¿Y qué diría Pepe Carvalho de todo esto? 45 años del detective que lo cambió todo

El mítico personaje de Vázquez Montalbán es el mejor cirujano de la realidad de Barcelona, en la que muchos se preguntan qué pensaría el escritor de la situación actual

Foto: Detalle de portada de la primera edición en Planeta de 'Asesinato en el comité central', de Vázquez Montalbán
Detalle de portada de la primera edición en Planeta de 'Asesinato en el comité central', de Vázquez Montalbán

Resulta desesperante ver cómo la cultura española tiende a olvidar con suma velocidad a muchos de sus más ilustres representantes. En estos días convulsos encontrar los libros de Manuel Vázquez Montalbán en librerías que no sean de segunda mano es una tarea hercúlea, y sin embargo muchos se preguntan qué diría el poliédrico barcelonés nacido el año de la victoria franquista en el rebautizado barrio del Raval. En la actualidad las obras más a la vista del público del autor de 'Crónica sentimental de España', una pequeña revolución en los estertores de la dictadura, son las novelas de la serie dedicada a Pepe Carvalho.

Desde principios de este año Booket ha realizado una apuesta por ofrecerlas al lector interesado a precio de saldo. Poco a poco van apareciendo todas las andanzas de un nombre reconocible que forma parte del imaginario popular de varias generaciones. Lo curioso es que la iniciativa prescinde de todo rigor histórico al empezar con 'Tatuaje' y excluye 'Yo maté a Kennedy', libro inaugural del conjunto, y quizá es así porque su trama es enrevesada y muy deudora de varios factores que van desde el mérito fundacional hasta lo enrevesado de la trama y el estilo, una mezcla de escritura subnormal, visible en el manifiesto titulado con ese adjetivo, y locura donde el ilustre gallego asesina al presidente más mencionado de la Historia reciente de los Estados Unidos de América.

Empezar con 'Tatuaje' tiene sentido si quiere presentarse al Carvalho de manual, un investigador privado sin glamour alguno que tiene su oficina en la parte baja de la Rambla y que en condiciones normales no debería recibir ningún caso extraordinario, pero su autor es un marionetista ávido de insertarlo en los vaivenes de su tiempo y ante eso nada puede hacerse.

Biscuter, Charo, Bromuro y Contreras

En 'Tatuaje', escrita en quince días tras una promesa etílica, se configuran los personajes esenciales de la serie, piezas de un tablero sin las que sería imposible conocer bien a su protagonista. Biscuter, a quien Carvalho conoció en la prisión de Lleida, es un antiguo ladrón de coches que se convierte en su particular Sancho Panza con galones progresivos de Watson en la última etapa de su idilio. A priori no es muy inteligente, aunque su fealdad física e ignorancia constituyen puntos de intuición que más o menos logrará dominar con el paso de los episodios.

Manuel Vázquez Montalbán. (EFE)
Manuel Vázquez Montalbán. (EFE)

Charo es su chica, una prostituta de teléfono, algo que el mismo Carvalho considera absurdo en 'Antes que el milenio nos separe', monólogo pirandelliano donde el detective se confiesa un muñeco en manos de su hacedor. Pese a su profesión, afincada en un piso de nuevo cuño en el barrio Chino, profesa una casi desengañada idolatría por su amor, espera su llamada y disfruta de esas noches de cine y visita al apartamento de Vallvidrera, como si así se sintiera legitimada para, algún día, normalizar una relación donde ninguno, aunque por distintos motivos, profesa la monogamia.

Charo padecerá la irrupción de los anuncios en los periódicos, acusará el descenso de actividad y siempre echará a Carvalho una mano

Charo sufrirá las desilusiones de toda mujer dedicada al oficio, dicen, más antiguo del mundo. Padecerá la irrupción de los anuncios en los periódicos, acusará el descenso de actividad como consecuencia de las preferencias más juveniles del respetable y siempre echará a Carvalho una mano, como Bromuro, un veterano de la división azul que malvive limpiando botas y es indispensable para su amigo con el objetivo de sonsacarle información instantánea de los bajos fondos. Tras su muerte, acaecida al final de 'El delantero centro fue asesinado al atardecer', la búsqueda de datos esenciales en la marginalidad constituirá una de los mayores motivos para un cambio de rumbo.

No puede cerrarse el elenco de secundarios sin citar a Contreras, policía franquista de la lúgubre comisaría de Vía Laietana en proceso de reconversión forzosa, y al solitario Fuster, vecino de Carvalho y compañero de abundantes y refinadas comilonas en horas más bien intempestivas que sirven para alargar las novelas y darles el número de páginas idóneo para su salida de imprenta.

