"El miedo a Podemos es una mercancía que la gente compra, pero es una tontería"
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entrevista a montero glez

"El miedo a Podemos es una mercancía que la gente compra, pero es una tontería"

El novelista publica un ensayo/crónica sobre un mitin de Podemos en Cádiz

placeholder Foto: El escritor Montero Glez. (EFE)
El escritor Montero Glez. (EFE)

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias en la puerta de la comisaría del aeropuerto de Jerez de la Frontera… Así comienza '¡Al cajón! Crónica de un mitin' (Stella Maris), en que el escritor Montero Glez (Madrid, 1965) se infiltra a su manera en la trastienda de la pasada campaña electoral de Podemos:

“Se han detenido a la puerta de la comisaría, cerrada por descanso. Aunque no haya cartel que lo indique, estamos en el sur, donde el delito respeta horas de siestas. Mientras tanto, la tarde parece alargarse; su lento transcurrir hace que el paso del tiempo apenas se perciba… Uno de los jóvenes, el que ahora habla, lo hace con los ojos abiertos en un color tan azul que inunda sus gafas. Lleva el pelo corto y la ropa se le ajusta al cuerpo flaco y desgalichado; un manojo de terminales nerviosas que parecen no conformarse con prendas tan chicas. Mientras sigue hablando, mantiene la mirada fija en su compinche que tampoco parpadea y que lleva las greñas recogidas en una coleta. Vistos así, podría ser una escena cotidiana, de puro costumbrismo, con los dos pilletes haciendo tratos a las puertas de una comisaría, en un país donde reivindicar derechos es sinónimo de delincuencia”, arranque Glez, autor de novelas como 'Sed de champán' y 'Talco y bronce', que le han convertido en un escritor de culto.

Hablamos con él sobre su singular acercamiento periodístico/literario al fenómeno Podemos, el pánico al vuelco electoral y el papel de los intelectuales en España.

PREGUNTA. Su libro toma como referencia el mitin en Cádiz con el que Podemos abrió su campaña electoral. ¿Algún recuerdo de esas horas que no se le vaya de la cabeza?

RESPUESTA. Fue el 4 de diciembre. Ahora mismo vivimos la última etapa de la campaña que arrancó ese día. Ha habido un paréntesis, que yo llamo del gallinero, donde se han tomado posiciones, pero la campaña electoral ha seguido durante ese paréntesis y el 26 de junio será el desenlace.

La imagen que se me ha quedado grabada es la del arranque del libro. Su avión llegó con media hora de retraso al aeropuerto de Jerez e iban con el tiempo justo al mitin, pero Íñigo [Errejón] y Pablo [Iglesias] se quedaron hablando delante de la comisaría del aeropuerto, que estaba cerrada, con los fotógrafos esperando a que acabaran de hablar para la lluvia de flashes. Hablaban en un lenguaje más gestual que verbal que solo ellos entendían. Pablo Iglesias tiene un gran dominio del tiempo; del tiempo como percepción interna, como sostenía Kant. Fue un momento muy literario en el que se detuvo el tiempo, lo que me llevó a 'Absalon absalon' de William Faulkner, cuyo arranque es sagrado para mí porque consigue detener el tiempo, y a la vez, darle movimiento con un haz de luz que pasa por un ventanal volatizando partículas de polvo. Todo escritor que se dedique a escribir sueña con detener la percepción del tiempo y transmitir ese instante.

Ni soy William Faulkner ni nunca he logrado alcanzar ese instante, pero el arranque es lo que más me ha costado y a lo que más vueltas he dado una y otra vez. Un poco más y la crónica sale en septiembre... Pero esta lucha creativa contra uno mismo es la que sostiene mi vida, es una batalla muy bella, o como decía Federico García Lorca: la lucha por hacer tuyo al duende al borde de un pozo ciego.

P. Se fija usted en detalles que los periodistas pasamos por alto. ¿Dónde están sus referentes para escribir crónica? ¿En la novela? ¿En el nuevo periodismo?

R. Esto es una crónica. ¿Por qué? Me iba bien el género porque en su dimensión latina la relación de hechos se suma a tu juicio, y eso hay que aprovecharlo.

Por otro lado, tengo fijación con el trabajo de Gay Talese con el nuevo periodismo. Tiene dos piezas maestras: 'Frank Sinatra está resfriado' (1966) y 'Alí en La Habana' (1996), sobre Mohammed Alí, que fue rechazada por un montón de revistas. Talese había pasado de modelo del nuevo periodismo a representante del viejo periodismo: ya nadie le quería. Al final lo publicó 'Esquire', medio enterrado, y Talese resucitó con esa pieza similar a la de Frank Sinatra: no logró hablar nunca ni con el cantante ni con el boxeador, pero da igual, habló con los secundarios, con el séquito, con lo que rodea a lo principal, y ese es el modelo que utilizo. Fijarme en los que no salen en las fotos. De Pablo Iglesias ya se ha escrito demasiado, de los otros no.

"La tradición del nuevo periodismo la mezclo luego con la mía: la filosofía narrativa, mis tiempos 'hippies', el 'Don Juan' de Castaneda"

Esa tradición del nuevo periodismo la mezclo luego con la mía: la filosofía narrativa, mis tiempos 'hippies', el 'Don Juan' de [Carlos] Castaneda y los ámbitos de la experiencia humana, el tonal y el nagual, según cuenta Castaneda a través de las enseñanzas de su maestro.

