Independencia de Cataluña: Jordi Amat: El procés ha sido un bajón infinito para Cataluña. Noticias de Cultura
la conjura de los irresponsables

Jordi Amat: "El 'procés' ha sido un bajón infinito para Cataluña"

El escritor y periodista catalán afirma en su último ensayo que el fracaso independentista ha sido colosal y denuncia una conspiración de insensatos de todos los colores

Foto: Concentración del 10 de octubre ante el Parlament cuando Puigdemont declaró la independencia de Cataluña... y ocho segundos después la suspendió.
Concentración del 10 de octubre ante el Parlament cuando Puigdemont declaró la independencia de Cataluña... y ocho segundos después la suspendió.

Aunque parezca mentira, más que nada por la velocidad de los acontecimientos, el mercado literario empieza a ofrecer pequeñas perlas que permiten entender lo que ha sido el 'procés' soberanista catalán. La más destacada es, sin duda alguna, 'La conjura de los irresponsables', del escritor y periodista Jordi Amat (Barcelona, 1978). En este pequeño ensayo publicado por Anagrama, el filólogo barcelonés nos presenta una breve e intensa panorámica de estos años 'sine ira et studio', con una difícil objetividad muy de agradecer en este instante en que parece que debas posicionarte de modo maniqueo.

'La conjura de los irresponsables'.
'La conjura de los irresponsables'.

A diferencia de otras de sus obras, como la fundamental 'El llarg procés', que en breve editará Tusquets en castellano, o la premiada 'La primavera de Múnich', aquí Amat prescinde de toda épica narrativa y se centra en la realidad palpable de unos hechos distorsionados hasta el paroxismo tanto en uno como otro bando. En la última línea apunta, de modo muy planiano, que el fracaso ha sido colosal, pero lo interesante de su ensayo es ver cómo desgrana el desarrollo hasta ese estallido del 27 de octubre que, por desgracia, aún retumba en nuestros oídos.

PREGUNTA. ¿Decidiste desde un primer momento enfocar el ensayo desde una perspectiva histórica larga sin atacar directamente el presente?

R. Sí, porque nunca me convenció eso de que nos fuimos a dormir catalanistas y nos despertamos independentistas. Hay muchos factores que explican este cambio, y entre ellos algunos de discusión ideológica que quedaron completamente olvidados.

Jordi Amat. (Isabel Soler)
Jordi Amat. (Isabel Soler)

P. Y así también encajabas el término 'procés' en su verdadero significado, una construcción histórica construida durante años, no de la nada.

R. No quería quedarme con la explicación convencional de la sentencia del Estatut y comprender el momento en que se produce el bloqueo en el desarrollo del Estado autonómico, y en el caso catalán es esencial juzgar la huella de 23 años de pujolismo.

P. El 'procés' ha omitido por interés del relato muchas situaciones y nombres del pasado. En cierto sentido, el pujolismo parece una rémora lejana.

R. Hace años se puso de moda que en política lo importante era tener un relato. Aquí se ha querido llegar a Ítaca, un elemento utópico que todo condiciona y elimina lo inmediato. Esto es lo que ha sucedido, un exceso de ficción en la vivencia de lo que puede hacer la política. Y así surge la gran ilusión, que decía Guillem Martínez. Cuando la realidad pincha el relato llega el desconcierto, enorme. El pujolismo puso las condiciones para este presente. No existía un programa diseñado, pero sí crea un marco mental para producir la evolución que diera fuerza al relato.

Aquí se ha querido llegar a Ítaca, una utopía que todo condiciona y elimina lo inmediato. Esto es lo que ha sucedido, un exceso de ficción

P. Sin embargo, a mediados de los noventa el relato del catalanismo sigue muy vigente, desde el 'peix al cove' convergente hasta la alternativa simbolizada por Pasqual Maragall.

R. Y de modo honesto. En esos momentos, el 'peix al cove' es una estrategia regionalista. ¿Toca techo el traspaso de competencias? Si el traspaso no se hace desde ambas partes con lealtad a un proyecto, se produce un cortocircuito. Pujol dice que la nación nunca termina de construirse mientras Aznar, en una de las pocas entrevistas concedidas a TV3, se pregunta cuándo termina el programa de construcción nacional. Aquí tenemos un choque de culturas políticas que, desplegadas hasta sus últimas consecuencias, son de imposible convivencia.

