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Entrevisté al hombre que me torturó y asesinó en su novela... y esto fue lo que pasó
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Entrevisté al hombre que me torturó y asesinó en su novela... y esto fue lo que pasó

El vallisoletano acaba de publicar su séptima novela y lanzará la octava en noviembre. Gellida se ha convertido en uno de los grandes nombres de la novela negra española

Foto: César Pérez Gellida en una imagen de 2017. (EFE)
César Pérez Gellida en una imagen de 2017. (EFE)

—¿Alguna vez te ha entrevistado la víctima de uno de tus asesinatos?

—No, nunca.

Es la tercera vez que nos vemos, la primera a la luz del día y fuera de Valladolid. También la primera que no hay alcohol de por medio ni ira homicida subyacente. César Pérez Gellida (Valladolid, 1974) baja al vestíbulo del hotel con aspecto alegre pero cansado; lleva tres semanas viajando por toda España como parte de la promoción de su séptima novela, 'A grandes males' (Suma, 2017), la última de su trilogía 'Refranes, canciones y rastros de sangre', y el fin de semana firmará —ataviado con una camiseta negra en la que pone '¡Hay que joderse!'— en las casetas de la Feria del Libro de Madrid. Desde la última vez que nos encontramos han pasado más de tres años. Fue de madrugada, en el mismo bar donde nos conocimos y donde planeó mi asesinato.

—Sí, es verdad, fue en el Zerocafé —se ríe.

—Y me acerqué a ti y te dije no sé qué.

Aunque me hago la longuis, recuerdo perfectamente lo que le dije. Y no fue "no sé qué". Le dije que le arrancaría los ojos.

—Que lo sepas —le bufé—. En una pelea a muerte entre tú y yo, ganaría yo y te arrancaría los ojos.

Esta fue la segunda ocasión en la que cruzamos palabra. Hasta esta entrevista, nuestra relación en común se limitaba a dos encuentros casuales, cerveza de por medio, una amenaza de muerte y un homicidio con asfixia, mutilación y el metal industrial de Rammstein de fondo. Eso es ir al grano.

Y hete aquí el origen de todo. Una noche en la barra del Zerocafé, que, aunque suene a lugar donde tomarse un cortado, es realmente un pub de copas, cerveza y Depeche Mode. Él estaba solo, en una esquina, escribiendo en una libreta. Yo llevaba un par —ejem— de tercios entre pecho y espalda y me picaba la curiosidad. Una persona que escribe a las tantas de la mañana en una libreta en la barra de un bar está pidiendo a gritos que alguien le pregunte qué escribe a las tantas de la madrugada en una libreta en la barra de un bar. Así que me acerqué a él y decidí ser ese alguien preguntándole, probablemente arrastrando demasiado las eses, qué estaba escribiendo. No recuerdo qué contestó. Es más, no recuerdo absolutamente nada de lo que hablamos.

Lo siguiente que sí recuerdo es, varios meses después, una llamada de teléfono de un amigo. "¡Te han matado! Abre el libro 'Consummatum est' (Suma, 2014) por la página 381". Erré por la sección de novedades literarias del Carrefour más cercano hasta que di con la portada. 'Consummatum est'. Y la foto del tipo del Zerocafé en el interior. Página 381. El protagonista de su novela, un asesino en serie, lo describía todo, paso por paso. "Ejecutando la misma suerte de presa por el cuello, tiré de mí con pertinaz insistencia y determinación hasta que escuché crujir sus vértebras. Cuando la solté, su cuerpo se deslizó —esta vez sí— inerte para descansar sobre el sofá en postura fetal". Pero ¿cómo podía saber que era yo? Pasé las páginas del libro hacia adelante y hacia atrás, buscando mi nombre.

"Aquella chica, Marta, era una prodigiosa máquina de fabricar palabras. […] Veintiséis años, brillantemente licenciada en Periodismo, becaria de 'El Mundo' y, por aquel entonces, concluyendo sus estudios de Dirección Cinematográfica". Efectivamente, era yo, joder —aunque lo de 'brillantemente' es, desde luego, una licencia literaria—. Seguí leyendo. "Era realmente bonita de cara, con facciones finas y elegantes, como una aristócrata rusa; incluso medía algún centímetro más que yo, la garza". Me sonreí. Bueno, ni tan mal, pensé. ¡Oh, vanidad! Seguí leyendo. "El único inconveniente que se le podía poner en la parte física era la excesiva anchura de sus caderas, pero superaba sobradamente la frontera de lo follable sin duda alguna y yo tenía muchas ganas de sexo [...]". Pero ¡¿qué cojones?! Y eso era solo el principio.