¿Qué es el tonal según Castaneda? Una mesa de un restaurante donde están el plato, los cubiertos y el jarrón. Y lo que rodea a la mesa, ese espacio indefinido, es el nagual. La consciencia psicológica sería el tonal y la consciencia cósmica sería el nagual. Ocurre que nosotros, en nuestra tradición racional, abandonamos el nagual, lo que nos rodea, a lo que yo sí presto atención. La razón cerró las puertas de ese territorio al proceso narrativo. Pero la racionalización es tan importante como la filosofía narrativa, para mí son complementarias, yo quiero diferenciar ese espacio indiferenciado, y lo hago escribiendo no sobre los secundarios, sino desde los secundarios.

P. La campaña está polarizada entre Podemos y el PP. Una de las herramientas electorales es mentar el miedo a Podemos. ¿Ese miedo es real, es una argucia política o es ambas cosas?

"Los argumentos del PP, Ciudadanos y el PSOE contra Podemos son argumentos anémicos que reflejan su propio miedo"

R. En una sociedad mercantilista, el miedo es una mercancía más. El miedo a Podemos se vende porque hay gente que lo compra. ¿Cómo lo compran? Con su tiempo. Regalando su tiempo atendiendo a esas tonterías… Los argumentos del PP, Ciudadanos y el PSOE son argumentos anémicos que reflejan su propio miedo.

P. El PSOE ha sido hasta ahora el partido hegemónico de la izquierda. ¿Qué le sugiere a usted la palabra 'sorpasso'?

R. El lenguaje del poder no me interesa. Volviendo a Castaneda, al tonal y la consciencia psicológica: guardamos en nuestra mente obsesiones, conceptos y sueños, pero también el lenguaje del poder, que si el NIF, que si el CIF, que si el número de la tarjeta de crédito, además de palabras políticas que se ponen de moda y ocupan un sitio inservible en esa mesa de restaurante de Castaneda. Palabras del poder que deberían estar fuera de la mesa, fuera del tonal y fuera del nagual.

P. No obstante, al margen de eso, ¿qué impacto cultural podría tener que el PSOE perdiera la hegemonía?

R. Es una pregunta muy importante porque se abre una posibilidad de la que hemos carecido desde el año 1936, desde que Franco deja la cultura como un erial… hasta hoy día. El proceso histórico no tiene raíz cultural ninguna desde la llegada de Franco al poder. La democracia es una verdad, pero fue levantada con manos de mentira, las de la Transición. Manos que han escrito un discurso falso y lo han llamado Transición. La cultura no ha existido, a no ser que hablemos de la cultura del famoseo, la de la ceja, la bodeguilla o Aznar con no sé quién.

P. ¿No han existido tampoco los intelectuales?

"En España tenemos al pseudo intelectual tradicional, casta, y están atrincherados en la Real Academia de la Lengua Española"

R. No ha existido el intelectual orgánico sino el pseudo intelectual tradicional. Y digo pseudo porque al menos el intelectual tradicional hubiera aportado algo. Gramsci decía que al intelectual tradicional había que tenderle la mano, demostrarle que estaba equivocado, pedirle que dejase de proteger sus intereses como casta y llamarle a unirse al intelectual orgánico. Pero es que en España ni eso. Aquí tenemos al pseudo intelectual tradicional, casta, y están atrincherados en la Real Academia de la Lengua Española.

P. Le gusta a usted Gramsci...

R. Gramsci fue uno de los primeros en meter el bisturí a la superestructura, compuesta tanto por las instituciones de represión directa (ejército, policía, etc.) como por las instituciones de hegemonía (universidades, iglesias, las reales academias, etc.). Las instituciones de hegemonía han sido estériles en España, ocupadas por intelectuales atrincherados o incluso por gentes que venían de las instituciones de represión directa.

Pero es que aquí no se leía a Gramsci hasta hoy, cuando se ha recuperado gracias a un movimiento que ha salido a la calle y se ha preguntado, ¿qué pasa aquí?, del 15-M a Podemos. Han recuperado procesos subterráneos que parecían muertos.

"Me hace mucha gracia cuando salen dos o tres 'rockerzuelos' en la prensa y dicen: 'Podemos no tiene proyecto cultural'. ¡Yo me parto de risa!"

La importancia de Gramsci es que pone el foco en lo cultural. A mí me hace mucha gracia cuando salen dos o tres 'rockerzuelos' en la prensa y dicen: 'Podemos no tiene proyecto cultural'. ¡Yo me parto de risa! ¡Si es la única organización política que parte de una base cultural! Todo movimiento que tome como base a Gramsci ya es cultural...

Antonio Labriola abrió el camino a Gramsci hacia la superestructura, fue el primero en hablar de la ironía histórica, de que por mucho análisis científico y marxista que se hiciera, siempre iba a faltar algo. Hay que abrir las puertas a la fantasía, decía Labriola, a todas esas cosas a las que me he referido antes: a la filosofía narrativa que existía antes de la filosofía racional. Gramsci entra por esa puerta con las lecturas de Marx en la mano.

P. Estos pseudo intelectuales tradicionales de los que habla más o menos vinculados al mundo del PSOE…

R. Al mundo del PSOE o del PP, da igual. Son una casta que protege sus intereses como casta y están atrincherados en la Real Academia. Son reciclados del franquismo. Primero dicen que la Transición fue modélica y seguidamente que en la Guerra Civil fueron todos igual de malos, obviando la dimensión moral del conflicto, al no plantearse la pregunta importante: ¿quién empezó todo? Hubo un golpe de Estado y el pueblo se resistió. No todos fueron igual de buenos e igual de malos. No se puede meter en el mismo saco al que agrede que al que se defiende de la agresión. No te hablo de siglas sino de algo más profundo. Si no hay raíz moral, poca expresión cultural puede haber. Ni cultura, ni intelectuales. Están atrincherados...

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