"Hemos tardado 40 años en desmontar el falso dilema de votar al PP o al PSOE"
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"Hemos tardado 40 años en desmontar el falso dilema de votar al PP o al PSOE"

El artista malagueño estrena 'Los bárbaros', un exposición en Alcalá 31 que muestra la violencia que encubre el arte oficial

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Rogelio López Cuenca - 'After Goya'

Las calles de Madrid están cubiertas de monumentos propagandísticos. También la mayoría de las ciudades españolas. El artista plástico Rogelio López Cuenca (Málaga, 1959) lo muestra en la exposición ‘Los bárbaros’, que ocupará el espacio Alcalá 31 entre el 16 de septiembre y el 6 de noviembre. El trabajo de López Cuenca denuncia el clasismo de las élites españolas, desde la conquista de América hasta la hostilidad contra los migrantes del siglo XXI. En realidad, la mentalidad colonial está en todos lados, como muestra la obra de López Cuenca, ya sea la policía de la frontera, los anuncios “vintage”de Cola-Cao o los reportajes de la revista “Hola”. Hablamos con el artista mientras realiza el montaje de la exposición.

PREGUNTA. En 'Los bárbaros' se propone visibilizar la ideología del colonialismo español. ¿Las obras de arte pueden servir para blanquear crímenes políticos?

RESPUESTA. Ya sabemos que las naciones son narraciones, que con frecuencia dan lugar a enajenaciones y alucinaciones colectivas. En ese proceso de fabricación juegan un papel central las producciones culturales, especialmente el arte. Piensa en cómo imaginamos la conquista de Granada o el descubrimiento de América. Probablemente nos vengan a la mente imágenes mil veces reproducidas y en miles de versiones diferentes, pero cuyo origen es una pintura del sigo XIX.

P. ¿Me pone un ejemplo de obra que naturalice los crímenes coloniales?

R. Piensa en la estatua del “héroe de Cascorro”, que está al comienzo de El Rastro en Madrid. Se trata de un homenaje al prototipo del fanático suicida, dispuesto a entregar la vida por “su” causa, que a la sazón, además, no era tan suya, sino la de la oligarquía esclavista española e hispanocubana de su tiempo. El colonialismo es un crimen contra la humanidad, condenado como tal por las Naciones Unidas desde 1960. Todos los monumentos coloniales ilustran su condición de “documento de barbarie”. Pocas cosas “lavan más blanco” que la cultura. Sirve para conferir prestigio y es capaz de “dignificar” algo a todas luces es impresentable. Gran parte de las obras de arte son encargos oficiales con una finalidad propagandística.

P. Ahora vivimos una polémica fuerte sobre la memoria histórica. ¿Es partidario de cambiar los nombres de las calles y retirar monumentos?

R. En estos enunciados, tipo referéndum, la trampa siempre está en la pregunta. Hemos tardado casi cuarenta años en desmontar el falso dilema de si queríamos votar al PP o al PSOE. Como dice un amigo, vivíamos en un sistema de bipartido único. Hay que buscar soluciones de largo recorrido, sin prisa, centrándonos en la educación. Hay un ejemplo clarísimo en el centro de La Habana, donde tienen una estatua de Fernando VII, con su pedestal original. La placa le define como “El deseado”, pero cincuenta centímetros por delante han puesto otra placa moderna que le llama “rey felón” y recontextualiza su historia. Eso se puede hacer desde la más estricta oficialidad.

P. ¿Y qué resistencias caben desde el campo extraoficial?

R. A la gente sin poder le quedan recursos como el grafiti. No es lo mismo una estatua cubierta de frases en pintura roja que otra rodeada de una valla. Una imagen potente de nuestra sociedad es la del 20 de noviembre en la Plaza de Mayor de Salamanca, donde plantan dos coches de policía para proteger un medallón de Franco. Además lo cubren de plástico para que nadie la manche. Ahí se revelan los valores sociales de las élites.

El cine, las canciones, las revistas populares, etcétera, juegan un papel fundamental a la hora de justificar el orden

P. Dice que hoy el mecanismo de propaganda más fuerte son las películas y las teleseries. ¿Alguna en particular?

R. Acabamos de terminar un trabajo en Granada que es una especie de contraguía turística. Me parece interesante la importancia que se da a Isabel la Católica, cuya historia imaginamos a través de la tele. Se le da tanta centralizad porque atrae turismo. Y se reproducen sus historias de amor y de celos. El monumento a Colón de Madrid se proyectó para conmemorar la boda de Alfonso XII. Luego hubo retrasos, pero tenía una intención de humanizar a esos personajes semidivinos que eran los reyes. Se les intenta acercar al público a través de sus amores o de la muerte trágica de su primera esposa. El cine, las canciones, las revistas populares, etcétera, juegan un papel fundamental a la hora de justificar el orden.

