'un hombre rubio'

Christina Rosenvinge: la rebelde de los pantalones destrozados

Vida y milagros de la cantante coincidiendo con la publicación de su nuevo disco

Foto: Cristina Rosenvinge en directo (EFE)
Cristina Rosenvinge en directo (EFE)
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Pocas artistas más representativas de mi generación y entorno social que Christina Rosenvinge. Cuando teníamos unos quince años, explotó comercialmente Alex & Christina, un fenómeno pop con himnos tan redondos como 'Dulce maldición', '¡Chas! y aparezco a tu lado' y 'Silvia cometió un error'. No éramos niños ni tampoco mayores, pero sabíamos que esa música nos apelaba intensamente (a no ser que fueras heavy o bakala). Discutíamos con nuestros padres para que nos dejaran llevar los pantalones rotos y la mayoría perdíamos. Rosenvinge también tuvo que rendirse a la organización del festival de la OTI, que no le permitió salir a escena con jeans destrozados.

Ella también contribuyó a nuestra educación hípster con 'FM2', el programa musical de televisión donde ejercía de contrapunto del prestigioso periodista musical Diego Manrique. Allí recibimos nuestras primeras lecciones de refinamiento cool, que calaron hondo entre quienes aspirábamos al estatus de musiqueros entendidos. Además, Rosenvinge tenía el pedigrí de haber participado en La Movida, como parte del grupo Ella y Los Neumáticos, que firmaron ese clásico hiperpegadizo titulado 'Es pop', posteriormente versionada por el grupo de culto TCR.

Cuando tuve oportunidad de entrevistarla por primera vez, me sorprendieron muchas de sus respuestas. Por ejemplo, me explicó que se ponía tan nerviosa al subir a un escenario que algunas veces tenía que recurrir a los psicofármacos. También me convenció su teoría de que por qué no había grandes guitarristas femeninas, que paso a resumir: en la adolescencia, los chicos se encierran a ensayar en su habitación mientras las chicas se dedican a salir porque acaban de descubrir su poder sexual. La diferencia de horas practicando con las seis cuerdas hace que los puestos de guitarrista sean siempre para ellos. ¿No tiene toda la lógica del mundo?

Pero, sobre todo, me dejó helado el motivo por el que su familia se trasladó de Dinamarca a Madrid. Su padre era tan tradicionalista y reaccionario que le seducía la idea de que su familia viviese bajo el régimen de Franco. No es de extrañar que, desde muy joven, Rosenvinge terminase escapándose por la ventana de casa para disfrutar de la mítica sala Rockola. De hecho, el nuevo disco, ‘Un hombre rubio’, está parcialmente inspirado en su padre, sobre todo la canción de apertura, 'Una flor entre la vía'. La rebelión de Rosenvinge se tradujo en militancia pop, bohemia y underground, ingredientes de una sólida carrera musical que ha cosechado decenas de miles de seguidores a ambos lados del Atlántico.

Dos mitades desiguales

Su nuevo disco me recuerda una teoría personal sobre sus méritos artísticos. Siempre he seguido con interés su trayectoria, pero creo que tiene dos vertientes muy claras: una experimental que nunca ha funcionando y otra pop que ha dado resultados brillantes. Diría que sus canciones no prenden cuando tira por registros solemnes tipo Nico, ni cuando se zambulle en el folk psicodélico, ni cuando se empeña en texturas ásperas de la escuela de Sonic Youth, con cuyos miembros ha colaborado con frecuencia.

Su padre era tan tradicionalista y reaccionario que le seducía la idea de que su familia viviese bajo el régimen de Franco

De hecho, no hay experimentación más simplona ni más aburrida que la de Sonic Youth con sus distorsiones y afinaciones raras (solo hay que ver lo mal que han envejecido los discos de los neoyorquinos).

A cambio, Rosenvinge es una artista pop brillante, desde su inicios como estrella seudoinfantil hasta el clásico ‘Que me parta un rayo’ (1992), que gana con el paso de los años, como el buen vino.


Más mérito todavía: Rosenvinge ha conseguido la hazaña de destilar un pop maduro, cuajado en canciones espléndidas, por ejemplo gran parte de ‘Tu labio superior’ (2008) y ‘Verano fatal’ (2007), su colaboración con Nacho Vegas. Sus conciertos subrayan la irregularidad de su repertorio, que brilla en las piezas con estructura clásica y se amuerma en las más experimentales. Siendo honestos, su nuevo álbum no acaba de prender. Se trata de uno de esos trabajos que no tienen un lastre concreto: hay elegancia de sobra, melodías bien construidas y letras cuidadas, pero eso no siempre basta. Quizá el problema sea una excesiva ceremoniosidad literaria, o su condición de disco-ensayo, como de película de autor europea. Por algún motivo, tampoco prende su canción política 'Berta multiplicada', dedicada a la activista hondureña asesinada Berta Cáceres.

Estamos ante un trabajo escrito “desde un yo masculino indefinido”, que explora las cárceles de ser hombre hoy en día. La posición de Rosenvinge en estos asuntos -muy interesante- puede consultarse en “Maternidad tacones y feminismo”, una espléndida conversación con la ensayista Carolina Del Olmo, publicada en la revista Minerva.

Personaje pop

Lo que no se puede negar es que Rosenvinge es un personaje crucial de la escena pop española. Dignificó el pop adolescente con Álex y Christina, alcanzó la excelencia compositora a los 28 años y desde entonces ha marcado un camino propio. Su relación con Ray Loriga, en plena explosión de la Generación X, les convirtió en lo más parecido a unos Kurt y Courtney locales, objeto de admiración, cotilleo y debate. Tras una discreta etapa neoyorquina, no muy boyante en lo creativo, volvió a España para subir el nivel.

La separación de Loriga, que se emparejó con la modelo Eugenia Silva, dio pie a un fenómeno pop asombroso: el cruce de versiones entre Loriga (‘Ya solo habla de amor’), Rosenvinge (‘Tu labio superior’) y su nueva pareja Nacho Vegas (‘La zona sucia’) sobre aquella tormenta emocional. Visto con cierta distancia, toda una lección de cómo procesar conflictos íntimos propios sin perder los papeles, buscando alumbrar paradojas sentimentales colectivas. Rosenvinge brilló con unos versos magistrales, donde lamentaba que Vegas tuviese un romance más intenso con la heroína que con ella. “Esa señorita, que rima conmigo/ que te ronda siempre alrededor/ es tu favorita, te lleva consigo/ y te gusta más que mi canción”. A estas alturas del siglo, estamos todos un poco hartos de autoficción narcisista, pero hay que reconocer que Rosenvinge mostró entonces un manejo impecable. Cualquier día de estos nos regala otro gran disco.

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