P. Pero, más o menos hasta 2012, CiU y el PP se entienden y llegan a acuerdos tanto en Madrid como en Barcelona.

R. Es un pacto entre élites que se renueva. Una de sus cláusulas secretas es que nunca se llegará a la última pregunta. Cuando se hace inevitable formularla, la incapacidad de ambos nacionalismos para crear un espacio de convergencia más allá de la táctica, una lealtad al mismo Estado, provoca el colapso. El intento más sólido, renovar el pacto mediante el Estatut, fracasa.

P. Hay una paulatina explosión de tempos. La primera sería de 1980 a 2003 con el pujolismo, pero tu primer irresponsable del libro es Maragall por proponer el Estatut a destiempo, algo aprovechado por el PP derrotado en marzo de 2004.

R. El Estatut es una propuesta de renovación del autogobierno catalán con el resto del Estado. La pregunta que no se formuló es hasta qué punto ellos quieren renovar el pacto. Zapatero dijo que quería, pero de un modo muy frívolo, y eso en política es una irresponsabilidad, también lo es no saber si es o no un buen momento. Maragall quería un avance federal. A partir de aquí se encadenan una serie de actores muy relevantes, crece la bola de nieve y el problema se ensancha, generando beneficios a ciertos partidos. ¿Podría haber ido mejor? Sí, con un clima de consenso que propiciara la idea de un beneficio colectivo.

P. Eso en España es inexistente.

R. Ese clima de consenso es algo mitificado por PP Y Cs, pero durante mucho tiempo son ellos los que lo sabotean.

P. Y que el mismo PSOE renegara del Estatut de Maragall muestra que ni la misma izquierda española quería consenso con la catalana, un absoluto desastre.

R. Sí. Mi recuerdo de ese momento es que era una cuestión interna catalana y que, luego, no se explicó bien la profundidad del cambio que implicaba. Una vez se asume un proyecto así, es una forma de responsabilidad contar a la gente a qué se juega. No se hizo y además se movieron las fichas con suma inconsciencia. Pujol advirtió de que si se ponía en marcha algo así, las consecuencias serían imprevisibles.

Mas escenificó la mutación ideológica del catalanismo dando un paso más que denominó 'dret a decidir'

P. Y al final fue Mas quien se colgó el triunfó dándose la mano con Zapatero en La Moncloa.

R. Y luego escenifica la mutación ideológica del catalanismo en una conferencia en el Palau de Congressos diciendo que tenía otro horizonte en mente, un paso más que denominó 'dret a decidir', sin hablar de eficiencia ni nada por el estilo.

P. Eso ocurre en 2007, un tiempo lento. El siguiente salto es en 2010, cuando el colapso económico coincide con el territorial.

R. Se rompen dos contratos vinculantes de la ciudadanía con las instituciones y durante este tiempo ha surgido un movimiento populista de ruptura que quiere crear un nuevo demos que encuentra en la sentencia el momento de dar el salto y expandirse. Entre 2006 y 2010 pican piedra y los socialistas se lo miraron sin que les importara, como si ese movimiento enorme no tuviera trascendencia, cuando en realidad el contexto propicia la explosión de su discurso.

P. ¿Hasta qué punto crees que el 15-M influyó en el salto definitivo del 'procés'?

R. Ignacio Sánchez-Cuenca me dijo que cuando coinciden conflictos sociales y nacionales, el segundo fagocita al primero. Es una dinámica universal, porque la transversalidad del sentimiento nacional es más fuerte que la cuestión social.

P. Y sí, Mas lo capitaliza, pero la implicación de la sociedad civil descoloca al Gobierno central.

R. No lo entienden porque no comprenden la mecánica de la sociedad catalana real. Creen que hablando con las élites todo se solucionará y no, el cambio se simboliza en varios momentos, pero uno de ellos es el uno de octubre, un chico de La Garriga con una urna y la gente ovacionándole, algo hecho al margen de las instituciones, algo que forma parte del tejido civil catalán.