Ejecutando la misma suerte de presa por el cuello, tiré de mí con pertinaz insistencia y determinación hasta que escuché crujir sus vértebras

"Bebía casi tanto como hablaba", "yo había llegado a un punto en el que no sabía si mi dolor de cabeza era consecuencia del alcohol o de la desesperada llamada de auxilio que hacían mis tímpanos", "llegué a visualizar la forma en la que terminaría con ella, simultaneando penetración y asfixia", "calificó a Rihanna como paradigma de la música moderna" —¡ignominia! He decir que esto fue lo que más me dolió—, rodeé "su cuello con mi brazo izquierdo para ejercer toda la presión que pude", "Marta se desplomó, inconsciente, contra el suelo", "me percaté de que las uñas de Marta rebosarían de restos de mi piel y me dispuse a ponerle remedio con la amputación de los cuatro dedos; quizá los diez o, ¿por qué no?, los veinte".

¿Qué le llevó a matarme a mí, entre toda la gente asesinable que uno puede conocer en su vida? Al parecer, la turra que le di esa noche que, por lo que parece, fue intensita. Eso pasa por no saber la gran regla: nunca hay que dar de beber a un gremlin.

En los cuatro años que han pasado desde ese encuentro en la barra de un bar, Gellida se ha convertido en uno de los autores de novela negra más prolíficos —publica dos títulos al año— y más vendidos del panorama nacional, eso sí, por detrás de la imbatible Dolores Redondo. Ahora vive en Argentina, con su mujer y su hijo, echa entre 10 y 12 horas diarias en ejercitar la tecla y prepara la presentación de 'Konets', su octavo título, para el próximo noviembre. Yo, al menos, conservo todas las falanges.

Gellida, además, puede celebrar que Movistar+ —que tiene programado el estreno de una serie al mes en 2018— está en conversaciones para desarrollar la adaptación de sus tres primeras novelas: la trilogía 'Versos, conciones y trocitos de carne', que engloba 'Memento mori', 'Dies Irae' y, efectivamente, 'Consummatum est'. "En el mejor de los casos, se emitirá en 2019" con "actores más o menos conocidos en el reparto". Además, contará con varios temas en su banda sonora compuestos por Amaro, Iván Ferreiro y él mismo, y con las colaboración de Bunbury, entre otros. Conseguir que Rammstein le ceda los derechos parece que será más difícil y que habrá que apoquinar.

—Entonces, ¿quién hará de mí? —pregunto.

—Tú, por supuesto —se ríe con grandes carcajadas.

Gellida se pide un café. Yo no pido nada. Miro cómo remueve la cuchara en la taza. "¿Quieres azúcar?", le ofrezco. Abro el contenido de un sobre y lo vierto en el líquido humeante.

"Es un proyecto grande", revela. "De primeras, son dos temporadas de seis capítulos cada una" y "se rodaría íntegramente en Valladolid porque se van a centrar en la trama de investigación de Sancho, Augusto y Carapocha". Para darles vida, todavía no hay un 'casting' cerrado, pero eso no impide que la imaginación vuele. "Yo he echado la carta a los Reyes Magos. Me han pedido el 'precasting', que son tus tres candidatos ideales por cada uno de los protagonistas, y, joder, pues me encanta pensar en gente como Luis Tosar —que es difícil, por el tiempo de compromiso que requiere una serie— o Hovik Keuchkerian".

El trayecto hasta Movistar+ ha tenido sus piedras en el camino. Las más grande: Michael Robinson, que curiosamente era el dueño de los derechos audiovisuales de la obra de Gellida. Sí, Michael Robinson. Robinson el exfutbolista. La voz del PC Fútbol. El del 'acento Robinson'. "Con Robinson la cosa salió muy mal", admite. "Cuando yo conozco a Robinson —trabajaron juntos en la radio—, el acuerdo al que llegamos es que él es mi agente editorial y me abre las puertas del negocio y a cambio yo le cedo los derechos audiovisuales. ¿Qué pasó? Que por decirlo suavemente y honestamente, él tenía una idea muy equivocada de cómo funcionaba el mundo audiovisual. Yo no tenía ni puta idea, pero el camino que él quería seguir era imposible. Así que nos fuimos distanciando". Poco después, recuperó sus derechos y se puso en marcha el proyecto con Zeta Producciones.

