la polémica visita del papa pop

Bienvenido, Mister Warhol: la semana en que la Movida mostró su cara más paleta

35 años después del aterrizaje de Andy Warhol a Madrid, se sigue celebrando y debatiendo su relevancia

Foto: Algunas fotografías de Warhol que publicó la revista 'Garbo' sobre su visita a Madrid.
Algunas fotografías de Warhol que publicó la revista 'Garbo' sobre su visita a Madrid.
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Jueves por la noche: 327 personas agotan las localidades del Caixaforum del Paseo del Prado. Público entre 20 y 70 años ha pagado cuatro euros —dos, si eres cliente del banco— para escuchar a Alaska, a un director de documentales (Rubén Salazar) y a un profesor de arte de la Universidad de Salamanca (Javier Panera) disertar sobre la importancia de Andy Warhol, máximo referente del arte pop. La conferencia, con esa modestia propia de los años ochenta, se titula 'Nueve días que (con)movieron al mundo'. La frase hace referencia a la visita de Warhol a Madrid en enero de 1983 para inaugurar una exposición en la galería de Fernando Vijande.

¿Hasta qué punto impactó este acontecimiento en todo el planeta? Al propio artista, no mucho. Ni siquiera los menciona en sus detallados ‘Diarios’ (1989), donde apuntaba desde cotilleos sobre el tamaño del pene de Warren Beaty hasta el precio de los taxis que tomaba. El creador neoyorquino fue agasajado en la capital española con fiestas en las mansiones de los March y los Hachuel, donde conoció a toda la 'jet set' local, además de a sus modernos retoños y a un surtido de jóvenes entre bohemios, glam y lumpen. Warhol venía a “hacer caja”, léase vender retratos a empresarios y marquesonas, pero no colocó ninguno. Solo consiguió liar a Miguel Bosé, que adquirió un pack completo, consistente en encargarle la portada de un álbum, varias fotografías de promoción, algún cuadro y dos videoclips. Fue sin duda el mejor negocio del neoyorquino en Madrid. Lo agradeció dedicando a Bosé la portada de su revista 'Interview'.

Retraso cultural

Los ponentes masculinos en Caixaforum tienden a solemnizar aquellos días. Por suerte, Alaska rebaja un poco el asunto. “Me ha sorprendido ver el documental de Rubén porque he descubierto que entonces todo el mundo consideraba a Warhol una estrella. No es lo que yo sentí. Estoy de acuerdo con el relaciones públicas Carlos Martorell en que no le conocía nadie y que no interesaba a nadie en España. Nos gustaba a cuatro: Almodóvar, Vijande, Auserón, Herminio Molero, Bernardo Bonezzi, Nacho Canut, Carlos Berlanga y a la galerista Blanca Sánchez.

Miguel Bosé según Andy Warhol.
Miguel Bosé según Andy Warhol.

"A mí también, por supuesto. Warhol no interesaba a los grupos de la Movida y la Velvet Underground tampoco eran una referencia, sino más bien un grupo execrable. Yo no fui a algunas fiestas de la visita de Warhol, aunque estaba invitada, porque era una adolescente problemática y me molestaba que una persona que era referencia para mí, de repente se convierte en algo que defiende todo el mundo. Excepto Paloma Chamorro, que seguramente era la única que podía explicar bien su figura, la mayoría [del mundo de la cultura española] consideraba que Warhol era una blasfemia, un timo y una 'vendetta' capitalista contra el verdadero arte”, recuerda. Hay que subrayar que el artista era una celebridad pop global desde los años setenta, hasta el punto de haber firmado portadas de los Rolling Stones que muchos chavales de barrio españoles tenían en su casa, por ejemplo, ‘Sticky Fingers’ (1971).

Príncipe del postureo

La divina Preysler intentó trabar una conversación con él, que se mostró hermético (Warhol atravesó Madrid repartiendo monosílabos)

El artista de pelo blanco llegó aquí como Naranjito, un símbolo de apertura de España al mundo, cuya visita no fue cubierta por las revistas de arte sino por ‘Garbo’ y otras cabeceras del mundo del corazón. Warhol se fotografió junto a Ana Obregón. La divina Isabel Presyler intentó trabar una conversación con él, que se mostró hermético (en general, Warhol atravesó Madrid repartiendo monosílabos). Ágatha Ruiz de la Prada se definió como “groupie' de Warhol”.

