Céline o el dilema de los libros malditos: ¿publicar o no su llamada a masacrar judíos?

Hace unos días Gallimard anunció que suspendía la publicación en Francia de 'Bagatelas para una masacre, el virulento manifiesto antisemita del célebre escritor colaboracionista

Foto: Céline
Céline

Empecemos por lo virtual. En marzo del año pasado quien escribe este artículo compró en Amazon 'Bagatelas para una masacre', panfleto antisemita de Louis-Ferdinand Céline que, hasta unos días antes, era imposible de adquirir en papel. El libro está editado por Omnia Veritas, sello que en su página web no especifica su origen geográfico. Sus ediciones están desprovistas del año de impresión y sólo especifican el momento en que se publicaron los textos que recuperan, desde 'La escuela de los cadáveres' hasta 'Las bellas banderas', obras que junto a 'Bagatelles' configuran una trilogía fulminante, un alegato de odio racial que vio la luz en la nada idílica Francia de los años treinta.

Vayamos a la realidad. Es fácil pasear por los quais de París y hallar bouquins especializados en el autor de 'Viaje al fin de la noche', novela de culto que supuso la irrupción del médico Destouches en el firmamento literario del Hexágono. La fascinación que genera es una mezcla de su indudable talento narrativo y el morbo enfermizo que produce su personalidad en un país que aún no ha restañado todas las heridas del infausto período de entreguerras y la posterior ocupación alemana.

En las últimas semanas del Procés, en nuestro octubre caliente, asomó en el nuevo léxico de la época la palabra colaboracionista. Céline lo fue con mayúsculas, sin esconderse y anticipándose con sus textos antisemitas. Tras el éxito de 'Viaje al fin de la noche' y 'Muerte a crédito', publicadas en primera instancia por Denoël en 1932 y 1936, se quitó la máscara y tomó parte en la polarización política del momento. El paraíso de igualdad, libertad y fraternidad se resquebrajaba. El seis de febrero de 1934 la extrema derecha se manifestó en París con un saldo de 37 muertos en lo que se consideró un claro intento de golpe de Estado. Dos años después El Frente Popular de Léon Blum se hacía con el poder.

Primera edición de 'Bagatelas para una masacre'
Primera edición de 'Bagatelas para una masacre'

Era ese instante crucial en que Europa se debatía entre las democracias y los totalitarismos. Céline se decantó por los segundos y adoptó su discurso más furibundo, como demuestran algunas de las frases de sus libelos contra los hebreos, como aquella en la que define a los hijos de Israel como monstruos, híbridos, lobos cazadores que deben desaparecer, añadiendo que nunca han sido perseguidos por los arios al destruirse ellos mismos.

Durante la ocupación nazi Céline continuó con su talante incómodo. Cuando visitó la exposición 'Francia y el judío' criticó a los organizadores por no incluir sus panfletos en la misma. 'Las bellas banderas' fue censurado en Vichy al criticar el régimen del Mariscal Pétain, antiguo héroe de la Gran Guerra. Su radicalismo era tan feroz que, a principios de 1944, durante una recepción en la embajada alemana, dijo sin inmutarse que Hitler había sido reemplazado por un doble judío, pues de otro modo era imposible entender la debacle de la Wehrmacht en todos los frentes.

Cuando el desastre alcanzó las costas galas escapó y permaneció durante unos meses en esa fantasmagoría del castillo de Sigmaringen, donde los nazis hospedaron a un gobierno colaboracionista en el exilio, hasta que recibió el visado para recalar en Dinamarca. Permaneció en el país escandinavo hasta abril de 1951, cuando fue amnistiado. Falleció diez años después en Meudon, envuelto de un aura maldita clave para entender cómo su aura aún es fuente de innombrables quebraderos de cabeza.

