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La golosina gigante que factura 21 millones al año como discjockey

Se esconde tras un cubo blanco con cara sonriente, se llama Marshmello y es el octavo DJ mejor pagado del mundo. La crítica no le toma en serio

Foto: Marshmello en una actuación en el Lollapalooza Argentina (Facebook Marshmello)
Marshmello en una actuación en el Lollapalooza Argentina (Facebook Marshmello)

Hace pocos días se publicó la tradicional lista de los DJs más cotizados del mundo, confeccionada por la revista 'Forbes'. No encerraba grandes novedades, pero servía para confirmar un fenómeno delirante: un señor disfrazado de golosina facturó 21 millones de dólares en los últimos doce meses. Su nombre de guerra es Marshmello, en honor a esas nubes dulces que los estadounidenses queman en los fuegos de campamento.

Se cuela directamente en el puesto numero ocho, la segunda entrada más fuerte del año, debido a su ritmo febril de sesiones y a que ha ingresado en el club de los pinchas que piden un mínimo de seis cifras por sesión. Ha conseguido llegar a la cima gracias a una electrónica descaradamente popera. Su imagen de dibujo animado dispara sus beneficios por 'merchandising'. El vídeoclip oficial de 'Alone', su mayor éxito, supera los 520 millones de visitas en Youtube.

¿Quién es Marshmello?

Por supuesto, Marshmello no inventa nada. Antes de él hubo grandes superventas electrónicos enmascarados, caso de Daft Punk y Deadmau5. Su mayor aportación es un personaje distinto: juega a ser lo contrario del DJ estrella, un marginado social de instituto, patológicamente tímido y obsesionado por la música. La revancha de los novatos en versión electrónica.

¿Se sabe quién suda bajo el casco de la media sonrisa? No, pero se sospecha de Chris Comstock, más conocido como Dotcom. Los indicios son varios, por ejemplo que comparten agente, día de cumpleaños y que Skrillex tuvo un desliz y llamó "Chris" a Marshmello durante una entrevista. El verano pasado, al final de sus sesión en el Electric Daisy Carnival Festival de Las Vegas, Marshmello se quitó la máscara para revelar que en realidad era …el DJ estrella Tiësto. Sin duda, se trataba de un bromazo porque sus calendarios de gira resultan totalmente incompatibles. Este pequeño troleo a los fans servía de publicidad gratuita para ambos.

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Despreciado por la crítica

Su propuesta ha sido ridiculizada por los críticos musicales más auténticos. Por ejemplo, August Brown de 'Los Ángeles Times', que describe su música como "agresivamente estúpida, con líneas de sintetizador merengosas, tipo medio tiempo, la especie de casi-trap que aupó a los Chainsmokers a los más alto de las listas". Chainsmokers son un dúo neoyorquino que arrasa con un sonido similar. De hecho, son la entrada más fuerte del año en la lista 'Forbes', con 38 millones facturados en los últimos doce meses.

Brown lamenta la tendencia de esta corriente musical a "componer con el piloto automático". También acusa a Marshmello de "carecer de ingenio", incluso de no ser capaz de proporcionar "los placeres populistas del EDM". Además lamenta que el productor y DJ acapare espacios importantes en festivales como Coachella. "Tu gusto y el de tus fans por el sonido empalagoso no debería convertirse en un problema para todos", concluye. Poco debe saber Brown que los mismos argumentos se utilizaron para desacreditar a grandes artistas pop como ABBA, Aqua, Bee Gees, Roxette y La Casa Azul en España. El EDM, siglas de Electronic Dance Music, consiste en adaptar la música de club a los estándares del pop/rock de estadio. Lleva pegando fuerte desde 2012 y no parece que vaya a marcharse a corto plazo. No se puede criticar a un artista pop por no sonar como el techno feroz de Underground Resistance.

La vida sigue igual

Sobre la lista de 'Forbes', toca decir que despliega la misma triste tendencia al blanqueamiento blandito de todos los años. La música electrónica es una invención de negros pobres, que en la Jamaica de los años cincuenta idearon los 'sound systems' (enormes equipos de sonido que sacaban a la calle) para tener acceso barato a la diversión colectiva. Luego llevaron sus fiestas a los bloques de protección oficial de Nueva York, a los barrios populares de Londres y a distintos puntos de América Latina, entre otros lugares. Por eso suena injusto que, siendo los pioneros en todo, además de tener a los artistas más brillantes y arriesgados, apenas aparezcan en la lista de quienes mejor cobran. Ya ni siquiera entra en la lista Afrojack, que solía ejercer de "excepción que confirma la regla". Lo reconoce la propia revista: "El listado de los DJs más rentables revela una lamentable falta de diversidad, ya que en el top diez no hay mujeres y todos los nombres proceden de Estados Unidos o Europa", lamentan.

La creatividad la pusieron los negros, también los mejores temas de los grandes géneros, pero los millones se los siguen llevando chicos blancos del primer mundo con limitada imaginación musical y más previsibles que un episodio de 'Cuéntame'. Entre ellos, Calvin Harris (48,5 millones), Skrillex (30 millones), Diplo (28.5), David Guetta (25) y el jovencísimo Martin Garrix (19.5 millones). Este es el perfil que prefieren los festivales, los hoteles de lujo de Las Vegas y las grandes marcas, siempre tan alérgicas a cualquier música que recoja los conflictos de la gente de a pie. Hasta el siglo XX, esta solía ser la función principal de la música popular. Ahora cada vez cuesta más distinguirla de la publicidad.

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