Gellida se suma así a la estela de escritores de novela negra que verán su obra adaptada a la pequeña y gran pantalla: este año, 'El guardián invisible', de Dolores Redondo, llegaba a los cines rodeado de polémica, mientras que para septiembre está previsto el estreno de 'La niebla y la doncella', la película basada en la novela homónima de Lorenzo Silva. Precisamente, Gellida se siente muy identificado —aunque a menor escala— con la trayectoria de Redondo. "Ella y yo empezamos a la vez. Yo empecé en febrero de 2013 y ella en noviembre de 2012. La conocí en la Feria del Libro de Valladolid, los dos con nuestra primera novela, y hemos tenido caminos muy paralelos, aunque ella vendiendo 10 veces más de lo que vendo yo".

Gellida bebe de la taza. Yo sonrío atentamente a lo que dice.

Foto: Las firmas de la Feria del Libro o del Día del Libro son un medidor de quién es ídolo de la literatura y quién no (Foto: Efe)

"La verdad es que yo no quería ser escritor. Me puse a escribir porque tenía una historia en la cabeza que en un momento que no recuerdo decidí ponerla en papel". En apenas cuatro años, Gellida ha pasado de ser "comercial en una empresa" a vender cientos de miles de ejemplares de sus novelas. "Eso sí, casos como el de 'Patria' ocurren una vez cada tres años. O la misma Redondo, que es un fenómeno editorial", admite. "Lorenzo Silva, que para mí es un 'crack', conoce cómo estaba el mercado antes y es un 'shock' ver cómo ha bajado el mercado para esos que antes eran 'cracks' editoriales que vendían una cifra que ahora… olvídate: Reverte, Silva, Matilde Asensi...".

Escena del crimen: Valladolid

Uno de los grandes aciertos de Gellida fue ubicar al asesino en serie de su trilogía en un lugar tan poco explotado como Valladolid. "Cuando fui a hacer la ambientación —para mí, la ambientación es un personaje más—, me pregunté: ¿cuál es el lugar que mejor conozco? Pues Valladolid, porque además te ofrece la posibilidad de salirte de la estética de Madrid, de Barcelona, de las grandes capitales tipo Nueva York, Londres, etc. Y para mí ha hecho que al tener una comunidad de lectores de Valladolid, al principio, impulsaron las ventas de mis libros. Esa comunidad de Valladolid lo va extendiendo, lo va extendiendo y es muy fiel al escritor. Además, si ahora te fijas, muchos escritores de novela negra describen ciudades de provincias: Dolores Redondo, Eva García Sáenz de Urturi… El valle del Baztán, Vitoria, Santander, que son escenarios hasta entonces inéditos".

De pronto, el escritor carraspea. Se lleva la mano al cuello. Mira el fondo de la taza de café. Levanta los ojos hasta la sonrisa de la periodista. Le falta el aire y empieza a boquear. La piel de sus labios comienza a tornarse azulada. Abre mucho los ojos, que poco a poco empiezan a llenarse de pequeños hilillos rojos en la antes inmaculada esclerótica. Los músculos de su cara se contraen en un rictus de pánico, de sorpresa y de dolor. El escritor intenta estérilmente llamar la atención del recepcionista del hotel, pero su silla se vuelca y su cuerpo convulsionante queda escondido detrás de la pata de la mesa. Tras un último estertor, las pupilas del escritor se quedan fijas en el punto de fuga. La periodista apaga su grabadora. Se levanta. Camina sin prisa por el vestíbulo del hotel. Sonríe al recepcionista.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes. Esperamos que vuelva pronto.

El botones le abre la puerta y la periodista sale a la calle. Su silueta poco a poco se pierde entre la multitud que pasea bajo el sol primaveral en la Gran Vía de Madrid.

[Y he aquí la pequeña venganza literaria. ¡Que nadie llame a las autoridades! La realidad, que siempre es más aburrida, puso el punto final a una agradabilísima entrevista con la periodista entrando en el metro para volver a su casa y el escritor preparándose para afrontar un fin de semana ejercitando el arte del autógrafo en las casetas del Retiro].

—¿Alguna vez te ha entrevistado la víctima de uno de tus asesinatos?

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