arte contemporáneo

Polémica sobre Okuda: ¿nueva estrella antisistema o bluf decorativo?

El artista de Santander se ha ganado a los medios y al mercado, pero no a los expertos

Foto: El artista callejero santanderino Óscar San Miguel 'Okuda'. (EFE)
El artista callejero santanderino Óscar San Miguel 'Okuda'. (EFE)

Los más probable es que no le conozcan, pero quizá su obra les suena. El artista gráfico Okuda San Miguel (Santander, 1981) fue la estrella invitada de ARCO, protagonista en las últimas Fallas valencianas y objeto de amplios reportajes en periódicos y telediarios. Se le han colgado varias etiquetas recurrentes, entre ellas la de "Banksy español", "genio del grafiti" y "artista urbano español más solicitado en el mundo". En las entrevistas echa más leña al fuego vendiéndose como antisistema. "Paso del mercado y del capitalismo", proclamaba en 'El Mundo', dentro de un amplio reportaje donde destacan sus encargos de 60.000 euros y las propuestas que le llegan de lugares como Kuwait, Filipinas, San Francisco, Nueva York y Bangkok, entre otros.

Lo mismo le piden una estatua en forma de oso en Reinosa que un retrato de Paco de Lucía para Metro de Madrid o decorar un edificio de 30 plantas en Toronto. Algunos periodistas le han presentado con la narrativa del "intruso" que desafía a los jerarcas del arte y "triunfa al margen de los museos". ¿Fantasía o realidad? Cuando se piensa un poco, crecer fuera de las instituciones es el camino habitual de los artistas urbanos.

¿De verdad triunfa?

En el mundo del arte contemporáneo, según comprobamos, casi nadie tiene muy claro quién es. La mayoría mira Google para situarse. Valentín Roma, historiador del arte y director del centro La Virreina en Barcelona, baja al suelo el fenómeno. "Ni siquiera tengo claro si triunfa. Estar en Art Madrid o en las Fallas no significa nada. Que te paguen 60.000 euros por una obra no es triunfar, esa cantidad la cobran Jeff Koons o Maurizio Cattelan por asistir a una fiesta", señala.

'El sueño de Mona Lisa', del artista español Okuda, en una exposición parisina. (EFE)
'El sueño de Mona Lisa', del artista español Okuda, en una exposición parisina. (EFE)

Luego explica que hay tres instancias de validación: "Las tradicionales serían el mercado y lo que podría llamarse la Institución Arte, capitaneada por el museo, la crítica y la historiografía. En tiempos recientes hay que añadir un 'tercer poder' —lo digo irónicamente— constituido alrededor de las redes sociales, que en cierto modo han llevado a un esfera ya no pública, sino impúdica o confesional, eso que antes podría funcionar bajo la etiqueta de ‘alternativo’ y que operaba con otros códigos de difusión muy diferentes a los de las instancias más tradicionales. Okuda quizá se inscribe dentro de este último episodio y no debe extrañar que en su trabajo haya una gran fisura entre la recepción más o menos mediática y la inclusión en los relatos digamos especializados", apunta.

"Tumulto de parvulario"

Roma termina con una valoración estética: "Desconozco a fondo la obra de Okuda, aunque él mismo se ocupa de citar como una de sus referencias a Takashi Murakami, con quien puede que comparta una estética común”. Hace siete años, Roma dedicó una columna en 'La Vanguardia' a una exposición del artista japonés en París. Recordamos un fragmento: "Murakami ha redecorado el palacio de Versalles con una serie de obras dispersas por los salones donde habitó el Rey Sol. Algunos le llaman el Warhol japonés, otros explican su trabajo como una fusión entre el manga y cierto gusto pop, una especie de cóctel entre 'Pokémon' y la 'María Antonieta' de Sofía Coppola. A falta de análisis más consistentes, la muestra ha puesto a circular una retahíla de comentarios jocosos". Más adelante, describe el arte de Murakami como "un pequeño tumulto de parvulario". El trabajo de Okuda, en realidad, no parece rabiosamente nuevo ni especialmente bueno.

Más que artista, decorador

La única persona a quien llamo y conoce a Okuda es Alberto Santamaría, crítico cultural y autor de ensayos tan elogiados como ‘Arte (es) propaganda’ (2016), ‘Paradojas de lo cool’ (2016) y ‘En los límites de lo posible. Política, cultura y capitalismo afectivo’ (2018). Seguramente el hecho de que conozca al artista tiene que ver con que Santamaría vive en Santander, donde los medios locales intentan convertir a Okuda en icono de la modernidad cántabra.

El artista español Okuda San Miguel, ante un mural pintado por él en Budapest. (EFE)
El artista español Okuda San Miguel, ante un mural pintado por él en Budapest. (EFE)

Más allá de lo visual, se puede hacer incluso una valoración política: "Okuda juega al juego de querer ser 'héroe artístico', algo así como el Miquel Barceló del 'street art'. En épocas conservadoras, estas figuras son ideales para recubrir lo reaccionario de una pátina de modernidad creativa. Esto es recurrente en la historia del arte. Macron tiene a Obey y aquí la derecha tiene a Okuda. Él mismo se ofrece como emprendedor creativo para decorar exteriores. Y no le va mal, la verdad. Por otro lado, es cierto que vive en una burbuja ficcional, en un mundo artístico que ya no existe. Es el perfecto paralelo visual del discurso que dice ‘ya hemos salido de la crisis’. Es la ilustración de este proceso, que también se cruza con el poder de la gentrificación”, advierte Santamaría.

Transgresión pueril

La última persona a quien pregunto es Rogelio López Cuenca, veterano artista y autor de alguno de los mejores textos críticos sobre arte contemporáneo. Su opinión suena como la de alguien que ha visto pasar unos cuantos Okudas por delante de sus narices. "Me voy a disculpar porque no quiero entrar en esto. Básicamente pienso lo mismo que sobre Mark Ryden, sus 'hijos' y demás parientes", responde. No va desencaminado, ya que Okuda suele citar a Ryden como influencia.

Santamaría: "Macron tiene a Obey y aquí la derecha tiene a Okuda"

López Cuenca escribió el año pasado la reseña de una exposición de Ryden, de la que nos sirven estas líneas: “Señalar que en un trabajo artístico se mezclen, con pueril ánimo transgresor, elementos procedentes de la alta y la baja cultura es decir, a estas alturas, más bien poco. La versión más común y epidérmica del arte posmoderno se caracteriza precisamente por su desinhibición al respecto: el mundo es un archivo indiscriminado de imágenes, un mercadillo inmenso en el que rebuscar y escoger a placer: 'cut and paste' de estampas religiosas, flora y fauna, juguetes y chacinas, peluches, dinosaurios, porcelanas o 'big eyed dolls'. El catálogo todo del centro comercial". Quizás habría que reformular la pregunta: ¿es Okuda un artista con algo que decir o el equivalente a Swarovski en el arte urbano? O tuvimos mala suerte escogiendo testimonios o parece que hay consenso.

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