EXPOSICIÓN ARTE LUSO

La cara oculta (y vanguardista) de Fernando Pessoa

Hasta el 7 de mayo el Museo Reina Sofía ha organizado una exposición con el literato portugués como hilo argumental de la muestra

Foto: Retrato de Fernando Pessoa pintado por José de Almada Negreiros
Retrato de Fernando Pessoa pintado por José de Almada Negreiros

"El arte es una manera de admirarnos a nosotros mismos. De ahí que la moda sea el arte espontáneo de la gente sencilla. El pensamiento es el espejo del alma; por eso la expresión de nuestras sensaciones, que constituye el arte, siendo una interpretación de las sensaciones por el pensamiento, es vernos en el espejo espiritualmente. Lo que se llama "necesidad de crear" no pasa de la necesidad de admirarse."

Con estas palabras Fernando Pessoa describía, en 1916, qué era para él el arte. Una reflexión que no era casual, ni venía propiciada por una pregunta inesperada. Pessoa, el de los heterónimos, el poeta portugués que según Robert Haas inventó "poetas enteros", no fue un hombre dedicado exclusivamente a la literatura. Como él mismo se describió, "ser poeta y escritor no constituye una profesión sino una vocación". Y además de ocupar su vida siendo "corresponsal extranjero en casas comerciales" también fue una figura fundamental para las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX en Portugal.

Para dar a conocer esta faceta, mucho menos conocida que la literaria, el Museo Reina Sofía ha organizado la exposición 'Pessoa. Todo arte es una forma de literatura'. Una muestra que pretende descubrir al público la vigorosa, pero escasamente conocida, escena vanguardista portuguesa de las primeras décadas del siglo XX, y cómo intervino en ella el poeta, a través de sus escritos y de sus propuestas artísticas. Unos planteamientos que englobaron los movimientos artísticos más importantes de la época, en los que participaron artistas tan relevantes como Antonio Carneiro, Amadeo de Souza Cardoso, Guilherme de Santa Rita o Eduardo Viana entre otros.

Modernidad periférica

imagen de Fernando Pessoa en el Abel Pereira de Lisboa. (Reina Sofía)
imagen de Fernando Pessoa en el Abel Pereira de Lisboa. (Reina Sofía)

El acercamiento de Fernando Pessoa a la escena vanguardista portuguesa se produjo a través de reflexiones y conceptualizaciones propias desde las que el escritor trató de analizar la irrupción de la modernidad en el panorama artístico portugués. Un ambiente que, lejos de limitarse a asumir las influencias artísticas externas, trazó su propio camino,con paralelismos visibles entre la escena artística lusa y la española. Movimientos de vanguardia influidos por corrientes como el cubismo y el futurismo que procuraron distanciarse de éstos remarcando su propia especificidad cultural y contextual. "Muestras paradigmáticas de modernidad periférica" según señala el director del museo Manuel Borja-Villel en el catálogo de la exposición.

Tomando como punto de partida el poema de Álvaro de Campos titulado "Otra nota al azar", que arranca con "Todo arte es una forma de literatura" la muestra narra a través de 160 obras de arte cómo Pessoa y los artistas visuales portugueses fueron capaces de buscar una senda creativa propia, resistiéndose a formar parte de las corrientes predominantes. Creaciones en las que queda patente un gusto por lo popular y por la idiosincrasia portuguesa. Una diferenciación que, en el caso de Fernando Pessoa, le llevó a crear y contraponer sus propias corrientes dentro de la teoría poética. "Ismos" que aunaron sus producciones textuales y las de otros poetas y agruparon obras plásticas y escénicas.

'La vida. Esperanza, amor, nostalgia' tríptico de Antonio Carneiro de estilo paulista.
'La vida. Esperanza, amor, nostalgia' tríptico de Antonio Carneiro de estilo paulista.

Los primeros ismos

"Por arte portugués debe entenderse un arte de Portugal que nada tenga de portugués, que ni siquiera imite al extranjero. Ser portugués, en el sentido decente de la palabra, es ser europeo sin la grosería de la nacionalidad." En una entrevista a la Revista Portuguesa concedida en 1923, Pessoa explicaba con estas palabras cómo entendía la estética y las técnicas que, en aquel momento, llevaban a cabo los artistas lusos. Estaa reflexión llegaba años después del comienzo de la difusión de sus postulados estéticos, que nacieron 8 años antes gracias a la revista Orpheu.

Acompañado del poeta Mário de Sá-Carneiro, Pessoa lanzó esta publicación, que terminó siendo el principal altavoz de sus inquietudes artísticas. A pesar de que sólo dos números pudieron ver la luz por falta de presupuesto, el boletín fue capaz de "asestar un duro golpe a la buena conciencia del arte portugués y mostrar en toda su magnitud, una poética pensada y asumida, consciente de su novedad radical", en palabras del doctor en literatura portuguesa Fernando Cabral Martins.

Portada del número 1 de la revista A Renascença.
Portada del número 1 de la revista A Renascença.

