regresa a madrid con 'el sermón del bufón'

Boadella: "¿La solución en Cataluña? Cerrar TV3 dos meses y problema solucionado"

El actor, director y dramaturgo vuelve con una autobiografía escénica con referencias a la situación catalana y a una profesión de titiritero vendida "de forma vil al régimen separatista"

Foto: Boadella regresa a Madrid con 'El sermón del bufón' (Efe)
Boadella regresa a Madrid con 'El sermón del bufón' (Efe)

Albert Boadella es una máquina de dar titulares. Llega a su 'casa de acogida', los Teatros del Canal de Madrid que ha estado dirigiendo los últimos siete años hasta que dejó el cargo esta temporada, para presentar 'El sermón del bufón', un montaje que es una autobiografía escénica en la que contrapone al Albert de la infancia con el Boadella anciano. "Nada de política. Estoy saturado", son sus primeras palabras. Pero todos sabemos que es imposible porque 'el bufón', como le apodaron en Cataluña cuando le boicotearon y se exilió, como el mismo dice, siempre acaba hablando de lo que pasa allí.

Empieza con la obra que le trae de nuevo a la capital tras los cuatro llenos del pasado mes de marzo. Ahora vuelve con ocho funciones (del 4 al 21 de octubre) y seis están prácticamente llenas. En 'El sermón del bufón' Boadella explica su vida de titiritero y evidentemente hay referencias a Cataluña. Una vida que "me ha rejuvenecido. Hago bolos como hace 30 o 40 años y muy exitosos. Me divierte mucho hacer esto: no hacer ficción sino hacer mi vida. Trato de ser yo mismo, que es una cosa complicadísima porque siempre hacemos al personaje con el que nos miran los demás".

En la obra habla de cómo ha evolucionado su vida desde esa infancia, en la que garantiza que se gesta el arte -algo, añade, que aprendió de Dalí "porque era el niño constante, de forma patológica. Jugó hasta el último día de su vida"-, hasta la actualidad. Y todo comienza en relación a la "tribu en la que nací", es decir a Cataluña. "Nunca tan tribu como ahora", apostilla. Confiesa que ha tocado algo en los últimos tiempos de la pieza original y que las referencias catalanas están pero relacionadas con el arte. En concreto, tomando como punto de referencia el cuadro de Tàpies que preside el consejo de la Generalitat. "Están los de las grandes patochadas reunidos y detrás esos garabatos de Tàpies. Bajo semejante advocación nada puede salir bueno. Es una metáfora porque el arte es el encargado de estimular al máximo la inteligencia humana".

En Cataluña están todos vendidos de forma vil al régimen separatista, al 99%. Es una de las cosas más indignas que he visto en la historia del arte

En este recorrido por su biografía que define de "continuidad", Boadella afirma que "lo único que me ha sorprendido en mi vida es lo de mi propia tribu. Jamás pensé tener que autoexiliarme espiritual y casi físicamente". De hecho, el actor, director y dramaturgo lleva desde 2005 sin pisar un teatro catalán por decisión propia "ni he permitido que obras mías fuese a Cataluña". "La censura la puse yo. Ellos me colocaron el boicot delante y yo les censuré", argumenta. Tanto es así que si hay delante un micrófono de un medio catalán, no habla. "Mi corte es absoluto", afirma rotundo.

"Cuando empecé a escribir 'El sermón...' esto ya se sabía", agrega en referencia al referéndum del 1O y la posible declaración de independencia del Gobierno de la Generalitat. "Hace 20 años tenía claro lo que iba a suceder y las hemerotecas están presentes", remata. "No me ha sorprendido nada de lo que ha sucedido. Es un recorrido, que si hubierais vivido allí y pensando de forma libre y no contaminada, estaríais en la misma posición. Son muchos años de ver cómo crece un proceso en lo político y en lo artístico, incluso en mi gremio. En Cataluña están todos vendidos de forma vil al régimen separatista, al 99%. Es una de las cosas más indignas que he visto en la historia del arte", analiza. ¿La solución? "Cierra TV3 dos meses y problema solucionado, ni policía ni nada".

