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Cómo rodar tu primera película y no morir en el intento

Dice Fernando Franco que "hay que rodar la primera película como si fuese la última". El problema es que rodar la primera película, la mayoría de las veces, es una odisea agotadora

Foto: Manuela Burló Moreno en el rodaje de 'Cómo sobrevivir a una despedida'. (Efe)
Manuela Burló Moreno en el rodaje de 'Cómo sobrevivir a una despedida'. (Efe)

Dice Fernando Franco que "hay que rodar la primera película como si fuese la última". El problema es que rodar la primera película, la mayoría de las veces, es una odisea agotadora y, en muchas ocasiones, improbable. La cosa no va de que un día uno se levanta, decide hacer una película y la hace. El cine es, junto a la arquitectura, seguramente, el arte que requiere de más medios económicos, de más requiebros burocráticos y de equipos más grandes, lo que hace más fácil que el camino quede sembrado de cadáveres fílmicos. ¿Cómo empezar? ¿De dónde sacar el dinero suficiente? Si el engranaje de la industria es un medio hostil para directores consagrados, ¿cómo no va a serlo para los neófitos barbilampiños que intentan, por primera vez, meter la cabeza?

Sin una ley de mecenazgo, con unas ayudas a la producción de cine exiguas —de las cuales, la partida dedicada al "cine independiente" y "primeras obras" fue de 6 millones de euros en 2016— a los que sólo se puede acceder con el apoyo de una productora y sin unos cimientos estables en la siempre cambiante estructura burocrática de la industria del cine, muchos cineastas se sienten solos y perdidos a la hora de sacar adelante su ópera prima. Más allá de iniciativas de tutorización, como las organizadas por la entidad de Derechos de Autor de los Medios Audiovisuales (DAMA), la Fundación Carolina, los 'workshops' de los festivales, y similares... ¿Dónde debe acudir uno con su primer proyecto de largo bajo el brazo?

Imagen de un rodaje de TVE. (Efe)
Imagen de un rodaje de TVE. (Efe)

"El problema es que los recién salidos de las escuelas intentan buscar un productor para que les haga la película y consideran que los que más producen son los más capaces para sacar adelante su película, así que intentan llegar a los productores top que hay en este país", analiza Gonzalo Salazar-Simpson, productor de cine y director de la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM). Y claro, esas puertas son muy difíciles de abrir, porque muchos tienen directores recurrentes con los que trabajan y el volumen de trabajo y de creación que existe en estas productoras es muy alto. Entrar ahí es muy difícil".

"Las puertas de las grandes productoras son muy difíciles de abrir, porque muchos tienen directores recurrentes y el volumen de trabajo es muy alto"

Precisamente a raíz de haber detectado esas trabas, la ECAM ha ideado un nuevo programa de desarrollo de proyectos cinematográficos, La Incubadora de The Screen, dirigida para productores, guionistas y directores noveles que intentan sacar adelante su primer o segundo largometraje. "Es una iniciativa que acoge unos cuantos proyectos de largometraje, diferentes, porque a priori no hay ninguna norma”, explica el director Enrique Urbizu, uno de los tutores de La Incubadora.

De todos los proyectos presentados, los directores, guionistas y productores de cinco de ellos contarán con una dotación económica —10.000 euros por proyecto— para que durante cinco meses puedan centrarse en sus propuestas de película. "En ese periodo de acogimiento, que es de unos cinco meses, se proporciona toda la ayuda profesional e intelectual, de opinar sobre el guión, en mi caso desde el punto de vista de la dirección. Aquí la novedad es que con el proyecto acogemos a todas las especialidades y centralizamos diferentes tipos de asesorías y ayudas, y con la intervención financiera [10.000 euros de beca por cada proyecto] colaborar durante un tiempo a que el proyecto avance", cuenta Urbizu.

Así lo han vivido estos cuatro directores

Luis López Carrasco durante la presentación de 'El futuro' en el Festival de Locarno. (Marco Abram)
Luis López Carrasco durante la presentación de 'El futuro' en el Festival de Locarno. (Marco Abram)

A Luis López Carrasco le costó varios años sacar adelante 'El futuro', su primer largo en solitario —antes había rodado un documental con el colectivo Los Hijos—, una película experimental que acabó llegando hasta el Festival de Locarno. "El cine experimental que hacíamos con el colectivo nos parecía que tenía un encaje tan difícil de cara a la financiación de carácter institucional que, desde un primer momento, decidimos que para la primera película lo más rápido y lo menos costoso era intentar financiarla con nuestros ahorros", explica el director y productor.

