ENTREVISTA AL PIANISTA JAMES RHODES

El libro de James Rhodes sobre abusos sexuales que ha enganchado a los españoles

Al habla con el autor de 'Instrumental', una de las mayores sorpresas editoriales de los últimos tiempos, que actuó el pasado 1 de julio en El Escorial

Foto: El pianista británico James Rhodes (EFE)
El pianista británico James Rhodes (EFE)
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[Entrevista a James Rhodes el 1 de julio en el Escorial en la que se retrata al autor de 'Instrumental']

Aparece con una sudadera con la palabra “Chopin” bordada en el pecho. Mitad sonriente, mitad retraído, dice estar impaciente por acudir al festival y escuchar la quinta sinfonía de Chaikovski, dirigida por su admirado Benjamin Zander. El músico y escritor James Rhodes (Londres, 1975) remata su rueda de prensa interpretando dos piezas al piano, de las que previamente explica el contexto y las motivaciones.

Rhodes mantiene una cruzada unipersonal contra el elitismo de la música clásica: la liturgia rancia de los auditorios, la obligación de atuendo formal y la rigidez de horarios. Por eso opta por introducir cada una de las piezas con el conflicto humano universal que sirvió de inspiración. La primera que toca es de Rachmaninov: "Un compositor que admiro tanto que llevo su nombre tatuado en ruso en el antebrazo”, explica mientras despliega la prueba. "El caso es que no sé ruso y lo mismo pone ‘Elton John’", apunta con humor británico. "Rachmaninov escribió está pieza cuando era adolescente. Cada vez empiezo a creerme algo en la vida, la pongo en el equipo de sonido y vuelvo a sentir que soy una mierda”. Arriba los corazones.

[El puto apocalipsis de James Rhodes, reseña de 'Instrumental']

La segunda pieza que interpreta pertenece a la ópera ‘Orfeo y Eurídice’, de Christoph Willibald Gluck. Lo que aprecia de ella es que, en mitad de la tragedia del libreto, cuando Orfeo baja al submundo en busca de su amante, entre el drama hay destellos de “esperanza, amor y placer”. Nos pide que cerremos los ojos para disfrutarla mejor, excepto al señor de Telemadrid que está al cargo de la cámara, que por algo ha venido a hacer promoción. Más humor británico. En El Escorial, el próximo 1 de julio, interpretará piezas de Bach y Chopin.

Once hijos muertos

Rhodes tiene temperamento de artista. Desconoce cuántos ejemplares ha despachado su libro en todo el mundo, pero pone cara de terror cuando recuerda que tuvo que dedicar catorce meses y dos millones de euros al juicio que le puso su ex mujer para impedir la publicación de 'Instrumental. Memorias de música, medicina y locura' (Blackie Books, 2015).

¿Quién no tiene una relación desagradable con la muerte, la enfermedad o los problemas psiquiátricos?

El libro fue la gran sorpresa de la temporada literaria, hasta el punto despachar 40.000 copias solo en España. El gancho es un historia real de alto voltaje: la confesión de los abusos sexuales sufridos de niño y cómo los superó a través de la música. No es algo de lo que le guste hablar, así que lo disuelve en el océano del sufrimiento humano. “No me identifico especialmente con otros compositores que han sido víctimas de abusos sexuales. Los vínculos pueden crearse con cualquiera que haya vivido cualquier tipo de trauma, que somos casi todos. ¿Quién no tiene una relación desagradable con la muerte, la enfermedad o los problemas psiquiátricos? Me gustan los genios que muestran su humanidad, los que utilizan su lado vulnerable para componer”.

Defiende que es importante conocer las biografías de los músicos para conectar por completo con su música. “Un buen ejemplo es Bach, que tuvo veinte hijos, de los que once siendo muy pequeños. También tuvo que enterrar de manera prematura a sus padres y hermanos. Estaba rodeado de muerte y escribió una pieza en memoria de su mujer, de la que estaba locamente enamorado. Impresiona su capacidad para amar y de aceptar la vida en mitad de la masacre emocional. Eso me parece más estimulante que disertar sobre las tonos y tempos que utiliza”.

James Rhodes (EFE)
James Rhodes (EFE)

 

El impacto del abuso

No hay competencia para escoger la mejor frase de la entrevista: “Lo que más me ha sorprendido es que un libro tan brutal haya hecho reaccionar a los lectores con tanta ternura”. Tiene momentos realmente descarnados. Un ejemplo: “Lo que (me) parece más interesante del modo en que aprendí a tragar, y a que me dieran por el culo, es el impacto que ser violado tiene en una persona. Es como una mancha que nunca desaparece. Todos los días hay mil cosas que te lo recuerdan. Siempre que cago. Que veo la tele. Que observo a un niño. Que lloro. Que echo un vistazo al periódico. Que escucho las noticias. Que veo una peli. Que me tocan. Que mantengo relaciones sexuales. Que me hago una paja. Que bebo algo inesperadamente caliente o que doy un sorbo demasiado grande. Que toso o me atraganto”.

