Rosario Weiss: de aprendiz de Goya a maestra de Isabel II

La Biblioteca Nacional acoge una muestra con más de un centenar de obras de la excepcional dibujante madrileña, que fue alumna del pintor aragonés e hija de su ama de llaves, Leocadia Zorrilla

Foto: Autorretrato de Rosario Weiss, dibujado hacia 1828. (Biblioteca Nacional)
Autorretrato de Rosario Weiss, dibujado hacia 1828. (Biblioteca Nacional)

"La Rosario Weiss ha muerto, y entre tantos periódicos artísticos y literarios que se publican en España, no ha consagrado ninguno el menor recuerdo, la mas simple memoria que dé a conocer la gran pérdida que con su muerte ha sufrido nuestra patria. Era muger, y esta sola circunstancia debiera haber bastado para que con mas entusiasmo se ensalzara su mérito y se llorara su fin; porque si son dignos de admirar los talentos de aquellos hombres que han logrado sobresalir en la profesión a que se dedicaran, mucha mas alabanza merece una muger que sobreponiéndose a las dificultades que le ofreciera su sexo ha sabido vencerlas con éxito feliz."

Con estas palabras comenzaba Juan Antonio Rascón Navarro, conde de Rascón, el obituario que la 'Gaceta de Madrid' publicó el 20 de septiembre de 1843 sobre Rosario Weiss. Una de las pocas mujeres que, en aquella época, tuvo el honor de ingresar como académica de mérito por la Pintura de la Historia en la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando.

"Si con mejor fortuna no se hubiese visto precisada a trabajar incesantemente para subsistir" continuaba Rascón, "habría dado ancho campo á su florida imaginación, legando a la posteridad obras tan inmortales como las que hicieron célebres á los Murillos, a los Velazquez y a los Herreras". Pero la vida de la joven artista poco tuvo en común con aquellos que referenciaba el noble, muchas veces por ser mujer, otras simplemente por el momento histórico que le tocó vivir. Una carrera artística singular que la Biblioteca Nacional recupera a través de la exposición 'Dibujos de Rosario Weiss (1814-1843)', abierta al público hasta el próximo 22 de abril.

'Mujeres lavando', dibujo de formación de Francisco de Goya y Rosario Weiss. (BN)
'Mujeres lavando', dibujo de formación de Francisco de Goya y Rosario Weiss. (BN)

Como una hija para Goya

Rosario Weiss nació en 1814, siendo la tercera hija de Leocadia Zorrilla e Isodoro Weiss, un joyero alemán judío afincado en Madrid. El matrimonio ya daba muestras de agotamiento dos años antes de que ella llegase al mundo, pero no fue hasta 1817 cuando su madre decidió acomodarse como ama de llaves de la "Quinta del Sordo". La finca que Francisco de Goya tenía por aquel entonces a las afueras de la capital.

La inusual ruptura de la familia Zorrilla Weiss y la influencia que el artista maño ejerció en la pequeña ha dado lugar durante décadas a numerosos rumores, que señalaban a Goya como progenitor de la artista. Un posibilidad que Carlos Sánchez, comisario de la muestra, no confirma, ni tampoco descarta. "No hay pruebas que permitan afirmarlo; yo creo que no, pero lo que realmente importa es que Goya la quiso como a una hija: en una carta a Leocadia se refiere a ella como "mi Rosario", en otra que escribió a su amigo Ferrer le pide que la trate como su fuera su hija".

Cuando la niña tenía con apenas siete años, y mientras aprendía a escribir, Goya hacía dibujos para que ella los copiara o los completara. Prueba de ello son algunas de las láminas que están presentes en la muestra, como 'Mujeres lavando' (sobre estas líneas) o 'Hay que me caso', obras conjuntas en las que el profesor y su alumna representaban imágenes cotidianas a partir de las ideas y los trazos del reconocido artista. "Son obras muy interesantes" explica Sánchez, "por mostrar sus comienzos y por ilustrarnos sobre una faceta poco conocida del pintor aragonés, profesor de dibujo en un ámbito familiar".

Imagen de la muestra de la Biblioteca Nacional con la copia del retrato de Goya hecho por Weiss al fondo. (BN)
Imagen de la muestra de la Biblioteca Nacional con la copia del retrato de Goya hecho por Weiss al fondo. (BN)

Exilio, aprendizaje y regreso

En otoño de 1824, siguiendo los pasos de Goya, Leocadia Zorrilla y sus dos hijos llegaron a Burdeos. Meses después de establecerse junto a él, Rosario entró en la escuela pública de dibujo que dirigía el maestro Pierre Lacour. Allí la joven pudo recibir la instrucción académica que su, hasta entonces, único maestro había rechazado en sus inicios, y la expresividad de sus obras se atemperó. El trazo de sus creaciones se volvió así "preciso, limpio y ordenado", apostando por el estilo predominante en Francia.