"Intentamos durante un año encontrar maneras de financiar la película, pero nada, ni a nivel institucional ni de subvenciones"

"En el caso de 'El futuro', el productor [Luis Ferrón] y yo sí que intentamos durante un año encontrar maneras de financiar la película, pero tampoco, ni a nivel institucional ni de subvenciones", prosigue. "Durante un año, prácticamente tuvimos que tirar la toalla y no sería hasta que Ion de Sosa, como productor y director de Fotografía decidió invertir dinero personal, y con otros dos inversores metieron su dinero personal que la película se hace posible. Ya estábamos en 2011-2012 y el tejido público de ayudas se había desmoronado —yo creo que el 80% de los incentivos que había en ese momento— no quedaba más opción que las inversiones personales. Tardamos alrededor de año y medio en rodar porque no encontrábamos financiación; 'El futuro' es una película arbitraria y azarosa, que no es un modelo de nada".

Para Carrasco, entre los principales obstáculos para sacar adelante se encuentra la organización de las ayudas del Estado —"hay gente como Isabel Coixet que reciben las ayudas selectivas que tendrían que ir destinadas a cine independiente o directores noveles y que acaban financiando un cine más industrial"—, la "discriminación por origen" —"hay comunidades autónomas que no invierten en cine y que lo tienen más desasistido"—, una "Ley de mecenazgo bloqueada por Montoro" y la inactividad de la televisión pública a la hora de actuar como un servicio público y "emitir cine español independiente" que muchas veces "está exponiéndose fuera" y que en España no se ve. "¿Por qué no emiten más cine independiente en vez de tantos telefilms alemanes?", propone irónico.

Manuela Burló Moreno en un rodaje. (Efe)
Manuela Burló Moreno en un rodaje. (Efe)

En las antípodas de la experiencia de López Carrasco, la de Manuela Burló Moreno. En las antípodas sí, y también un caso bastante infrecuente. "Es verdad que yo no he tenido tanto sufrimiento para sacar la peli adelante, como tal", comienza, casi disculpándose. "Yo soy guionista, productora y directora de mis seis cortitos. El último cortito, 'Pipas', se convirtió en viral, arrasó en el Notodofilmfest y me nominaron a los Goya. Pero mi tercer corto, 'Camas', que lo protagoniza Raúl Arévalo, lo preseleccionaron para los Oscar. Yo, en el mundo del corto me había hecho un hueco; mis cortos habían ganado muchos premios, habían ido a festivales internacionales, Canal + los compraba, en 'Fotogramas', cada año que estrenaba un corto salía en el anuario…".

"A mí me dijeron: Tenemos un guión [...] muy alocado y muy divertido y nos encantaría que lo dirigieras. Ya está Antena 3 detrás"

"Aunque yo tenía mi película para debutar, 'Rumbos', escrita desde hacía ocho años", continúa, "de repente ocurre que Adrián Guerra y Nuria Valls, los productores de Nostromo Pictures, me vinieron a buscar a mí". Contaban con un borrador; necesitaban a una directora y pensaron en ella. "'Tenemos un guión sobre chicas, sobre despedidas de soltera, muy alocado y muy divertido y nos encantaría que lo dirigieras. Ya está Antena 3 detrás', me dijeron. O sea que el proyecto estaba ya financiado, tú imagínate. Una peli de encargo, con una estructura, con un 'target' concreto y rollo Coca-Colas y palomitas. Que también son necesarias estas pelis, que tiene que haber de todo". El título: 'Cómo sobrevivir a una despedida'.

Una ópera prima con una gran productora detrás es un perro verde en la industria española. Pero no todo es tan idílico. "Yo llevaba muchos años sembrando. Historias sencillas sin pensar en festivales ni en nada. También te digo que a veces mis padres me reñían, porque ganaba un premio y, estando en paro, todo lo que ganaba lo invertía en otro corto. Y yo le decía a mi padre: 'bueno, ya veremos, ya sacaré dinero de otro lado'. Y encima soy de un pueblo de Murcia, y cuando llegué a Madrid no conocía a nadie, ni mis padres tienen nada que ver con esta profesión de locos… Se puede llegar y se puede conseguir, lo que hay es que trabajar, trabajar y trabajar. Yo es que soy muy positiva".

Adrián Orr, director de 'Niñato'
Adrián Orr, director de 'Niñato'

El madrileño Adrián Orr ha pasado los últimos años grabando material para su primera película, entre rodaje y rodaje como ayudante de Dirección. Ahora comienza a recoger los primeros frutos de su 'Niñato', que se ha llevado el premio a Mejor película en la sección de Nuevas olas del Festival de Sevilla y el premio a Mejor película en la Competición internacional de BAFICI. "Antes de la película ya estrené un corto en 2013, para el que estuve rodando año y medio, dos inviernos. Y luego para la peli otros cuatro", cuenta Orr. "Eso de rodaje, porque acabé de rodar el año pasado; luego viene la posproducción y la distribución, que estoy en ello, así que sigo trabajando en la película"