La frontera del Planeta, el éxito y la particularidad

Si hablamos tanto de 'Tatuaje' es por todas sus revelaciones. Uno no encuentra con tanta facilidad en una novela negra, que también podría ser rosa o azul, un muerto en la playa con el rostro desfigurado y un tatuaje con la inscripción "He venido a revolucionar el infierno". A partir de este golpe uno se engancha y va adentrándose en las pesquisas de este desengañado del comunismo y ex agente de la CIA que es cualquier cosa menos un huelebraguetas al uso. El Carvalho de los años setenta bebe del humor de la revista 'Por Favor', con guiños al colega Marsé en el nombre de algún rol femenino, y cultiva un perpetuo desencanto saciado con mucha ironía y mordacidad.

'Tatuaje'.
'Tatuaje'.

Si muchos se identifican con sus manías es porque el autor sabe insertarlas en los momentos justos. Carvalho quema libros porque no cree en la cultura, perdona a García Lorca y aún así muestra una sapiencia entre letrada e intuitiva determinante para resolver los berenjenales en los que se mete, siendo el más significativo de ellos 'Los mares del sur', ganadora del Premio Planeta en 1979 cuando el galardón del gran grupo editorial español se concedía a escritores de peso para propulsarlos al estrellato, y eso sucedió también con el detective, porque su demiurgo hubiera alcanzado el estrellato de todas maneras al ser una rara avis con múltiples virtudes entre el excelso columnismo, la buena poesía, un nada desdeñable don narrativo y una sempiterna conciencia crítica que en la actualidad le harían más incómodo de lo que ya fue.

Montalbán fue una rara avis con múltiples virtudes como el excelso columnismo, la buena poesía, el don narrativo y la conciencia crítica

'Los mares del sur' es un santo y seña en prosa, un compendio que hasta se permite el lujo de figurar en el sagrado decálogo de las novelas de Barcelona, pero la investigación sobre qué hizo Stuart Pedrell antes de morir muestra cómo Montalbán concibió a Carvalho desde el cajón de sastre, adaptándose, algo bien apuntado por Javier Muñoz Soro en el último volumen de la monumental 'Historia de España' editada por Crítica, a la era del pensamiento débil, donde una obra en prosa puede ser un mosaico con teselas policíacas, crónica periodística, referencias históricas y contexto de aventuras.

Muerte en Bangkok

Por eso Carvalho se erige desde sus infinitas máscaras, permitidas porque sí y porque apenas hay descripciones físicas del personaje a lo largo de las dieciocho novelas y treinta relatos de su trayectoria, en cirujano de la realidad barcelonesa, viajero infatigable y observador insaciable con el don de saber que la resolución de los misterios llegará por agotamiento. Se mueve entre altas instancias, pasea por los escenarios adonde le destinan y al final de la escapada realiza la vuelta al mundo con Biscuter en las dos partes de 'Milenio', como si así se mimetizara involuntariamente con Vázquez Montalbán, fallecido inesperadamente en Bangkok en octubre de 2003, la misma ciudad donde volaron los pájaros de esa desesperada novela de 1983.

En 18 novelas y 30 relatos Carvalho es un cirujano de la realidad barcelonesa que sabe que los misterios se resolverán por agotamiento

Asimismo, casi para concluir, Carvalho está en el sitio idóneo en su presente para que sus nuevos lectores entiendan mejor el pasado. Lo apreciamos en sus novelas dedicadas a la Barcelona de antes y después de las Olimpiadas, del 'Delantero centro fue asesinado al atardecer' a la delirante 'Sabotaje olímpico', y también en otras con mucha mala leche ideológica como 'Asesinato en el Comité Central', éxito de escándalo al plasmar con suma ironía y fino análisis el desmoronamiento del PCE a principios de los años ochenta del pasado siglo.

Carvalho envejece con la conclusión de la Guerra Fría y la destrucción de la ciudad que conoció. En cierto sentido es un investigador con toque existencialista. Persigue a Roldan, aterriza en Buenos Aires y siente próximo el adiós en el obsesivo milenio de Manolo, recurso casi enfermizo, advertencia de hecatombe que no impide desarrollar una y otra vez, de hecho existen diez volúmenes dedicados al tema, su maestría gastronómica.

Hablábamos al principio de este artículo de la quimera de dar con los libros imprescindibles de Vázquez Montalbán en las estanterías del siglo XXI. En 2018 Carvalho resucitará de la mano de Carlos Zanón en un arriesgado envite por reinventarlo como hizo Benjamin Black con Marlowe. El reto del escritor barcelonés es inmenso y un enigma de doble filo por todas las particularidades del gran gallego, entre otras su renuencia a la música, pues que recordemos Carvalho sólo tenía en disco, 'Penny Lane', que consiguió en una tómbola donde no estaría de más que las editoriales se preocuparan por entender que más allá del afán de novedades quizá estas estén en voces pasadas con peso para sacudir los cimientos de la contemporaneidad, algo normal en otros países europeos. Mientras eso no suceda seguiremos pensando en qué diría Manolo.

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