¿Qué tendría que pasar para que volviera a trabajar en Cataluña? "No volveré hasta que cambie el régimen", responde. ¿Y lo ve posible? "Públicamente me tocaría decir que sí, íntimamente le digo que no". Sobre la Declaración Unilateral de Independencia, Boadella afirma que ve todas las opciones de que se haga real. "Despedíos de este jardín tan bonito [Cataluña]. No hablo de los habitantes sino desde el punto de vista del territorio". Y respecto a las cargas policiales del 1O y las comparaciones hechas con la dictadura, también es tajante. Dice que es una "tontería" porque "es una situación absolutamente incomparable. Estamos instalados en la impostura constante. Países y periódicos franceses que se rasgan las vestiduras y cuando hay una manifestación en París por nada hay una cantidad de palos. ¡Qué impostura! Todo está dictado de antemano".

Aun así, el fundador de Els Joglars, que no se cierra a volver a colaborar con la compañía que ahora dirige Ramón Fonteseré, asegura que cree que a ellos también les ha sorprendido la situación que vive hoy Cataluña. "Ellos se han encontrado en una situación muy complicada porque desde el punto de vista histórico Els Joglars ya había ido a lo más lejos. Hicimos no una sino tres obras sobre el presidente de la Generalitat, el organizador de la gran patraña. Llegar más lejos es complicado. Y se han encontrado con que no tienen público en Cataluña. Yo les avisé. Les dije 'no nos van a perdonar en la vida'. Probaron y se han encontrado sin público". Por eso, agrega, confiesa que su llegada a los Teatros del Canal, dependientes de la Comunidad de Madrid, fue "en una situación de exilio personal y tuve una suerte de la leche porque me lo he pasado bomba estos siete años. Fue una gran suerte este exilio", garantiza. ​

Un oficio de pensamiento único

"Mi oficio es un oficio que ha pasado a ser de pensamiento único. Todos piensan lo mismo sobre todo. En general, el 90% son del mismo carril, con la genética progre. Es un oficio que ha perdido la pluralidad". De hecho, insiste Boadella en el "pensamiento monolítico en el que se ha ido instalado en esta profesión que antes no existía. El pensamiento del comediante y del titiritero era mucho más variado incluso en la época de la dictadura y se debe a que las instituciones de los Estados son los mecenas".

Albert Boadella en 'El sermón del bufón' (Efe)
Albert Boadella en 'El sermón del bufón' (Efe)

El motivo, ahonda, es que "el comediante, en una herencia de los años setenta y ochenta, desprecia al público porque hay una especie de gusto por la minoridad y hacer obras para 30 o 50 personas, se cree que es más exquisito y depende absolutamente del dinero público. Nos hemos puesto en manos de las instituciones. Habría sido mejor no ponernos tan exquisitos y ponernos en manos del público, que nos da más libertad”. Y agrega: "Estoy contra el camelo en el arte. Cuando escucho la palabra vanguardia me pongo de los nervios. Bajo la palabra modernidad se han hecho las mayores sandeces de nuestro tiempo".

'El Guernica' es un grafiti que sin el mito fascista no sería más importante que uno de Malasaña

Para Albert Boadella los titiriteros no deben perder de vista lo que realmente son: "unos pícaros en todos los sentidos materiales y espirituales. Los auténticos pícaros". Es más, ese apelativo de bufón que le pusieron en Cataluña cuando le hicieron la cruz y que él aprovechó para sus memorias y este espectáculo "lo he convertido en lo que tiene que ser. Somos todos de la misma genética: bufones, titiriteros, saltimbanquis. Tenemos el mismo ADN".

La mierda de Picasso

Además de la gira con 'El sermón del bufón', Boadella estrenará en febrero en el Teatro Real 'El pintor', una ópera escrita por él y con música de Juan José Colomer, sobre Picasso, al que define como "el destructor de la pintura". "Fue el Atila de la pintura, por donde pasó no ha vuelto a crecer. Fue el primero que industrializó la pintura". Pero su crítica al pintor malagueño no queda aquí y en esta obra analiza "cómo esta persona tan dotada pudo hacer la cantidad de mierdas que hizo y cómo estas mierdas se han vendido como lo más de la Historia del Arte".

"Las tres cuartas partes de las obras" de Picasso son mierda, añade categorico. Salva los grabados, algunos retratos y la primera época realista, las etapas azules y rosas e incluso, señala, algo del propio cubismo porque "tiene la gracia del andaluz, que no pierde casi nunca". Su obra cumbre, 'El Guernica' es "un grafiti que sin el mito fascista no sería más importante que uno de Malasaña. Es un cuento, un camelo. Tiene su gracia pero ninguna importancia. Si me lo regalaran, no lo tendría en casa. Son unos garabatos a los que infundimos todo un espíritu. Nada más".

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