Fue en A Renascença, otra pequeña revista, donde Pessoa publicó el poema que dio lugar al primero de sus ismos, el paulismo. A partir del poema "Pauis" (Humedales), se reformulaba la corriente saudosista, una vertiente regeneracionista del simbolismo. El paulismo heredaba el tedio y el pesimismo del decadentismo, y se definía por la confusión entre lo subjetivo y lo objetivo, así como por la asociación inconexa de ideas. O como decía el propio Pessoa, "el paulismo es el culto insincero de la artificialidad".

Poco después llegaría el interseccionismo, que reúnía una serie de obras más ligadas a los lenguajes de vanguardia, y que tienen en común la superposición de planos, guardando afinidad con el futurismo. Para Pessoa, esta corriente representa la simultaneidad mental de la imagen objetiva y subjetiva, surgiendo de la unión de sensaciones y percepciones. El escritor distinguía aquí entre el interseccionismo cercano a lo paúlico, que aspira a la síntesis y la exageración de la actitud estática, y otro de sensibilidad moderna, más cercano al futurismo.

Vista de la exposición 'Pessoa, Todo arte es una forma de literatura'. (Reina Sofía)
Vista de la exposición 'Pessoa, Todo arte es una forma de literatura'. (Reina Sofía)

El aplaudido sensacionismo

Sin embargo, el proyecto más sobresaliente de la filosofía estética del autor portugués fue el sensacionismo, porque para él "la base de todo arte es la sensación". Un movimiento que tuvo un papel muy importante dentro de la vanguardia portuguesa, pero que apenas contó con difusión pública. El pequeño círculo de escritores y pintores que apostó por los postulados de Pessoa tenía a José de Almada Negreiros a su miembro más activo. Un artista ecléctico que proponía una síntesis muy personal de las corrientes europeas vigentes en aquel momento, y firma la obra que da imagen a la muestra y encabeza este artículo.

En 1917, a partir de uno de sus heterónimos más conocidos, Alberto Caeiro, el escritor luso explicaba que "la sensación lo es todo y el pensamiento es una enfermedad. Por sensación entiende Caeiro la sensación de las cosas tales como son, sin añadir ningún elemento del pensamiento personal, convención, sentimiento o cualquier otro lugar en el alma". "Para Campos", proseguía Pessoa refiriéndose a otra de sus personalidades artísticas, "la sensación lo es todo sí, pero no necesariamente la sensación de las cosas como son, sino por el contrario, de las cosas conforme son sentidas".

A pesar de su escasa trascendencia, el sensacionismo fue la razón por la que los artistas de la época mantuvieron una interlocución activa con artistas de otros contextos, despertando el interés por los planteamientos y las líneas de trabajo de su país, pero también absorbiendo otros lenguajes. A la intensa relación artística y afectiva que se estableció entre nombres como Eduardo Viana, Almada Negreiros o Amadeo de Souza-Cardoso, hay que sumar la llegada del matrimonio Delaunay. Huyendo del clima bélico que en aquel momento se vivía en centroeuropa, Robert y Sonia Delaunay se establecieron en el norte de Portugal, e introdujeron sus ideas sobre corrientes como el orfismo, una variante abstracta y colorista del cubismo, de la que ambos fueron sus principales abanderados.

'Auto-retrato num grupo', obra de José Almada Negreiros presente en la exposición. (Reina Sofía)
'Auto-retrato num grupo', obra de José Almada Negreiros presente en la exposición. (Reina Sofía)

Golpes mortales

El contexto cultural del momento lo completa la sección de la muestra dedicada a las artes escénicas, incorporando información relevante sobre las producciones más interesantes de la época en teatro y danza, y el espacio dedicado a la segunda modernidad portuguesa. Un período cuyo ideario fue difundido por la Revista Portuguesa y otras publicaciones, pero que no alcanzó el nivel de su antecesora por culpa de una concatenación de desgracias. La muerte de Amadeo de Souza-Cardoso y el suicidio de Santa Rita Pintor y Mario de Sá-Carneiro propiciaron que la escena vanguardista se disgregase. El golpe mortal llegó de la mano de António de Oliveira Salazar que, con su ascenso al poder y la consolidación del régimen militar, acabaron con cualquier posibilidad de que nuevas corrientes vanguardistas naciesen o prosperasen.

Tras varios años en el gobierno, en 1932 Salazar asumía el cargo de primer ministro de Portugal, y Fernando Pessoa afrontaba sus últimos años de vida. En 1934, el poeta publicaba el único libro en portugués que vio la luz antes de su muerte, "Mensagem". 364 días después, Pessoa fallecía en un hospital, víctima de una hepatitis latente que agudizó su afición al aguardiente. Moría así el poeta fingidor, aquel que "finge tan completamente que finge que es dolor el dolor que en verdad siente", sin apenas reconocimiento. Algo que llegaría con el tiempo, y las traducciones, que dieron a conocer una de las obras poéticas más prolíficas del siglo XX. Más de 80 años después los amantes de sus versos pueden, gracias al Museo Reina Sofía, descubrir y disfrutar con la vertiente más artística y desconocida del misterioso poeta de los mil nombres.

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