso, como le pasó a Ana Torroja en la plaza de toros de Castellón. Gajes del oficio. Lo único que tengo claro, sin ninguna discusión, es que la empresa promotora tiene que devolver el precio de las entradas a los espectadores que así lo exijan”, afirma Godes. De la misma opinión es Adrian Vogel, ensayista pop y ejecutivo discográfico retirado. “Si no devuelve el dinero, es un caradura. Él siempre ha vendido el rollo canalla y jeta, pero debe de tener un mínimo respeto a sus seguidores. Lo que pasó el sábado no es un hecho aislado, sino cada vez más frecuente en su carrera. Llueve sobre mojado. Pero voy más allá: creo que debe a su público explicaciones sobre si se cuida la voz, si visita a al foniatra, si evita los excesos que puedan afectarle cuando está de gira. La fiesta y la falta de descanso no favorecen. Es la fatiga de los materiales, que diría un ingeniero”, señala.

¿Doble rasero?

Soy comprensivo con Sabina, pero si lo somos con él hemos de serlo con todos. Y con todas

Vogel recuerda la mala impresión que le causó algún detalle de esta gira: “La última vez que le fui a ver dejó a los músicos tocando solos quince minutos en el escenario. Supongo que para hacer gárgaras, pero las gárgaras se traen hechas de casa. El público ha pagado para escucharte cantar a ti, no para ver como toca tu banda”, afirma. A lo largo de la mañana del domingo, la sección de Cultura de El Confidencial intentó ponerse en contacto con la oficina de representación del cantante. No fueron devueltas las llamadas ni los mensajes de Whatsapp. En ninguna de las redes oficiales relacionadas con el concierto se ofrecía reembolsar al público el dinero de las entradas, que en su actual gira se mueven en la horquilla entre cuarenta y cien euros. Este lunes, dos días después de que abandonara el escenario en Madrid, ha anunciado que cancela el resto de su gira y que el dinero de las entradas será devuelto.

Guitarra de Loquillo y artista en solitario, Igor Paskual sugiere que a Sabina se le juzga con una vara de medir más permisiva que a otros: “No soy ni fan de Sabina ni de Amaia Montero, pero cuando ella -que es tan canalla o más que Sabina- sale a escena en malas condiciones se le llama de todo. Si lo hace Joaquín Sabina, el público y la prensa son benevolentes. ¿Por qué? Porque ella es tía y hace pop y él encarna a ese supuesto genio creador muy auténtico con patente de corso. Es un arquetipo viejísimo, pero que sigue funcionando”, denuncia.

Presión y nervios

Defendiendo a su gremio, Paskual recuerda que la vida en la carretera tiene sus dificultades, no siempre visibles: “El caso opuesto a Sabina en Enrique Bunbury, que hace giras interminables con un repertorio que exige mucho a sus cuerdas vocales. Las pocas veces que ha tenido que suspender, se le han echado encima. Se le exige ser heroico en escena. Lo último que quiere un artista es bajarse del escenario: he visto a gente salir a tocar con depresiones, con un padre o hijo muerto hace pocas horas o días...Soy comprensivo con Sabina, pero si lo somos con él hemos de serlo con todos. Y con todas”, subraya. “Por otro lado, estas cosas demuestran que una gira es algo más duro de lo que parece. Hay presión, nervios y debes tener mucha disciplina para parecer indisciplinado”, remata. Según cuentan las crónicas, Sabina ni siquiera salió a despedirse de su público en Madrid.

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