entrevista al novelista carlos zanón

Zanón: “Barcelona es una ciudad derrotista porque nunca ha ganado una guerra”

El escritor barcelonés vuelve a la carga con una novela -‘Taxi’- sobre un taxista a todo gas y en plena explosión emocional

Foto: El escritor Carlos Zanón (Xavier Cervera/Salamandra)
El escritor Carlos Zanón (Xavier Cervera/Salamandra)
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Que Carlos Zanón (Barcelona, 1966) es una de las mejores cosas que le ha pasado a la literatura de estos lares en los últimos años, es algo que ya dejó de ser un secreto.

Convertido en un novelista negro de culto, y elegido para resucitar el personaje de Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, Zanón vuelve a la carga ahora con ‘Taxi’ (Salamandra, 2017), que no es de género negro, pero es negra y urbana como una autopista a las 4 de la madrugada, o la historia de un taxista noctámbulo (Sandino) que recorre Barcelona durante siete días y seis noches en plena explosión emocional.

Un taxista que escucha cosas así en el taxi:

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“Ayer le contaron que en Buenos Aires hay un local decorado con un corazón inmenso, rojo y agujereado, en el techo. La Catedral del Tango. Que treinta y tres golpes como los años de Cristo son necesarios para ablandar un pulpo y que el lesbianismo se cura. Que en Estambul, en el puerto, sirven mejillones con arroz. Que venden a Messi el próximo verano. Que todo se arreglará. Que nada tiene arreglo. Que es necesario confiar en la gente. Hágame caso: no se fie usted de nadie”.

“La impunidad de mentir a un extraño. Es sólo el arte del engaño por el engaño. El taxista no te cree a ti y tú no crees al taxista y la ciudad pasa alrededor, en el batiscafo, a través de los cristales… Sandino quiere creer que la mayor parte de las cosas que le dicen son mentiras. Quiere creerlo. Por que si son verdades es aterrador… Un tipo asegurando haberse follado a Amy Winehouse cuando aún no era famosa. Otro que había matado a un tipo. Un hombre que afirmaba tener la vacuna contra el cáncer, pero por cederla gratis le habían retirado la licencia y ahora le perseguían. Otro que decía ser capaz de mantener relaciones sexuales durante 24 horas seguidas. ¿Sabe usted que Serrat me hace vudú con sus canciones?”.

En otras palabras: ‘Taxi’ es un nuevo martillazo punk de Carlos Zanón, que pasó esta semana por Madrid para hablar de su libro, de su padre (antiguo taxista), de The Clash y de cómo escribir sobre el quilombo catalán sin perder el norte.

PREGUNTA. Hay pocas profesiones tan envueltas en tópicos como la de taxista. En Madrid, por ejemplo, todos los taxistas serían fachas y oirían la COPE. ¿Qué dicen los tópicos sobre los taxistas de Barcelona?

RESPUESTA. Nos movemos por tópicos, sí, pero evidentemente hay mucha variedad de personas. A veces, entras en un taxi y suena ópera, o te encuentras un taxista formado que está ahí por la crisis. Yo quería crear un taxista atípico que no respondiera a los tópicos, no quería hacer ni un documental ni un día a día. Los tópicos que sí son ciertos es que es una profesión dura y solitaria, son muchas horas luchando contra el tráfico.

P. ¿Tenía un imagen idealizada de la profesión de su padre cuando era un niño?

R. A mi padre nunca le gustó mucho hacer el taxi, pero es cierto que, cuando eres un chaval, un trabajo que consiste en coger el coche y circular por la ciudad no parece que sea trabajar en la mina, sino algo divertido. Recuerdo a mi padre contándome que una de las cosas más duras era el azar, ir de un lugar para otro sin ningún interés en ir a ninguno de esos sitios, a la deriva.

P. Una de las primeras cosas que me han venido a la cabeza leyendo la novela es: “Andá, si las clases sociales existen’. Es como si nos tuvieran que hacer un recordatorio de vez en cuando de la existencia de algo que todos sabemos que está ahí, pero que está camuflado de algún modo, y que muchas veces preferimos obviar...

R. En la literatura inglesa hay un larga tradición de tratar este asunto, e incluso existe un género más o menos específico que es la novela ‘working class’, autores como Irvine Welsh (‘Trainspotting’), que me gustan mucho. Pero aquí no se toca tan directamente, quizá porque nuestra estructura social es distinta a la inglesa.

La sociedad dice tener instrumentos para romper con las clases y ser transversal, pero no es verdadTodas las sociedades son clasistas, tú llegas hasta donde llegas, es la idea del arribista, de Gatsby al Pijoaparte, la sociedad dice tener instrumentos para romper con las clases y ser transversal, pero no es verdad. Siempre vivirás atrapado en la clase social que te define y nunca podrás pertenecer a otra, aunque parezca que sí. Barcelona es una ciudad clasista como supongo que lo es Madrid y cualquier otra. A nadie le gusta que le llamen clasista o racista, todos intentamos disimular, a los barceloneses, por ejemplo, no les gusta la ostentación, cosa que me parece muy bien, así que todo aparece mucho más mezclado. A simple vista, la gente con dinero no se diferencia mucho de la gente de clase media.

P. ¿Por qué nos genera tanta incomodidad que las clases sean transparentes?

R. Porque contradice nuestro discurso diario: decimos que somos integradores, que somos justos, que no hay ningún tipo de problema y que cualquiera puede acceder a cualquier cosa, pero en el fondo sabemos que no es cierto, y eso nos incomoda. Como el retrato de Dorian Gray, que refleja una realidad distinta de la que en realidad es. Es difícil asumir según qué cosas. Estoy seguro de que en el Sur de EEUU tampoco aceptarían que son racistas, lo explicarían de otra manera. A las sociedades les cuesta asumir su fealdad.