Lo que más me ha sorprendido es que un libro tan brutal haya hecho reaccionar a los lectores con tanta ternura

Otro pasaje: “Con diez años, mientras estaba de vacaciones, entré en los baños con tío de cuarenta y tantos (que se encontraba con su familia) para comerle la polla a cambio de un helado. Ni siquiera hoy considero que eso fuera un abuso porque yo lo decidí. Yo le hice el gesto con la cabeza. Yo le conduje. Quería un helado”. Efectos secundarios de haber sufrido abusos a partir de los seis años. Otros daños colaterales fueron el alcoholismo, la toxicomanía, cinco intentos de suicidio y perder la custodia de su hijo.

Revolución musical

¿Qué tipo de mutación puede mejorar la música clásica? "Lo único que no debe cambiar en la música clásica es la propia música. El resto tenemos repensarlo: los precios, las portadas, las salas, los horarios, la forma de dirigirnos a la audiencia. No hay nada malo en conversar con el público a través de Twitter. Debemos terminar con la dictadura de la ropa estúpida: me refiero a la pajarita y la chaqueta negra. No está escrito en piedra que no se puedan hacer conciertos a las seis de la tarde o a las once de la mañana o a la hora de comer. Yo toqué en el Sónar y no se acabó el mundo”, recuerda.

Debemos terminar con la dictadura de la ropa estúpida en la música clásica: me refiero a la pajarita y la chaqueta negra

"Si no estás familiarizado con los rituales de la música clásica es muy complicado conectar. No sabes qué ponerte, qué peso histórico tiene cada pieza, ni cuándo aplaudir. Eso hay que cambiarlo, aunque sea a ritmo lento. Es complicado tocar y explicar la historia de cada pieza, sobre todo porque te hace perder la concentración, pero me parece la mejor manera de ampliar el círculo del público interesado. Creo que es importante comunicarse con quien ha venido a verte". 

¿Nota interés de la industria en impulsar esos cambios? "Mis sugerencias no han tenido ningún eco. Los ejecutivos dicen que quieren avanzar, pero luego se rinden a las inercias de siempre. La verdad es que me da igual, ya que ellos se dirigen a dos por ciento de la población y a mí me interesa más el otro noventa y ocho".

Tres nuevos proyectos

¿Cuál es la última cosa realmente importante que ha aprendido sobre música? "El hecho de que los ensayos son cruciales. Puedo estar seis horas al piano y no avanzar apenas. Tocar es tan placentero que cuando cometes un error es fácil ignorarlo y seguir adelante hasta encontrar otra parte de la pieza que te satisfaga. Pero no: la actitud correcta es volver al momento en que te equivocas hasta hacerlo bien. Siguiendo esa regla, una hora te puede cundir más que seis".

El libro de James Rhodes sobre abusos sexuales que ha enganchado a los españoles

¿Qué proyectos tiene ahora mismo entre manos? "Un disco y dos libros. De uno de el los textos prefiere no hablar, porque la idea está muy verde y puede cambiar". El otro le emociona, ya que se trata de un libro muy corto para demostrar a todo el mundo de que puede llegar a tocar correctamente un preludio de Bach. "Lo único que necesitas son dos manos y seis semanas. Si dedicas ese tiempo, sabrás leer música, qué dedos usar y cómo manejarlos. Ni siquiera necesitas un piano de verdad, basta con uno teclado eléctrico de cuarenta euros", explica.

Su próximo disco saldrá a finales de año con piezas de Chopin, Beethoven y Rachmaninov. Estamos ante un tío intenso. Tanto que, cuando conduce, no puede escuchar música clásica, ya que podría distraerle demasiado. Prefiere rodar al ritmo de Muse, Ben Folds, The Killers o cualquier emisora rockera que encuentre”. También se deshace en elogios del sobre el pianista español Javier Perianes. ¿El concierto que más espera como oyente? "Uno del director griego Teodor Kurrenzis. Es mi puto héroe. Va a hacer ‘Don Giovanni’, ‘Così fan tutte’ y ‘Las bodas de Fígaro’. Me gusta que su música se puede disfrutar aunque no te guste la ópera. Mi primera impresión cuando me sumergió en sus grabaciones fue pensar que eso es exactamente lo que Mozart escuchaba en su cabeza mientras lo componía".

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