P. Y por supuesto despreciaron la importancia capital que en Cataluña tiene desde hace siglos el asociacionismo.

R. Josep Pla decía que los catalanes son básicamente pescadores y payeses, mientras los españoles son burócratas, curas y militares. Bien, describe un elemento de cosmovisión existente que genera determinadas culturas políticas que en un momento concreto se vuelven irreconciliables. Es una catástrofe, porque en una sociedad plural deben encontrarse mecanismos de convivencia, pero esto ha ido así.

En 2015 muchos del Govern se echan las manos a la cabeza al ver que existe verdadera voluntad de ruptura, como tirarse por un precipicio

P. ¿No crees que la confesión de Pujol es el momento de ruptura del pacto entre las élites?

R. Quizás es más visible a partir del 27-S de 2015. No tuve en julio de 2014 la sensación de cambio de actores. El momento significativo es el 9 de noviembre de 2015, cuando de repente muchos del Govern de Mas se echan las manos a la cabeza al ver que existe verdadera voluntad de ruptura y la dinámica se vuelve imparable, casi como si quisieran tirarse por un precipicio.

P. En el libro dices lo siguiente: la atracción del 'procés' por el abismo. Es un relato que no permite rectificar la realidad y que supera los problemas acelerándose.

R. Hay determinados momentos, las elecciones que Mas anticipa y pierde escaños, la noche del 27-S, la de las plebicistarias… En esos momentos se detecta que no hay una mayoría suficiente, pero nadie para máquinas ni se replantea las posiciones ni a medio ni a largo plazo.

P. A partir del 27-S de 2015 se acelera el relato ajeno a la realidad, por ejemplo con Mas saludando a todo el mundo desde el Palau de Justicia, entonces la épica se vuelve peligrosa o irresponsabilidad profunda.

R. Empezaron a jugar con fuego.

Pensaban que no se quemarían y olvidaron que una parte muy importante de la sociedad no comulgaba con ellos

P. ¿Pensando que no se quemarían?

R. Sí, probablemente pensando que no se quemarían y olvidando que una parte muy importante de la sociedad a la que te debes no comulga con lo que haces. Tras las elecciones de 'la voluntat del poble' y el referéndum resulta que se convocan unas elecciones plebiscitarias que no ganan. Deberían haber frenado, pero no lo hicieron. Además, a quien se obliga a acelerar su mutación es a CiU porque la CUP lo exige. Mientras eso pasa, ERC calla y domina el juego desde el banquillo.

P. El proverbial no salpicarse de Oriol Junqueras.

R. Al final era quien debía ganar, al menos hasta los últimos acontecimientos.

P. Y paradójicamente quien habla de frenar el 27-S es Antonio Baños, número uno de la CUP en esas elecciones.

R. No dice exactamente eso, dice que no han ganado y que no existía el mandato democrático.

P. Baños se va y llega Puigdemont, el momento del redoble de tambores.

R. Tengo claro que quien más poder tiene más responsabilidad tiene, por eso el PP es el gran responsable. Creo que a Rajoy el tema le daba una pereza espantosa y a partir de la aceleración piensa que si les dejan hacer se estrellarán y al estrellarlos impondrán su victoria.

P. Practica el tancredismo.

R. Dejaron que se lanzaran desde el precipicio. Me parece una irresponsabilidad increíble, porque la situación de anormalidad actual es indiscutible.

Rajoy ha formado parte de la conjura por no haber parado la dinámica del 'procés' cuando podía hacerlo

P. ¿Piensas que el soberanismo actuó así inducido por la pasividad del PP?

R. No inducido, pero creo que ha formado parte de la conjura no haber parado la dinámica del 'procés' cuando podían hacerlo.

P. ¿Y cómo podían hacerlo?

R. Diciendo la verdad. Si ustedes hacen esto, pasará lo siguiente. La ciudadanía no tuvo suficiente información sobre el tema porque unos se escudaban en la realidad y otros en la ley.

P. Pero la realidad siempre es una gran manipulada.

R. Entre unos que acumulan legitimidad poniendo gente en la calle y otros que se amparan en la ley, existe la realidad que se lía sin que nadie intervenga en su contenido. El primero de octubre la realidad irrumpe de manera brutal y quedamos anonadados.