P. Los títulos de los capítulos de ‘Taxi’ son canciones de The Clash. ¿Por qué eligió ese grupo como banda sonora?

R. Me gustaron mucho en su momento, y además las novelas que escribo las tengo que escuchar, tienen que tener un ritmo determinado, porque la literatura no deja de ser música. También me ayudó a definir al protagonista, que cree que ‘Sandinista’ [disco triple maldito de The Clash con 36 canciones] acabará siendo mejor que ‘London Calling’ [uno de los mejores discos de la historia según la crítica], cosa que ya sabemos que no es cierta (risas). Pero, insisto, era una manera de retratar al personaje: leal hasta cuando está equivocado...


P. Esto tiene gracia porque es algo por lo que hemos pasado todos los fans de The Clash en algún momento: cuando ya has escuchado 200 veces el ‘London Calling’, pasas por una fase esnob en la que aseguras que ‘Sandinista’ es su mejor disco, pero por mucho que te esfuerzas en oírlo una y otra vez....

R. Definitivamente es un disco con demasiada marihuana (risas).

P. Es parecido a lo que pasaba con Nirvana: la locura esa transitoria de decir que ‘In Utero’ era mejor que el ‘Nevermind’, que era demasiado mainstream. A ver: no hay dios que escuche ‘In Utero’, tiene demasiado caballo, te pone la cabeza como un bombo...

R. Ja, ja. Siempre es interesante que aparezca un productor que te pare los pies si estás muy perjudicado… Solo espero que mi novela, que es muy excesiva y tiene muchos géneros, me haya quedado menos desparramada que el ‘Sandinista’...

P. Sus novelas me recuerdan a cuando el Atleti de Simeone hace uno de esos partidos en los que todos atacan, todos defienden y se pasan del minuto 0 al 90 con el cuchillo entre los dientes. O sea, que su literatura se caracteriza por la intensidad. ¿Cómo afronta la página en blanco para mantener la intensidad hasta el final y no haya bajadas de ritmo?

R. Creo que el ejemplo es muy bueno. Busco la intensidad y la emoción, que viene del mundo de la poesía, el chispazo y el golpe. Es ir con todo lo que tienes, no dejarte nada. Cuando trabajo en una novela tengo que estar obsesionado, muy metido, y no puedo escribir todos los días. Tengo que tener el capítulo entero metido en la cabeza para poder volcarlo. No me gusta escribir con el piloto automático. El ejemplo me gusta porque el Atleti también me mola.

P. ¿Cómo se siente uno en la piel de Pepe Carvalho y Manuel Vázquez Montalbán?

R. Tengo hecho ya la mitad de un borrador, debo darle vueltas y vueltas, espero que esté lista a finales del año que viene.

P. ¿Y su sensación?

Mi mirada sobre Cataluña puede ser sesgada, pero intento no dejarme llevar ni por consignas ni por histeriasR. Buena. Cuando me lo ofrecieron me lo tomé como si me ofrecieran hacer lo que quisiera con Batman, siempre y cuando respetara la esencia del personaje, lo vi como un divertimento, y no me quiero ni mover de ahí ni caer en la herejía. No voy a imitar el estilo de Vázquez Montalbán, sino escribir mi novela, con mi estilo, escribir un buen policiaco que funcione, entretenga y sea actual.

P. Me gustan los artículos y crónicas que ha escrito en ‘La Vanguardia’ sobre el quilombo catalán, sobre todo por que tienen un punto de distanciamiento que contrasta con la histeria en la que parece haber caído todo el mundo. ¿Cómo lo afrontó desde el punto de vista periodístico? Contar lo que está pasando cuando pasan tantas cosas y tan exageradas a la vez...

R. Siempre he sido muy individualista. Creo que es importante intentar mantener la lucidez en tiempos confusos y no dejarse arrastrar. He intentado mantener la calma en medio de la histeria, no traicionarme, y si veo odio en un sitio y en otro… También intentas que no te afecte porque tienes amigos en ambos lados, y tampoco es blanco o negro, aunque cuando ves peligrar ciertas cosas sí tienes la responsabilidad de contarlo como columnista. Mi mirada puede ser sesgada, pero intento no dejarme llevar ni por consignas ni por histerias.

P. Hablando sobre el subgénero ‘la gran novela de Barcelona’ dijo hace poco que Barcelona era “una ciudad de derrotas”. ¿Podría desarrollar esa idea?

El ambiente de una ciudad que perdió la Guerra Civil no puede ser el mismo que el de en una ciudad que la ganóR. La fiesta nacional de Cataluña es la conmemoración de una derrota… Por otro lado, Cataluña y Barcelona se posicionaron en la Guerra Civil por el bando republicano, y perdieron… Quieras que no el ambiente de una ciudad que perdió la Guerra Civil no puede ser el mismo que el de en una ciudad que la ganó… El carácter de los catalanes es derrotista, nos situamos en la posición moral del derrotado y nos construimos a partir de ahí…

Curiosamente eso cambió un poco con el fútbol, el aficionado del Barcelona era aquel que iba ganando 3-0 en el minuto 88, metía un gol el Alavés, y decía: ‘ay, ay, ay’… El fatalismo es un estado de ánimo que puede cambiar el resultado final: si piensas que te pueden ganar, te ganan. Barcelona es una ciudad derrotista, una ciudad edificada sobre la derrota del que nunca ha ganado una guerra, lo que condiciona tanto la manera de ser como la manera de inventar la ciudad, la literatura sobre Barcelona es un poco la literatura de lo que pudo haber sido y no fue...

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