La polémica actual

Su fallecimiento coincidió con el de Hemingway y a su entierro asistieron treinta incondicionales y un periodista judío. Su bilis contra este pueblo podría explicarse a partir del abandono de Elisabeth Craig, su gran amor, por un hijo de inmigrantes judíos rusos. Más allá de suposiciones lo cierto es que hará poco más de un mes, tras el nihil obstat de la viuda del escritor, la todopoderosa Gallimard anunció a bombo y platillo la recuperación de los tres panfletos antisemitas y otros textos del mismo talante en una edición crítica que alejaría viejos fantasmas y permitiría que el lector tuviera a su alcance todos los resortes para comprender motivos y contexto de tan infames palabras.

Gallimard anunció a bombo y platillo la recuperación del panfleto antisemita en una edición crítica que alejaría viejos fantasmas

as reacciones fueron instantáneas y nadie, algo habitual en este principio de siglo XXI, reparó en que había un ejemplo reciente que podía servir para justificar más aún la publicación. En diciembre de 2015, tras siete decenios de veto, el Estado libre de Baviera recuperó 'Mein Kampf', dotándolo de un importante aparato crítico. Tres meses después de su salida era el libro más vendido en toda Alemania y no creemos que el auge de la nueva Extrema Derecha germánica esté relacionado con esas páginas que el futuro dictador escribió durante su estancia en prisión a lo largo de 1924, sino más bien con la división que ha provocado en la primera potencia europea la masiva llegada de refugiados por obra y gracia de la Canciller Angela Merkel, en lo que debería ser un ejemplo para los demás miembros de la Unión.

Pero el pasado cuenta y se funde con el presente. A lo largo de la última década los gobiernos del Hexágono han dado pasos para disipar cualquier duda sobre la colaboración francesa con los ocupantes. Los discursos de Nicolas Sarkozy quedaron en agua de borrajas tras la deportación de gitanos de 2010. Dos años más tarde François Hollande reconoció la responsabilidad del país en los crímenes nazis y ahora Emmanuel Macron insta a sus compatriotas a afrontar el pasado colaboracionista. Sin embargo, lo más probable es que la concesión del Nobel a Patrick Modiano en 2014 haya hecho más para la comprensión de esa pesadilla que todas las proclamas de los Presidentes. Desde su trilogía inaugural, con la explosiva 'La place de l’étoile', el paseante de París ha cimentado un mensaje que alcanzó su cénit con 'Dora Bruder', novela en la que a partir de la historia de una joven deportada al campo de concentración de Auschwitz recoge la trágica historia del Vel d’Hiv y el hacinamiento en esa instalación deportiva de millares de hebreos antes de su final destino hacia la muerte.

Este pasado jueves 11 de enero Gallimard anunció que suspendía la publicación "en nombre de mi libertad de editor y de mi sensibilidad a mi época, suspendo este proyecto, al juzgar que las condiciones metodológicas y memoriales no están reunidas para abordarlo serenamente". Puede que en la decisión haya pesado, además del rechazo taxativo de las Instituciones Judías, el recuerdo del atentado en el supermercado kósher el viernes 9 de enero de 2015 que terminó con 4 rehenes muertos a manos de Amedie Coullibally, próximo a los hermanos Kouachi, perpetradores de la masacre de Charlie Hebdo el día anterior.

Puede que esa herida se una al miedo perpetuo que padecemos ante una sociedad abocada por completo a un orden políticamente correcto

Puede que esa herida se una al miedo perpetuo que padecemos ante una sociedad abocada por completo a un orden políticamente correcto que se enciende por polémicas de quita y pon, perjuicios en forma de suspiro que agitan el panorama hasta el nacimiento de otro escándalo. Puede que sin la publicación de esta edición crítica pierda la libertad de expresión. Salvo en las dictaduras, donde como precisaba Juan Goytisolo son objetos que causan terror en los gobernantes, los libros se han vuelto inofensivos. Quizá estamos en una sin nombre y la única esperanza es el temor a las palabras por mucho que nadie las lea y nuestro zeitgeist se envuelva en una fachada que siempre tiene menos contenido. Si tuviéramos el libro disponible en una edición razonada adquiriríamos armas para combatir su virus.

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