La frase más recordada del ‘Papa del pop’ fue decir “ya he acabado, nos vamos” en la tienda de recuerdos del Museo del Prado. Había comprado la postal de un bodegón de Zurbarán y estaba informando a su séquito de que no tenía ningún interés en entrar a ver los cuadros de Velázquez, Goya o El Bosco. Su segunda frase más famosa fue decir “you are a superstar” (eres una superestrella) al ver a Fabio McNamara, compañero de las primeras gamberradas 'queer' de Almodóvar. No parece que Warhol encontrase mucho más en la ebullición del Madrid ochentero. Cuentan los ponentes del Caixaforum que en la Fundación Warhol hay cientos de polaroids de esos días con la etiqueta 'unidentified woman' y 'unidentified man'. Alguna crónica revela que lo que más le gustó de Madrid fue la repostería de la cadena Mallorca, típica de los barrios altos de la capital. Se llevó un surtido de vuelta a Nueva York.

“El primer 'influencer”

¿Fue Andy Warhol un artista crucial? Sin duda. Alaska lo explicó de manera impecable. “Por supuesto, Warhol se adelantó a su tiempo, sobre todo la forma en que trató los medios de comunicación. Al crear la Warhol TV, se convierte en el primer 'youtuber', con su adicción a las polaroids fue el primer 'instragramer' y con sus ‘Diarios’ es el primer 'blogger'. Entonces, si viviera hoy, Warhol sería un 'influencer', que básicamente es lo que representa su figura. Warhol se inventa en el siglo XX conceptos que triunfarían en el XXI, como la fama, el valor de la copia frente al original y también el concepto de superestrella, que lo mismo valía para un chapero como Joe Dallesandro que para una actriz como Liza Minelli. Básicamente, eso es en lo que ha derivado el concepto de 'celebrities' hoy en día. Si viviese todavía, Warhol estaría haciendo un 'reality show' y llevaría todo el día una cámara al hombro para contar cada cosa que estuviera haciendo. No se trata de debatir si Warhol está o no vigente, sino de recordar que gran parte de lo que la mayoría consideramos arte o entretenimiento estaba ya en Warhol en los años sesenta”.

Cualquier homenaje que le rindamos se queda corto. Warhol fue el hombre que democratizó el narcisismo

Sin duda, es el precursor de figuras como Dulceida, Prince Pelayo y Mario Vaquerizo. Cualquier homenaje que le rindamos se queda corto. Warhol fue el hombre que democratizó el narcisismo.


Pasta y punto

La izquierda cultural tiene una enfoque distinto. Por ejemplo, el historiador Eric Hobsbawm: “Warhol y los artistas pop no querían revolucionar ni destruir nada, y mucho menos el mundo. Todo lo contrario, aceptaban ese mundo, e incluso les gustaba. Lo que sucede es que se dieron cuenta de que en la sociedad de consumo ya no había lugar para el arte visual tradicional, excepto, por supuesto, como forma de ganar dinero. (…) Un mundo real por el que fluía a cada hora un caos de sonidos, imágenes y símbolos, supuestos integrantes de una cultura común, había desbancado el arte como actividad especial. La importancia de Warhol —incluso la grandeza de esa figura extraña y antipática— radica en la coherencia de su rechazo a ser otra cosa que el vehículo pasivo de un mundo experimentado a través de los medios de comunicación”.

Para entendernos, el arte reducido a una cuestión de epatar a tus padres, ganar millones y hacerte famoso

Por su parte, el crítico cultural Terry Eagleton, que nunca asistió a un concierto de los Pegamoides, describe bien a los discípulos de Warhol: “Existe quizás un cierto consenso según el cual el típico artefacto posmoderno es leve, autoirónico y hasta esquizoide; reacciona a la autonomía austera del alto modernismo adoptando de manera imprudente el lenguaje del comercio y de la mercancía. Su posición con respecto a la tradición cultural es la de un pastiche irreverente, y su artificial superficialidad socava toda solemnidad metafísica, en ocasiones mediante una estética brutal de sociedad y 'shock”. Para entendernos, el arte reducido a una cuestión de epatar a tus padres, ganar millones y hacerte famoso. El trabajo de Warhol puede leerse como una descripción aséptica del vacío humano de la sociedad de consumo o como una celebración kamikaze del consumismo. No hace falta explicar qué opción tomaron la mayoría de los modernos españoles.

Más allá de los sesudos críticos marxistas, la referencia clave para entender la visita de Warhol a Madrid es ‘Bienvenido Míster Marshall’ (1953), de Luis García Berlanga. Sinopsis: un grupo de ingenuos españoles rurales esperan que llegue un señor de Estados Unidos para incluirles en el mundo y arreglarles un poco la vida. Dicho esto, la cinta de Berlanga es una crítica al retraso cultural de España, mientras que el fiestón pijo y posmoderno que conocemos como la Movida fue una celebración del petardeo como cima de la libertad humana. Los espectadores suelen salir de la proyección de la película protagonizada por Pepe Isbert con la sensación de que viven en un país espeso, atrasado y con un punto patético. Muy al contrario, los aristócratas y modernos de los ochenta abandonaban las fiestas de tributo a Warhol convencidos de que España se había puesto al día. La diferencia parece significativa.

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