La muerte de Goya en 1828 dejó a Leocadia, que por aquel entonces era considerada su compañera sentimental, en una posición difícil. Aunque ella misma relató en cartas posteriores al fallecimiento que, en sus últimos momentos, el pintor aragonés quiso hacer testamento a su favor, el odio que se profesaba mutuamente con el único hijo superviviente de Goya le condenó a pasar algunos años difíciles. Según Sánchez, Zorrilla y sus dos hijos "pudieron sostenerse gracias a una pensión que Leocadia obtuvo del gobierno francés como exiliada política y al apoyo de su círculo de amistades, de españoles exiliados y de Pierre Lacour, el profesor de Weiss en Burdeos."

'Mujer en un jardín' de Rosario Weiss, dibujado hacia 1833. (BN)
'Mujer en un jardín' de Rosario Weiss, dibujado hacia 1833. (BN)

Unas penurias a las que lograron poner fin en 1833, cuando la amnistía para los liberales exiliados permitió que Leocadia y sus hijos regresasen a Madrid. Por aquel entonces Rosario, con 19 años, comenzó a trabajar como copista en el Museo del Prado primero y en la Academia de San Fernando después. Gracias a los encargos de particulares interesados en el arte, Weiss pudo contribuir a la economía familiar copiando al óleo y a lápiz pinturas de los grandes maestros, entre las que se encontraba el retrato que Vicente López hizo de su maestro, Francisco de Goya. Un cuadro que también puede contemplarse en la exposición de la Biblioteca Nacional, junto a otros dibujos y las versiones en tamaño reducido que la pintora hizo del retrato de la Tirana, precisamente del pintor aragonés, y del retrato de los duques de San Fernando según el original de Tegeo.

"Para poder continuar sus estudios i atender a su existencia i a la de su madre que penden solo del producto de su profesion, necesita como medio unico para continuar su carrera copiar los cuadros del Real Museo de pintura de esta Corte" escribió Weiss en 1836 a la regente María Cristina en una carta que también está presente en la muestra. Un año después, la inauguración del Liceo Artístico y Literario ayudó a Weiss a destacar en el competitivo ambiente artístico del Madrid de la época, presentando sus obras en las exposiciones anuales de la institución, dibujando junto a otros socios y retratando una clientela burguesa ilustrada, entre la que se encontraban escritores como Espronceda, Zorrilla o Mesonero Romanos.

Imagen de la exposición de la Biblioteca Nacional. (BN).
Imagen de la exposición de la Biblioteca Nacional. (BN).

La breve "maestra real"

En 1840 Rosario Weiss consiguió ser admitida como académica en San Fernando, un nombramiento que, según Sánchez, "le proporcionó prestigio personal y profesional y ella lo utilizó como aval en su petición para ocupar el puesto de maestra de dibujo de las hijas de Fernando VII", fallecido siete años antes. La llegada al poder de los liberales en marzo de 1841 propició la renovación del personal encargado de la educación de la heredera al trono y su hermana, a quienes pretendían mantener alejadas de las interferencias de su madre, exiliada en Francia.

Para el comisario de la exposición, el interés de la corte por hacer de Isabel II una monarca culta y constitucional les llevó a procurarle la mejor educación y Rosario Weiss fue seleccionada gracias a "su buena formación, su perfil liberal y también (por) el hecho de ser mujer". A través de los dibujos de Isabel II y Luisa Fernanda de Borbón presentes en la muestra, se puede apreciar que la pintora madrileña se decantó en sus clases diarias por el método tradicional de los principios del dibujo para que sus distinguidas alumnas diesen sus primeros pasos en el arte. Repeticiones de esbozos de manos, pies y bocas muy diferentes a sus comienzos en el mundo de la ilustración, mucho más académicos que los que Goya le procuró a ella misma casi treinta años antes.

Retrato de Isabel II de niña, presente en la exposición. (BN)
Retrato de Isabel II de niña, presente en la exposición. (BN)

Su delicada salud no permitió que Weiss tuviese tiempo de enseñar mucho más a la reina, y apenas un año después de haber empezado a ejercer de "maestra real" falleció de cólera. "En la flor de su edad, en la época en que mas debía haber brillado su ingenio, vino la muerte á arrebatar á la España una artista que hubiera sido su gloria; porque si tan temprano había llegado a sobresalir en el difícil arte de la pintura, en las diferentes clases á que se dedicara ¿que no hubiera alcanzado en lo sucesivo según la marcha progresiva con la que caminaba?" se preguntaba el conde de Rascón en su obituario.

El noble, obviamente, nunca tuvo respuesta. Pero el legado de Weiss se ha conservado intacto para mostrar, en una exposición como la de la Biblioteca Nacional, que un día no hace demasiado tiempo una artista como pocas en la pintura española fue alumna de uno de los más grandes maestros y maestra de una reina. Aquella a la que, paradójicamente, acabaron apodando "la de los tristes destinos".

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