Las mayores trabas que se ha encontrado Orr a la hora de sacar adelante el proyecto también han sido el acceso a las subvenciones y la dificultad de compatibilizar el rodaje con los trabajos que le permiten pagar el alquiler. "La Ley del cine cambió hace unos años y, durante los últimos dos años, yo no me he podido presentar a las ayudas, porque al ser director novel, sumaba puntos, pero al ser también productor novel, no, entonces no pasaba el corte para poder presentarme a las ayudas del ICAA. Y viviendo en Madrid es más difícil, porque no hay ayudas a la producción de largometrajes por parte de la Comunidad Autónoma, no como en otras comunidades; si eres de Cataluña, de Galicia, del País Vasco, de la Comunidad Valenciana, de Andalucía o de Canarias tienes más oportunidades de conseguir dinero. En Madrid, no. Y, además, la televisión pública madrileña tampoco compra cine".

"Creo que es importante que la gente que trabaja en tu película cobre, porque está invirtiendo su tiempo y su talento"

Por eso, para el director madrileño, sacar su película adelante ha sido cuestión de una voluntad férrea y de la ayuda de sus amigos. "Con el dinero de los premios de mi último cortometraje me compré una cámara. Luego me dejaron el equipo de sonido, Lois [Patiño] me dejó una óptica de su cámara de cine para el rodaje... A través de amigos vas pidiendo cosas prestadas y vas rodando. Es la película más barata que se puede hacer; no se puede hacer una película más barata que la mía. De rodaje, por lo menos. Luego de postproducción se me suben los gastos. Y yo he estado rodando seis años y ni la familia [protagonista] ni yo hemos visto dinero. En otros países hay fórmulas como que te echen una mano y que te den algo de dinero para pagar cosas y para tener un mínimo de sueldo para no tener que trabajar en otras tres cosas para poder hacer una película y pagar el alquiler".

Y aunque él no ha cobrado como director, sí ha intentado que en su proyecto la gente cobre. "Yo entiendo que la gente que trabaja en las películas tiene que ganar dinero. Igual no les he pagado lo que debería, pero les he pagado lo que he podido, sueldos medio dignos. Creo que es importante que la gente que trabaja en tu película cobre, porque está invirtiendo su tiempo y su talento. Pero es una pena que lo tengas que pagar de tu bolsillo y que tú no cobre por un trabajo que también estás haciendo...".

Ricardo Yebra (a la derecha), durante el rodaje de 'Lado B'. (Ricardo Yebra)
Ricardo Yebra (a la derecha), durante el rodaje de 'Lado B'. (Ricardo Yebra)

Trabajo, mucho, le está llevando sacar a delante su primer largo documental a Ricardo Yebra. El ejemplo de un estudiante de cine que decide coger el petate, rodar solo e invertir sus ahorros en un documental, que es un género más barato para comenzar. Dos años después de grabar su primera película, todavía está esperando tener el montaje final para poder estrenarlo "en Málaga o DocumentaMadrid". "Yo fui en abril de 2015, cuando tenía mi trabajo y estaba estudiando un master en Filosofía en la Autónoma, y cogí de la noche a la mañana un billete sin retorno para irme a Sudamérica y grabar un documental durante el viaje, con un trasfondo más allá del viaje en sí", recuerda. "Llegué a una isla, Puerto Gala (Chile), de 200 habitantes, sin luz ni agua corriente, y me quedé allí durante un mes, viviendo con unos pescadores que me invitaron a quedarme en su casa de chapa de 30 metros cuadrados".

Entre una primera estancia de 20 días y una vuelta de 10 días, Yebra pasó alrededor de un mes entero rodando. "Fue un follón porque yo iba solo con mi cámara", explica. Una vez rodado todo el material, volvió a España para montarlo, sonorizarlo y etalonarlo. "Hablé con Alejandro Lázaro y, después de enseñarle los brutos aceptó ser el montador" y "en La Bocina me hicieron buen precio para el sonido". Al final, sólo la postproducción le ha costado alrededor de 6.500, que no es una cantidad muy grande para un proyecto, pero sí para una persona sin una productora detrás. "Lo he pagado yo todo con mis ahorros y con lo que me han prestado familiares", asegura.

Pero rodar barato conlleva inconvenientes. "Yo grabé en 2015, pero al final es todo tan de gratis, de favores o a un precio irrisorio, así que los que te echan una mano lo hacen cuando pueden, cuando tienen un hueco. "Esta vez no he echado a subvenciones porque no tenía tampoco mucha idea de cómo hacerlo", pero para la próxima película "estoy viendo si encuentro financiación; montármelo un poco mejor —ya tengo bastantes buenos contactos a través de ésta—, presentarla a productores, financiarla con una productora y hacerlo todo de otra manera".

Una lucha a contracorriente en la que la mayoría acaba palmando... su propio dinero.

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