P. Y aquí llega el octubre histórico, el del absoluto desbarajuste.

R. Un desbarajuste anunciado que empieza en los plenos del 6 y el 7 de septiembre con la aprobación de una ley que crea pánico entre el mundo empresarial. Desde esos días tengo la sensación de vivir en la inestabilidad.

Los únicos que podían sacar un beneficio de esta situación son las fuerzas que apuestan por la inestabilidad

P. Preferimos explicar la Historia a vivirla.

R. Todo el mundo lo prefiere a no ser que seas Rimbaud. Se encadenaban los días históricos y ahora sabemos que no lo eran. La Historia irrumpe de verdad en la realidad catalana el 17 de agosto con el atentando de la Rambla y no revierte el malestar existente. Desde ese momento vivimos en una situación donde a la gente se le escapan las cosas de las manos. Los únicos que podían sacar un beneficio de esta situación son las fuerzas que apuestan por la inestabilidad como mecanismo para forzar la ruptura, y no existe otro mecanismo para forzar la ruptura, solo el pacto o la revolución, y estamos un contexto de revolución posmoderna.

P. ¿No ha resultado obsceno el ataque a la equidistancia, un ataque a intentos de reflexión sin caer en maniqueísmos?

R. Sí, y ambos lo sabemos porque somos equidistantes. Es en este instante donde merece la pena pensar en la traición de los intelectuales de Julien Benda. Estar mal considerado entre los tuyos es ser leal con ellos porque intentas expresar lo que piensas de modo sincero y auténtico. Es incómodo, sí, pero la incomodidad real no la vivimos nosotros.

P. Y en este sentido no has querido contentar a nadie con tu ensayo.

R. Algunos me han dicho que debería haber cargado las tintas más sobre uno u otro irresponsable, pero están todos, y con ello he intentado ser mínimamente honesto a nivel intelectual.

P. Y si hablas, como es el caso, de un fracaso es inevitable aceptar que los dos bandos tienen responsabilidad en haber llegado a este punto.

R. Y me parece muy difícil no reconocer que ha sido un fracaso. Sobre el uso de las palabras pienso que cuando el Gobierno usa el 155 para volver a la normalidad debemos aceptar que es pura falacia. Las elecciones del 21-D no son normales y no creo que solucionen nada.

Los independentistas intentaron políticas utópicas sin mayorías y no entendieron que la integridad es la condición de existencia del Estado

P. Cuando lo propuso, me pareció un supositorio, pero, claro, hablamos de 'procés', y empezó con el 'tenim pressa', 'tenemos prisa'.

R. El gran error de establecer calendarios. En una de las manifestaciones del primer momento del 'procés' se recitó el poema donde sale este 'tenim pressa', que escondía a la gente cómo el Estado impedía que avanzaras con prisas. Ahora ha surgido en el mundo del independentismo una autocrítica que asume esto como un error, pero no es el esencial. Los fundamentales son intentar operaciones políticas utópicas sin mayorías y no entender que el mantenimiento de la integridad es la condición que justifica la existencia del Estado, hasta el punto de que la preservación de esta integridad está por encima del cumplimiento de la ley. Una vez entiendes que el único modo de romper con el Estado es crear una legalidad paralela, fuera de la ley, se necesita fuerza y esta no existe.

P. Pero entonces debes aplicar un retorno a la realidad física y política mientras practicas pura 'realpolitik'.

R. Sí, pero debe ser muy complicado pensar en abrir una planta de urgencias cuando llevas años pensando en Ítaca. Es un bajón infinito porque te has habituado a pensar en términos utópicos y la realidad te parece demasiado prosaica. Marchar del escenario de las grandes ilusiones y volver a la mediocridad cotidiana no es fácil, y precisamente una de las grandes irresponsabilidades de los políticos es haber dicho a la gente que la política era capaz de hacer cosas que no puede hacer.

P. 'Fare política' que dicen en Italia, y no escribir tuits.

R. Sí, sin duda, por eso la idea de huir del relato para encontrar la realidad es el único modo que tenemos para salir del cortocircuito en el que nos encontramos. Pero no es nada fácil.

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