P. El sistema tiene la televisión, usted las herramientas de un artista. ¿Es pelear contra tanques usando tirachinas?

R. Me parece necesario debatir hasta dónde llega la capacidad de intervención del arte. Te permite, por ejemplo, provocar discusiones universitarias. Eso es importante. La academia tiene mucho peso porque son oyentes atentos, que han pagado una matrícula para estar allí. También me interesa atraer a un púbico casual, como el de esta exposición. Lo mejor es juntar las dos cosas, por ejemplo hacer talleres sobre una expo con historiadores del arte, que lo mismo así llegan a personas que nunca en la vida se iban a leer una tesis doctoral. No hay que abandonar ningún campo.

P. ¿Cree que antes del 15M hubiera podido montar una exposición como esta?

R. Parte del material se había visto ya en Madrid, es verdad que en la galería de Juana de Aizpuru, que es capaz de exponer una bomba con una mecha encendida. No hay nadie más valiente que ella. Pero solemos dar demasiada importancia a personajes y fechas concretas, cuando en realidad el 15M fueron procesos distintos que confluyeron en un momento determinado, cuando muchas prácticas de poder estaban en crisis.

P. ¿De verdad piensa que hubiera podido presentar, como signos de racismo, la imagen de Gallardón vestido de Baltasar, portadas de ABC con la familia real, ejemplos de publicidad con mentalidad colonial?

R. Creo que sí, pero la censura es impredecible. Muchas veces se empecinan en una cosa que a ti te parece totalmente secundaria. Les puede preocupar más el cuestionamiento a una celebridad que la denuncia de una guerra. Creo que en nuestras élites hay un poco de ejercer el poder por ejercerlo. La autoridad se siente obligada a decir algo y lo hace un poco al tuntún. Cuando nombran responsables políticos de cultura muchas veces no tienen que ver con el mérito, sino con premiar la fidelidad política. O con cosas peores, tipo “tú vas a llevar Cultura, que tienes muy buen gusto”. En nuestro tiempo, la censura se ejerce sobre todo mediante la sobreinformación. Hay muchos fascistas sin ideología, que reproducen clichés de forma inconsciente, porque ni siquiera saben argumentarlos. La censura autoritaria sigue existiendo, pero es secundaria. También usan la “inviabilidad económica” o “problemas técnicos”. A mí me censurado obras con frases como “se ha perdido en el transporte” o “lo ha estropeado el chico de la imprenta, que es medio tonto”. Parece imposible, pero utilizan ese tipo de frases para excluir una obra.

En España, los africanos eran como muñecos. Estaba Antonio Machín, el boxeador Legrá y un futbolista del Atlético de Madrid

P. En Estados Unidos existe un sentimiento de vergüenza social por los años de publicidad racista, pero aquí todavía miramos esas imágenes con nostalgia de nuestra infancia. Por ejemplo, los negritos del Cola-cao…

R. En España, los africanos eran como muñecos. Estaba Antonio Machín, el boxeador Legrá y un futbolista del Atlético de Madrid. Se podían contar con los dedos de una mano. Se les presentaba de forma caricaturesca: fanfarrones, excéntricos, pertenecientes al mundo del espectáculo. La minoría étnica oficial son los gitanos y con ellos te relacionas de la misma manera. Solucionas el racismo mediante la admiración a sus grandes figuras del espectáculo, tipo Lola Flores, toreros, cantantes y bailarines. Los problemas comienzan cuando son tus vecinos o van al mismo colegio que tus hijos. Nos gustan mucho, pero subidos al escenario. El racismo se enmascara por medio de la admiración a sus tradiciones culturales. Me parece alucinante que con quien más nos cueste relacionarnos sea con los marroquíes, que son como nosotros, pero al otro lado del Mediterráneo.

P. ¿Cómo se construye simbólicamente "lo español"?

R. Que la fecha de la fiesta nacional sea el doce de octubre pone en evidencia una anomalía: no conmemora, como en el resto del mundo, ni el “nacimiento de la nación”, ni la “declaración de independencia”, sino que coloca la gloriosa esencia identitaria fuera del territorio nacional, lo que indica que el constructo de lo español no es en absoluto un mito lo suficientemente “pacificador”. Por eso el “héroe de Cascorro” (el inclusero Eloy Gonzalo) aparece “defendiendo la Patria” en una isla isla del Caribe. La conquista y la colonización de América son la continuación de los procedimientos aplicados en la conquista de Al Ándalus y de las Canarias, que fueron el campo de experimentación de unas “tecnologías” que se van a aplicar de modo masivo en América, aunque no se suela mencionar. Luego está el hecho de que el final del Imperio fue muy decepcionante, porque se desangró a las clases populares mientras que la propaganda oficial ocultó hasta el último momento a base de fanfarria patriotera lo que era inevitable. No sólo en el 1898, que para las élites no fue tal desastre, no hay más que reparar en la inundación de dinero que significaron los capitales repatriados, sino que también se oculta la desastrosa gestión de la descolonización de Marruecos o del Sáhara Occidental.

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